Feeds:
Entradas
Comentarios

Archive for 29 marzo 2010

libros

Me escapo un ratito a una de las librerías de mi ciudad. No pretendo comprar (estamos a final de mes) pero sí ver que novedades hay. Me llevo una grata sorpresa. Han cambiado la distribución de los libros y ahora las secciones que me suelen interesar (psicología, pedagogía, “autoayuda”…) están en una zona mucho más amplia y con unas mesas más grandes. Les estoy tan agradecido que voy a hacerles publicidad: se trata de la Casa del Libro.

Encuentro un par de cosas interesantes,  me voy satisfecho y pienso que el cambio era forzoso. Los libros de autoayuda que se publican cada año quizá puedan competir con los libros de ficción. No sé si en número de libros publicados pero a lo mejor en número de ejemplares vendidos. Y es curioso el fenómeno. No sé. No tengo ni idea pero no es el momento de averiguarlo.

Lo que si sé es que hace bastantes siglos algunos hombres judíos recogieron por escrito las enseñanza de su maestro espiritual. Uno de ellos llamado Mateo transcribe lo que se ha llamado el “Sermón de la Montaña”. Si lo leemos detenidamente descubrimos un conjunto de enseñanzas sobre como actuar pero con una característica muy peculiar. Siempre se dirigen a un TÚ en relación a un ÉL.

Parece que el autor de estas palabras no le importa un pimiento lo que le pase o cómo se encuentra el que le escuche. Sus enseñanzas parecen servir igual para un deprimido que para un eufórico; para un casado que para un soltero; para un hombre que para una mujer; para un joven que para un anciano, para un rico que para un pobre…

Y no sólo esto, sino que casi todas sus enseñanzas están enfocadas a un OTRO: no juzgar, reconciliarse, dar limosna, el enemigo… Incluso cuestiones privadas, como el ayuno y la oración, deben ser precisamente privadas para tener valor con otro Él (El Padre). Por decirlo de una manera, todas sus enseñanzas son, por decirlo de alguna manera, “relacionales” o “transitivas”. Nos guían en nuestra posición frente a alguien (el otro) o algo (el dinero, por ejemplo).

Sin embargo el Sermón de la Montana de Libros de Autoayuda es completamente distinto: TÚ (pero tu específico: hombre, o deprimido, o fracasado, o tartamudo, o solo, o padre o madre…) puedes, SIN AYUDA DE NADIE, resolver tus problemas. Ya ni siquiera hace falta acudir a un profesional. En definitiva, hoy cada UNO PUEDE AYUDARSE A SI MISMO (leyendo un libro solo, consigo mismo)

La resiliencia (la que a mi me interesa) se da en el ENCUENTRO. El encuentro del yo golpeado con un OTRO, con un acontecimiento, con algo… que le invita o sugiere un nuevo desarrollo.

Es por ello que odio la expresión “niños resilientes” “es un resiliente”. No me interesa en absoluto una resiliencia fruto de la simple fortaleza interior de quien sufre la adversidad. Eso, para mí, es invulnerabilidad, no resiliencia.

Hablar de “resilientes” es tan peligroso como hablar de personas “hechas a si mismo”. Hace un año (¡Dios mío este blog no avanza!) ya escribí una entrada llamada “Resilientes y fueras de serie”. A ella me remito.

(Ubicación en el Blog-rrador: 9.e.)

Read Full Post »

Primera_Vez_Tenia_6_anos

En uno de sus libros (siento no recordar cual) Boris Cyrulnik dice “Desde el nacimiento , nos vemos modelados por la mirada de los demás”.

Isabelle Aubry, víctima de incesto, parece ir más allá. En su libro “La primera vez tenía 6 años” (Roca Editorial) recordando a su abuela materna (Augustine) señala:

“A su lado paso los mejores momentos de mi infancia, es decir, de mi vida. Ella me protege, me consuela, me quiere y me divierte. Gracias a Augustine, existo. Con mis padres, es otro cantar.”

Muchos autores han señalado que un prerrequisito para que haya resiliencia es que haya existido al menos una experiencia de vínculo seguro. Porque el vínculo seguro me inocula la idea de que soy digno de ser querido.

No digo que en este caso sea así. No afirmaré yo lo que ella misma no dice expresamente. Pero lo que sí dice en reportaje publicado en EL PAIS SEMANAL nº 1747 de 21 de marzo de 2010 es que la necesidad de contar su dolor le llevó a crear la Asociación Internacional de las Víctimas de Incesto.

Al parecer un trauma de este calibre tan bestial (nunca mejor dicho) se convierte en una especie de agujero negro que “engulle” toda la luz que llega a su proximidad (“Negrura infinita” es la expresión que utiliza cuando describe la primera vez que su padre la penetró). Sin embargo cuando la víctima puede contar su historia y, sobre todo, compartirla con otras víctimas la fuerza centrífuga del agujero negro se desacelera. Y en ese momento el trauma puede convertirse en un leivmotiv para la víctima (el asociacionismo, la ayuda a otras víctimas…). Y , poco a poco, la luz comienza a salir del agujero cada vez con más fuerza.

(Ubicación en el Blog-rrador: 7)

Read Full Post »

Es preciso seguir insistiendo. Si una persona que partió de la adversidad, de la dificultad, incluso de la tragedia, se repone y acaba incluso destacando de forma evidente, con el reconocimiento de la sociedad, no necesariamente podremos hablar de resiliencia. La resiliencia, al menos la que a mi me interesa o fascina, implica que la persona retoma un desarrollo enriquecedor u constructivo no solo para él sino también para lo que les rodea. Y el éxito social no necesariamente es enriquecedor ni constructivo.

Cuando hablamos de la adversidad todos la entendemos como circunstancias de la vida. Por tanto deberemos hablar de resiliencia cuando el resultado sirva para, por decirlo de alguna manera, restablecer el equilibrio vital que se trastocó con las circunstancias adversas.

En la vida no hay competición como la solemos entender nosotros (¿quien es el mejor?). En la vida puede haber competencia pero en el sentido de intercambio (te doy, me das; te como, me comes…) Pero al guepardo le importa tres pitos ser el animal terrestre más rápido. Ser el mejor, destacar sobre la media no es algo que en la naturaleza tenga sentido. Porque al guepardo no le va a aplaudir nadie cuando consiga alcanzar una gacela. No va a ser admirado.

El éxito social (al igual que el trauma, paradójicamente) va a depender como diría Cyrulnik de la “mirada de los otros”

A partir de un cuento judío que leí hace poco se me ocurre algo que puede explicarlo.

Cuando los niños juegan al escondite lo que importa no es ser el mejor escondiéndose. Lo que importa es el juego en si mismo. Porque jugar al escondite con un niño que se escondiera tan bien que nadie lo encontrara no sería divertido. Se juega al escondite para que te encuentren.

Si me escondo tan maravillosamente bien que no me encuentran mis compañeros de juego se irán y me quedaré solo. Si me escondo muy mal el juego no será divertido. Yo me escondo para que tu tengas el placer de encontrarme.

Si he resistido la adversidad y me he rehecho de ella de forma que tú puedas beneficiaste de mi dolor me podré llamar resiliente. La vida fue cruel y ahora la vida es dulce, favorable.

Si resisto la adversidad y, gracias a ella, acabo triunfando yo. Seré un triunfador admirable pero no necesariamente un resiliente.

(Ubicación en el Blog-rrador: 7)

Read Full Post »

Desde que oí a Boris Cyrulnik decir que para que se dé la resiliencia se necesitan tres cosas: Disponibilidad de recursos externos, adquisición de recursos internos y sentido o perspectiva histórica, no he dejado de utilizar este esquema en mis charlas sobre resiliencia.

Sé que la adscripción a una de estas categorías es algo arbitraria y que toda sistematización no atrapa el dinamismo existente en la vida. No obstante algunas imágenes son sugerentes para expresar y recordar los distintos aspectos que pueden contribuir a la resiliencia.

Por ejemplo la imagen de un padre o una madre enseñando a su hijo a ir en bicicleta me es útil para esquematizar aquellas cosas que debe facilitar el entorno para que haya resiliencia.

Lo primero el sustento físico mínimo (ayudamos al niño a mantener el equilibrio) junto con el sustento emocional (le damos seguridad porque el sabe que estamos ahí y quizá también le animamos). Le proporcionamos modelos (“¡Mira al frente!”) y le animamos al reto (“¡Venga, otra vez, que lo has hecho bien. Ya casi lo consigues!”) o incluso soltamos nuestro sustento sin que el lo sepa. Pero antes de todo esto hemos tenido que darle la oportunidad (una bici, un espacio) y facilitarle experiencias preparatorias (un triciclo, una bici con ruedas supletorias…).

Para los recursos internos se me ocurre pensar en una situación adversa concreta: un atraco. Alguien nos intimida. Tenemos varias opciones.

Atraco

1. Podemos huir (el humor como mecanismo de distanciamiento) 2. Podemos contraatacar nosotros pasando de víctimas a agresores (la creación artística o de otro tipo como forma de elaborar o transformar la situación adversa) 3. Podemos pedir ayuda (para lo cual necesitaremos un nivel óptimo de humildad: ser capaz de pedir sin exigir) 4. Podemos ir a ayudar nosotros a alguien también amenazado (si te ayudo a ti quizá me salve yo). 5. Y si todo falla siempre podré denunciar la agresión (contarla, narrarla…). Si encuentro alguien que me escuche y respete mi rabia y mi dolor me sentiré mejor.

También se me ocurre una forma gráfica de explicar lo que Cyrulnik llama “perspectiva histórica” pero… lo dejo para otra entrada.

(Ubicación en el Blog-rrador: 9 introducción)

Read Full Post »