Resiliencia y éxito social (2)

Es preciso seguir insistiendo. Si una persona que partió de la adversidad, de la dificultad, incluso de la tragedia, se repone y acaba incluso destacando de forma evidente, con el reconocimiento de la sociedad, no necesariamente podremos hablar de resiliencia. La resiliencia, al menos la que a mi me interesa o fascina, implica que la persona retoma un desarrollo enriquecedor u constructivo no solo para él sino también para lo que les rodea. Y el éxito social no necesariamente es enriquecedor ni constructivo.

Cuando hablamos de la adversidad todos la entendemos como circunstancias de la vida. Por tanto deberemos hablar de resiliencia cuando el resultado sirva para, por decirlo de alguna manera, restablecer el equilibrio vital que se trastocó con las circunstancias adversas.

En la vida no hay competición como la solemos entender nosotros (¿quien es el mejor?). En la vida puede haber competencia pero en el sentido de intercambio (te doy, me das; te como, me comes…) Pero al guepardo le importa tres pitos ser el animal terrestre más rápido. Ser el mejor, destacar sobre la media no es algo que en la naturaleza tenga sentido. Porque al guepardo no le va a aplaudir nadie cuando consiga alcanzar una gacela. No va a ser admirado.

El éxito social (al igual que el trauma, paradójicamente) va a depender como diría Cyrulnik de la “mirada de los otros”

A partir de un cuento judío que leí hace poco se me ocurre algo que puede explicarlo.

Cuando los niños juegan al escondite lo que importa no es ser el mejor escondiéndose. Lo que importa es el juego en si mismo. Porque jugar al escondite con un niño que se escondiera tan bien que nadie lo encontrara no sería divertido. Se juega al escondite para que te encuentren.

Si me escondo tan maravillosamente bien que no me encuentran mis compañeros de juego se irán y me quedaré solo. Si me escondo muy mal el juego no será divertido. Yo me escondo para que tu tengas el placer de encontrarme.

Si he resistido la adversidad y me he rehecho de ella de forma que tú puedas beneficiaste de mi dolor me podré llamar resiliente. La vida fue cruel y ahora la vida es dulce, favorable.

Si resisto la adversidad y, gracias a ella, acabo triunfando yo. Seré un triunfador admirable pero no necesariamente un resiliente.

(Ubicación en el Blog-rrador: 7)

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