LOS NIÑOS PERDIDOS: El TDAH y el TDAF

Llevo mucho tiempo queriendo iniciar una serie de entradas sobre el perfil de los niños y niñas que ingresan en centros de protección de menores. O mejor dicho en el centro en el que yo trabajo.

El porqué les llamo así ya está explicada en la charla “Usted en el País de Nunca Jamás” y que está colgada en una entrada del 30/04/2010 y en ella describiré a los “niños possit”, los “niños maleta”, los niños “ON/OFF”, los niños “azafata”…

Pero de momento empezaremos por los niños que padecen el síndrome TDAF.

No. No se trata de un error tipográfico. No me refiero al famoso TDAH (Trastorno de Atención con Hiperactividad) sino al menos conocido TDAF (Trastorno de Atención Familiar).

Quizá el motivo por el que no es conocido sea que me lo acabo de inventar. Corrijo. Hace unos años que vengo usándolo a raíz de los casos que he conocido.

En ocasiones nos avisan de que va a ingresar un niño y que este es….¡socorro!… hiperactivo. Todas las alarmas se encienden. En algunos casos llegan con sus prescripción médica de Concerta, Medikinet…o similar. En otros casos los padres nos informan que tomaban medicación pero no está contrastado.

Sin embargo tras unos días viviendo con nosotros empezamos a dudar del diagnóstico. Son efectivamente niños llamativos, como desajustados, y efectivamente están como bloqueados, no consiguen aprender (aunque tampoco parece importarles) Pero sin embargo son capaces de ver una película entera, de pasar ratos concentrados en alguna tarea (incluso que requiere una alta concentración).

Y cuando analizas que situaciones han vivido entiendes que el Déficit de Atención no es neurológico…. ¡es Familiar!. Sus padres o sus madres (rara vez los dos) ni SABEN ni QUIEREN cuidarlos.

Sólo se me ocurren dos posibilidades:

1. El diagnóstico de TDAH se fundamenta mucho en la descripción de la conducta de los propios padres. Si no se SABE atender a un niño es probable que se también se exagere sus comportamientos y…

2. Como algunos autores afirman entre lo neurológico y lo emocional hay mucha más conexión de lo que solemos pensar. Y las carencias afectivas provocan estragos en el cerebro de los niños.

Seguiremos observando.

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