Ayudar a cambiar ¿el presente? ¿el pasado? ¿el futuro?

En su maravillosos libro “La paradoja del tiempo. La nueva psicología del tiempo” sus autores Philip Zimbardo y John Boyd (Editorial Paidós) nos invitan a tomar conciencia de la perspectiva temporal predominante que cada uno de nosotros o de los demás tenemos o tienen. Es un libro entretenido que nos planteará cuestiones como las que se recogen en su sinopsis:

¿El olor de unas galletas recién hechas le retrotraen a la infancia? ¿Cree que en su mundo nunca va a cambiar nada? ¿Cree que el presente lo inclParadoja de tiempouye todo y que el pasado y el futuro son meras abstracciones? ¿Lleva reloj, controla sus gastos y hace listas de tarea cada día? ¿Cree que la vida en la tierra sólo es una preparación para otra vida tras la muerte? ¿Piensa una y otra vez sobre sus relaciones fallidas?¿Es el alma de las fiestas, siempre llega tarde, siempre está riendo y siempre está sin blanca? Estas preguntas representan las siete maneras más habituales de relacionarse con el tiempo, que llevadas a su extremo ofrecen tantas ventajas como riesgos. En La paradoja del tiempo, los doctores Zimbardo y Boyd parten de treinta años de estudios innovadores para revelar, por primera vez, cómo influye nuestra perspectiva temporal en nuestra vida y cómo influye el mundo que nos rodea en dicha perspectiva. La paradoja del tiempo es un plan práctico para optimizar nuestra combinación personal de perspectivas temporales con el fin de aprovechar al máximo cada minuto de nuestra vida personal y profesional, además de ofrecer un análisis fascinante del poder y las paradojas del tiempo en el mundo moderno.

Todo quedaría en un libro más, escrito por psicólogos serios navegando en el más rentable mundo de los libros de divulgación yo casi de autoayuda. Pero no es así. Lo que los autores plantean tiene un trasfondo muy profundo, que muchas veces ha sido y es obviado por los interventores sociales.

El hombre es ante todo un “ser temporal”. A diferencia de perros, gatos, ballenas o, por ejemplo, mis queridas cebras (quien me ha escuchado alguna vez probablemente sepa a que me refiero – queda pendiente de una entrada).

Hay personas que viven el presente en función del pasado. Otras viven el presente en función del futuro. Otras viven el presente sin tener en cuenta ni el pasado ni el futuro (para bien o para mal). Y este balance, que probablemente es una tendencia más o menos estables, puede verse trastocado también en todo momento por el impacto de un acontecimiento determinado.

Pero no solo las personas. También, por ejemplo las escuelas terapéuticas tienen su orientación temporal. El psicoanálisis da especial importancia al pasado. El conductismo, al presente. En la terapia breve el presente se proyecta claramente al futuro…

Y que decir del fenómeno de la resiliencia en la que uno de sus pilares es que la víctima de la adversidad pueda adoptar una PERSPECTIVA HISTÓRICA que le permita ver lo vivido (pasado) en función del futuro.

Y… ¿qué más decir?… ¡Si este blog se llama “Diseñando pasados, recordando futuros”! Cuando elegí este titulo (abreviado en “disparefuturo”) no había leído el libro de Zimbardo y Boyd. Me basaba en una intuición y en diversas lecturas (sobre todo de terapia breve) que me hacían pensar que el futuro se puede, digamos, recordar y que el pasado se puede diseñar.

Ahora sé que no estoy loco.

(Ubicación en el Blog-rrador: 10.b.)

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