Los Niños Perdidos: Los niños “POST-ITS”

Una aclaración. Cuando hablo de distintos tipos de “niños perdidos” (o si se prefiere “en ortodoxo”, los niños necesitados de protección) no pretendo hacer categorías claras o una taxonomía. Simplemente pretendo reflejar  en una palabra o etiqueta una característica esencial. Es el mecanismo que mi cabeza, al disponer de una sola neurona, ha tenido que buscarse comprender o estructurar la experiencia de relacionarnos con ellos en el centro donde trabajo.

Por tanto un niño puede ser “post-it” y niño “maleta” a la vez. O una niña “mamá” puede ser una niña “on/of”. O pueden tener una cosita de cada uno. Es decir, esta “tipología” no sirve para clasificar sino para entender mejor. Pero sobre todo sirve para reflejar cual ha sido la falla (o el fallo) fundamental de sus padres en su crianza.

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Así en la entrada dedicada a los niños “papá” lo que pretendía explicar (casi seguro que sin éxito) es que son niños que, al ser tratados como iguales por sus padres (debido a propias carencias) han conseguido una madurez precoz de sus hijos (justo la que ellos probablemente no tengan). Es algo paradójico pero es así.

Un padre o una madre deben proteger a los hijos de los avatares o problemas de la vida. Si en vez de ello, por soledad, por inestabilidad emocional, o por criterios educativos inapropiado los hacen coparticipes de sus problemas o inquietudes adultas conseguirán que su hijo o hija (que sí está en fase de desarrollo) llegue a ser tan maduro o más que ellos mismos Eso sí, a costa de un determinado precio que no es el momento de analizar.

Aclarado esto puedo explicar cuál es la característica más frecuente de los menores que llegan a nuestro centro. Son en su mayoría… niños “post-it”.

El invento de los papelitos “poss.it”, que tanto han triunfado, se debe a un fracaso. Se cuenta que en un determinado laboratorio estaban experimentando con la intención de crear un superpegamento. Una de las pruebas resultó en un fracaso estrepitoso y quedo relegada a un almacén. Resultó ser un pegamento que casi no pegaba.

Cuentan que alguien cercano al inventor del mal pegamento tenía la costumbre de utilizar pequeños papelitos para señalar determinadas páginas de los libros. Pero claro, si el libro caía, podía perder en un instante muchas de las referencias que ya tenía. Se le ocurrió ponerles un poco de aquel pegamento que casi no pegaba. Y así, cuentan, se inventaron los post-it.

En la naturaleza existe un pegamento que une a unas personas con otras. Se trata de la conducta de apego. (Debería llamarla conducta de “apegamento”). Este pegamento se construye de una manera muy simple. Un adulto (de cualquier especie) da protección y seguridad a una o varias crías. Y estas al sentirse seguras se dedican a explorar y jugar. No es una relación recíproca (uno cuida y el otro no) y no debe confundirse con el querer o el amor. Se trata de que alguien da protección a otro y ese otro se puede dedicar a otras cosas necesarias para un buen desarrollo. Si todo va bien, la cría al crecer abandonará a su fuente de seguridad y, en su día, se dedicará a dar protección a su cría (el amor es básicamente recíproco- yo te quiero a ti, tu me quieres a mí-; el apego es básicamente transitivo – yo te cuido a ti y tu cuidarás a otro).

Pero este mecanismo a veces falla. Resulta que el cuidador o, mejor dicho, la  base de seguridad resulta no ser capaz de dar seguridad. No sabe responder sensiblemente a las necesidades del niño o niña. El niño necesita jugar pero el padre dice que hay que dormir. El niño necesita dormir y el padre decide jugar….
Cuando esto se produce, frecuente y sistemáticamente, el niño aprende una cosa. A no esperar nada especial de su cuidador. Porque a veces funciona y a veces no. Y aprende que da igual que esté esa persona que cualquier otro. O si se prefiere. Espera recibir protección o no, de nadie o de cualquiera. Por eso le dará igual su padre o su madre que cualquier otro adulto que le pueda proporcionar lo que necesita.

Y al igual que los post-its estos niños se pueden quitar y poner de un sitio a otro porque que se adaptan, rápida y suficientemente, a todo. Se pegan inmediatamente pero poco. Apenas protestan. Su seguridad es mínima así que cualquiera puede proporcionársela. El pegamento del post-it es tan débil que se puede despegar sin que los papeles de rompan, pero es lo suficiente para que donde lo coloque se sujete. Si que hay un apego (pegamento) pero es inseguro (débil).

Esto explica que el 90% de los niños que llegan a un centro de recepción de menores se adaptan rápidamente. Pero no es adaptación. Es apego inseguro. Y por eso trabajo en un centro no de niños tristes, desesperados por haber sido separados de sus padres. Trabajo en un centro de niños alegres que juegan, ríen, se pelean, etc. No digo que no lo puedan pasar mal. Digo que no lo pasan tan mal como lo pasarían si hubieran tenido unos padres sensibles a sus necesidades.

(Ubicación en el Blog-rrador: 4.a.)

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