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Archive for 8 abril 2011

Hemos terminado un curso sobre resiliencia con un grupo maravilloso de educadoras (y algún educador) de centros de protección y de reforma.

Nos propusimos intentar construir un modelo de centro basado en las condiciones necesarias para posibilitar la resiliencia: disposición de recursos externos; adquisición de recursos internos y significado o sentido.

Me estrujo la cabeza para ir proponiendo una serie de principios, estrategias o técnicas congruentes con lo que vamos viendo en clase. (Cuando pueda recoger las aportaciones que me han hecho el último día lo colgaré en el blog)

Cuando llego al punto del apoyo emocional se me ocurre una técnica basada en un libro que he conocido recientemente. Se llama “El efecto Checklist. Cómo una simple lista elimina errores y salva vidas” (ver reseña en editorial). Está escrito por el cirujano norteamericano, de origen indio, Atul Gawande.

En el extracto del mismo podemos leer:

“La lista de comprobación (o "checklist") ha hecho posible algunas de las actividades más difíciles realizadas por los seres humanos, desde pilotar aviones a construir rascacielos de una sofisticación inconcebible. Basándose en su propia experiencia, Atul Gawande nos enseña cómo la aplicación de esta idea al universo inmensamente variado y complejo de la cirugía dio lugar a una lista de comprobación de noventa segundos que redujo los fallecimientos y las complicaciones, en más de un tercio, en ocho El efecto Checklist Cómo una simple lista elimina errores y salva vidas de Atul Gawandehospitales de todo el mundo, sin prácticamente ningún coste y para casi cualquier tipo de intervención.

A lo largo de unos relatos fascinantes, Gawande nos lleva desde Austria, donde una lista de comprobación salvó la vida de una niña que había estado media hora bajo el agua, hasta Michigan, donde una lista de comprobación de higiene en las UCIs prácticamente erradicó una letal infección hospitalaria, y de ahí a la cabina de un avión que estuvo a punto de estrellarse. Por el camino, nos muestra lo que son capaces de hacer las listas de comprobación, lo que no pueden hacer y cómo pueden ocasionar tremendas mejoras en ámbitos muy alejados de la medicina, que van desde la seguridad nacional a la banca de negocios, pasando por todo tipo de profesiones y negocios.”

Cuando en el curso llegamos a la parte en que analizamos en qué consiste el apoyo emocional, y con lo anterior en la cabeza, se me ocurre proponer un lista de comprobación para educadores de centro. Quizá las listas de comprobación también sean necesarias en la intervención social.

Podría ser una lista de comprobación para cada educador. En el eje vertical figurarían los nombres de sus educandos y en el eje horizontal se apuntarían, una tras una, las próximas semanas. El educador o educadora deberá poner una cruz cada ver “que le muestre interés a un o una menor por él o ella”. El objetivo es que en cada semana haya expresado su interés particular por cada uno de sus educandos.

Que una cosa no sea espontánea no quiere decir que no sea sincera o legítima. Mucha gente normal se apunta los cumpleaños de sus familiares y conocidos para acordarse de felicitarles y no por eso es menos es sincero al desearles feliz día.

Todo esto hubiera quedado en una idea que yo mismo habría olvidado si al acabar el curso no les hubiera pedido que compartieran con los demás un momento especial en su trabajo en el que se habían sentido profundamente satisfechos de la interacción con alguno o alguna de sus menores. Varias anécdotas reflejan que hay interacciones personales puntuales que parecen producir un efecto reconfortante, incluso terapéutico. A veces en los menores, a veces en los profesionales.

No es aquí el lugar donde recogerlas (a ver si se animan ellas y ellos y me las mandan) pero, en agradecimiento a este estupendo grupo y con admiración por su trabajo, les cuento una que ocurrió ayer:

Juan tiene 10 años y es un menor muy carenciado afectivamente. Lleva una semana en el centro de protección. Su educadora pelea cada coche con él para que cene pues sus hábitos alimenticios son nulos. Ayer tras una hora de “rifi-rafe” se dirige al menor y le dice algo así como: “Pero Juan… ¿por qué crees que quiero yo que te acabes la cena?” Y cuando el menor le presta atención añade: “Porque me importas….” Juan se pone a comer… y a llorar. Probablemente le nutrieron más las palabras de su educadora que la cena de esa noche.

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