“Sin miedo a equivocarme… yo sé lo que te pasa”

Kathryn Schulz es una periodista y escritora norteamericana que lleva años reflexionando sobre el porqué de que no soportemos equivocarnos. Sus escritos no están traducidos al español pero podemos ver una síntesis de sus ideas en una conferencia de 20 minutos en internet (en la página de TED – en la que deberemos elegir, si queremos, los subtítulos en español)

En un intento de desdramatizar nuestra tendencia frecuente a estar equivocados (pensando que no lo estamos) mantiene que “el milagro de la mente no es que pueda ver el mundo tal cual es, sino que uno puede ver el mundo como no es”.

Esto no es una novedad. Lo original de Schulz es que ella lo califica de maravilloso.

Existen muchos libros recientes que nos revelan las imperfecciones de la visión del mundo que nos proporciona nuestro cerebro. Citaré tan solo algunos de ellos (si pinchas se te abrirá la página del libro en su editorial y al final tienes las portadas):

O quizá también los libros de Dan Ariely (Ed. Ariel)  en los que analiza las trampas y las ventajas del deseo, o mejor dicho, de la irracionalidad de nuestras acciones. Sin olvidar el libro de Gary Marcus “Kluge: la azarosa construcción de la mente humana” ,en la misma editorial, en la que mantiene que el cerebro humano es más bien una chapuza (“De ahí la falibilidad del cerebro a pesar, paradójicamente, de su maravillosa capacidad intelectual: podemos resolver problemas de física o de matemáticas de una complejidad inmensa y al mismo tiempo ser incapaces de solucionar de manera lógica un conflicto, recordar dónde hemos dejado las llaves del coche o qué hemos desayunado esta mañana”).

Así que podemos afirmar…¡sin miedo a equivocarnos! (como diría la propia Schulz) que ni siquiera podemos estar seguros de ver lo mismo que otra persona (aún mirando los dos lo mismo), ni de recordar las cosas igual que otras personas que presenciaron lo mismo que nosotros, ni, por supuesto, llegar a las mismas conclusiones.

Pues si esto es así en realidades que se suponen que están ahí fuera para ser miradas, observadas y percibidas por todos… ¡cuanto más para realidades complejas como los problemas humanos!

Así que quizá los interventores sociales o las personas que quieren ayudar a otras deberán contemplar la posibilidad de estar equivocados. O de que la forma en que nosotros vemos el problema de otro no sea la manera en que él mismo lo ve. Porque como ser humano nuestra tendencia es pensar que nosotros no podemos estar equivocados pero el otro sí.

Y es que  Schulz dice algo más…

Lo primero que hacemos por lo general si alguien no está de acuerdo con nosotros es suponer que son ignorantes. Ellos no tienen acceso a la misma información que nosotros y cuando compartamos generosamente esa información con ellos se van a iluminar y se van a sumar a nuestro equipo. Cuando eso no funciona cuando resulta que esa gente tiene los mismos hechos que nosotros y sigue en desacuerdo entonces pasamos a una segunda suposición y es que son todos unos idiotas. Tienen todas las piezas del rompecabezas pero son demasiado imbéciles como para armarlo correctamente. Y cuando eso no funciona cuando resulta que la gente que está en desacuerdo tiene los mismos hechos que nosotros y realmente son bastante inteligentes entonces pasamos a una tercera suposición:saben la verdad y la distorsionan deliberadamente para sus propios fines perversos. Así que esto es una catástrofe.

Este apego a la razón propia nos impide evitar errores cuando es algo absolutamente necesario hacerlo y nos hace tratarnos unos a otros muy mal. Pero, para mí, lo más desconcertante y lo más trágico de esto es que se pierde toda la idea de ser humano

O lo que es lo mismo. Me pides ayuda (o me encargan que te ayude). Yo me hago mi composición de lugar sobre ti  y tu problema. No soporto o contemplo la posibilidad de estar equivocado (es mi tendencia natural como ser humano – según Schulz). Por tanto si tu no ves tu problema como yo debe ser porque te falta información (estás dentro del problema y no lo puedes ver todo). Si después de que te he dado los datos desde fuera sigues sin verlo es porque no tienes mi misma capacidad intelectual. Y si por lo que sea me demuestras ser inteligente pero no aceptas mi criterio es porque en realidad eres una persona perversa que pide o acepta ayuda pero en realidad no quiere salir de su problema.

Al final de este proceso lo que hemos conseguido convertir un “usuario” en un ignorante, un imbécil o una mala persona.

Quizá lo anterior sea una caricatura pero quizá no sea tan distante de conceptos como “resistencia al cambio” o de profesionales que no pueden (podemos) de dejar de ver la realidad desde nuestro modelo o modelos teóricos.

No pretendo decir que los modelos no sean necesarios. No pretendo decir que no haya personas ignorantes de por qué les pasa lo que les pasa. No digo que no haya personas que teniendo la información no sean capaces de ver con lucidez su problema. Y no niego que haya personas que saquen una ganancia secundaria de su problema.

Pero mantengo que como profesional de la intervención social o clínica he tenido que aprender a decir cuando se me pregunta porque pasa lo que pasa: “No lo sé”. Es algo que no me enseñaron en la facultad.

Así que me sumo a la propuesta de Kathryn Schulz cuando dice que podemos ayudar a los demás (al mundo en general) más cuando seamos capaces de decir a menudo: ¡Qué sé yo!¡Quizá esté equivocado!

El gorila invisible - CHRISTOPHER CHABRIS - DANIEL SIMONSLas trampas de la mente

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