Feeds:
Entradas
Comentarios

Archive for 5 agosto 2011

Cuarenta y pico entradas no son muchas para un blog. Pero ya empiezo a dudar… ¿de esto he publicado algo?. Pero de lo que no tengo duda es que había dedicado dos breves entradas a diferenciar entre resiliencia y éxito social. O mejor dicho, a insistir en no medir la resiliencia por el éxito social.

En una de ellas hacia referencia a la historia de John Lennon. Con ella pretendía ejemplificar que una persona con éxito innegable que partía de una infancia difícil (recomiendo la recién estrenada película Nowhere Boy) puede no ser resiliente en la medida que reproduzca la misma desgracia en su propio hijo (Julian Lennon).

Pero quizá se vea más clara la diferencia en un caso en el que se dan los dos resultados: éxito social y “romper el círculo de la adversidad”.

Estoy redactando un documento que me sirva de base para unos próximos talleres y he utilizando la historia de una supuesta resiliencia. Me copio a mi mismo:

Chris tuvo una infancia dura, realmente dura. Tenía una hermana mayor, hija de otro padre. Él apenas conoció al suyo y el padre de sus dos hermanas pequeñas maltrató sistemáticamente a su madre. Ésta estuvo dos veces en la cárcel. La primera acusada por su tercer marido de trabajar y cobrar el desempleo y la segunda por intentar quemar la casa con éste dentro. En las dos ocasiones Chris y sus hermanas estuvieron ingresados en un centro de menores.

Chris, con 22 años tuvo un hijo con una chica que no era su mujer. En un momento dado la madre de su hijo le dejó a su cargo al niño y ambos vivieron sin casa durante muchos meses.

Conocemos la historia de Chris (Christopher Gardner, Wisconsin – EEUU, 1954) porque ha escrito sus memorias. Escribió sus memorias porque llegó a ser millonario. Se hizo millonario tras trabajar como corredor de bolsa. Consiguió trabajar en la bolsa gracias a su tenacidad para que lo admitieran como aprendiz en una empresa dedicada a las grandes inversiones financieras.

Y Hollywood llevó a la pantalla su historia en la película “En busca de la felicidad” protagonizada por Will Smith. Gardner no acudió al estreno de la película por preferir estar en un acto de caridad y hoy contribuye generosamente en muchos proyectos filantrópicos”

Hasta aquí una historia de superación más. Pero sigo rastreando en internet buscando una edición en castellano de sus memorias (no la hay pero sí de otro libro suyo “Comienza donde estás” Editorial Taller del Éxito. 2010)

Comienza donde está Chris Gardner

También busco alguna conferencia con subtítulos en castellano. La encuentro y avanzo aleatoriamente por ella cuando leo (y escucho en inglés):

“Lo más importante que yo he hecho en toda mi vida es haber roto el ciclo de hombres que no están ahí para sus hijos. Esa es absolutamente la cosa más importante que he hecho en mi vida y que haré jamás. Porque yo crié un joven que finalmente a los 27 años entendió que lo más importante de ser hombre es ser responsable, porque yo crié a una joven que entiende como le debe respetar y tratar un hombre. Yo voy a influenciar generaciones de mis hijos que probablemente ni siquiera conoceré. Pero como yo rompí el ciclo aquí, esa va a ser mi contribución final no solamente para mi familia, mi comunidad, nuestro país, sino para el mundo”

Y al leer esto pensé !esta es la clave!: romper el ciclo de la adversidad. Efectivamente lo importante para medir la resiliencia de esta persona no es que sea millonaria, sino que pudo ser un padre ausente y no lo fue. No pudo evitar el maltrato de su madre pero si pudo preparar a su hija para evitarlo. Vivió una infancia adversa que no pudo cambiar pero consiguió que no se repitiera en sus hijos.

Efectivamente: rompió el ciclo.

John Lennon compuso canciones maravillosas. Fue considerado un icono del pacifismo. Pero reprodujo los dolores de su infancia en uno de sus hijos.

Read Full Post »

Esta entrada es un poco especial. No está referida al tema de la relación de ayuda interpersonal (la relación en la que una o unas personas quieren o necesitan ayuda y otras personas quieren o deben ayudarles). La entrada responde más bien a una relación de ayuda “entre blogs” pues  amplia la conexión de este blog con otro blog que aparentemente no tiene nada que ver.

Pero en el supuesto de que a alguien le interese el contenido de “disparefuturo” (lo cual dudo) le invito a leerla puesto que incursionaré de pleno en el núcleo de la llamada psicología positiva. Disciplina que va creciendo en mi interés por lo que creo que no tardaré en volver a cambiar el subtitulo de este blog añadiendo “y la psicología positiva” a la frase “La relación de ayuda desde el fenómeno de la resiliencia…”

El pasado mes de julio mi amigo Gabriel Songel, Catedrático de Diseño de la Universidad Politécnica de Valencia, tuvo a bien hacer una entrada en su blog (http://gabrielsongel.blogspot.com) utilizando a su vez mi referencia en este blog al libro de Zimbardo “La paradoja del tiempo”.

Una de sus especialidades es el diseño del juguete y la historia del mismo. Cuando conoció la idea básica de Zimbardo se percató del valor de los juguetes (y en concreto de los museos de juguetes) de enraizarnos con el pasado,

Para Zimbardo una postura sana respecto al pasado es la de centrarnos en todo aquello positivo que hemos vivido y que nos conecta con más gente: nuestra familia, nuestro país, nuestro barrio… Por el contrario es psicológicamente una postura insana la que tienen las personas que quedan atrapadas por una mala experiencia en el pasado a partir de la cual se configura toda o parte de su personalidad.

No cabe duda que los juguetes y los juegos son uno de esos anclajes claros con nuestro pasado y que normalmente será un anclaje positivo (excepto, claro está, que me atragantara con un juguete que me metí en la boca y estuviera a punto de asfixiarme).

Pero hoy me gustaría ofrecer algunas claves desde la psicología positiva para analizar la relación pasado – juguete – felicidad. Espero Gaby que quizá alguna des estas reflexiones te sean útiles para tus alumnos.

1.- Si quieres invertir en felicidad compra experiencias no objetos.

Richard Wiseman, psicólogo y mago, en su más que recomendable libro “59 segundos: piensa un poco, para cambiar mucho”  (Editorial RBA – Integral)

59 segundos - Piensa un poco, para cambiar mucho - RICHARD WISEMAN

señala que está comprobado que contribuye más a nuestra felicidad futura acumular experiencias positivas (viajes, relaciones…) que acumular objetos (ordenadores, coches, electrodomésticos…). (Mi mujer gastaría todo nuestro dinero en viajes, óperas….. yo lo gastaría en libros y eso que ahora se llama “gadgets”… Lo que demuestra que mi mujer es más sabia que yo)

Además de la comprobación experimental que Wiseman recoge en su libro, todos podemos comprobarlo intuitivamente. ¿En qué contribuye a mi “sentirme bien” actual el segundo ordenador portátil que me compré? Ni siquiera me acuerdo cual fue. Fui “feliz” cuando lo estrené pero a partir de ahí puedo asegurar que su contribución a mi felicidad siempre fue una línea descendiente (que además pasó a balance negativo cuando empezó a funcionar mal y dar problemas).Podría preguntarme lo mismo para mi tercer coche o mi cuarta casa (de alquiler).

Sin embargo la línea de contribución a la felicidad de la experiencia de nuestro viaje con todos nuestros hijos a París es justo la contraria: creciente. Empezó en negativo. Los preparativos complicados y tensos. El viaje en si con momentos maravillosos y otros complicados (alguna discusión, algún contratiempo…) Una vez finalizado los recuerdos negativos empiezan a evaporarse y prevalecen los positivos. Además queda el motivo: lo realizamos en memoria de mi madre y gracias a su herencia. Pero cuando creo que ya ha llegado a su techo “de buen recuerdo” descubro que no es así. Mi hija la mayor poco tiempo después decide ser monja de clausura y el viaje a París pasa a ser el último que hicimos todos juntos. Lejos de descender en su contribución a mi felicidad pasa a ser un recuerdo cargado de buen rollo y gratitud.

Evidentemente las cosas no son tan sencillas. Los objetos, unos más perecederos y otros menos, sirven para tener experiencias. El viaje a París fue posible por haber comprado un monovolumen nuevo (comprado también con la herencia materna). Pero mi “flagoneta” desaparecerá de mi vida (ya está dando los primeros indicios de despedida) pero nunca el viaje.

Corolario para diseñadores juguetes: no es lo mismo el diseño del objeto que el diseño de la experiencia lúdica.

Cuando pienso en mi infancia y las horas y horas de juego con mi vecino, amigo y casi hermano “Pepito” no recuerdo ni un solo juguete que me haya quedado fijado en mi “banco de felicidad” por su diseño como objeto. Sin embargo ocupa el primer puesto en la estantería “recuerdos felices de juego” un fuerte vaquero que construías con maderitas encajables que nos permitió horas y horas de batallas de indios contra vaqueros con gomas elásticas tensadas con reglas de madera. O unas chapas con razas de perros con las que jugábamos partidos de futbol empujándolas con los dedos.

2.- Existe una diferencia entre el “yo que experimenta” y el “yo que recuerda”

El psicólogo y Premio Nobel de … ¡Economía! Daniel Kahneman mantiene en una conferencia en TED que existe una diferencia entre el yo que experimenta y que vive el momento (fragmentos de tiempo de no más de 3 segundos) y el “yo que recuerda” que básicamente construye historias a partir de los momentos vividos anteriormente. Pero para el yo que recuerda no todos los momentos pesan lo mismo.

Pone un ejemplo muy claro: un melómano escucha una grabación maravillosa de una sinfonía durante media hora, sin embargo al final de la grabación un chirrido estridente en la misma le produce un momento de sobresalto y disgusto. Su “yo que experimenta” ha disfrutado de cientos de momentos de extasis musical y uno indeseable. Pero por culpa de ese último su yo que recuerda construirá la “historia de una experiencia decepcionante”.

Este ejemplo me hace pensar en el juego del “Risk”. No me cabe duda que es un juego que proporciona momentos muy divertidos. Sin embargo mi yo que recuerda ha construido la “historia de ese juego que nunca podemos terminar la partida”. Porque yo siempre he jugado en una casa llena de niños, de gente… donde siempre ha surgido alguna circunstancia que ha impedido que la partida termine. Sin embargo el “yo que recuerda” de mi propio amigo Gabriel Songel estoy seguro que ha construido la historia de “ese juego que me permitía largas noches de camadería con mis compañeros de piso en Milán”

3. Felicidad = placer + sentido

Está sencilla fórmula recoge la tesis de autores como Tal Ben Shahar, Catedrático de Psicología Positiva de la Universidad de Harvard. En su libro “Ganar felicidad”  (RBA Libros – Integral)

Ganar felicidad - TAL BEN-SHAHAR

utiliza una metáfora muy clara para explicar las 4 actitudes básicas frente a la felicidad:

Desde la actitud hedonista buscaré comer una maravillosa hamburguesa sin preocuparme por el efecto que en mi salud y en mi digestión tenga la misma. Lo que importa es simplemente el placer presente.

Sin embargo las personas con actitud competitiva renuncian al placer presente para conseguir el beneficio que desean en el futuro. Sería como comer una hamburguesa de pollo y verduras con pan integral. No es sabrosa pero mucho más sana.

La actitud nihilista, en base a una serie de experiencias o, mejor dicho,  decepciones, renuncia al placer presente y a luchar por el futuro. Sería como comerse una hamburguesa da mal sabor y encima completamente insana.

La actitud adecuada para la felicidad es la de equilibrar el placer presente con los proyectos de futuro. Eso sí, proyectos cargados de sentido en si mismos. La hamburguesa actual es por tanto aquella que siendo insuperable en sabor redujera nuestros niveles de colesterol y nos ayudara a adelgazar.

Según esto el juguete perfecto desde el punto de vista de la felicidad sería aquel que fuera extremadamente divertido y que además nos involucrara en una actividad con sentido en si misma (como desarrollar un proyecto vital importante para nosotros y satisfactorio en si mismo: aprender, desarrollar una vocación…)

Tengo claro que la hamburguesa perfecta (exquisita y sana) no existe. El juguete perfecto… no lo conozco.

Puede ser extremadamente divertido atropellar sicarios de la banda contraria pero no nos involucra en un proyecto vital lleno de sentido en si mismo. Si lo hace un terrario de hormigas que puede encender o alimentar nuestro amor por la naturaleza y una vocación de biólogo o naturalista. Pero está claro que no es el juguete más divertido del mundo.

Pero… ¿quien ha dicho que ser feliz deba ser fácil?

Desde luego, en este blog, no.

En definitiva, estas reflexiones explican porque el diseño del juguete y el juego trasciende el diseño del momento presente (del juego en si mismo) y debe considerar también el pasado (el antes) y el futuro (el después) del momento de juego.

Me viene a la cabeza que estas navidades pasadas encargamos a los Reyes Magos (a mi casa vienen) dos juguetes que nos hicieron mucha ilusión. Tanta que incluso yo le compré otro más a un hermano de más de 60 años: helicópteros teledirigidos. Cuando piensas en ellos te imaginas (proyectas futuro) en el salón de tu casa, sentado cómodamente y dirigiendo a media altura un helicóptero sin ningún problema. Ahora lo aterrizo en la mesa, ahora despega, ahora asusto al canario acercándolo a la jaula…. Pero cuando lo pruebas por primera vez, y aunque la caja diga que es apropiado para interiores, descubres que la fuerza de elevación (vertical) y la de desplazamiento (horizontal) interactúan más rápidamente de lo que tu puedes controlar y que el dichoso aparatito no es ese objeto que simplemente levita y tú, tranquilamete lo desplazas donde quieres. Así que lo que era un supuesto juego excitante es un factor de estrés, con el que para conseguir la destreza necesaria tienes que haber invertido horas de práctica y de accidentes domésticos.

Algo parecido, pero por otro motivo, pasa con los coches teledirigidos. Por lo que yo sé a todos los niños les encantan y sin embargo son el paradigma del juguete “abandonado” o infrautilizado. ¿Por qué?

Supongo que porque es un juguete adulto-dependiente. El suministro de pilas o carga eléctrica depende del adulto.Y pocas veces coincide la necesidad del niño de jugar con la disponibilidad del adulto (Ahora no… ya te compraré pilas… ¿dónde está el cargador?… No tienes otra cosa con la que jugar….)

En fin… si la psicología positiva consiste en el estudio del comportamiento humano óptimo, la psicología positiva del juego sería el estudio de la experiencia lúdica óptima.

Y acabo con una frese de Stuart Brown en otra conferencia en TED en la que afirma que el juego es más que diversión: “Lo opuesto al juego no es el trabajo, es la depresión. Y creo que si uno piensa en una vida sin juego: sin humor, sin coquetería, sin películas, sin partidos, sin fantasía y demás…Imaginen una cultura o una vida, de adultos o no,sin juego. Lo que es tan particular de nuestra especie es que estamos diseñados para jugar durante toda la vida”.

Querido Gabriel: esta cita por si sola da para una nueva entrada ¿en tu blog o en el mío?

Read Full Post »