“No sé lo que pienso hasta que no lo escribo”

Es curioso. Me dio por escribir cosas en un blog. Llevo cincuenta y pico entradas y todavía no he escrito nada sobre la escritura como método para elaborar y rehacerse de las adversidades de la vida.

Por otra parte, a título personal, empiezo a preguntarme si no acabaré viendo la realidad a través del blog. El otro día me descubrí diciéndole a alguien: “Sobre eso he escrito una entrada en mi blog” ¿Llegará un momento que si no tengo entrada sobre algo no tenga criterio? Espero que no.

En todo caso, la frase del título, que se le atribuye al escritor Augusto Monterroso, transmite de forma magistral lo que la psicología empieza a explicar sobre la escritura.

En los cursos suelo usar un párrafo del libro de Richard Wiseman  “59 segundos: piensa un poco, para cambiar mucho”  (Editorial RBA – Integral) en el que, después de explicar que la psicología no avala que las conversaciones (con un amigo o amiga por ejemplo) tengan siempre el famoso efecto catártico, concluye:

“Desde una perspectiva psicológica, hablar y escribir son dos cosas muy distintas. Hablar, a veces, es una actividad poco estructurada, desorganizada, incluso caótica.Por el contrario, escribir anima a la creación de un argumento y una estructura que ayudan a dar sentido a lo sucedido y nos dirige a una solución. En resumen, hablar puede añadir confusión, mientras que escribir proporciona un enfoque más sistemático, más centrado en la solución”

También el escritor Manu Rodríguez (http://manu-rodriguez.blogspot.com/) en su libro “Manual de escritura curativa” Ed. Almuzara (2011) basandose o inspirándose en las investigaciones desarrolladas por James W. Pennebaker expresa contundentemente una idea similar:

“Mediante la escritura , ordenando el caos que nos ha producido tal o cual suceso traumático, lo sacamos fuera, lo entendemos y nos sobreponemos a él”

Una entrada en el blog no da para expresar todo el potencial de la escritura como tutor de resiliencia. Espero no tardar mucho en recoger de nuevo esta idea. Pero de momento sirva este apunte para introducir la idea.

Es curioso. La afición por la lectura es un valor socialmente aceptado. Todos los lectores quieren transmitir su afición a sus hijos. Y los que no lo son no les importaría que sus hijos salieran “ratones de biblioteca”.

Sin embargo nunca me he oído decir a mi mismo o a otra persona: “Me encantaría que mi hijos se aficionaran a escribir”. Y sin embargo la lectura proporciona placer y sabiduría. Pero la escritura proporciona curación y sentido. Nada más y nada menos.

(Ubicación en el Blog-rrador: 9.f.)

5 Comments

  1. Toda la razón. Acabo de terminar un taller de escritura, y a través de ésta, han salido a la luz muchas cosas que llevaba dentro. En cuanto al libro de James W. Pennebaker ¿lo recomiendas?

    1. Gracias por tu comentario. Yo no soy un especialista ni en escritura ni en escritura terapéutica, pero a mi me pareció un buen libro. También depende de el nivel de teoría – práctica que estés buscando. Lo que si me consta es que en muy poco tiempo una editorial española va a publicar uno sobre este tema que estará llenito de ejercicios. No estoy autorizado para dar pistas pero si sigues el blog te enterarás, seguro. Un saludo.

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