Apego: De la cuna a la sepultura ¿seguro?

Una de las primeras cosas que aprendí cuando me interesé por las Teoría del Apego (al empezar a trabajar en protección de menores) es que Bolwby, uno de los autores más destacados, decía que la conducta de apego se daba “desde la cuna hasta la sepultura”.

Sin embargo me sorprende que, en el mundillo de la intervención social, sólo oigo hablar de apego cuando nos referimos a la relación de los niños con sus cuidadores. Puedo oír y decir frases como: “Este niño muestra un estilo de apego evitativo” o “La abuela materna parece ser una base de seguridad para el niño”

Pero nunca he oído cosas como: “La trabajadora social municipal es una persona huidiza y le cuesta empatizar con la usuaria” o “El psicólogo del centro se implicó mucho con el menor hasta que esté le defraudó” o “El potencial acogedor muestra un estilo de apego ansioso que puede ocasionarle problemas para dar seguridad al niño acogido”

Al parecer Bolwby no tenía razón y los estilos de apego no duran toda la vida sino que uno se deprende de ellos cuando se hace adulto. O, al menos, profesional de la intervención social.

No estoy confundiendo apego con vinculación. Como Jorge Barudy explicaba hace poco en Castellón, la relación entre un niño y su cuidador no es recíproca. La conducta de apego del niño es la que explica la ligazón del niño con alguien que le da seguridad al dar una respuesta sensible a sus necesidades. Pero la relación del adulto hacia él no está basada, lógicamente, en la seguridad sino en el deseo de “ocuparse de”. Yo soy la base de seguridad para mis hijos (espero) pero ellos no son mi base de seguridad.

Pero yo también tengo mis bases de seguridad. Mi mujer, mi madre (cuando vivía y a pesar de que los hijos ya la cuidábamos a ella), mis hermanos, mi suegra (abstenerse graciosillos), algunos amigos íntimos… El apego es sólo una cara de la moneda (yo necesito fuentes de seguridad) pero la otra es la de dar  seguridad, preocuparse, interesarse por el otro….

Pero la primera cara (mi historia de apego) va a condicionar mi forma de posicionarme ante el mundo y ante los demás. Si mi estilo, por mi historia, es evitativo querré relacionarme pero necesitaré mantener una zona amplia de intimidad o independencia y me sentiré incómodo en el compromiso personal. Y esto a su vez condicionará mi manera de entregarme a los demás.

¡Anda! ¿Y si Bolwby tenía razón? ¡De la cuna a la sepultura!

Tuve un libro estupendo (que fue dejado y no devuelto) de David Howe, llamado “La teoría del vínculo afectivo para la práctica del trabajo social” (Ed. Paidós, 1997) que trataba (y conseguía) hacernos ver como los usuarios adultos de servicios sociales tienen sus estilos de apego que explicaban su posición ante los profesionales. Pero también que los profesionales tienen sus estilos de apego que explican su forma de posicionarse frente a los usuarios.

Pero este libro es ya difícil de encontrar así que tengo que recomendar otro libro muy distinto pero que nos hace ver que seguimos teniendo un estilo de apego aunque estemos (como en mi caso) más cerca de la sepultura que de la cuna.

Se trata de “Maneras de Amar” (título original: Attached) de Amir Levine y Rachel Heller en Ediciones Urano. Puedes acceder aquí las 27 primeras páginas que la editorial permite descargar.

En el libro los autores analizan los  tres principales «estilos de apego» que define la teoría del apego (seguro, evitativo o ansioso)  en relación a las maneras que tienen las personas de percibir la intimidad y de responder a ella en el seno de la pareja.

A grandes rasgos, las personas  seguras  se sienten a gusto en situaciones de intimidad y suelen ser cálidas y cariñosas; las ansiosas anhelan la intimidad, tienden a obsesionarse con sus relaciones y acostumbran a dudar de la capacidad de su pareja para corresponder a su amor; las evasivas, en cambio, equiparan la intimidad con una pérdida de independencia y se esfuerzan constantemente en evitar el acercamiento. Por ende, los individuos que encajan en cada uno de estos tres estilos difieren en:
• Sus ideas de intimidad y de relación.
• La forma de reaccionar ante el conflicto.
• La actitud hacia las relaciones sexuales.
• La capacidad para expresar sus deseos y necesidades.
• Las expectativas que tienen de la pareja y de la relación.”

Es un libro muy ameno y entretenido. Incluso recomendable para aquellas personas “sentimentalmente en activo”. Pero dado lo poco que existe en castellano sobre apego adulto, también recomendable para analizar como el estilo de apego de un profesional (o un usuario de los servicios sociales) puede influir en su trabajo cotidiano. Bastaría cambiar algunas palabras y tendríamos….

Por ende, los profesionales de la acción social que encajan en cada uno de estos tres estilos  difieren en:

  • Sus ideas sobre la relación de ayuda.
  • La forma de reaccionar ante el conflicto.
  • La actitud hacia las relaciones profesionales (con clientes y compañeros).
  • La capacidad de expresar sus deseos o necesidades. 
  • Las expectativas que tienen de él/la usuario/a y de la relación con él/ella.
Bueno. Si has llegado al final y te ha interesado el este tema, por favor no seas evitativo/a y manda un comentario. Gracias.

2 Comments

  1. HOLA ESPERO QUE ESTE EXCELENTE EL TEMA DE APEGO ME INTERESA EN MI CASO SOY UNA PERSONA QUE ME APEGO MUCHO A ESAS PERSONAS QUE SE HAN APARECIDO EN MI VIDA Y CUANDO SE VAN ES MUY DUROO EN ESTE CASO NO SE COMO HACER PARA EVITAR TANTO APEGO A PERSONAS Q SE CRUZAN EN MI VIDA…

    1. Alejandra: ¿Has podido leer el libro de “Maneras de Amar” ? Precisamente da claves sobre todo esto.
      Yo creo que el tema no es establecer vínculos con gente nueva sino vivirlos con serenidad. He conocido gente con una capacidad de relacionarse extraordinaria pero viven las relaciones con ansiedad, y sufren por cualquier signo de ruptura. También hay personas que contactan rápido y lo dan todo desde el principio. Pero entonces se encuentran que no establecen relaciones duraderas. Precisamente porque “queman” la relación. Dan tanto que los otros sienten que no pueden estar a su altura y acaban distanciándose.
      Así que lo importante es conocernos un poquito, aceptarnos y “prevenirmos” ¿no? Pero nunca aislarse.

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