Antirresiliencia

“Tenía un futuro brillante” ha declarado uno de sus jugadores. En su día tuvo el record de partidos jugados en la Premier League (liga principal de fútbol de Inglaterra). Y desde que era seleccionador de Gales el equipo había mejorado su posición en el ranking internacional. Había recibido la Orden del Imperio Británico. Estaba casado y tenía dos hijos. Pero ayer apareció ahorcado.

Gary SpeedSupongo que nunca sabré los motivos que han llevado a Gary Speed a quitarse la vida. Pero de inicio choca que una persona con una trayectoria profesional exitosa,  un presente positivo y un futuro prometedor no quiera seguir viviendo.

Desde hace tiempo (ya en junio del año pasado me atreví a anunciar esta entrada) me llama poderosamente la atención el fenómeno contrario a la resiliencia.

En mi opinión, si la resiliencia consiste en el hecho de retomar un desarrollo positivo a pesar de o tras una gran adversidad, lo contrario no es hundirse tras ella. Eso es lo normal. Es la no resiliencia. Pero no la antirresiliencia.

Una persona no religiosa no tiene porque ser antirreligiosa. No ser del Real Madrid (por ejemplo) no significa necesariamente ser antimadridista. Por eso no reponerse de la adversidad no implica antirresiliencia sino simplemente que no se da la resiliencia.

Por tanto, para mí, la antirresiliencia sería el fenómeno por el cual una persona, a pesar de tener unas condiciones favorables en su vida (sustento físico, sustento emocional, oportunidades, experiencias, modelos… ) tiene un desarrollo negativo o trágico.

Me temo que es la primera vez que voy a disentir un poquito de mi admirado Boris Cyrulnik, aunque en realidad no creo que él se haya planteado esta idea de la antirresiliencia de una forma seria. En una entrevista que circula en internet él se refiere a la antirresiliencia como “quedar atrapado por la desgracia” de forma que la persona queda presa de su pasado desgraciado.

Pero insisto, creo que Cyrulnik no intenta definir la antirresiliencia sino que usa el término para oponerlo al mecanismo de la resiliencia, en el cual, uno, en primer lugar, toma una cierta distancia de la desgracia y luego decide “hacer algo” con ella. O de otro modo: frente a ver la “oportunidad de la desgracia” (mecanismo básico en la resiliencia) opone, lo que otro autor, ha denominado la “desgracia de la desgracia”.

Aunque a medida que voy redactando me doy cuenta de que quizá no haya tanta diferencia entre lo que él plantea y lo que yo quiero transmitir. Quizá lo que yo planteó es la pregunta: ¿por qué unas personas hacen una “desgracia de la desgracia”?

Que sólo conozcamos las condiciones favorables de Gary Speed no quiere decir que no pudiera tener una circunstancia o un sufrimiento que desencadenó su decisión de quitarse la vida. Hace unas semanas el árbitro internacional (de éxito, por lo tanto) Babak Rafati intentó suicidarse en el hotel donde esperaba para arbitrar un partido de la liga alemana de fútbol. Sobrevivió y por tanto hemos podido conocer por él mismo lo que le llevó a ello. Estaba deprimido al no poder soportar la presión de los medios de comunicación y las aficiones y desarrollar un miedo atroz a equivocarse.

Lo que quiero expresar es que los grandes ejemplos de resiliencia humana son casos donde en un fondo totalmente negro aparecen pequeños puntitos blancos (tutores de resiliencia) a partir de los cuales la persona reconstruye su vida haciendo retroceder la “mancha negra” (ver entrada La adversidad no es definitiva. La resiliencia tampoco: surgir de la mancha negra. de Junio de 2010).

Por tanto los casos evidentes de antiresiliencia son aquellos donde existe un fondo blanco (condiciones favorables) y una o unas pequeñas motas negras llevan a la persona a un final “trágico” (suicidio, drogadicción, daño a los demás…).

¿Y de qué depende entonces la antirresiliencia?

Evidentemente de las condiciones externas no, puesto que en principio son mayoritariamente favorables (fondo blanco). Por tanto deberemos rastrear en las otras dos patas del taburete: las condiciones internas y el significado personal.

No cabe duda que para el árbitro Rafati un error en un partido adquirió un significado personal brutal: la pérdida del status y prestigio alcanzado. Equivocarse en tercera regional podía suponer un botellazo pero no afectaría mucho a su, por decirlo, “honor” o prestigio. Sin embargo un error en un Bayern Munich – Schalke 04 cuando eres un árbitro internacional y te juegas dejar de serlo…

Pero empiezo a sospechar que tras ese significado personal demoledor, que hace que a veces una desgracia “normalita” rodeada de hechos afortunados (mota negra en folio blanco) existen carencias o ausencia de los recursos internos para la resiliencia. Intentaré poner algunos ejemplos.

La humildad (“virtud que consiste en el conocimiento de las propias limitaciones y debilidades y en obrar de acuerdo con este conocimiento”) es un factor interno favorecedor de la resiliencia porque permite pedir ayuda. Si se desconoce la propia debilidad ¿cómo pedir ayuda?

Pero en el otro extremo de la humildad está el orgullo (“Arrogancia, vanidad, exceso de estimación propia”) y con él, o no se pedirá ayuda (“Tengo que ser capaz de solucionar esto yo solo”) o se exigirá la ayuda (“Usted tiene que ayudarme” “Usted no sabe quien soy yo”).

Aquel que es considerado por los demás afortunado a lo mejor no se atreverá a exigir la ayuda (excepto que sea estúpido o que crea que su fortuna es mérito) pero es muy posible que tampoco sea capaz de pedir ayuda para superar un infortunio en un mar de fortuna.

En definitiva, la humildad no es sólo importante para superar la adversidad sino también para gestionar la fortuna y admitir pequeñas adversidades.

Lo contrario del sentido del humor no es la seriedad. Lo contrario del sentido del humor es el sentido trágico de la vida. La ausencia de sentido del humor impide tomar distancia de la desgracia, y por tanto, facilita la “desgracia de la desgracia” de la que hablábamos antes.

En definitiva el sentido del humor permite reírse hasta de uno mismo y relativizar la desgracia pero también relativizar la desgracia relativa (perdón por el trabalenguas)

Lo contrario de la trascendencia (religiosa o laica) no es la intranscendencia (superficialidad). Lo contrario de la trascendencia es el nihilismo (“negación de todo principio religioso, político y social” o la “negación de toda creencia”). Y sin creencias (religiosas o laicas, insisto) es difícil, como diría V. Frankl, contestar a la pregunta que la vida nos hace todos los día sobre su sentido.

Y nos pregunta nos vaya mal o nos vaya bien.

Lo contrario del altruismo (“diligencia en procurar el bien ajeno aun a costa del propio” y con raíz en la palabra latina Alter – otro) no es la indiferencia social sino el egoísmo (“inmoderado y excesivo amor a sí mismo, que hace atender desmedidamente al propio interés, sin cuidarse del de los demás” – de Ego: yo).

El altruismo permite descentrarnos de nosotros mismos y de nuestra adversidad. El egoísmo, al revés: yo-mi-me-conmigo. Sólo existo yo. Yo y esa puñetera desgracia rodeada de fortuna.

Lo contrario de la introspección (del latín introspicĕre, mirar adentro) es mirar afuera. Y mirando solo fuera sólo importa lo que nos ocurre (“desgracia de la desgracia”) y no lo que hacemos con lo que nos ocurre (“oportunidad de la desgracia”)

Por todo esto empiezo a sospechar que quizá una persona que objetivamente podamos considerar como afortunada puede ser derribada por una desgracia para otros “llevadera” si no tiene sentido del humor; no tiene un mínimo de humildad, no cree en nada, es incapaz de darse a los demás o de mirar a su propio interior.

La mitología griega atribuía a Aquiles la invulnerabilidad al haber sido sumergido por la diosa Tetis en la laguna Estigia que separaba la tierra del Hades o mundo de los muertos. Pero su propia mano impidió que se mojara el talón de Aquiles y dejó una ventana a la vulnerabilidad.  Quizá unas condiciones externas muy afortunadas, en ocasiones, pueden dificultar el desarrollo de condiciones internas necesarias para superar adversidades. Y bastará con una flechita en el talón para…

(Ubicación en el Blog-rrador: 12)

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