¡Muera la resiliencia!¡Viva la REDsiliencia! (O de botellas aplastadas)

(ADVERTENCIA: Probablemente esta sea la entrada más visceral que haya escrito y desentone con el resto del blog. Pido disculpas)

En mayo de 2010 se celebró en Valencia un Congreso Internacional sobre resiliencia. Tuve el honor de moderar la mesa redonda “La red de protección en el proceso por la resiliencia”.

En ella participó, en representación de los Colegios Profesionales, Concepción Martínez Vázquez. Ella es técnico de intervención familiar en el Servicio Especializado de Atención a la Familia e Infancia (SEAFI) de la Mancomunidad de Servicios Sociales “Camp del Turia” (Valencia). Además, debido a que la Mancomunidad era una de las entidades organizadoras del Congreso, fue una de las artífices del mismo. Tuvo mérito que tras su intervención en la mesa no cayera desplomada como fruto del esfuerzo que realizó en la preparación del evento.

Pero tuvo otro mérito mayor aún. Acuñó, en su intervención, el término “REDsiliencia” que da nombre a esta entrada. Al acabar le felicité por su ingenioso juegos de palabras. Y ella no pareció darle importancia. Dada su formación sistémica  la idea debió surgir en ella con naturalidad.

Hace poco tuve la alegría de volver a coincidir con ella y de decirle (y pedirle permiso) para usar el palabro (Total “resiliencia” tampoco está aún en el Diccionario de la RAE). De nuevo pareció no darle importancia y con simpatía me vino a decir que hiciera lo que quisiera.

Y mira por donde anoche me di cuenta de, por desgracia, el término REDsiliencia va a ser necesario en muy poco tiempo.

Porque anoche navegaba por el ciberespacio buscando desconocidas webs o blogs sobre resiliencia y encontré una video-entrada que me impactó. Como una pedrada en la cabeza.

La Coach Marta Romo inaugura una serie de videoentradas (píldoras formativas) con una referencia a la resiliencia. La idea de la videontrada me pareció interesante y efectiva. Debajo del video se puede leer el texto y lo reproduzco en parte (la negrita es mía)

Cuando hablamos de personas, la resiliencia es la adaptación positiva de la persona en un contexto de adversidad o situación dolorosa.

Ingredientes para ser resiliente:

  • Autoconocimiento y autogestión: me conozco y desde esta conciencia elijo alimentar emociones, pensamientos o acciones de calidad, que me ayuden en lugar de perjudicarme.
  • Responsabilidad: asumo mi papel protagonista.
  • Compromiso con la vida: “quiero asumir este reto”, implica pensar en el futuro y tener esperanza
  • Capacidad de superación: no perder la ilusión por crecer y seguir aprendiendo
  • Valoración positiva de uno mismo: darse refuerzo y cariño, fortalecerse.
  • Creatividad y la flexibilidad para entrar en ACCIÓN: dando respuestas alternativas.

Estos ingredientes se sostienen en dos pilares:

  • RESISTENCIA: la capacidad de proteger la propia integridad, bajo presión
  • VISIÓN POSITIVA: comportamiento vital positivo pese a las circunstancias difíciles.

La resiliencia se alimenta de las emociones positivas.

Podemos desarrollar nuestra capacidad resiliente, entrenando, haciendo gimnasia emocional con los ingredientes que vimos anteriormente. Pero antes, tenemos que tomar una decisión, tenemos que estar dispuestos. Aquí nos encontramos dos actitudes:

  • No-resiliente: personas que prefieren la infelicidad a la incertidumbre.
  • Pro-resiliente: personas que hacen lo imposible mientras lo posible no sucede.

Los pro-resilientes, viven un proceso de transformación positiva (cambio manteniendo la identidad) y después de la adversidad, han crecido.

¿Te has planteado en qué grupo estas tú?

No voy a dedicar un sólo segundo de mi vida a contestar esta pregunta. Pero si le hago caso a Marta, el lunes cuando llegue a mi trabajo, un centro de menores, me sentaré delante de dos hermanos de 10 y 11 años que llegaron ayer y les diré:

“Bueno, chavales, la situación es la siguiente. Por lo que yo sé vuestro padre está en la cárcel. No sabemos aún el motivo, pero está en la cárcel. Vuestra madre ha decidido irse aún país del Caribe supuestamente a trabajar, aunque parece ser que ha conocido a alguien por internet. Aunque se le avisó de que era un delito abandonaros, lo ha hecho. Y vuestros abuelos no pueden hacerse cargo de vosotros… Pero no importa. Debéis ser fuertes. Yo que soy el psicólogo voy a enseñaros unos ejercicios de gimnasia emocional (cuando me entere de que es eso) y vais a desarrollar la resiliencia… ¿qué que es  eso?… Bueno para que lo entendáis que dentro de nada os va importa una puta mierda (perdón) lo de tu padre, lo de tu madre y lo de los abuelos y vais a ser felices a pesar de todo ¿Qué os parece?”

¿O les paso un test para saber si son no-resilientes o pro-resilientes?

Por cierto, Marta, la imagen de arrugar una botella de plástico y de volver a estirarla es visualmente muy llamativa e interesante (felicitaa a la persona que dices que te la sugirió). Pero te ha faltado explicar algo más. La botella estirada de nuevo está llena de arrugas. Quizá la puedas llenar de agua otra vez. Quizá no gotee y te atrevas a llevarla dentro de una bolsa de deportes. Pero te aseguro que si la vuelves a poner en la estantería del supermercado no la comprará nadie. La botella servirá para algo de nuevo (pero no exactamente  para lo mismo que antes)

Dice Tim Guenard (“Más fuerte que el odio”) que las personas, por desgracia, nos arrugamos unas a otras. Pero también que hay personas que al encontrarnos con ellas nos planchan las arrugas, nos curan las heridas. En su libro explica como a una jueza se le humedecieron los ojos cuando lo volvieron a llevar ante ella cuando eran un joven delincuente. O un mendigo que le habló de política internacional (le trato como un adulto) cuando iba a refugiarse con él por las noches. O un sacerdote que hizo esperar a un Ministro media hora porque estaba hablando con él. O una mujer (su mujer) que no le importó su pasado en la prostitución masculina.

¿Qué tiene que ver esto con la gimnasia emocional y las decisiones sobre la felicidad? La resiliencia empieza por el respeto (desde el exterior) del dolor de la víctima de la adversidad. No creo, Marta, que ninguna persona que haya perdido un hijo, que su pareja le maltrate, que le hayan despedido con 45 años, que haya sufrido abusos en su familia o que su madre se haya ido al Caribe abandonándolo… pueda retomar un camino satisfactorio en su vida si, tras ver tu video, descubre que todo depende él y de hacer gimnasia emocional. Y de tener la suerte de tener un Coach a su lado.

Además existe una contradicción de bulto entre lo que Marta dice y lo que Marta hace en el video. Si fuera coherente con lo que va a decir después debería haber arrugado la botella — ¡Y esperar que ella sola recuperara su forma! ¡Es ella (Marta) la que ha devuelto su forma de botella a la botella! La resiliencia, de alguna manera, siempre empieza desde fuera.

Espero que ahora se entienda porque la intuición (y el palabro REDsiliencia) de Concepción hay que hacerla rodar. Paradójicamente la palabra resiliencia va contribuir (como no lo evitemos) a crear un contexto donde las víctimas serán las únicas responsables de serlo y, por ello, nuevas víctimas. El mundo se dividirá en no-resilientes y pro-resilientes. Y  a las víctimas no-resilientes se les responsabilizará de su no resiliencia.

De nuevo me consuelo en Cyrulnik… Boris Cyrulnik. En la página 75 de su libro  “Morir de Vergüenza. El miedo a la mirada de los demás” (Ed. Destino) escribe “… las dos palabras claves de la resiliencia: el apoyo y el sentido”.

Hablar de resiliencia obviando la necesidad de apoyo emocional sociofamiliar o cultural (la “disposición de recursos externos”) es pervertir el concepto de la resiliencia.  No será la primera palabra secuestrada (se me ocurren algunas más) pero desde este blog pondré mi granito de arena para evitarlo.

NOTA: Esta no es una entrada contra Marta Romo, a la que no tengo el gusto de conocer y que seguro es una excelente profesional (así lo avala su curriculum). La entrada es contra de  una forma de concebir la resiliencia que me parece (es una opinión) no se sustenta ni en la investigación ni en los testimonios de las personas que se han rehecho de la adversidad.

16 Comments

    1. ¿Pero cómo eres tan rápida? Efectivamente lo del “cierre por vacaciones” de tu blog debe haber quedado en nada. ¡Que barbaridad!¡Que actividad!
      Un saludo. Por cierto no me funciona la suscripción a tu blog. Lo volveré a intentar. En todo caso lo tengo en favoritos.

  1. Totalmente de acuerdo contigo. Esto es lo que pasa cuando no se acaba de entender lo que es la resiliencia y se sostienen visiones individualistas y me atrevería a decir hasta culpabilizadoras sobre este concepto, tan populares como inciertas. Si algo es la resiliencia es “redsiliencia”. Gracias por la reflexión.

    1. Gracias a ti, Gloria. También es un honor para mí un comentario de la autora de otro de los blogs sobre resiliencia. Por cierto… seguiré con expectación tu canal en youtube y gracias por presentarnos a Alice Herz-Sommer en tu última entrada. Cada testimonio de resiliencia es una joya.

  2. Hola Javier. Gracias por incluir en tu blog este término de REDsiliencia que tanto nos gusta a tí y a mi. No hay mejor manera de “hacerla rodar” que acompañada de tus magníficas palabras. Espero verte en las Jornadas de Resiliencia la semana que viene y volver a darte personalmente las gracias por hacer de este apasionante tema de la resiliencia un espacio virtual para compartir, aprender y renovar nuestra firme creencia en lo que hacemos para contribuir al bienestar de las familias con las que trabajamos. Un abrazo.

    Concepción Martínez Vázquez

    1. ¡Jo!!Que honor para el blog! La “inventora” del término… Y no me has dado ni tiempo a avisarte por correo que había utilizado “tu palabra”. Ni se me pasaba por la cabeza que tu pudieras leer el blog sin que yo te avisara.
      Bueno… ya has visto que tu intuición tiene más miga que un simple juego de palabras. Así que anímate y en vez de hacer comentarios, si quieres, me mandas todas las entradas que te apetezcan. Este es tu blog también.
      Por desgracia, finalmente y por motivos económicos y familiares, he decidido no ir a las Jornadas de Barcelona. Ya me contarás. Ya nos contarás. Un besazo muy fuerte.

  3. He comprado hace unos días el libro “Más fuerte que el odio”, aún no lo he empezado a leer, tengo una pila de libros a la cola. Gracias por tu blog, es estupendo.

    Elena

  4. Excelente entrada! Gracias por defender y argumentar que resiliencia NO es pensar “positivo” y que mágicamente se ira el dolor y todo será igual. Felicidades!

  5. Me gustó mucho esta nota! Hace mucho que me vengo peleando con esta idea liviana de que los problemas se solucionan con actitud positiva y ya. Los que así piensan el concepto creen en la idea de que los acontecimientos no dejan marcas indelebles y que estas marcas no forman parte de nuestra historia. Me parece que va en la línea de aquellos que investigan fármacos para borrar los hechos traumáticos de la vida, sin entender que éstos son parte de lo que somos hoy, con lo bueno y lo malo de eso. El concepto de REDsiliencia suena un poco más interesante, la idea sería pensar que los acontecimientos adversos son posibles de ser atravesados con el sostén de otros.

    1. Esa es la idea que pretendo transmitir siempre que pueda. La resiliencia no supone superar el dolor (eso sería fortaleza). La resiliencia, tal como yo la quiero entender, supone algo mucho más profundo. La elaboración del dolor en un sentido positivo (que es muy distinto a ser positivo y negar el dolor). Bueno no me enrollo. Gracias, Gisela por tu aporte y porque gracias a él he descubierto tu web que, a partir de ahora, seguiré. Un saludo desde España (Valencia).

  6. siempre es un deleite reflexionar mientras te leo porque me haces pensar en cosas positivas.
    Tienes toda la razón, sin RED, sin apoyo exterior, está claro que muchos de nuestros menores no salen del pozo en que les metemos (su familia y tambien nosotros). Pero junto a este aspecto, tambien está claro que hay otro muy importante, las competencias resilientes que tiene cada menor de por sí, y que en muchos casos, estan determinadas por su propia experiencia de vida, por eso es tan importante saber cómo viven ellos mismos su experiencia. Partir de su realidad, no de como creemos nosotros que es. Partir de sus emociones, no de como pensamos que se sienten.

    1. Creo que das en la clave. Lo importante es conocer el significado que los menores le dan a las medidas y recursos que nosotros les ofrecemos. Acabo de hablar con un chaval que no quiere volver con su familia acogedora y lo importante no son las interpretaciones que yo haga sino la que él hace. Un saludo.

  7. Gracias, eres un profesional sensible y comprometido. Benditas las agallas que tienes y esa sensibilidad, (que no sensiblería), que sacará a flote tantos corazoncitos malheridos. Qué suerte conocer seres humanos como tú. De nuevo: Gracias!

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