Acogimiento permanente de menores: ¿el “leasing” de la protección de menores?

Ser técnico de menores y familia acogedora es una experiencia extraña. E invito a quien tenga la misma experiencia a compartirla en este blog.

Amin Maalouf en su libro “Identidades Asesinas”  (Alianza Editorial) nos cuenta que, desde 1976, cuando dejó el Líbano por causa de la guerra para instalarse en París, le preguntan reiteradamente que si se siente "más francés" o "más libanés". El responde sin mentir que las dos cosas. Sin embargo existe una presión social y cultural para definirse: o una cosa o la otra. Y de ahí lo de identidades asesinas. Una debe ganar e imponerse a la otra. Nos empeñamos en determinar las identidades de la gente por su grupo de referencia.

Experimento algo de esta presión cuando mi mujer (que no es técnico de menores) se posiciona frente a lo que no entiende del sistema de protección de menores… ¡del cual yo formo parte!. O cuando una compañera ha invalidado mi opinión en una comisión por proceder de mi experiencia como familia acogedora.

No estoy haciendo un drama. No soy el único (en estas tierras somos un número significativo de “tecno-acogedores/as”) y no me siento un bicho extraño. Pero sí quiero hacer constar que esta identidad especial (no doble sino mixta) hace que tengamos unos puntos de vista particulares.

Y una ventaja es que somos especialmente sensibles a las incoherencias del sistema. Dado que a veces cuando hablamos somos técnicos y otras veces acogedores. Y en algunos temas las voces de nuestra cabeza se disocian y sólo hay dos posibilidades: somos esquizofrénicos o hay mensajes contrapuestos en el sistema de protección.

A mí me ocurre en lo que yo llamo la hipótesis del amor incondicional (decide tú al final de la entrada si soy esquizofrénico o no). Esta hipótesis es la que suele aparecer en un o una  técnico cuando se entera de que una familia acogedora le ha puesto condiciones a el menor o menor acogido/a para seguir viviendo en esa casa. A cualquier técnico (no acogedor) se le erizan los pelos de la espalda cuando oye algo así como “Yo ya le he explicado que si sigue así volverá al centro de menores”.

Y entonces intentará explicarle a la familia que eso no se puede decir porque estos niños necesitan la experiencia de un amor incondicional. Y que si condicionamos nuestro amor por ellos les hacemos daño.

No voy a analizar ahora si existe eso del amor incondicional. Yo opino que el amor humano es siempre condicionado y que lo del amor al enemigo es algo sobrenatural. Posible pero sobrenatural. Pero prefiero no enredarme con esto.

Lo que sí sé es que los mismos técnicos que le dicen a la familia acogedora que no debe ponerle condiciones son los que se han hinchado a recordarle a la familia “no podéis olvidaros que no sois sus padres” “debéis respetarle a su familia“no sois vosotros los que podéis decidir sino la Administración”…

¿Quién está poniendo condiciones a quién?

Así que cuando oigo a un técnico invocar al amor incondicional mi identidad acogedora quiere asesinar a mi identidad técnica y se subleva y me dice cosas como: ¡Eso es! “Quiéreles incondicionalmente pero acuérdate de que tienes que pedir permiso para viajar” “No les puedes decir eso pero acuérdate que tu  no decides ciertas cosas”… En definitiva !quiérele como a un hijo o una hija aunque yo te recuerde siempre que no lo es!

No estoy diciendo que el acogimiento no tenga sentido. Todo lo contrario. Cada vez le veo más sentido (siempre que nos salgamos de ciertos “estereotipos asesinos”).

Estoy diciendo que deberíamos revisar la hipótesis del amor incondicional (“aunque te queme la casa o toquetee  a tu hijo pequeño no le puedes amenazar con volver al centro”). Porque creo que dicha hipótesis esta completamente descontextualizada de la realidad  del acogimiento familiar (y en especial del permanente).

Ya sé que no es una buena reacción amenazar con el cese del acogimiento y no creo que nadie pueda sentirse orgulloso de ella. Lo que pretendo remarcar que es natural que, en un momento de tensión en la convivencia, el acogedor o acogedora reaccione así puesto que es el propio sistema el que se lo está recordando todos los días: no es tu hijo. No es tu hija. Ni siquiera tu tutor.

Yo no puedo devolver a mis hijos (aunque si puedo nominarles, mientras sean menores de edad, para ser expulsados a casa de su abuela). Pero sí puedo cesar un acogimiento. Y eso es así. Nos guste o no. Así que no creo que sea justo “estigmatizar” a unos acogedores por una expresión desafortunada. Desafortunada pero real como la vida misma.

Y por ser constructivo propongo que cuando una familia utilice esta estrategia no nos quedemos los técnicos en la frase y sus supuestos efectos destructivos en el niño. Propongo que vayamos a lo profundo. ¿Ha surgido el vínculo con el niño? ¿Qué hay detrás de esta frase o amenaza? ¿Hay falta de implicación con el o la menor? ¿O por el contrario la frase expresa la impotencia de controlar el comportamiento de un niño o niña que YA ES MUY IMPORTANTE para él o para ellos? No vale interpretar tan solo el significado que el niño puede darle a la misma. También hay que analizar el significado real que tiene para la familia.

Si cada vez que le he dicho algo inoportuno y venenoso a mi mujer hubiera llegado un o una técnico a casa y me hubiera dicho: ¡Javier! ¡Por Dios! ¡Eso no lo puedes decir! – mi matrimonio seguramente estaría roto hace mucho tiempo. Gracias a Dios en nuestros 25 años de matrimonio han pesado más los perdones que en las ofensas. Cuantas parejas se han dicho muchas veces “¡Cojo las maletas y me voy!” y siguen juntos como una sola carne y cuántas se han roto “sin previo aviso”.

Todo esto me hace pensar en los tipos de acogimiento como quien necesita un coche.

En el acogimiento simple la relación entre menor y familia sería de alquiler. Necesito un coche durante un tiempo y punto. El niño necesita una familia por un tiempo. O la familia “necesita” cuidar de un niño pero sólo por un tiempo.

En el acogimiento preadoptivo estamos en la analogía con la compra de un coche. El niño necesita unos padres y los padres necesitan un hijo o hija. Se compra (acogimiento) y tras un tiempo prudencial (donde se comprueba que el coche funciona) el coche es tuyo (auto de adopción). Puedes hacer con él lo que quieras.

¿Y en el acogimiento permanente? Para bien o para mal la analogía no es el alquiler o la compra, sino el leasing. Esa fórmula por la cual disponemos de un coche de forma indefinida sin que sea de nuestra propiedad y con opción a quedárnoslo finalmente si se abona una cantidad previamente estipulada. Muchos comerciales tienen un coche de empresa que suele estar contratado por “leasing”. Por una parte es su coche pero por otra saben que si se estropea mucho, si va acumulando muchos kilómetros… se puede cambiar por otro.

Si una persona compra un coche y al año dice que lo quiere cambiar diremos que es caprichosa, inestable, alocada, irresponsable… Pero si una persona tiene un coche en “leasing” y al año pide que le cambien el modelo ¿diremos lo mismo?

Por tanto no es lo mismo que un padre diga: “Si sigues así vas a un centro de menores”  que lo diga un acogedor o acogedora. En el contrato del primero (el padre) no se estipula que se pueda mandar a un hijo a un centro de menores. En las reglas del juego del acogimiento sí.

En definitiva…

Ser francés y libanés al mismo tiempo es posible pero difícil.

Ser técnico y acogedor es posible. Y a veces extraño.

Cuidar como a un hijo de un no-hijo es posible y maravilloso, pero muy difícil.

Pero más difícil que todo esto es ser niño o niña y tener dos familias. Una con la que vives (a los que, si todo va bien, los quieres como si fueran tus padres) y unos padres que te gustaría que fueran de otra manera.

22 Comments

  1. Se me han puesto los pelos como escarpias al leer ciertos párrafos comparando los acogimientos con la compra o el alquiler de coches, pero creo que te he entendido perfectamente… Y NO creo que seas esquizofrénico, sino que tienes la ventaja de ver las cosas desde otra perspectiva… tienes dos perspectivas y por lo tanto ves mas cualidades del “coche” que otros no ven. Tienes perspectiva, tienes volumen, altura…….

    De todas formas, me quedo con el último párrafo: ” Pero más difícil que todo esto es ser niño o niña y tener dos familias……

    Por cierto, enhorabuena por esos 25 años ;)) eso también tiene su mérito.

  2. Hola, Rosa:
    Sabía que la analogía de los coches podría sentar mal a alguien. Nada más lejos de mi intención. Soy bastante torpe intelectualmente y para comprender la realidad a veces tengo que recurrir a analogías, metáforas,… que nunca son perfectas pero me permiten simplificar la complejidad. Espero que me disculpes.
    Lo que intento expresar es que las medidas de protección son diferentes unas de otras y eso tiene consecuencias no solo legales o administrativas sino humanas o emocionales. Durante los últimos años en estas tierras valencianas hemos estado usando el acogimiento permanente como una especie de “adopción abierta” y eso, ahora veo, que es un error. La adopción es una cosa (estupenda y maravillosa) y el acogimiento es otra (también estupenda). Pero distintas. Y cada vez que se produce un cese de un acogimiento permanente (nos acaban de anunciar que viene al centro un nano de 11 años después de pasar dos con unos tíos) no es justo mirar sólo hacia los acogedores. Algo más ha fallado ¿no?.
    Bueno gracias por el comentario (de nuevo inmediato). Y la que tiene mérito… es mi mujer.

  3. Hola a mi me pasa lo mismo en el experiencia de trabajar con menores en riesgo de exclusión social desde mi punto de vista de TASOC y ahora de Integrador a veces, no puedo discernir si el que actua es Carlos como Familia Educadora o Carlos como Educador cuantas veces me he visto a mi mismo frente a un menor del cual si se pudiera trabajar con el, en el sentido de ofrecerle una Familia Normalizada pensando los adelantos que ese menor tendría, me lo llevaría a casa, pero al momento me digo, Carlos ¿No te puedes llevar a todos los menores que te encuentras en tu camino, pero a la vez conociendo el mundo del acogimento como lo conozco se lo dificil que será para este menor conseguir salir del mundo de donde esta, pero esta es nuestra labor como Profesionales, y nuestra labor como Familia Educadora es una vez que el menor a salido de su entorno trabajar codo con codo con los profesionales para el retorno de este menor a su Familia biológica que es en definitiva el objetivo que debe de cumplirse con cualquier clase de Acogimiento.

    1. Gracias Carlos por compartir tu experiencia.- Una de las cosas que más me ha ayudado leer y escuchar sobre resiliencia es la idea de que no podemos ser tutores de resiliencia de todos las personas que queramos, ni siquiera de la que queramos. Eso me ayudó a entender que, aunque quisiera no soy Dios, y que no está en mis manos ayudar a quien yo quiera.Pero al mismo tiempo me descubrió que puedo ayudar más allá de mi formación profesional, mediante el encuentro personal.
      ¿Te acuerdas en la “Lista de Schlinder”? Al final sale Steven Spielberg con los supervivientes reales y se cita un dicho judío: “Quien salva a una persona, salva el mundo entero”. Las familias educadoras (acogedoras) podemos saber que otros muchos niños se beneficiarían de estar en nuestras casas quizá, pero todos tenemos un límite. Al resto de los niños habrá que ayudarles de otras maneras… difundiendo el recurso, escribiendo un blog o comentarios en un blog…je, je…

  4. Yo a las familias acogedoras os admiro profundamente porque a mí me resulta imposible no tratar y no sentir al niño acogido como a mi hijo (hablo de un acogimiento permanente por supuesto) sabiendo que aunque puede ser una situación muy estable, no es tu hijo legalmente con todo lo que implica ello de tener que pedir permiso para viajar, o para cualquier otra cosa sobre su persona. Ya suficientemente duro y difícil a veces es la adopción en cuanto a hacer integrar a tu hijo su doble identidad (biológica y adoptiva), ayudarle a superar sus dificultades, integrar su historia de forma continuada etc etc… , pero el acogimiento permanente tiene una serie de peculiaridades que lo hacen más complicado. Nosotros estuvimos a punto de solicitar un acogimiento permanente pero cuando fuimos a hablar con la psicóloga y la trabajadora social, desistimos porque nos dejaron clara la diferencia con la adopción, nos dejaron claro que legalmente no sería nuestro hijo aunque emocionalmente lo fuera, se nos pedía todo lo que es necesario también en la adopción pero sabiendo que no está en tu libro de familia inscrito y que no puedes tomar decisiones importantes tú solo sin consultar con el organismo correspondiente.
    El acogimiento permanente exige un perfil de familia muy específico, que tenga claro a lo que se enfrenta, nosotros vimos claro cuando hablamos con estas dos profesionales que lo que buscábamos no era eso.
    Por eso digo que os admiro, no dudo que las familias acogedoras son importantes pero hay que servir para ello, por eso cuando se dice que se necesitan familias acogedoras para acogimientos permanentes de niños que necesitan una familia de acogida y se lanzan campañas para promover el acogimiento, no puedo evitar sentir un escalofrío porque creo que no se puede forzar algo que es complicado y para lo que hay que servir y estar muy concienciado. Un abrazo.

    Elena

    1. Gracias Elena por tu comentario. Yo no me atrevo a decir que una cosa es más difícil una cosa que otra. Lo que sí es cierto es que son cosas muy distintas aunque podamos llegar a pensar que no lo son. Sí que creo que el acogimiento necesita una familia o persona o que tenga la paternidad/maternidad cubierta o que por lo que sea no esté buscando ser madre o padre. Lo que está claro es que todo esto es muy complejo y que a medida que uno profundiza en vez de tener las cosas más claras acaba estando más confuso. Y estoy de acuerdo contigo… la captación de familias mediante campañas también me ponen los pelos de punta. Siempre he dicho que es un poco como pedir a una chica o chico que se casara con un o una inmigrante sin conocerlo para legalizar su situación _ ya sé que es ilegal – Pero aunque fuera legal… No se podría pedir a la gente que lo hiciera por solidaridad- Yo prefiero los permanentes que surgen porque una familia ha empezado a tratar a un niño de un centro y finalmente se vinculan. Como ves es todo muy complicado (O es tarde y mio cabeza no da para más…je,je..)

  5. Vaya por delante mi admiración por los que sois acogedores, por vuestra generosidad afectiva y educativa. Yo personalmente no creo que pudiera serlo quizás por las expectativas propias que conllevaría un acogimiento. No estoy preparada.

    Javier, sobre tus aportaciones, al ir leyendo, me venía a la cabeza con lo del amor incondicional aquello otro que refería Vanistendael de “aceptación incondicional”, que él prefiere llamar “aceptación fundamental” porque “la aceptación de otra persona está casi siempre condicionada por las expectativas nuestras, lo cual es humano y finalmente muy comprensible” –dice el autor. Y es de nuevo las expectativas las que entran en juego en mi reflexión. Supongo que previamente un acogedor se plantea qué espera cuando se mete en una empresa de esa envergadura y que una de las cosas que con mayor ahínco espera es poder tener una relación con ese niño acogido lo más normalizada posible, entendiendo también que esa relación estará mediatizada por los sentimientos y emociones que se despierten pero también por la respuesta del niño a nivel conductual y las competencias de los adultos para manejar-nunca me ha gustado esta palabreja- su conducta. Yo creo que hoy en día, no sólo los acogedores son los que piensan alguna vez en devolver al niño. Con las familias que son la muestra de población que atendemos, hay muchos padres biológicos –conozco varios- que amenazan a sus propios hijos biológicos con “llevarles a un colegio interno” –centro de menores-porque se ven impotentes y creen haber agotado todos los cartuchos. Y es verdad que eso puede dañar a nivel emocional al niño, quien puede percibir inseguridad afectiva, amor condicionado. Pero, aprovechando tu analogía de los coches pienso que, con independencia del tipo de relación contractual que se tenga (alquiler, compra después de prueba, leasing e incluso si el coche lo hemos tuneado nosotros y por tanto es nuestro), y sabiendo que existe el carnet por puntos, lo importante no es tanto que te equivoques alguna vez y te quiten puntos, sino la reincidencia que nos pueda hacer llegar a perder demasiados puntos y cuestionar así tu capacidad como conductor. En tanto que seres humanos, la equivocación y la pérdida de paciencia entra dentro de nuestra indeterminación que nos hace ser impredecibles. Pero también la reflexión sobre nuestros actos y pensamientos es una cualidad humana y que todos tenemos –algunos más que otros, eso sí-. Quizás no depende tanto de si se es acogedor o padre biológico, sino de la dificultad actual de desempeñar ese rol –que a fin de cuentas es el mismo en un caso y otro, aunque con más baches y curvas cerradas en el acogimiento- y la competencia autopercibida que se tenga. Y de las expectativas….

    Finalmente, a mi me preocupan más los acogimientos por imperativo familiar entendiendo por esto a los que ocurren cuando una abuela o una tía te dicen “antes de que los niños se vayan a un centro me los quedo yo”, pero muchas veces sin voluntad propia sino por la deuda social que tiene al tratarse de uno de su sangre. Los técnicos nos encontramos muchas veces cuando exploramos la familia extensa a la hora de proponer un acogimiento, que algún familiar del niño es “lo menos malo” que tenemos. Claro, si no hay más, y alguien tiene que hacerse cargo… el problema está en cómo se establecen esos vínculos y en la falta de preparación previa para realizar un acogimiento en las mejores condiciones. Los inicios son los cimientos del acogimiento, máxime si éste resulta luego ser permanente. La experiencia me dice que no hay tiempo desde que se decide que un menor se vaya con un familiar hasta que se va de manera efectiva, de preparar la llegada de la mejor forma, de conocer y trabajar las expectativas. Otra vez las expectativas!!!

    ¿Qué espera un acogedor?¿Sabe que puede haber una fecha de caducidad y aún así decide tirar adelante para poner a prueba su competencia o lo que pone a prueba es al niño?¿Saben todos los acogedores los efectos secundarios que derivan del acogimiento si el menor ha sufrido malos tratos principalmente en los primeros tres años?¿Si pasa de alquiler a leasing cambian las expectativas?¿Es amor incondicional hacia el menor o aceptación incondicional del menor y de su contrato?¿O quizás sea aceptación fundamental del contrato y del menor sabiendo que no voy a aceptar todos sus comportamientos pero siempre voy a aceptarle como persona, sea alquiler, leasing o compra?

    Muy complicado todo.
    Siempre nos quedará trabajar el desarrollo de las capacidades resilientes del acogedor y del acogido….

    Saludos a todos

    Concepción Martínez

  6. Acabo de descubrir tu blog y me consuela saber que hay más “esquizofrénicos” en este mundo. Trabajo en Protección de Menores, madre de tres hijos biológicos y acogedora de permanente desde hace 9 años. Muchas veces me he sentido muy sola e incomprendida en el trabajo por esto, pero creo que he aprendido más con mi experiencia personal en casa que en todos los años de trabajo y de estudio y me siento privilegiada por esta oportunidad que me dio la vida.
    A mi me costó dejar de ser profesional en casa para empezar a ser madre y en esa tarea, mi pareja y el resto de mis hijos son los que han ido dando la normalidad familiar. Sin ellos, no hubiera llegado hasta aquí.
    Nos ha costado aprender y en ocasiones ha sido doloroso, que el acogimiento puede ser reversible y esto tambien nos ha hecho crecer en gratuidad y respeto por el otro. “Los modelos de amor parental” que teníamos eran de apropiación, de integración en el clan familiar y tambien hemos tenido que ir modelando todo esto.
    En fin, me siento identificada con tu artículo y creo que me he enganchado al blog. Un saludo solidario a todos los “tecno-acogedores/as”
    Charo.

    1. Charo:
      Bienvenida a tu blog. Te rogaría que te pases por él de vez en cuando pero no sólo para comentar sino que te lo ofrezco sinceramente para que compartas tu experiencia con los que por él se pasen, y a los que se quieran sumar.Tu comentario me sabe a poco. Y me encantaría preguntarte cien mil cosas (dónde vivís, si tenéis visitas, si… si …) Pero por no espantarte prefiero dejarlo en una simple bienvenida y que sigamos en contacto. Y no te digo la de preguntas que te haría como técnico de menores.
      Nosotros tenemos 5 hijos (la mayor ya no vive en casa) y 3 acogidos (2 niñas de un caso y un niño de otro caso). En realidad el niño (que tiene una ligera discapacidad) no tiene visitas por lo que estamos más en un escenario emocional parecido a la adopción. La experiencia del acogimiento para nosotros tiene momentos llenos de sentido pero te reconozco que ha habido y hay momentos dónde uno piensa ¿pero en qué puñetas estaríamos pensando?- Si tuviera que elegir un factor de resiliencia para acogedores diría ¡sentido! ¡sentido! ¡sentido!… Los momentos en que pierdes el sentido del acogimiento son verdaderamente angustiosos.Gracias a Dios esto cuando pasa, pasa y vuelve el sentido.
      Ahora trabajo en un Centro de Recepción de Menores (de 0 a 12 años) de la Generalitat Valenciana.
      Bienvenida de nuevo.

  7. Me reconcilia con la vida leer los comentarios de los que trabajais con Menores, si ademas sois familia de acogida ya es que me dan ganas de haceros la ola.

    Igual es que yo he tenido mala suerte, y he topado con profesionales con cero sensibilidad, pero lo cierto es que no he sentido apoyo en ningún momento, todo lo contrario, más bien pánico a que alguien que no se hubiera tomado la más mínima molestia en conocer la historia del niño, terminara decidiendo su destino.

    En 2008 hicimos un acogimiento de hecho de un niño de cuatro años, solicitamos el acogimiento del niño y hasta 2010 en que nos presentaron la opcion de acogimiento preadoptivo, estuvimos en un limbo legal. A día de hoy es ya una adopción plena, jamás nos hubieramos planteado adoptarle, tenemos hijos biológicos mayores y el acogimiento permanente hubiera sido perfecto, a pesar de no mantener relación con sus padres biológicos, lo cierto es que a pesar de eso ahora respiro tranquila por el, porque lo que hemos sentido en este proceso no ha sido apoyo, sino el más absoluto desinterés por el asunto por parte de la institución que debería velar por el menor.

    Por supuesto que hay cantidad de familias que podrían ser acogedoras, que no necesitan inscribir a un niño en su Libro de Familia, y con capacidades parentales y recursos como para afrontarlo, pero como sugerirles que lo hagan si tienen que colaborar con quién puede decidir el destino del Menor sin que este parezca importar lo más mínimo, si más que apoyo se van a sentir juzgados, y no se les va a tener en cuenta a pesar de que sean los únicos capaces de poner el bienestar del niño por encima de todo.

    Alguien ha comentado que el fin de cualquier acogimiento es que el niño vuelva con su familia biológica, en fin, suena bonito, y no dudo que habrá casos en los que esto sea posible, pero yo me pregunto si no va siendo hora ya de replantear de una manera seria que los objetos de derechos no somos los padres, sino los niños, y en este país parece que no lo tenemos claro.

  8. Concha:
    Anoche te empecé a contestar y cuando llevaba más de dos párrafos apreté no sé que tecla y…¡adiós a todo lo escrito!
    Comparto contigo la idea que dejas entrever de que una de las dificultades del acogimiento es que siendo la familia la más implicada con el o la menor no tiene voto a la hora de la toma de decisiones y hay que pelear para que tu voz sea tenida en cuenta. Yo tengo la ventaja de ser compañero de quienes informan o deciden y tengo esa vía de comunicación abierta. Pero es cierto que esa combinación “máxima implicación emocional – mínimo control en la toma decisiones” es a veces difícil de llevar.
    Quizá también tu sensación de soledad pudiera deberse en parte a tratarse primero de un acogimiento de hecho, que es una situación un tanto especial que a la administración suele pillarnos de sorpresa (pero por otra parte sabemos que ya hay una solución). Bueno… gracias por compartir tu experiencia.

  9. a mi tu analogía de los coches me ha parecido muy instructiva, y si me permites, creo que la usaré en los cursos de formación de familias en castellón. Y respecto a tu supuesta esquizofrenia que yo considero plena lucidez, creo que es fundamental aportar visiones diferentes de las puramente técnicas. te he de decir, que una de mis estratégias en las comisiones técnicas, para intentar desmarcarme de esa visión tecnicista es intentar ver el caso desde la perspectiva de los propios intervinientes (madre, menor..) y lo que más me preocupa siempre es poder contestar de verdad a la pregunta: que quieren estos padres respecto a su hijo?, ¿que quiere el menor?. Es evidente que muchas veces familias acogedoras han entrado en crisis, pero tambien han sabido crecer con ellas. Te cuento dos casos, uno de ellos es un menor que el día 24 de diciembre cumple 18 años, lleva más de 14 años en ac. permanente con familia educadora. Este verano, tras una crisis provocada porque el menor consumía marihuana y robó joyas encasa para sus caprichos, acabó en el centro de recepción, inicialmente la respuesta de la familia no fue adecuada (yo mismo los “reñi” por no haber pedido ayuda antes y haber dejado “derramarse el agua del vaso”) pero trabajamos con la familia y el menor y se retomó el acogimiento (porque en el fondo la relación que se ha establecido entr el menor y la familia es una relac. plenamente paterno-filial). El viernes día 9 de diciembre hubo otra crisis, la familia (como consecuencia de todos estos problemas se ha separado) y el nano volvió a ingresar en el centro. La semana pasada, cité al menor, para hablar con él, todo mi esfuerzo se centro en enfrentarlo a su futuro inmediato, reflexioné con él, con sus expectativas de futuro, hasta que el mismo se dió cuenta de que no tenía nada de valor salvo su familia. Había fantaseado con su familia biológica (con la que mantiene contactos esporádicos), y sentía mucho rechazo a pedir perdón a su familia acogedora. Espero que nuestra conversación le haya servido para reflexionar sobre los afectos importantes que hay en su vida, con sus figuras de apego. No necesitaba, antes de hablar con él, hablar con la propia familia acogedora. >Sé que ha pasado por una crisis por el menor, pero no tengo ninguna duda de que a pesar de haber “llegado por dos veces a expulsar al menor de su lado”, el vinculo afectivo es firme y poderoso. Y sé que despues del 24 de diciembre nosotros no estaremos pero ellos sí.
    la otra historia, que a mi me ha amargado y cabreado y que me provocó que llegara a decir cosas de ls que ahora me arrepiento a una buena profesional, es la de un niño que tras un año en acogimiento permanente donde TODOS los informes de seguimiento eran “maravillosos”, llega un viernes (jodidos viernes en protección de menores -tu ya me entiendes-) y llama la acogedora indignadísima diciendo que el menor no podía agunatar “ni un minuto más en su casa”, que incluso temía por su hija biológica”. El menor que tenía 10 años, no era precisamente un “bendito”, había hecho una trastada, pero el rpoblema es que “coincidió” con que ese día, la hija biológica que era reina de las fiestas del pueblo, tenía la presentación. No dudé en decirle a la Sra “no se preocupe, ahora mismo pasamos a recoger al menor”. Y no he vuelto a hablar con ellos, ni falta que hace, ya les notificaré la resolución dandoles de baja del recurso. Estos señores, nos habían metido un gol a todos (a los que los formamos, a los técnicos que hacían el seguimiento) y lo más grave, al propio menor. Este niño, ahora vuelve a vivir en un centro, y difícilmente podremos encontrarle otra familia.

    Bueno, lo dejo ya que me he enrollado como las persianas. Un abrazo.
    Ah, y lo que más me asombra de tí, ya no es tu “doble personalidad” técnico-acogedora, ni que tengáis una familia tan numerosa, lo que de verdad me asombra es tu capacidad innata para leer tanto y sugerirnos títulos tan apasionantes. Sólo conocía a una persona con una capacidad lectora tan grande como la tuya, pero es una profesora de literatura de instituto soltera y sin hijos, así que no sé como lo haces-
    Un abrazo

    1. Gracias por tu gran aportación.
      Me alegro de que la analogía te sea útil pero ten cuidado como la presentas porque puede herir la sensibilidad de alguien por aquello de “comprar” o “alquilar” niños.
      Por otra parte me encanta del primer caso que refleja perfectamente la necesidad de manejar con prudencia y serenidad las crisis de los acogimientos. En otro comentario te he indicado que ahora estoy viviendo de cerca un caso de este tipo.
      Creo que tenemos que ser conscientes de que el acogimiento es, incluso administrativamente, un contrato. Un hijo no puede decir “Papá, dame el contrato paterno-filial, que lo quiero rescindir” Pero va y resulta que acogedores y acogidos sí pueden rescindir su contrato. Por eso es importantísimo discriminar entre crisis de convivencia y fracaso de acogimiento.
      Y del otro caso… Me encuentro en un mar de dudas… Sé que las familias con hijos suelen tener un perfil más “sereno” para el acogimiento. Pero también es cierto que veo que los hijos propios son un punto débil por el que se muchas veces de abre una fisura que a veces desencadena el cese. Últimamente me he descubierto a mi mismo prefiriendo para nuestros nanos (del centro) familias monoparentales sin hijos precisamente para reducir al máximo el riesgo de conflicto pero me parece que esa es una solución fácil pero no la mejor.
      Y por último… no te creas que he leido todo de todo lo que recomiendo. Soy el rey de los libros a mitad leer. Pero si te digo que cuando recomiendo uno o doy la referencia es porque tengo suficiente conocimiento para hacerlo. Ya sabes… en el autobús… en el …..
      Gracias por tu aporte.

  10. No eres esquizofrenico,eres padre de acogida, nostros somos de andalucia y aunque en la asociacion estan siendo fantasticos,tenemos mil miedos,nos podrias ayudar?

  11. no sabes lo identificada que me siento con este post javier. ademas de acogedora o madre de acogida como quieras llamarlo, tia guardadora de hecho y educadora social (en diferentes ambitos pero en la actualidad en punto de encuentro familiar).
    entiendo perfectamente la creencia de esquizofrenica y el simil utilizado. es un alivio poder leer en palabras de otros (que no conocemos), pensamientos que muchas veces he trasmitido y personas cercanas no han llegado a entender. es un verdadero placer seguir tus posts y ver que no estamos sólos y que no somos “extraterrestres”.
    es cierto que la gente tiende a etiquetar y cuando eres merecedor de muchas “etiquetas” no saben como tratarte y tienden a desvirtuar, minusvalorar… opiniones.
    el acogimiento permanente (sin posibilidad de retorno) es un gran caballo de batalla.
    un saludo a todos/as los/as esquizofrenicos/as.
    arantza

    1. Hola Arantza, A mi también me encanta conocer gente que pasa por los mismos derroteros que yo, así que tu comentario me sabe a poco y para intentar convencerte de que compartas tu experiencia tenemos dos posibilidades:
      1. En privado, emailandome a javier.romeu@gmail.com
      2. Teniendo este blog a tu disposición para que escribas lo que tu consideres y te lo publique como un post o entrada independiente.
      Tu misma y un abrazo.

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