De Cebras y Hombres

Últimamente las cebras se han puesto muy de moda entre los psicólogos.

Supongo que todo arranca de un libro, ya clásico, de Robert Sapolsky especialista en el tema del estrés que se llama “Por qué las cebras no tienen úlcera”

De alguna manera las cebras, junto con otros herbívoros de la sabana africana, ejemplifican una situación que a todos nos puede pasar en un momento dado. La vida de las cebras discurre normalmente en un ritmo pausado. Pastan, corretean y juguetean, se aparean… y de repente surge el peligro, la adversidad: llega el olor a leona. El grupo se pone en tensión. Finalmente se produce el ataque y en pocos segundo todo habrá pasado para bien o para mal. O las leonas no conseguirán atrapar a una de ellas o al conseguir una presa se olvidarán del resto por varios días.

Puede ser una metáfora de la vida misma. Vamos viviendo y de vez en cuando a nuestro lado surge la desgracia: un familiar sufre un infarto; a un amigo le diagnostican cáncer; tu hermano te dice que se separa…. Ataques de la vida que se va cobrando presas… Hasta que un día el zarpazo de la vida lo recibes tú.

Quizá sea por ello que se han puesto de moda las cebras entre los psicólogos.

Pero la analogía, poética hasta ahora, se derrumba casi por completo una vez ha terminado el ataque de las leonas.

Imaginemos que una de ellas persigue a una pareja de cebras que han quedado rezagadas. Finalmente la leona consigue saltar sobre una de las dos y atraparla. Las otras leonas acuden a ayudar a su compañera y en consecuencia la segunda cebra toma distancia y se salva (Ya lo indica Jorge Wasenberg en su libro A más cómo, menos por qué: 747 reflexiones con la intención de comprender lo fundamental, lo natural y lo cultural: una cebra no necesita correr más que una leona para salvarse. Necesita correr más que otra cebra)

¿Cómo estará la cebra superviviente una o dos horas después del ataque? Podríamos asegurar que prácticamente igual que una hora o dos antes del mismo. Volverá a su vida anterior: comer hierba, aparearse, pegar coces a una compañera de manada….

Imaginemos ahora que el grupo de leonas cazadoras encuentra en su camino a dos seres humanos que se han separado imprudentemente del campamento de un safari fotográfico. Cuando las dos personas descubren a las leonas comienzan a correr, con lo cual éstas, a su vez, descubren que esos seres extraños que caminan a dos patas son presas.

Finalmente las leonas atrapan a una de las dos personas. La otra consigue refugiarse en un árbol y desde allí contemplar como los felinos se alejan arrastrando el cadáver de su pareja de aventura.

¿Cómo estará la persona superviviente dos horas después aún en la seguridad del campamento? ¿Y a los dos días?¿Y a los dos años? …

Se me ocurren varias posibilidades:

  • Estará en pleitos judiciales contra la empresa organizadora del Safari por no haber delimitado con cinta un perímetro de seguridad.
  • Habrá creado la Asociación de Víctimas de Leones o la Asociación para la rehabilitación de leonas asesinas
  • Habrá escrito un libro contando su historia
  • Habrá generado fobia a los gatos
  • Padecerá una depresión y se sentirá culpable por haber corrido más que su pareja
  • Etc.

Evidentemente no puedo asegurar que ocurrirá ninguna de estas cosas pero sí puedo asegurar que la persona superviviente hará algo con la tragedia que le sucedió.

Esa es la diferencia entre cebras y hombres. A las primeras les suceden cosas. Los segundos hacen cosas con lo que les sucede.

La resiliencia depende no sólo de la adversidad objetiva sino de la lo que mi cerebro hace con la adversidad que me sucede. Y unas personas harán una “desgracia de la desgracia” y otras harán una “oportunidad de la desgracia”.

El que se construya una cosa u otra no depende sólo de mis recursos internos o de mi carácter, sino también de la reacción del entorno… pero el hecho es que cada persona elaborará de una manera diferente lo que le ha sucedido.

Y esto pasa en las mejores familias. Una misma realidad familiar, unos mismos padres, un mismo incidente familiar es, con el paso del tiempo, recordado y valorado de forma diferente incluso por cada uno de los hijos.

Unas personas ven designios divinos hasta en el más nimio detalle de su vida (¡Gracias Dios mío! ¡Un sitio para aparcar!). Otros no los verán ni aunque se le aparecieran los cuatro arcángeles en su habitación. Unos encontrarán un significado sexual al hecho de que alguien olvide las llaves frecuentemente. Otros asegurarán que invitar a cenar a un o una empleada en un restaurante de lujo es trabajo.

El ser humano es una máquina de otorgar significados. Y por ello el significado que se da a la circunstancia adversa es esencial para que se dé o no la resiliencia.

(Ubicación de la entrada en el Blog-rrador: 10.a )

6 Comments

    1. ¡Prestárselo yo a una de los promotores de la resiliencia en España! Además… como si yo me sacará las ideas de la chistera… Seguro que nada de lo que he escrito es mío… el problema es que en muchos casos olvido las fuentes… Así que usémonos los unos a los otros (al menos yo ya lo hago con vuestro Manual). Un abrazo. P.D. Hace muy poco estuve unas horas en Zaragoza y me pareció que la ciudad estaba muy maja.

  1. Muy bueno.
    Hablo por mí. Muchas veces nos quedamos en el pasado. Nuestros hijos son supervivientes, y nosotros vemos más sus dificultades y limitaciones que sus capacidades. Y eso sin querer se lo transmitimos y quizás limitamos así su capacidad de rehacerse y el que puedan ser más resilientes porque justificamos todo debido a su pasado, y sí, ese pasado es importante tenerlo en cuenta pero sin quererlo a veces nos quedamos anclado en él.
    Y alguien me dijo o alguna vez leí, no recuerdo bien (me pasa como a ti, que se me olvida la fuente), que un inicio difícil no es sinónimo de una vida difícil, todo depende de ellos, y ahora mismo también de nosotros , que somos sus padres y ellos aún son pequeños y dependen de nosotros. Un abrazo.

    Elena

    1. Es cierto. El papel de los padres como tutores de resiliencia de los hijos es muy complicado porque tenemos una ligazón afectiva con ellos (y ellos con nosotros) que no se la salta un torero (¡de donde vendrá esta expresión…je,je…no sabía que los toreros saltaran mucho) No sé si has visto en la zona de descargad (en la barra lateral derecha) una charla que di y redacté sobre el asunto. El documento se llama “Ayudar a crecer en un mundo difícil…” Gracias por tu comentario.

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