Los sabores del sufrimiento

Párrafos y párrafos dedicados a la resiliencia sin hablar del sufrimiento es un ejercicio de alta cocina. “Escabeche de capón al aroma de lluvia cítrica”, “Confitura fría de foie con virutas de ibérico”, “Helado de aceite de oliva a las lágrimas de oro”… Todo muy sugerente (los platos son inventados, creo) pero si los pidiéramos no estaríamos muy seguros de lo que íbamos a comer.

Sin embargo, en la cocina tradicional, los platos se nombran, normalmente, por sus componentes: pollo con limón; hígado de oca con jamón… ¡Huevos con patatas! Y de vez en cuando alguna referencia a la técnica: escabeche de perdiz, calamares a la romana…

La resiliencia implica la elaboración del sufrimiento. Sin sufrimiento no hay resiliencia. Pero puede pasarnos como en la cocina creativa: que al final nos centramos tanto en el resultado final que lo menos importante sea el sufrimiento a partir del que se construyó (y que además no desaparece del todo).

Si repaso los materiales (presentaciones) que uso en los cursos sólo descubro, entre cientos de “diapositivas”, una o dos dedicadas a hablar de los tipos de adversidad. O de otra manera, en un curso de 30 horas habré dedicado 2 ó 3 minutos a hablar sobre las adversidades de la vida.

Que si unas son noqueantes (te dejan sin sentido o fuera de combate) como la pérdida de un ser querido, el diagnóstico de una enfermedad de difícil curación, un despido laboral imprevisto… y que si otras, sin embargo, no te tumban, se puede vivir con ellas, pero te desgastan y te pueden llevar a la extenuación: una enfermedad no mortal pero incapacitante, un trabajo mal pagado, un desencuentro con un ser querido…

Que si hay adversidades que suponen un ataque a nuestra integridad física o a nuestro bienestar emocional (cualquiera de las anteriores) y otras que en realidad suponen un impedimento a nuestro normal desarrollo aunque en principio no las vivamos mal (por ejemplo crecer con unos padres negligentes o incapaces, o crecer sin los recursos escolares mínimos o en la extrema pobreza….)

Y poco o nada más. Es decir, dos párrafos en 70 entradas en un blog.

Resulta contradictorio que el sufrimiento humano, junto con el amor, haya inspirado: las grandes religiones;  la mayoría de las creaciones artísticas; los grandes avances técnicos y sociales de la historia universal… y yo me lo liquido en dos párrafos. Genial.

Es cierto que el sufrimiento destila de la adversidad y que con él, en ocasiones, se elabora el buen vino de la resiliencia. Pero no todos los vinos son iguales porque no todas las uvas son iguales. Y hay sufrimientos y sufrimientos.

El dolor emocionalPara enmendar todo esto tengo que recomendar, para quien quiera darse un paseo por los paisajes del sufrir, el libro “El dolor emocional. Crecer desde el sufrimiento”. Se trata de una interesante iniciativa de Plataforma Editorial. Se les ocurrió reunir a Ramón Bayés, catedrático emérito de Psicología; a Miquel Vilardell, presidente del Colegio Oficial de Médicos de Cataluña y médico en ejercicio; y a Tina Parayre, coordinadora del departamento de voluntarios del Hospital Sant Joan de Déu de Barcelona, y poner una grabadora mientras reflexionaban sobre el sufrimiento.

A lo largo de sus no demasiadas páginas podemos empezar a descubrir un sinfín de matices y aspectos del sufrimiento humano: la diferencia entre dolor y sufrimiento; el sufrimiento compartido; la soledad del sufrimiento o el sufrimiento por soledad; la preparación o el entrenamiento en el sufrir; la incertidumbre como núcleo de todo sufrimiento; sufrimientos de primer o de segundo nivel; el sufrimiento útil y el sufrimiento inútil; los sufrimientos específicos de la infancia o de la vejez; el desamor o la pérdida del ser amado; la necesidad de humildad frente al sufrimiento…

Una lista de contenidos que aparentemente puede deprimir al mas divertido de la fiesta pero que tratada con la sencillez, la profundidad y la talla humana de los contertulios actúa paradójicamente como un bálsamo para los dolores del alma.

No es fácil encontrar un libro así porque lo habitual es encontrar libros con la idea contraria: todo sufrimiento es inútil (hay un título casi literal) y evitable. Los psicólogos hemos contribuido mucho a lanzar a la sociedad el mensaje: si sufres es porque eres idiota y si me haces caso dejaras de hacerlo.¡Qué curioso! ¡Justo el mensaje que puede llegar a bloquear la resiliencia! La resiliencia necesita casi siempre que haya un reconocimiento y respeto por el dolor de la víctima.

Ya Boris Cyrulnik tuvo las narices de escribir un libro llamado nada más y La Maravilla del Dolor (Spanish Edition)menos que “La maravilla del dolor” Y se quedó tan pancho, el tío (el subtitulo es “El sentido de la resiliencia) No sé si fue su primer libro pero sí fue el primero que yo leí. Buscaba “Los Patitos Feos” que estaba pegando fuerte en ventas en ese momento pero en la librería de mi barrio no lo tenían. Caprichoso por naturaleza e impaciente me llevé éste publicado anteriormente en otra editorial (Granica). Y hay empezó esta neurosis mía sobre eso tan raro de la resiliencia.

Así que todo empezó por el dolor y, varios años después, en un blog que en aquel entonces ni soñaba, debo reivindicar que es necesario no usar la resiliencia para no hablar del sufrimiento. Existe el peligro que fascinados por la resiliencia olvidemos que el sufrimiento, mientras no se demuestre lo contario, es consustancial a la vida y a la naturaleza humana. Así lo creo yo al menos.

Incluso los sufrimientos evolucionan con la historia. Quizás, permitidme el atrevimiento, en la edad media y hasta no más de un siglo y medio, perder un hijo no suponía el mismo sufrimiento que hoy en día aunque sólo fuera porque era muy normal.

Estamos contemplando y viviendo el impacto brutal de los nuevos medios y tecnologías de comunicación que está provocando una revolución de corte mundial que aún no sabemos dónde nos llevará. Lo que es seguro que aparecerán soluciones para algunos sufrimientos (estoy convencido que la calidad de vida de muchas personas con discapacidades mejorará) pero aparecerán también nuevos sufrimientos o trastornos, algunos de los cuales ya podemos intuir… aunque sea riéndonos un poquito:

– El vacio existencial provocado por el “no hay correos en la bandeja de entrada” (o Síndrome ¿hay alguien más ahí?)

– La adicción al contador de visitas del escritor de blogs

– El síndrome “si no contesto me muero” o su complementario “el imbécil me ha dejado con la palabra en la boca y se ha puesto a hablar por el móvil”

– La alucinación “A alguien le debe importar que yo esté en la peluquería“ (Síndrome Twitter)

¿Se te ocurre alguno más?

Soy básicamente optimista con todas estas tecnologías pero quizá un días descubramos que igual que hay gente que recurre al alcohol para huir o afrontar ciertos sufrimientos empiece a haber gente que recurre a ellas para lo mismo.

¿Qué sufrimientos se esconden detrás de este blog?

Siempre he bromeado (broma: verdad amarga envuelta en humor) que este blog es mi tutor de resiliencia para resistirme y rehacerme de la Administración en la que trabajo (espero que no lo lean mis jefes y jefas). Pero siendo honesto también para huir de “mis demonios” que a veces , como a todo el mundo, me hacen sufrir. Pero lo dejo para cuando tengamos más confianza….

(Ubicación provisional en el Blog-rrador – con retoques- : 6)

2 Comments

  1. Cuanta sabiduría en tus palabras…nuestra sociedad le teme al dolor y al sufrimiento, como si ese miedo nos hiciera inmunes a él, sin entender el aprendizaje que eso puede suponer. Sin que eso signifique que sea bienvenido. Al contrario, solo hablo de la no-negación del sufrimiento. Y tampoco creo que haga falta irse a la historia de la humanidad. En la propia historia personal no vives igual tu primera hospitalización que la última, tu primer suspenso que el último, tu primera ruptura que la última…

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