– No lo sé –

Esta es la respuesta que la protagonista de la película “El niño de la bicicleta” le da al propio niño cuando éste le pregunta por qué aceptó sacarlo los fines de semana del centro de menores donde vive.

Creo que es una respuesta paradójicamente sabia.

No siempre sabemos porque hacemos las cosas cuando las hacemos. Simplemente las hacemos y más tarde, con perspectiva histórica, diremos que lo hicimos por esto o por aquello.

Yo mismo no sabría decir porque acogimos y, en todo caso, la respuesta no me sirve de mucho, sea cual sea. La pregunta útil  es, en realidad, para qué acogimos. Y esa es una pregunta que además hay que contestarse todos los días. Porque quizá la respuesta de ayer, o de hace un mes ya no te sirve y tienes que encontrar una nueva respuesta (excepto que prefieras ahogarte en el sinsentido).

Pero en realidad esta entrada es una simple reseña de esta película que, por una parte me ha gustado mucho y, por otra me ha decepcionado un poco.

La decepción proviene de unas expectativas muy altas. No digo en absoluto que no sea una buena película. Simplemente es que había oído hablar tan bien de ella que esperaba que me dejara un sabor como otras: “Los chicos del coro”, “La vida es bella” o “Gran Torino”.

Quizá la clave está en la crítica de Jordi Costa (Diario El País):”Radical ejercicio de concisión narrativa que corre el riesgo de ser subestimado cuando, en realidad, es el afinamiento del cine social (de los hermanos Dardenne), siempre limpios de paternalismo y sermoneo ideológico”. Creo que tiene razón. No esperaba tanta concisión narrativa y me quedé con gana de más al verla. O quizás es que me guste que me sermoneen… je, je…

Sin embargo sí me ha gustado como trata el tema de la desprotección infantil. Creo que los guionistas, o conocen de cerca algún caso, o han sido muy bien asesorados.

Y estando seguro de no “chafar” la película puedo resaltar varios puntos que están muy bien reflejados en ella:

  • Que el acceso a los niños de Centros de Acogida no es tan complicado como mucha gente puede pensar. A lo mejor es que la gente no sabe que están ahí.
  • Que algunos niños viven en Centros de Acogida pero su cabeza “está en otros sitio”.
  • Que la gente se sensibiliza con ellos cuando les pone cara y nombre.
  • Que implicarse con ellos puede suponer conflictos con gente muy cercana.
  • Que es posible, y más frecuentemente de lo que la gente puede pensar, que un padre o una madre no quiera cuidar de su hijo.
  • Que los niños discriminan fácilmente donde son bien atentidos y donde no.

Y ya no tengo mucho más que decir. Pero la entrada puede seguir en los comentarios…

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