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Archive for 26 febrero 2012

En el blog de Anna Forés descubro con agrado el aviso de un nuevo libro (marzo 2012) de la editorial Narcea en la que ella y Jordi Grané como editores abordan el tema de “La resiliencia en entornos socioeducativos”. Para ver la ficha con el extracto del índice pincha aquí.

Lo espero con ilusión.

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Ediciones obelisco publica (febrero de 2012) un libro llamado “La resiliencia: vivir feliz a pesar de …” de Sylvie Rousseau

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Hace unos días oigo por la radio que la Generalitat Catalana está replanteándose los procesos de valoración y formación de solicitantes de adopción porque desde el 2000 hasta la fecha han tenido 70 adopciones truncadas.

Al día siguiente gracias a Rosa Fernández en su blog veo el video de la noticia en los informativos de TVE. No puedo dejar de hacer algunos dubitativos comentarios que magistralmente me replica la propia Rosa.

Ayer recibo un email de un compañero de trabajo que sabe muchísimo de este tema y que me pide mi opinión sobre dos preguntas de las varias que un medio de comunicación le ha planteado sobre las adopciones truncadas.

Hoy amablemente me manda todas sus respuestas y me parecen perfectas, como no podían serlo de otra manera, pues conozco su capacidad. Pero entonces me acuerdo de…. ¿quien? De Cyrulnik, por supuesto.

Recuerdo una entrevista maravillosa que circula en internet, subtitulada en castellano, y que es para mí un curso intensivo en 40 minutos de lo que es y lo que no es la resiliencia (dejo el enlace del video entero al final).

La entrevistadora pregunta: ¿Que deberían hacer las familias de acogida para ayudar a los niños que acogen?

Esta es la respuesta de Boris Cyrulnik: La mayoría de las familias de acogida tienen mucho talante y saben apoyar a los niños, y cuando se trabaja con niños abandonados uno se da cuenta de que las familias de acogida salvan muchos niños. Pero hay familias de acogida que no saben hacerlo. Hay familias de acogida que son malas con los niños, les hunden y les hacen sufrir aún más. Pienso que lo importante es la personalidad de la familia de acogida y la transacción entre el niño y la familia. Yo conozco un ejemplo: un niño se desarrolla bien en una buena familia. Esta familia es abierta, tiene muchos amigos. Un día llega la tragedia. El padre y la madre se matan en un accidente de coche y el niño es adoptado por unos amigos de los padres a los que él quería mucho. El niño tiene un apego seguro, la familia de acogida es muy buena, son muy simpáticos pero, sin embargo, las cosas van mal, por el significado que el niño atribuye a esa acogida. Él dice: “Yo no puedo amar a mi padre o a mi madre de acogida, son buenos, y sin embargo no puedo amarlos, porque si les amo traicionaré a mi padre y a mi madre, seré un traidor. Reconozco que son amables, pero me esfuerzo en portarme mal con ellos porque si no traicionaré a mi padre y a mi madre” Hay tres factores: qué pasa dentro del niño, que pasa a su alrededor, y el significado que él atribuye al hecho de haber perdido a su padre y a su madre biológicos y de estar acogido en esta familia. Reconoce que la familia de acogida es buena pero hace esfuerzos por no amarles y para no hacerse amar por ellos, para no traicionar a sus padres biológicos. Es el significado lo que impide la resiliencia.

Yo conozco otro ejemplo donde el significado puede estar en la base de una adopción semi-truncada. Por respeto a las personas omitiré y cambiaré datos de la historia.

Un niño con 7 años de un país oriental. Tiene una hermana mayor y su madre acaba de tener un bebé. Un día su familia lo lleva a un orfelinato donde se gestionan (hasta que se cerraron las fronteras) adopciones internacionales. A los dos meses le presentan al niño a una mujer española. Un día antes de viajar se organiza un encuentro entre familias biológicas y adoptivas. En ella la mujer observa una intensa despedida con mensajes imperativos de la madre al niño y la entrega de unos papeles escritos en inglés. Papeles en los que se le dice que vaya a España, que allí una señora le cuidará, que estudie, que se haga abogado o médico y que luego se acuerde de su familia de origen que son pobres. Este mensaje se repite en una posterior carta y se refuerza con el hecho de que la entidad mediadora ha pactado que las familias adoptivas paguen una cantidad al año para pagar los estudios de los hermanos de los niños.

¿Qué significados puede atribuir este menor a su situación? Tú no eres mi madre, tu sólo me cuidas… Mi familia de origen ¿me quiere o me ha abandonado? Si quiero a mi madre adoptiva traiciono a la de origen, si cumplo las expectativas de aquellos satisfago a los que me ¿vendieron?

No es difícil de entender que las transacciones entre este niño y esta madre adoptiva hayan sido siempre muy difíciles.

Soy consciente de que ambos casos son extremos. Pero hay otros más sencillos que nos indican la importancia del significado atribuido por menores acogidos y adoptados (y por familias acogedoras y adoptivas) al hecho del acogimiento o la adopción.

En unas Jornadas en Lanzarote hace unos años escuché a una joven adoptada decir que estaba harta de oír como la gente le comentaba “la suerte que había tenido al caer en esa familia”. Los comentarios bienintencionados de un imprudente son como pedradas en la cara.

Por eso me sonrío cuando recuerdo que esta mañana he descubierto, en la vorágine del toque de corneta para llegar a colegios y trabajos, a mi mujer abrazada a G., de 15 años, y diciéndole lo contrario: ‘¡Pero Dios mío! ¡Que suerte hemos tenido de que vinieran a casa estas dos chavalas tan guapas y dulces!. G. sonreía y se le caía la baba abrazada a su “mamá acogedora”. Lo que no quita para que luego, en otro momento, G. y Pilar, mi mujer, se peleen por los estudios, la cama deshecha, la ropa elegida….

Es evidente que son dos significados radicalmente distintos para un niño acogido o adoptado; ¡Qué suerte has tenido, chaval! o !Que suerte han tenido contigo , chaval!

Puedo apuntar un ejemplo más. Y bien personal. Acogimos legalmente a P. con 17 meses, sabiendo que tenía un clarísimo pronóstico de discapacidad mental. Acogí emocionalmente (o adopté emocionalmente como dice F. Doltó – ver esta entrada) dos o tres años después.  Y acogí su discapacidad no hace mucho tiempo (y ya tiene 8). Porque durante mucho tiempo la discapacidad no era de un hijo mío. Era de un niño que he acogido. Hoy puedo decir que acojo, que abrazo su discapacidad como si fuera debida a mis propios genes, al igual que abrazo su simpatía, su cariño…. (que tampoco son propios de mí, vaya)

En definitiva lo que me gustaría señalar con este post es que, a partir de la noticia de Cataluña, ahora los técnicos, las familia adoptivas, etc. entraremos (como ya lo hice yo el otro día) en un debate sobre competencias (competencias de las familias adoptivas, competencias de la administración, competencias de los niños para ser adoptados…) Pero quizá además de todo esto deberíamos revisar si un número de adopciones truncadas no se deben a que alguien construyo un significado que impidió la resiliencia. Es decir que impidió retomar otro camino.

Porque , que yo sepa, la adopción y el acogimiento implica un nuevo camino tanto para el menor como para la familia. Yo al menos no fui consciente de esto hasta mucho tiempo después. Yo pensaba (ignorante y orgulloso) que éramos una familia “guay” y que podíamos ser más “guay” siendo acogedora. Y descubrimos que no éramos tan “guay” pero que este difícil e insospechado camino del acogimiento tiene sentido. A veces dejas de verlo, pero lo tiene.

Quizá no debamos hablar de adopciones truncadas sino de adopciones inconclusas. Muchas empezaron por lo convivencial, avanzaron en lo legal, siguieron avanzando en lo afectivo pero quizá chocaron en los significados. No sé. Es una intuición. Nada más.

(Este post ha sido supuestamente concluido en este otro del 2/03/2012)

Este es el enlace del VIDEO COMPLETO DE LA ENTREVISTA A CYRULNIK

http://player.vimeo.com/video/14062317

(Puede tardar un “poquito” en cargarse)

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La imagen del “taburete de la resiliencia “ fue muy estimulante para mi durante un tiempo.

Con ella conseguía recoger la idea escuchada en directo a Boris Cyrulnik de que para que se dé la resiliencia se necesitan tres cosas: disposición de recursos externos;  adquisición de recursos internos y significado o sentido.

Además eso me permitía ir clasificando lo que encontraba en la literatura que ayudaba a la resiliencia. Algunas veces la clasificación era fácil. El sentido del humor se tiene o no se tiene. Podré fomentarlo, enseñarlo, modelarlo pero, al fin y al cabo, podemos ordenar a las personas en función de SU sentido del humor. No tengo duda de que es un recurso interno que se debe haber adquirido para facilitar la resiliencia.

Sin embargo el sustento emocional es claramente un recurso externo. La propia expresión lo dice: sustento. Puedo quererme a mi mismo pero eso es otra cosa.

Y hay algunos que están a caballo de lo externo y lo interno. En la última entrada del blog  me decantaba de colocar los retos entre los recursos externos que deben ser ofrecidos. Pero no cabe duda que una vez ofertados la superación del reto es un recurso interno.

Pero Cyrulnik también insiste en una relación dinámica entre estos tres factores. Aquí la imagen de el taburete empieza a quedarse corta. Lo único que lo representa es la madera circular que suelen llevar los taburetes para unir las tres patas y darles así estabilidad.

Así que necesitaba una imagen que me permitiera reflejar gráficamente las distintas configuraciones que pueden explicar la resiliencia en cada caso concreto. Y preparando un curso comencé a utilizar esta otra imagen (las rayas que conectan a unos con otros son sólo posibilidades entre otras muchas)

sinapsis

Al principio no le di más importancia que una manera más atractiva de ir presentando los distintos elementos de la resiliencia. Primero aparecería sólo (y de uno en uno) los factores externos (en azul) y con rayas horizontales; luego los recursos internos (en rojo) y con rayas horizontales que surgen del interior de la persona; más lo que el cerebro de la persona construye con todo lo que le pasa (el significado, sentido o perspectiva).

Pero luego me di cuenta de que este modelo me permitía reflejar las conexiones que se pueden dar entre unos elementos y otros de las tres vertientes de la resiliencia (y que con el taburete no podía reflejar).

Podemos en este gráfico ver muchas posibles interacciones. Un par de ejemplos:

1.- La persona que sufre la adversidad y se coloca en posición de humildad (necesito ayuda pero no la exijo) es mucho más probable que pueda recibir sustento físico, pero sobre todo emocional, porque alguien recibirá satisfacción por ayudarle (no hay quien ayude a quien nos rechaza la ayuda , y a quien nos la exige acabaremos por mandarle a esparragar) Ese sustento emocional le ayudará a considerarse que es valioso para otro u otros y eso influirá en su autoestima. Con ella es más probable que pueda asumir pequeños retos que, una vez vencidos, le ofrezcan una perspectiva histórica de superación: lo que antes parecía imposible ahora ya no tanto….

2.- Soy un deshecho humano. Lo que me ha pasado es terrible y nadie me puede entender. Mejor no contarlo. Pero hay una cosa que hago bien y que es lo único bello en mi desgracia: la música (capacidad artística). Puedo refugiarme en un refugio de belleza y escapar de mi vida horrorosa. No puedo mostrarme a los demás (rechazarán mi dolor) pero puedo mostrar mis composiciones y a través de ellas me volveré a conectar con los otros (sustento emocional). Y quizá poco a poco, y a través de la música podré expresar de forma indirecta mi dolor y quizá un día narrarlo. Y si alguien se siente reflejado en mi sufrimiento quizá yo pueda ayudarle (altruismo) y sentirme de nuevo vivo y útil. Quizá así mi vida vuelva a tener sentido. Igual Dostoievski tenía razón y “la belleza salvará (salva) el mundo”.

Por esto creo que de momento a esto le podemos llamar “modelo sináptico (sipnasis = enlance) de la resiliencia” porque nos permite describir ciertas dinámicas de los procesos de resistir y rehacerse de la adversidad que escuchamos de quienes la han vivido.

Además representar cada elemento como una raya me recuerda a los “tutores” que se utilizan con las plantas, bien sean verticales (como en las tomateras) como horizontales (como en las vides).

(Ubicación en el Blog-rrador: 11 )

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He tenido experiencias y he conocido situaciones en las que una ayuda bienintencionada ha podido tener efectos, cuanto menos, paradójicos o contradictorios. Se ayuda a corto plazo a una persona pero:

  • se genera otro problema a medio o largo plazo, o
  • se retrasa la verdadera solución del problema

Podemos encontrar así:

  • personas allegadas a una familia con menores en situación de riesgo que intentan cubrir necesidades mínimas o esenciales de los mismos porque sus padre son incapaces. Es lo que en acción social se llaman “parasociales” y que algunas familias de acogidas llegan a ser cuando el menor acogido retorna a su familia (sin que la situación haya cambiado significativamente). Yo lo he sido. Lo confieso. No me arrepiento pero no dejo de ser consciente de que quizá ayudé a mantener una situación  que finalmente cayó por su propio peso.
  • familiares que por afecto a un miembro de su familia impiden que se de el golpe que quizá necesita para tomar otro camino.
  • padres que no soportan el más mínimo sufrimiento de un hijo y no le dejan crecer.

Así que me preguntaba “yo a mi mismo” si esto de la resiliencia tenía que decir algo al respecto. Y en mi única neurona repasé mis esquemas sobre variables para la resiliencia… “A ver… disposición de recursos externos…  ¡Goool!¡Goool del Valencia!….. ¿en qué estábamos? …¡Ah!¡Sí!… adquisición de recursos internos!… no, Pablo , no… ahora no puedes usar el ordenador…. significado o sentido…¡Mila! ¡recoge tu cartera!.”….Y de repente en el esquema mental de recursos externos, en el último apartadito, ahí estaba…¡RETOS!

Muchas personas que han experimentando la resiliencia nos dicen que cuando se sale de una gorda en la vida a veces queda la sensación de que se puede con todo. Una gran tragedia puede inocular sentimientos de fragilidad y gratitud pero también, y no es incompatible aunque lo parezca, de invulnerabilidad.

Podría ejemplificarlo con algún ejemplo real, como por ejemplo el propio Boris Cyrulnik (Ver en su libro “Me acuerdo…”) pero justo hace dos días en un capítulo de una serie de televisión (“Alcatraz”) uno de los protagonistas le dice (más o menos) a un niño que acaban de salvar de un secuestro y posible asesinato:

“Cuando yo tenía 11 años también pasé por una situación como la tuya. Fue duro pero conseguí escapar. Desde entonces tuve la sensación de que tenía poderes. Como los superhéroes. Por eso dibujo comics”

Esta frase algo exagerada refleja muy bien lo que quería expresar.

También recuerdo un curso en el que, al comentar esto, una compañera compartió con nosotros que, en el centro de mujeres donde trabajaba, una usuaria llegó y comentó que el oftalmólogo le había dicho que iba a perder la visión en un ojo. Sin embargo la chica parecía más animada que las propias compañeras y profesionales del centro. Estas últimas habían interpretado esto como un proceso típico de la fase de “negación” en el duelo. Sin embargo ahora, quien nos lo contaba, recordaba que esta chica había pasado muchas adversidades en la vida a pesar de las cuales había seguido adelante. Y, de hecho, fue al hablar de esto en el curso cuando ella recordó que ese fue más o menos el comentario de la muchacha: ya he salido de otras, también saldré de esta.

(Un aparte: Es curioso. Si me pongo las gafas del duelo veré duelos por todas partes, si me pongo las de la resiliencia, veré resiliencia… Pero a cada uno nos gustan unas gafas y a mi me gustan estas)

Por tanto, si una vacuna inocula una porción de virus para que nuestro cuerpo genere anticuerpos, un reto puede actuar como “generador de resiliencia”.

Si lo ubico mentalmente en “disposición de recursos externos” es porque no podemos esperar que la persona “sufriente” tome la iniciativa en este sentido. Porque entonces estaríamos en la  posición de la resiliencia como fortaleza interior y que, a mi particularmente, no me interesa demasiado. Pero también es verdad que el reto se ofrece para que el otro lo supere. Por ello los retos serían el puente natural entre recursos estenos y recursos internos.

El reto debe ser ofrecido o planteado desde el exterior y superado desde el interior. En una conferencia escuché a Giorgio Nardone, terapeuta estratégico italiano, decir algo así como: “Lo mejor que podemos hacer por nuestros hijos es ofrecerle un reto cada día”.

Me recordó otra recomendación que oí muchos años y que me ha servido mucho como padre (aunque esto habría que preguntárselo a mis hijos): “A los niños hay que tratarlos como si fueran mayores de lo que son… pero sabiendo que no lo son”. Es decir exigirles un poco más cada vez pero entendiendo, si no lo consiguen, que no pasa nada grave. Si no les exijo, quizá no crezca. Si solamente les exijo, los machacaré.

Por tanto para ayudar a personas a resistir y rehacerse de la adversidad no solo hay que ofrecerles sustento físico y emocional sino también oportunidades, experiencias y … retos. O no evitárselos.

Si no es así puede pasar eso de lo que estábamos hablando. Les ayudaremos de momento y quizá les tengamos que ayudar toda la vida.

Si la persona no puede saltar metro y medio puedo ayudarle a hacerlo pero al mismo tiempo debería pedirle que intente saltar 50 cms. Y cuando lo consiga proponerle el reto de saltar 70 cms. Si hago lo primero solo ya me veo ayudando a saltar a esa persona toda la vida.

Tengo que concluir pues, que efectivamente, puede haber formas de relación de ayuda que no favorezcan la resiliencia.

Un planta trepadora se sirve de su tutor pero la que crece es ella.

(Ubicación en el blog-rrador: 8.f.)

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         Un padre siempre debe adoptar a su hijo. Unos lo adoptan al nacer, otros algunos días o semanas después, otros cuando empiezan a hablar, etc. Sólo hay padres adoptivos.

Froncoise Dolto

Años después de la separación de The Beatles, John Lennon compuso, y triunfó de nuevo, con una hermosa canción. Hermosa en su música y hermosa en su texto:

Imagina que no hay paraíso.
Es fácil si lo intentas.
No hay infierno debajo nuestro,
Arriba nuestro, sólo cielo.
Imagina a toda la gente
Viviendo el presente.
Imagina que no hay países.
No es difícil hacerlo.
Nada por lo cual matar o morir,
Y tampoco ninguna religión.
Imagina a toda la gente
Viviendo la vida en paz.
Quizás digas que soy un soñador
Pero no soy el único.
Espero que algún día te unas a nosotros
Y el mundo será uno solo.
Imagina que hay posesiones.
Me pregunto si puedes.
No hay necesidad de codicia ni hambre.
Una hermandad humana.
Imagina a toda la gente
Compartiendo todo el mundo.
Quizás digas que soy un soñador
Pero no soy el único.
Espero que algún día te unas a nosotros
Y el mundo será uno solo.

La canción es una invitación explícita a unirse a una marcha hacia un mundo ideal. Su mundo ideal. Y en éste no tenía cabida ni las fronteras, ni la religión, ni el hambre, ni la codicia…

Ni la paternidad. John Lennon debería incluido una frase más o menos parecida:

Imagina a todos los niños queridos por sus padres

Pero no lo hizo, a pesar de que fue su experiencia. Como el mismo escribió:

“Lo más doloroso es no sentirse querido o comprender que tus padres no te necesitan tanto como tú a ellos (…) El desamor acabó calando en mis ojos y en mi pensamiento (…) En realidad nunca me quisieron. Si soy una estrella, es sólo a causa de mi represión. Nada me habría llevado a todo esto si yo fuera normal”

La historia es bien conocida. Pero además el mismo la ha contado:

Mi madre y mi padre se separaron cuando yo tenía cuatro años…” – y su padre se fue a un país lejano – … y me fui a vivir con mi tía Mimí (…) A mi madre, la vida le superaba. Era la menor (de 5 hermanas) y no sabía muy bien que hacer conmigo, así que acabé viviendo en casa de su hermana mayor”

Para colmo, en su adolescencia, cuando estaba recuperando la relación con su madre (aunque fuera más como una hermana o una amiga) murió atropellada por un conductor borracho.

“La perdí dos veces: una cuando me llevaron a vivir con mi tía, y otra a los 17, cuando murió físicamente”

¿No debería haber deseado un mundo donde todo niño se sienta importante para sus padres? ¿Un mundo sin abandonos afectivos? En Imagine se habla de fraternidad, de hermandad, de compartir… pero nada de familia, nada de niños…

O lo que es peor ¿no debería haber hecho todo lo posible para que su hijo Julian no tuviera ese mismo sentimiento de desamor?.

Si bien en la actualidad Julian dice haber perdonado a su padre no fue así durante muchos años. En 2000, durante la conmemoración del vigésimo aniversario de la muerte de John Lennon, declaró: “Podía hablar de paz y amor al mundo pero nunca los mostró hacia las personas más cercanas a él“.

Cuando Julian nació, los Beatles estaban empezado a triunfar. Se había acordado que se ocultaría el hecho de que John y Cynthia se habían casado, unos meses después de que conocieran el embarazo.

John fue a visitar al hospital a su mujer varios días  después de que su hijo naciera y al respecto el propio John refirió:

“Cyn iba a tener un niño y las vacaciones ya estaban planeadas, pero yo no iba a renunciar a las vacaciones por un bebé. Así que me dije que era un hijo de puta y me fui”

Esta es la tónica general de la actitud de John Lennon hacia su hijo Julian, al menos durante los 5 años que duró el matrimonio de sus padres.

John Lennon no rompió el círculo. No adoptó a su hijo ni en el momento de nacer, ni unos días o unas semanas después, ni nunca.

La clave probablemente está en su comentario: “El desamor acabó calando en mis ojos y en mi pensamiento” . Porque lejos de compadecerse de su situación empezó a verle ventajas:

”A veces me alegraba de no tener padres (…) Algunos no ven que sus padres, incluso a los 40 ó 45 años, los siguen torturando. Siguen dominando por ellos, el pensamiento o la mente. Yo nunca tuve ese miedo a mis padres, ni ese afán de agradarles”

John Lennon consigue verle una ventaja a su desamor. Y de ahí a justificarlo sólo hay un paso:

“Al noventa por ciento de las personas de este planeta, sobre todo de occidente, las ha traído al mundo una botella de whisky un sábado por la noche, y el hijo no figuraba en sus planes. El noventa por ciento de nosotros somos accidentes: no conozco a nadie que haya proyectado tener un niño. Todos somos sorpresas del sábado noche”

Sorpresas del sábado noche en marcha fraterna por un mundo sin fronteras, sin religión, sin hambre… y sin padres que asumen que son padres.

(Ubicación provisional en el Blog-rrador : 2)

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BLOG DE NOTAS

Creo necesario abrir en este blog una nueva categoría de entradas para recoger en ella referencias a post o entradas de otros blogs que me parece importante tener en cuenta.

El otro día ya lo hice con una del blog de Anna Forés y hoy debo hacerlo con una entrada del blog Buenos Tratos de José Luis Gonzalo. Todas sus entradas son dignas de ser leídas y reflexionadas pero en la última que ha publicado nos regala un ejemplo real de resiliencia.

Gracias al joven que le ha permitido a José Luis publicar sus palabras y gracias a José Luis por su acertadísimas notas sobre los tutores de resiliencia que en ellas podemos encontrar.

http://www.buenostratos.com/2012/02/que-caracteristicas-del-tutor-de.html

Además me ayuda mucho la idea (de Jorge Barudy) de las dos “p” (paciencia y perseverancia). Me temo (o me alegro) que la voy a utilizar mucho con las familias que empiezan a sacar a los nanos y nanas del cetro donde trabajo.

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