Por favor… ¡no le ayudes tanto!

He tenido experiencias y he conocido situaciones en las que una ayuda bienintencionada ha podido tener efectos, cuanto menos, paradójicos o contradictorios. Se ayuda a corto plazo a una persona pero:

  • se genera otro problema a medio o largo plazo, o
  • se retrasa la verdadera solución del problema

Podemos encontrar así:

  • personas allegadas a una familia con menores en situación de riesgo que intentan cubrir necesidades mínimas o esenciales de los mismos porque sus padre son incapaces. Es lo que en acción social se llaman “parasociales” y que algunas familias de acogidas llegan a ser cuando el menor acogido retorna a su familia (sin que la situación haya cambiado significativamente). Yo lo he sido. Lo confieso. No me arrepiento pero no dejo de ser consciente de que quizá ayudé a mantener una situación  que finalmente cayó por su propio peso.
  • familiares que por afecto a un miembro de su familia impiden que se de el golpe que quizá necesita para tomar otro camino.
  • padres que no soportan el más mínimo sufrimiento de un hijo y no le dejan crecer.

Así que me preguntaba “yo a mi mismo” si esto de la resiliencia tenía que decir algo al respecto. Y en mi única neurona repasé mis esquemas sobre variables para la resiliencia… “A ver… disposición de recursos externos…  ¡Goool!¡Goool del Valencia!….. ¿en qué estábamos? …¡Ah!¡Sí!… adquisición de recursos internos!… no, Pablo , no… ahora no puedes usar el ordenador…. significado o sentido…¡Mila! ¡recoge tu cartera!.”….Y de repente en el esquema mental de recursos externos, en el último apartadito, ahí estaba…¡RETOS!

Muchas personas que han experimentando la resiliencia nos dicen que cuando se sale de una gorda en la vida a veces queda la sensación de que se puede con todo. Una gran tragedia puede inocular sentimientos de fragilidad y gratitud pero también, y no es incompatible aunque lo parezca, de invulnerabilidad.

Podría ejemplificarlo con algún ejemplo real, como por ejemplo el propio Boris Cyrulnik (Ver en su libro “Me acuerdo…”) pero justo hace dos días en un capítulo de una serie de televisión (“Alcatraz”) uno de los protagonistas le dice (más o menos) a un niño que acaban de salvar de un secuestro y posible asesinato:

“Cuando yo tenía 11 años también pasé por una situación como la tuya. Fue duro pero conseguí escapar. Desde entonces tuve la sensación de que tenía poderes. Como los superhéroes. Por eso dibujo comics”

Esta frase algo exagerada refleja muy bien lo que quería expresar.

También recuerdo un curso en el que, al comentar esto, una compañera compartió con nosotros que, en el centro de mujeres donde trabajaba, una usuaria llegó y comentó que el oftalmólogo le había dicho que iba a perder la visión en un ojo. Sin embargo la chica parecía más animada que las propias compañeras y profesionales del centro. Estas últimas habían interpretado esto como un proceso típico de la fase de “negación” en el duelo. Sin embargo ahora, quien nos lo contaba, recordaba que esta chica había pasado muchas adversidades en la vida a pesar de las cuales había seguido adelante. Y, de hecho, fue al hablar de esto en el curso cuando ella recordó que ese fue más o menos el comentario de la muchacha: ya he salido de otras, también saldré de esta.

(Un aparte: Es curioso. Si me pongo las gafas del duelo veré duelos por todas partes, si me pongo las de la resiliencia, veré resiliencia… Pero a cada uno nos gustan unas gafas y a mi me gustan estas)

Por tanto, si una vacuna inocula una porción de virus para que nuestro cuerpo genere anticuerpos, un reto puede actuar como “generador de resiliencia”.

Si lo ubico mentalmente en “disposición de recursos externos” es porque no podemos esperar que la persona “sufriente” tome la iniciativa en este sentido. Porque entonces estaríamos en la  posición de la resiliencia como fortaleza interior y que, a mi particularmente, no me interesa demasiado. Pero también es verdad que el reto se ofrece para que el otro lo supere. Por ello los retos serían el puente natural entre recursos estenos y recursos internos.

El reto debe ser ofrecido o planteado desde el exterior y superado desde el interior. En una conferencia escuché a Giorgio Nardone, terapeuta estratégico italiano, decir algo así como: “Lo mejor que podemos hacer por nuestros hijos es ofrecerle un reto cada día”.

Me recordó otra recomendación que oí muchos años y que me ha servido mucho como padre (aunque esto habría que preguntárselo a mis hijos): “A los niños hay que tratarlos como si fueran mayores de lo que son… pero sabiendo que no lo son”. Es decir exigirles un poco más cada vez pero entendiendo, si no lo consiguen, que no pasa nada grave. Si no les exijo, quizá no crezca. Si solamente les exijo, los machacaré.

Por tanto para ayudar a personas a resistir y rehacerse de la adversidad no solo hay que ofrecerles sustento físico y emocional sino también oportunidades, experiencias y … retos. O no evitárselos.

Si no es así puede pasar eso de lo que estábamos hablando. Les ayudaremos de momento y quizá les tengamos que ayudar toda la vida.

Si la persona no puede saltar metro y medio puedo ayudarle a hacerlo pero al mismo tiempo debería pedirle que intente saltar 50 cms. Y cuando lo consiga proponerle el reto de saltar 70 cms. Si hago lo primero solo ya me veo ayudando a saltar a esa persona toda la vida.

Tengo que concluir pues, que efectivamente, puede haber formas de relación de ayuda que no favorezcan la resiliencia.

Un planta trepadora se sirve de su tutor pero la que crece es ella.

(Ubicación en el blog-rrador: 8.f.)

10 Comments

  1. Un lujo de post! Has explicado una idea que tengo como una nebulosa en mi cabeza desde hace años de manera magistral.

    Compartiré el link a esta entrad en mi blog… si no te molesta.

  2. Me resulta algo muy especial cuando leo (y de manera tan clara) eso que me viene rondando por la cabeza un tiempo. Desde el acogimiento residencial encontramos profesionales, en el ambito escolar mayoritariamente, que piensan que ese “pobre niño/a” ya ha sufrido bastante como para exigirle nada más (no solo academicamente)

    1. Es cierto, Cristina. En el centro donde trabajo también hemos tenido esa experiencia aunque también la contraria. Algún profesional de la educación que ha sido incapaz de entender que la niña o niño tenía un bloqueo en aprendizaje de origen emocional y que pretendía que funcionara exactamente como el resto de la clase. Ninguno de los dos extremos creo que sea el correcto. NI “pobrecita niña” ni “me importa un pepino abusos, madres en la cárcel ni ná”. Lo de tratar a un niño como mayor pero sabiendo que no lo es se traduciría “TRATAR A LOS NIÑOS DE PROTECCIÓN COMO SI NO LO FUERAN… PERO SABIENDO QUE LO SON” ¿Podría ser este un buen criterio?

      1. yo me siento identificada…de pequeña tuve apoyo pero no solucione a mis problemas. Senti que tenia que resolverlo sola…pero mi papá siempre me apoyó…y yo exagero con mis hijos. Soy aprensiva con ellos, me siento identificada con el post totalmente…gracias por su experiencia y compartir

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