¿Adopciones truncadas o adopciones inconclusas?

Hace unos días oigo por la radio que la Generalitat Catalana está replanteándose los procesos de valoración y formación de solicitantes de adopción porque desde el 2000 hasta la fecha han tenido 70 adopciones truncadas.

Al día siguiente gracias a Rosa Fernández en su blog veo el video de la noticia en los informativos de TVE. No puedo dejar de hacer algunos dubitativos comentarios que magistralmente me replica la propia Rosa.

Ayer recibo un email de un compañero de trabajo que sabe muchísimo de este tema y que me pide mi opinión sobre dos preguntas de las varias que un medio de comunicación le ha planteado sobre las adopciones truncadas.

Hoy amablemente me manda todas sus respuestas y me parecen perfectas, como no podían serlo de otra manera, pues conozco su capacidad. Pero entonces me acuerdo de…. ¿quien? De Cyrulnik, por supuesto.

Recuerdo una entrevista maravillosa que circula en internet, subtitulada en castellano, y que es para mí un curso intensivo en 40 minutos de lo que es y lo que no es la resiliencia (dejo el enlace del video entero al final).

La entrevistadora pregunta: ¿Que deberían hacer las familias de acogida para ayudar a los niños que acogen?

Esta es la respuesta de Boris Cyrulnik: La mayoría de las familias de acogida tienen mucho talante y saben apoyar a los niños, y cuando se trabaja con niños abandonados uno se da cuenta de que las familias de acogida salvan muchos niños. Pero hay familias de acogida que no saben hacerlo. Hay familias de acogida que son malas con los niños, les hunden y les hacen sufrir aún más. Pienso que lo importante es la personalidad de la familia de acogida y la transacción entre el niño y la familia. Yo conozco un ejemplo: un niño se desarrolla bien en una buena familia. Esta familia es abierta, tiene muchos amigos. Un día llega la tragedia. El padre y la madre se matan en un accidente de coche y el niño es adoptado por unos amigos de los padres a los que él quería mucho. El niño tiene un apego seguro, la familia de acogida es muy buena, son muy simpáticos pero, sin embargo, las cosas van mal, por el significado que el niño atribuye a esa acogida. Él dice: “Yo no puedo amar a mi padre o a mi madre de acogida, son buenos, y sin embargo no puedo amarlos, porque si les amo traicionaré a mi padre y a mi madre, seré un traidor. Reconozco que son amables, pero me esfuerzo en portarme mal con ellos porque si no traicionaré a mi padre y a mi madre” Hay tres factores: qué pasa dentro del niño, que pasa a su alrededor, y el significado que él atribuye al hecho de haber perdido a su padre y a su madre biológicos y de estar acogido en esta familia. Reconoce que la familia de acogida es buena pero hace esfuerzos por no amarles y para no hacerse amar por ellos, para no traicionar a sus padres biológicos. Es el significado lo que impide la resiliencia.

Yo conozco otro ejemplo donde el significado puede estar en la base de una adopción semi-truncada. Por respeto a las personas omitiré y cambiaré datos de la historia.

Un niño con 7 años de un país oriental. Tiene una hermana mayor y su madre acaba de tener un bebé. Un día su familia lo lleva a un orfelinato donde se gestionan (hasta que se cerraron las fronteras) adopciones internacionales. A los dos meses le presentan al niño a una mujer española. Un día antes de viajar se organiza un encuentro entre familias biológicas y adoptivas. En ella la mujer observa una intensa despedida con mensajes imperativos de la madre al niño y la entrega de unos papeles escritos en inglés. Papeles en los que se le dice que vaya a España, que allí una señora le cuidará, que estudie, que se haga abogado o médico y que luego se acuerde de su familia de origen que son pobres. Este mensaje se repite en una posterior carta y se refuerza con el hecho de que la entidad mediadora ha pactado que las familias adoptivas paguen una cantidad al año para pagar los estudios de los hermanos de los niños.

¿Qué significados puede atribuir este menor a su situación? Tú no eres mi madre, tu sólo me cuidas… Mi familia de origen ¿me quiere o me ha abandonado? Si quiero a mi madre adoptiva traiciono a la de origen, si cumplo las expectativas de aquellos satisfago a los que me ¿vendieron?

No es difícil de entender que las transacciones entre este niño y esta madre adoptiva hayan sido siempre muy difíciles.

Soy consciente de que ambos casos son extremos. Pero hay otros más sencillos que nos indican la importancia del significado atribuido por menores acogidos y adoptados (y por familias acogedoras y adoptivas) al hecho del acogimiento o la adopción.

En unas Jornadas en Lanzarote hace unos años escuché a una joven adoptada decir que estaba harta de oír como la gente le comentaba “la suerte que había tenido al caer en esa familia”. Los comentarios bienintencionados de un imprudente son como pedradas en la cara.

Por eso me sonrío cuando recuerdo que esta mañana he descubierto, en la vorágine del toque de corneta para llegar a colegios y trabajos, a mi mujer abrazada a G., de 15 años, y diciéndole lo contrario: ‘¡Pero Dios mío! ¡Que suerte hemos tenido de que vinieran a casa estas dos chavalas tan guapas y dulces!. G. sonreía y se le caía la baba abrazada a su “mamá acogedora”. Lo que no quita para que luego, en otro momento, G. y Pilar, mi mujer, se peleen por los estudios, la cama deshecha, la ropa elegida….

Es evidente que son dos significados radicalmente distintos para un niño acogido o adoptado; ¡Qué suerte has tenido, chaval! o !Que suerte han tenido contigo , chaval!

Puedo apuntar un ejemplo más. Y bien personal. Acogimos legalmente a P. con 17 meses, sabiendo que tenía un clarísimo pronóstico de discapacidad mental. Acogí emocionalmente (o adopté emocionalmente como dice F. Doltó – ver esta entrada) dos o tres años después.  Y acogí su discapacidad no hace mucho tiempo (y ya tiene 8). Porque durante mucho tiempo la discapacidad no era de un hijo mío. Era de un niño que he acogido. Hoy puedo decir que acojo, que abrazo su discapacidad como si fuera debida a mis propios genes, al igual que abrazo su simpatía, su cariño…. (que tampoco son propios de mí, vaya)

En definitiva lo que me gustaría señalar con este post es que, a partir de la noticia de Cataluña, ahora los técnicos, las familia adoptivas, etc. entraremos (como ya lo hice yo el otro día) en un debate sobre competencias (competencias de las familias adoptivas, competencias de la administración, competencias de los niños para ser adoptados…) Pero quizá además de todo esto deberíamos revisar si un número de adopciones truncadas no se deben a que alguien construyo un significado que impidió la resiliencia. Es decir que impidió retomar otro camino.

Porque , que yo sepa, la adopción y el acogimiento implica un nuevo camino tanto para el menor como para la familia. Yo al menos no fui consciente de esto hasta mucho tiempo después. Yo pensaba (ignorante y orgulloso) que éramos una familia “guay” y que podíamos ser más “guay” siendo acogedora. Y descubrimos que no éramos tan “guay” pero que este difícil e insospechado camino del acogimiento tiene sentido. A veces dejas de verlo, pero lo tiene.

Quizá no debamos hablar de adopciones truncadas sino de adopciones inconclusas. Muchas empezaron por lo convivencial, avanzaron en lo legal, siguieron avanzando en lo afectivo pero quizá chocaron en los significados. No sé. Es una intuición. Nada más.

(Este post ha sido supuestamente concluido en este otro del 2/03/2012)

Este es el enlace del VIDEO COMPLETO DE LA ENTREVISTA A CYRULNIK

http://player.vimeo.com/video/14062317

(Puede tardar un “poquito” en cargarse)

6 Comments

  1. Me alegro profundamente por tu entrada de hoy. No sólo dejas caer el dichoso dato, sino que lo analizas. Pensar, eso es lo que le falta a esta sociedad, la capacidad de pensar. Juzgamos, pero no pensamos. Juzgamos, sentimos, pero no razonamos ni estudiamos. Los sentimientos parece que lo colapsan todo.

    No sabes hasta que punto me está removiendo lo que está pasando con esta dichosa noticia, escasa de datos. Las máximas conclusiones a las que llega la gente es “que malos son esos padres adoptivos… “. Juzgamos a esas 70 familias ( no sabemos tampoco si son 70…) y ni las conocemos de vista. No sabemos sus nombres, sus historias. Lo desconocemos todo, pero nos atrevemos a juzgar: “Mira que guay soy yo que nunca me he planteado abandonar a mi hijo, y nunca lo haré….. “ Anda!!! Ni tu, ni yo, ni ninguno de los que están esperando por su hijo!!!.

    Pero la realidad es bien diferente. Yo fui una de las que dijo .. “que guay soy, seré la madre perfecta, lo amaré, será para mí MI HIJO y NUNCA LO ABANDONARÉ…..” como tu bien dices, ignorante y orgullosa.

    Ahora reconozco que las cosas van bien no porque yo fuese guay, no por la formación que me han dado previamente (nula), no por la información sobre la adopción que yo tuviese previamente (nula)…. QUE VA!!!!!. Yo no soy mejor que ninguna de esas 70 familias, y NUNCA entraré a juzgarlas, a pesar de que me produce nauseas sólo el hecho del abandono.

    Me molesta profundamente cuando voy por la calle y gente desconocida me juzga. Lo hace conmigo y con mi familia. Por eso mismo, creo que esta noticia no tiene buenas intenciones. Si realmente quieren disminuir esta cifra (el cero, es lo que queremos todos) sólo se podrá conseguir invirtiendo DINERO (sí, ese que están recortando!!!!!) en personal cualificado que acompañe durante el proceso post-adoptivo.

    Perdóname por el testamento… y muchísimas gracias por mencionarme. Un abrazo enorme.

    1. Gracias a ti por este comentario que demuestra que se puede hablar con el corazón y con la razón al mismo tiempo.
      Efectivamente la noticia deja el muerto en las familias. Por eso te decía en tu blog que creo que lo que a lo mejor hay que revisar (y no sólo endurecer) son los métodos. Y eso necesita, efectivamente, dinero para investigación, para formación de los técnicos en sitios de referencia… Las 70 adopciones truncadas o son culpa de todos o no son culpa de nadie en concreto.
      Un abrazo.

  2. Cada vez que leo algo de lo que escribes me gusta más. Me encanta la reflexión. Yo también soy de los que “machaco” a las familias acogedoras que “devuelven” a los niños cuando surgen problemas. Y es verdad que el planteamiento así de partida no lo comparto; pero también es verdad que hay que intentar no juzgar, que hay que conocer cada caso y que pueden haber muchos factores que influyen a la hora de tomar una decisión de ese tipo. Estoy de acuerdo con Rosa en que lo que necesitan estas familias es ACOMPAÑAMIENTO de alguien competente que les ayude a superar las situaciones de crisis que van surgiendo en el camino.
    Eugenio.

    1. Eugenio:
      Perdona que no haya publicado tu comentario hasta tan tarde pero es que hoy no he podido entrar en el blog en todo el día. De todas forma este post cuando lo volví a leer una vez publicado me dejó bastante insatisfecho y de hecho quiero hacer un “repost” intentando dejar más claro lo que quería explicar. Ya veré si saco tiempo.
      En todo caso lo que está claro es la importancia del acompañamiento. O como me gusta pensar a mí “la base segura de la base segura para el niño”
      ¿Ya tienes tema para tu primer post?… je, je…

  3. Hola Javier. Yo, cuando me dicen que “me merezco el cielo por lo que he hecho” (acoger a un nene con una grave discapacidad psiquica), siempre les contesto lo mismo; lo que estamos aprendiendo en casa con este pequeñajo, la felicidad al verlo alegre, sonreir cuando aparece su tete, ver cómo se le echa al cuello a su teta….a su papa, oirle decir “mama” (apenas emite palabras), todo ello te llena de satisfacción, de saber que hiciste lo correcto… pero….siempre hay un pero, la administración, la sociedad, las consellerias….estamos solos ante la burocracia médica, educación, papeles, diagnosticos, estimulación….etc.etc….es ahi donde vemos que se le cierran las puertas a nuestros acogidos, ¿por qué les complicamos tanto la vida? ¿no han sufrido ya bastante? Hagamosles el camino más fáciles entre todos, no sólo las familias que acogemos.

    Saludos

    Marina

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