¿Tienen todos los tutores de resiliencia algo en común?

Los tutores que se utilizan en agricultura o jardinería pueden ser de los más diversos materiales. Ni siquiera tienen que ser varas porque, cuando son horizontales, podrían ser cables o cuerdas. Pero todos tienen una característica común. Son un soporte lineal que permite dirigir el crecimiento de la planta en la dirección deseada.

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De igual modo, leyendo el testimonio de personas que han vivido el fenómeno de la resiliencia, se puede afirmar que es inimaginable el universo de posibles tutores de resiliencia.

Para Boris Cyrulnik, “un tutor de resiliencia es alguien, una persona, un lugar, un acontecimiento, una obra de arte… que provoca un renacer del desarrollo psicológico tras el trauma” .

Parece difícil encontrar un rasgo común en una categoría en la que entran: personas, animales, cosas, sucesos… Y en la que, incluso dentro del subgrupo “personas”, encontramos gente tan dispar como:

  • Una jueza que llora por el menor reincidente que vuelven a llevarle ante ella. Sus ojos húmedos serán tutor de resiliencia para éste.
  • Una chica que mira a un chico como una persona sin importarle su pasado en la prostitución.El chico, apoyado en ella, iniciará un camino de reconstrucción.
  • Un sacerdote que hace esperar a un ministro por hablar con un chaval problemático.Este sentirá que ha sido tratado con respeto.
  • Un profesor que inculca a un chaval el placer por la lectura. Placer que será un oasis en tiempos áridos.
  • Un mendigo que habla de política internacional a un adolescente callejero como si fuera un adulto.
  • Unos campesinos que en y tras la Segunda Guerra Mundial acogen a un niño judío y lo envuelven en un entorno de afecto y protección.
  • Una abuela que con sus historias nutre de afecto y fantasía a su nieta machacada por unos padres que no pueden, quieren o saben cuidarla.
  • Un editor que trata a un joven delincuente como a cualquier otro escritor.
  • Un profesor que reconoce el esfuerzo de un alumno torpe.
  • Etc.

Y además de esta disparidad hay que resaltar que, en la mayoría de los casos, ni los tutores de resiliencia humanos fueron conscientes de serlo ni de haberlo sido.

Si esto es así con el subgrupo de tutores humanos es inútil que analicemos los tutores no personales: una afición, un deporte, una película, un libro, un suceso…. Imposible de abarcar.

Y, sin embargo, empiezo a sospechar que sí puede haber una característica común a todos los tutores de resiliencia. No sé si sabré expresarlo así que me dejaré de rodeos y lo diré sin más: la belleza.

Un tutor de resiliencia sería cualquier interacción humana, cualquier suceso o cualquier experiencia que injerta algo de belleza en quien, por la desgracia sufrida, no puede ver más que miseria, suciedad y oscuridad a su alrededor.

Es conocido el pasaje de El Idiota de F. Dostoievski en el que un personaje se pregunta qué tipo de belleza salvará al mundo. De ahí se ha derivado la conocida frase “La belleza salvará el mundo”. Creo que el autor tuvo una intuición genial.

Cuando el joven judío se deja morir al contemplar la barbarie del campo de concentración y un soldado alemán le intercepta y, a escondidas, le pasa un trozo de pan, un rayo de belleza irrumpe inesperadamente en su vida. Quizá haya esperanza para la condición humana.

Cuando la joven violada percibe en la caricia de un amigo el respeto y el afecto profundo, y no el interés sexual, un flash de belleza se dispara en medio de la perversión humana.

Cuando un niño, acostumbrado al desamor de su madre, la ausencia de su padre, y a defenderse e imponerse a sus hermanos por la ley del más fuerte, encuentra en un Centro de Acogida una familia que le cuida y se interesa por él, un foco de belleza le descubre que hay una vida diferente. Una vida donde los padres quieren y protegen a sus hijos. Y los protegen, poniéndole límites, incluso de ellos mismos.

Cuando Alice Herz-Sommer (se recomienda ver el vídeo) interpretaba al piano una obra de Mahler dejaba de estar en el campo de concentración de Theresienstadt para transportarse a un mundo de belleza que le permitió afirmar “Sí, la música salvó mi vida”. Y oyéndola se puede asegurar que no se refería solamente al hecho de que su condición de músico le libró físicamente del exterminio.

Cuando allá por los años 60 una adolescente ve en la televisión una escena romántica, donde dos enamorados se besan y acarician, descubre una belleza en el contacto físico entre un hombre y una mujer que ella ni sospechaba, puesto que es lo que su padre viene haciendo con ella desde los 6 años.

Cuando Miguel, de 12 años, entrena o juega con su equipo de baloncesto en el cual destaca, la vida se vuelve bella porque deja de ser el tarugo que ha repetido curso y que le cuesta entender lo que los demás entienden a la primera. Para él un balón de baloncesto significa pasar de un mundo de burlas y desprecios a un mundo de admiración y respeto.

Yo sí me atrevo a contestarle al personaje de El Idiota. Quizá el idiota sea yo… pero creo saber qué belleza salvará el mundo. Pero ese no es el tema. Lo que sí parece poder contrastarse es que la belleza puede revivir a quien está cubierto por el polvo y los cascotes de la catástrofe.

Y quizá también todo esto explique lo que he llamado en alguna ocasión “antiresiliencia”. Personas que aparentemente todo les va bien y que entran en una espiral de destrucción. Quizá simplemente han perdido la capacidad de percibir la belleza de la vida.

Y es que muchas veces la belleza va envuelta en un papel feo.

La belleza del hijo adolescente que crece recto en un mundo difícil pero envuelta en las malas contestaciones y en los gritos por las dichosa ropa tirada no se donde.

La belleza de una relación de pareja, sólida, serena aunque de vez en cuando apasionada envuelta en los malentendidos y en los orgullos de la naturaleza humana.

Quizá haya gente que acostumbrada a que le vaya bien en la vida ya no se molesta en abrir los regalos de la misma. Y sólo ve a su alrededor bultos de un color triste. Y su vida se muere poco a poco.

Todos deberíamos acostumbrarnos a destapar las cosas bellas de la vida. Por muy liados que vayamos.

12 Comments

  1. Javier

    Me han hecho reflexionar tus palabras. Descubrir que la vida puede ser bella, a pesar de todo… eso es lo que permite un tutor de resilencia… genera esperanzas y da valor a la vida….

    Gracias

    Maria

  2. Gracias por un poco de belleza en el camino de la intervencion diaria con niños y niñas resilientes. q
    que sepamos mostrarles “bellezas”

    1. La verdad es que me daría con un canto en los dientes si pudiera asegurar que a todos los niños y niñas que pasan por el centro donde trabajo hemos podido hacerles descubrir algo bello para ellos. Intuyo que a veces eso ocurre pero no puedo asegurar que sea siempre.

  3. Precioso articulo. Solo añadir que el admirado Aute dice en una de sus mas famosas canciones: “que consiste en la certeza de encontrar en tu mirada la belleza” Enhorabuena por el post!!

    1. Y es que estos tipos como Aute, Serrat, Sabina, Victor Manuel… decir tonterias… ¡las justas! Por cierto Jose Luis no sé que pasa que no me llegan avisos por email de tus nuevos post en Buenos Tratos. He intentado suscribirme otra vez pero me dice que ya estoy suscrito… En fin… ¡cosas del ciberespacio! En todo caso gracias por la generosidad de tu blog compartiendo lo que aprendes y lo que sabes. No conozco muchos así.

  4. debo reconocer que me descuidado …en estos ultimos años…perdiendo mi habito lector con el fin de actualizar mis conocimientos…dandole solo cabida a la practica , en mi trabajo… No obstante agradezco a un colega que me dio un brio de belleza…y me dijo un alagador piropo…tu eres como dicen un “tutor de resiliencia”…esto abrio un mundo de curiosidad por entender lo que significaba…y no puedo creer con la claridad que su autor lo explica de forma tan clara y melodica…es una de las mejores herramientas de las que podemos hacer uso como terapeutas…en el contexto de exclusión…felicitaciones!!!

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