Si queremos que renazca el Ave Fénix… ¡cuidemos las cenizas!

Paso por delante de la televisión y veo que se han detectado nuevos abusos de soldados extranjeros en oriente medio y que los altos mandos del ejercito norteamericano anuncian que van a endurecer los criterios de valoración de la salud mental de las personas que quieran ingresar en él.

Esta claro que dichos altos cargos ni han leído ni les interesa leer “El efecto Lucifer” (Editorial Paidos) del psicólogo Philip Zimbardo, ni su informe como perito de la defensa de un soldado implicado hace años en otros horrorosos hechos en una prisión militar americana en un país invadido.

Para quien no sepa de este libro pueden ver varios vídeos (dejo enlaces abajo)en internet en los que el propio Zimbardo explica en pocos minutos lo esencial de sus ideas, desarrolladas a partir de su famoso “Experimento de la prisión de Standford”: X personas jóvenes, todas ellas diagnosticadas por un equipo de psicólogos como con una buena salud mental y exentos de patologías, fueron divididos al azar en presos y carceleros y, en los sótanos de la Universidad de Stanford, se reprodujo el funcionamiento de una cárcel. De forma casi inmediata se empezaron a producir vejaciones y abusos de poder de los carceleros hacia los presos. A los 5 días el experimento tuvo que ser detenido. Y el propio Zimbardo sólo fue capaz de ver la barbaridad de lo que estaba ocurriendo cuando una chica que le gustaba (con la que luego se casó) se lo hizo ver.

A partir de esto las tesis de Zimbardo son claras:

  • Todos llevamos en nuestro interior una frontera que separa lo que creemos que podemos hacer y lo que no desde el punto de vista moral.
  • Sin embargo esta frontera no es fija sino dinámica y se desplaza en función del contexto en el que nos movemos.
  • Por ello para Zimbardo el bien y el mal son sistémicos.

Las instituciones militares tienden a reaccionar a los abusos con la tesis de las “manzanas podridas” (hipótesis disposicional) La institución es impecable pero hay algún miembro podrido. Hay que depurarlo.

La tesis de Zimbardo es muy diferente. El experimento permite generar una hipóteis situacional. No son las manzanas. Es el barril. Si metemos manzanas sanas en un barril (o caja) mal construido para almacenar manzanas las manzanas se pudrirán rápidamente. Pero hay es donde Zimbardo salta de lo situacional a lo sistémico. Las instituciones y las personas que lo componen (políticos, expertos, gestores…) son responsables de provocar situaciones que incitan a las personas al mal o, al menos, no las frenan.

Conclusión: la responsabilidad (sin negar cierta responsabilidad individual) no es tanto de los miembros podridos de la institución sino de los responsables de la institución que favorece la deriva al mal de sus miembros.¿Demonios o ángeles?

Por tanto, si Zimbardo tiene razón (¡como me recuerda lo de endurecer los criterios de admisión al ejercito lo de endurecer los criterios para la valoración de familias adoptivas o acogedoras1) igual que hay un efecto Lucifer debería existir un efecto Arcángel, por el cual instituciones bien diseñadas pudieran ayudar a las personas a ser mejores personas.

Pero este es un blog sobre resiliencia no sobre bondad y maldad,… pero ¿no podemos aplicar a ella la misma lógica? ¿No deberíamos pensar que puede existir un efecto Ave Fénix?. Si lo admitimos, al menos como hipótesis, deberemos admitir que hay instituciones que favorecen la resiliencia frente a otras que no lo hacen.

En las primeras se respeta el dolor de la víctima y se recogen y se cuidan sus cenizas, en la esperanza que algo o alguien (¿quizá la belleza de la que hablaba el otro día?) reavive a la víctima para que, cual Ave Fénix, vuelva a levantar el vuelo.

Pero en otras instituciones no se cree que esto pueda ocurrir. O por lo menos no se espera que ocurra. Hay que pasar a la acción. Hay que hacer cosas, muchas cosas. Nada de guardar cenizas. Nada de mirarlas y mirarlas. Mejor lancémoslas por la ventana, escondámosla debajo de la alfombra. Ya esta bien de quejarse. Quizá te lo buscaste. Debes ser fuerte… ¡Tienes que ser resiliente! ¿Por qué? Porque si no tu dolor me molesta, ¡caramba!.

Algunos pensamos que la resiliencia es sistémica. Que los individuos tienen responsabilidades y potencialidades. Pero que en determinadas condiciones todos somos capaces de las mayores barbaridades y las mayores proezas. Y en determinadas condiciones todos podemos hundimos por una tontería y todos podemos rehacernos de nuestra miseria.

Por eso algunos proponemos que estudiemos las condiciones para la resiliencia y no las características de los resilientes, en el caso que los hubieran.

No puedo acabar el post sin dejar los enlaces a las conferencias de Zimbardo. Es uno de mis héroes intelectuales. No solo por sus ideas claras y afiladas, sino también por salirse del estereotipo de psicólogo serio y estirado (en el primero de los videos empieza bailando) y sobre todo por reconocer que el efecto Lucifer también cayó sobre él y que sólo lo libró la mirada de la mujer amada.

http://www.youtube.com/watch?v=P3rLJXqRS88

(este ya lleva los subtítulos en castellano)

http://www.ted.com/talks/philip_zimbardo_on_the_psychology_of_evil.html

(en este hay que elegir los subtítulos en castellano en una pestaña debajo de la pantalla)

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