Estoy leyendo…

Cuando yo digo “estoy leyendo” en realidad quiero decir que:

Uno. Tengo varios libros en danza a la vez. Soy de los que elige lectura en función de su estado de ánimo. No creo que sea una virtud. Pero es lo que hay.

Dos. Leo en circunstancias “propicias” como andando por las aceras, en una sala de espera, en…

Pero el libro que llevo ahora en la mochila es “La resiliencia en entornos socioeducativos” cuyos compiladores son Anna Forés y Jordi Grané (Editorial Narcea) y que está calentito, calentito, pues acaba de llegar a las librerías.

Aunque no lo he terminado (el libro puede leerse empezando por cualquiera de sus capítulos) sí que creo que cubre un hueco en la bibliografía española sobre resiliencia. Un hueco clarísimo entre el libro de los mismos autores en la editorial Plataforma (“La resiliencia.Crecer desde la adversidad”) y el “Manual de resiliencia aplicada” de Gema Puig y José Luis Rubio (Editorial Gedisa) que también colaboran en esta novedad editorial.

Portada libro

Si el primero  es un libro magnífico para quien no haya oído hablar de la resiliencia y quiera introducirse de una forma agradable y suave en este fenómeno, y con una manera de entenderlo equilibrada y abierta a todos sus factores, el segundo, de la gente de ADDIMA es como su nombre indica todo un “Manual”. Un texto para quien quiera tener una visión completa no sólo del fenómeno de la resiliencia sino de la misma como inspiradora de una nueva manera de ver la realidad. Y por tanto un texto de la resiliencia como paradigma teórico o como modelo para la acción.

Pero el nuevo libro de Forés y Grané va mucho más allá de la divulgación pero centrándose en aspectos concretos de la resiliencia que un manual no puede desarrollar en extensión-

Por ello les felicito y les doy las gracias.

De momento he podido disfrutar de un capítulo muy valiente de Marta Burguet y la propia Anna Forés sobre la creación de sentido. Digo valiente porque a mí, en estos tiempos de tecnificación de lo socioeducativo y lo psicosocial, ponerse a hablar de descubrir, crear, tener y dar sentido, me parece, cuanto menos eso… valiente. Y les agradezco su referencia a Viktor Frankl que es una figura de la historia de la psiquiatría y la psicología a la que la resiliencia (que vivió en primera persona) le está, creo, rehabilitando en el lugar que se merece en la misma.

Espero poder tener un rato en un autobús para poder leer los capítulos sobre el perdón (aunque sea porque hace poco me atreví a publicar un post sobre el mismo) y sobre el sentido del humor, como ayer lo tuve (en el médico) para deleitarme con el capítulo de ADDIMA (Gema Puig y José Luis Rubio) llamado “Al filo de lo imposible”. En él se nos señalan clarísimamente cuales son los parámetros para que una institución o equipo trabaje desde el modelo de la resiliencia.

Soy ya un poco madurito (nací en el 60) y probablemente no conoceré en lo que queda de vida profesional un centro de menores (por ejemplo) que se adscriba claramente e inequívocamente a este modelo (por favor si alguien lo conoce le agradecería un comentario).

Pero si algo deseo conseguir en este tiempo es aportar mi granito de arena para que cada vez más gente conozca y se entusiasme con esta “nueva mirada”.

Estoy de acuerdo con ellos que hay diversa causas que hacen que sea muy difícil que una institución apueste decididamente por un cambio de modelo. Lo vivo todos los días en el centro donde trabajo y del cual estoy orgulloso, pero donde intentar cambiar la más mínima dinámica cotidiana es una risa.

Como a la gente de ADDIMA (creo) me encanta el enfoque de la terapia estratégica y compro todo lo que publica Giorgio Nardone y colaboradores (la editorial Paidos anuncia un nuevo libro “Pienso, luego sufro”). Pero eso no me permite implantar siempre estrategias paradójicas para ayudar a los menores de mi centro. Porque somos más de 20 profesionales, cada uno hijo de su padre, de su madre, y de su modelo teórico.

Pero puedo hacer cosas que están bajo mi control (convertir una “encopresis” en una “caca traicionera” siguiendo a White y Epston, o una pequeña intervención paradójica, o una utilización del sentido del humor para desdramatizar….) En la esperanza de que ese estilo o forma de actuar vaya adquiriendo adeptos o consentimiento entre el resto de los profesionales.

Podemos esperar a que una institución proponga un modelo basado en la resiliencia (influencia descendiente) pero mientras tanto podemos intentar la influencia horizontal (de compañero a compañero) y la influencia ascendente (mis jefes me dejan hacer porque me he ganado su confianza con mi buena práctica profesional)

Y para ello necesito experiencias concretas.

Así que, siendo consciente que ADDIMA tiene razón, cuando mantiene que técnicas o estrategias aisladas basadas en la resiliencia,  sin un cambio global de modelo, acabarán probablemente en nada, en el grupo “resilienciavalencia@gmail.com” vamos a iniciar en breve una serie de entradas para recopilar actuaciones, estrategias o técnicas con cierto potencial para facilitar procesos de resiliencia.

Le pensé llamar “Colocando tutores” (en el centro) pero luego el grupo pensó que no era el mejor nombre. Y quizá sea un proyecto sin sentido precisamente por el argumento de Gema y José Luis. Pero QUEREMOS PENSAR que si en un centro se utilizan estrategias inspiradas en la resiliencia… la difusión y la adhesión al paradigma de la resiliencia entre su equipo será más probable.

La vida dirá.

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