Solidaridad fluida

Me encanta decir que abro una nueva serie de entradas en el blog. Supongo que será por un subidón de “ego” al pensar que uno está haciendo algo importante (gracias a Dios ya se encargará alguien de bajarme los humos).

Pero también hay un motivo legítimo. La apertura de una nueva serie significa que la mirada a la vida desde la resiliencia permite reinterpretar casi todos los aspectos de la misma.

En ese sentido creo que hay un sitio en este blog para algo así como Resiliencia y Sociedad. La resiliencia no es sólo aplicable a los individuos sino también a las familias , a los grupos, a las naciones, a las sociedades, a las culturas…. Y además la relación de ayuda también puede ser entre grupos, de individuo a grupo, de grupo a individuo, de nación a nación…

Pero voy a empezar por un fenómeno doméstico reciente.

Hace unos meses, Pablo, que tiene 8 años dijo que una de sus profesoras recogía tapones para ayudar a una niña que le pasaba no sé qué. Así que empezamos a no tirar los muchos tapones de plástico que entran en una familia de nueve miembros. Hasta aquí nada del otro mundo.

Bueno sí. Sólo ese hecho modificaba el significado otorgado al gesto de recoger un tapón de plástico de la mesa de la cocina. A partir de ese momento, si tu mano lo dejaba en la basura… te sentías un miserable. Si tu mano lo dejaba en una caja o una bolsa… te sentías bien contigo mismo.

Pero no es esto lo que quería reseñar. Lo verdaderamente extraño es que en pocos días o semanas empezaron a llegarnos bolsas enteras de tapones de plástico. Habría el capó del coche y me encontraba una bolsa de plástico llena hasta los topes de tapones. Al parecer alguien se la había hecho llegar a uno de mis hijos conductores. Otro día estando en el trabajo una compañera me deja una bolsa de tapones encima de la mesa. Lo curioso es que yo no recuerdo haber comentado a nadie que los recogíamos. Pero según ella misma, simplemente se lo imaginó… ¿?

Entonces me di cuenta que por mi casa fluían tapones y tapones que, más tarde o más temprano, Pablo los llevaba a su profesora. Entonces pensé que su profesora también era seguramente una simple transmisora. Sin embargo cuando Pablo pidió recoger que le llevaran tapones pensé que ésta conocería a la niña necesitada de ayuda. Pero visto lo visto empecé a sospechar que esto no tenía que ser así. Que probablemente la profesora le pasada los tapones a otra persona que igual conocía a la niña… o no.

Pasó por mi cabeza que quizá al final del rio de tapones sólo hubiera un desalmado aprovechándose del buen corazón de la gente. Pero ¿por eso iba a cortar el flujo de mi casa? A fin de cuentas, ¡si eso servía para reciclar plástico…!

Y también recordé un comentario de Teresa de Calcuta que decía algo así como que si pensábamos ayudar a una multitud acabaríamos por no hacer nada pero sí pensamos en ayudar a una persona concreta encontraremos rápidamente la forma de hacerlo y lo haremos.

Quizá por eso fluyen los tapones de plástico. Porque pienso que estoy ayudando a un niño o niña concreto, aunque no sepa ni su  nombre, ni su enfermedad, ni nada más.

Con todo esto el otro día decidí entrar en internet y encontré bastantes referencias que me decían que si había una o varias iniciativas solidarias que habían promovido la recogida de tapones. Incluso en algunas web se señalaban puntos concretos de recogida. Pero claro ¿quien está detrás de una web? (o de un blog… je, je…) El engaño podría seguir existiendo.

Todo esto podría ser algo puramente anecdótico pero a veces es de las anécdotas y de las historias concretas de donde puedes aprender mucho. Y esto de la solidaridad fluida de los tapones me recuerda que, a veces, nos empeñamos en promover formas de solidaridad “tremendas”.

Por ejemplo. Queremos conseguir familias de acogida con campañas donde se te pide que, estando tan tranquilo en tu casa – es un decir- te comprometas de golpe a acoger a cualquier menor. Y si tiene necesidades especiales mejor. Es algo así como pedir – perdón por el ejemplo – “Crie un paralítico cerebral que es muy chulo”

Al mismo tiempo los técnicos decimos que “no tenemos familias para niños con necesidades especiales o para niños de más de 7 ú 8 años, o para grupos de hermanos…”.

Y sin embargo cuando se repasa el listado de familias acogedoras encontramos que muchas de ellas tienen a niños con necesidades especiales o con las otras características ¿Cómo cuadran estas dos realidades?

Porque un porcentaje de esos acogimientos surgieron de forma fluida. La familia primero conoció al niño o niña y después se decidió a acogerlo. Quien captó a la familia fue… el o la menor. Ya no se trataba de acoger una necesidad especial. Se trataba de acoger a Kevin, Saray o Alex. Y con él o ella  a su discapacidad.

En otros casos la familia no conocía al niño o niña pero se enteró (en el colegio, en la parroquia, en el barrio…) que había UN o UNA niña concreta que necesitaba una familia (como los tapones de plástico PARA AITANA)

En el mundo anglosajón, que nos llevan, para bien o para mal, muchos años de adelanto en “foster care” (acogimiento) esto es sabido y no dudan en “enseñar” a los niños susceptibles de ser acogidos o sus historias. Esto que yo sepa, en España, es inconcebible y seguramente calificado de inmoral. A mi me parece más inconcebible que los niños crezcan en centros. Pero no defenderé las estrategias anglosajonas porque sé que ellos también han metido la pata hasta el fondo en muchas cosas y no hay porque copiarles todo.

Lo que sí me ratifico, y el rio de tapones que fluye por mi casa así me lo subraya, es que hay maneras de implicar a familias con lo que yo llamo “los Niños Perdidos” mucho más sencillas y que no estamos explorando ni usando en la captación de familias acogedoras. Quizá sea porque trabajo en un centro donde vemos que constantemente profesores, familiares de profesionales del centro, estudiantes en prácticas…. se interesan por los menores que viven temporalmente en él.

En todo caso esta entrada no pretendía tratar de la captación de familias acogedoras sino de sacarle punta, sobre la relación de ayuda, a un fenómeno curioso que muchos hemos podido vivir en primera persona.

Y para terminar dos anotaciones más sobre los tapones:

Desde que guardo los tapones he empezado a reciclar las botellas de los tapones ¿será casualidad?

Y en segundo lugar  ayer escuché en Antena 3 (y se puede leer en su web):

Aitana podrá costearse una operación de corazón gracias a 450 toneladas de tapones

La acción ‘Tapones para una vida’, enmarcada en la campaña ‘Una sonrisa para Aitana’, que busca sufragar las intervenciones cardíacas que requiere la joven Aitana García, ha recopilado unas 450 toneladas de tapones que, tras ser reciclados y vendidos por una empresa de Ibi (Alicante), ha proporcionado 135.000 euros para la causa.

Podéis leer la noticia completa y ver la entrega simbólica del cheque AQUÍ

 

Están emergiendo otras formas de relación de ayuda que me gustaría analizar pero eso será en otro momento. Pero a modo de adelanto… ¿sabías que sin saberlo ya estás ayudando – si usas internet – a digitalizar libros y que pronto ayudarás a traducir toda la web a todos los idiomas mientras tu aprendes un idioma gratis?

(Si no te puedes esperar te recomiendo este video: http://www.youtube.com/watch?v=x1ShVyBm8GU )

2 Comments

  1. Al hilo del acogimiento familiar. No es que tenga mucha experiencia pero algo si que he vivido al trabajar en un centro de acogida.
    Por el centro han pasado chicos que venían de un cese de acogimiento familiar, más de los que uno quisiera, la mayoría de ellos comenzaban a dejar de ser niños y todos demostraban un apego hacia la madre acogedora. El interrogante es por qué cesa el acogimiento si el niño que está convirtiéndose en adolescente necesita de la familia aunque parezca lo contrario. Se les hace mucho daño y resulta muy difícil conseguir que confíen de nuevo en alguien después de verse abandonados por su familia biológica y por la familia de acogida.
    Por otra parte también he vivido la experiencia de un acogimiento familiar. Por cuestión de coincidencia de plazas libres en el centro y necesidad urgente de un cese de acogimiento de dos hermanos de 6 y 9 años, vinieron a residir con nosotros.
    Contamos con una red de voluntarios que provienen del entorno próximo al centro y que según posibilidades organizan excursiones, meriendas, regalos de cumpleaños, se los llevan un día o un fin de semana a sus casas…
    Una de estas familias voluntarias se llevaba los fines de semana a la niña de seis años. Un matrimonio amigo con quienes compartían algún rato los fines de semana conoció a la niña y empezaron a interesarse por ella. Tal fue el interés y los lazos que se crearon entre ellos que después de un proceso de un año han finalizado el acogimiento de la niña y de su hermano.

    1. Gracias Angel por compartir tu experiencia. No sólo como familia acogedora, sino, y sobre todo, por trabajar en un centro de recepción y acogida de menores, comparto plenamente las dos ideas centrales de tu comentario. Lo duro que es el contemplar el cese de un acogimiento (y como muchas veces el niño/a ni entiende porqué ya no está con su familia) y los casos de acogimientos que surgen del voluntariado alrededor de un centro de un centro. A esto últimamente me refería cuando señalaba que nos empeñamos en complicar el acceso a los niños necesitados de una familia en la que vivir. Sé que casi todos los centros estamos abiertas a estas formas de ayuda y colaboración. Pero cuesta Dios y ayuda que el resto de la Administración entre a reconocer el potencial de captación de los centros. Al menos por estas tierras. En todo caso será un placer seguir contando con tus aportaciones.

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