“Mundos imaginarios ¿patología o recurso para la resiliencia?”

¿Qué permite a un niño sobrevivir de una situación traumática? ¿Qué herramientas pueden poner en marcha ante el sinsentido del maltrato, la humillación, vejación al que muchos están sometidos por los adultos que en principio le tienen que proteger?

Muchos estudios nos pueden dar alguna respuesta a estas preguntas.  Conocer el sufrimiento de las personas que han sobrevivido a estos traumas nos permite entender los mecanismos internos que se ponen en marcha para paliar el dolor.

Uno de estos puede ser la imaginación (Cyrulnik). Crear un mundo imaginario donde pasan a ser protagonistas de una historia feliz, donde se sienten aceptados, queridos, respetados por los demás, donde son capaces que eliminar las etiquetas que les han ido poniendo y les permite paliar la soledad a la que están sometidos. Se dice que uno de los peores maltratos a los que pueden someter a los seres humanos es la soledad, la incomunicación absoluta. ¿Cómo sobrevivir a esto? Las historias contadas por los protagonistas de estas situaciones nos ayudan a entender. En el cine tenemos varios ejemplos de la importancia de la imaginación o la fantasía que nos permite adentrarnos a un mundo que no es el nuestro (conscientes de ello), pero a la vez nos permite proyectarnos en un futuro por el que se puede luchar, si se dan también las condiciones externas necesarias.

Uno de estos ejemplos es “La vida es bella”. La imaginación del padre, la historia paralela a la realidad en la que introduce a su hijo, consigue el objetivo que persigue. La supervivencia de su hijo ante un mundo hostil.

Otra película quizá menos analizada en estos términos es “Nell”, basada en la historia del niño perdido de Avignon. No voy a desmenuzar la historia simplemente me centraré en su relación con la resiliencia.

 

A lo largo de la película aparecen diferentes escenas donde la protagonista juega con una niña, su hermana gemela muerta siendo pequeña. El recuerdo de esa hermana le permite sobrevivir del aislamiento social a la que está sometida por su madre como forma de protegerlas de la maldad de los hombres. Utiliza este recurso hasta que aparecen en su vida personas con la intención de ayudarla y “salvarla” de las condiciones de vida en las que vive. En este momento el director utiliza una metáfora muy significativa donde Nell imagina a su hermana hundiéndose en el agua, metáfora que nos ayuda a entender el cierre del duelo por su hermana y el inicio de una nueva vida acompañada de personas que le quieren.

Las personas necesitan cerrar heridas creadas por la adversidad para poder aprovechar las oportunidades que la vida les da e iniciarse su proceso de resiliencia, las personas que  permanecen centradas en el victimismo ante su adversidad difícilmente podrán coger la mano que se les tiende ni disfrutar de las pequeñas cosas cosas que la vida les da.

En la película, que no tiene desperdicio desde el principio hasta el fin,  podemos ver como se inicia la relación de ayuda y como esta relación nunca es unidireccional sino la que la relación de ayuda ofrece siempre una doble vía donde todas las personas implicadas en el proceso ganan.

Los protagonistas de la historia lo resumen así: “creíamos que nosotros la íbamos a ayudar y sin embargo tengo la sensación que ella es la que nos ha ayudado a nosotros” “No te diste cuenta, tú fuiste la primera en necesitarla”.

Otra de las reflexiones a las que nos puede llevar la película es la necesidad que en ocasiones tenemos de patologizar las cosas. Cualquier terapeuta nos diría que esta imaginación proviene de una patología mental, lo podríamos incluso tildar de brote psicótico donde Nell tiene y mantiene una alucinación con la que juega.

Visto desde fuera esta sería una interpretación válida de la historia, de hecho en un momento de la película el Doctor diagnostica a Nell con el síndrome de Aspenger por su incapacidad de relacionarse con los demás, y a partir de este momento no necesitamos ir más allá, tenemos la explicación perfecta para la conducta del sujeto y se inicia el proceso de tratar esta patología.

Cuantas veces interpretamos los síntomas sin conocer realmente lo que esta ocurriendo en el interior de la persona. En lugar de ver la imaginación como un recurso interno que favorece la supervivencia de la persona y el proceso de resiliencia, etiquetamos interpretando a partir de este momento toda conducta del sujeto en aras a confirmar nuestro diagnóstico.

Ejemplo claro lo vemos constantemente en consulta cuando nos llegan niños diagnosticados de hiperactividad en el mejor de los casos y que a partir de este momento tanto los padres como los profesionales tienen la excusa perfecta para explicar su comportamiento sin necesidad de reflexionar que estamos haciendo entre todos para mantener esta conducta.

Con esto no quiero evidentemente mantener que no exista la patología ni que haya que tratarla, sino simplemente que para poder diagnosticar tendremos que conocer realmente la historia del sujeto, los componentes externos e internos que mantienen las conductas y la función que cumple el síntoma tanto para el sujeto como para las redes sociales con las que cuenta.

Sirva como ilustración un caso que trate cuando me iniciaba en esto de la psicología, un profesor me derivó un niño al que califico de insufrible, movido, inquieto, incontrolable, falto de atención…. Es decir, la sintomatología de libro de una hiperactividad. La definición que hizo del niño fue simple: es malo. Al entrevistarme con él  a la pregunta de ¿cómo es Pepito? el niño contestó: Soy malo. ¿Que te hace decir esto?- le pregunté. El niño contestó: está claromi madre dice que soy malo, mi padre también igual que mis hermanos y mi profesor, por tanto soy malo.

A este niño sólo le quedaba una cosa: cumplir lo que le habían dicho de si mismo para lograr la atención de los demás.

A través de su conducta lo único que buscaba era encontrar un sitio en su familia, mantener la atención de una madre sobrepasada por la ansiedad y de un padre ausente cuya principal función era ganar dinero para mantener una familia numerosa y de paso huir de la locura y descontrol que se vivía en su casa. Su único contacto con el niño era para reñirle y castigarle por la retahíla de cosas que le contaba su mujer nada más abrir la puerta casa. Modificar la dinámica familiar sirvió para descargar a  Pepito de la etiqueta que le habían puesto. Podía tener otro lugar diferente al que le habían otorgado.

Quizá lo más sencillo sea medicar al niño para tranquilizarlo pero quizá también esto no haga más que enmascarar el problema latente y que en muchas ocasiones nos cuesta ponerle un nombre. Al fin y al cabo en las familias puede aparecer una voz disfrazada de síntoma que nos esté diciendo que algo no funciona bien.

Los mecanismos internos para la resiliencia pueden ser variados y uno de ellos es la imaginación. Intentemos por tanto favorecer este recurso en los niños que viven situaciones adversas estando atentos a la fina línea que separa un recurso adaptativo de una patología.

Cuando la vida se vuelve insufrible imaginar otros mundos posibles puede ser un tutor de resiliencia.

2 Comments

  1. Rosa: Enhorabuena por tu “bautizo de blog” (aunque ya hicimos juntos el artículo de “Alcoholismo y resiliencia”). Estaba dándole vueltas a lo de la tendencia a patologizar cuando me he acordado de un chiste que siempre me hizo mucha gracia:
    – ¿Qué me pasa Doctor?
    – Tiene usted el Síndrome de Spearman
    – ¿Y es grave?
    – Todavía no lo sabemos Sr. Spearman
    Je.. je…
    Ahora en serio y breve. Diagnosticar para solucionar, sí. Diagnosticar para cronificar, no.
    En todo caso el tema de la fantasía y los mundos imaginarios como recurso de resiliencia me parece fascinante. Y me consta que te interesa mucho ¿seguimos profundizando?
    Un beso.

    1. Javier gracias por tu comentario que resume perfectamente lo que intentaba transmitir. Diagnosticar es necesario para poder ayudar a la persona pero etiquetar puede llevar a tener que comportarse con el rol que se le ha asignado.
      Seguiremos profundizando en el tema de la imaginación como recurso que favorece la resiliencia.
      Es un verdadero placer para mi poder contribuir en tu blog, gracias por brindarme esta oportunidad.
      Un bueso

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