¿Se puede elegir la resiliencia?

La semana pasada todos los medios de comunicación se hicieron eco del repentino fallecimiento, debido a un infarto, de Manolo Preciado, uno de los más populares entrenadores del futbol español.

Para mí es una de esa personas que, no conoces ni conocerás personalmente pero que cada vez que lo ves en televisión o lo oyes en la radio, te genera una corriente de simpatía. Si tuviera que elegir adjetivos que me vienen a la cabeza al recordarlo podría escoger: campechano, natural, sensato, sincero, acogedor, divertido, humano.

Es por ello que seguí las noticias sobre su muerte y rápidamente descubrí una historia personal y familiar  muy dura. En menos de 10 años había recibido tres grandes “hachazos de la vida”. La pérdida de su mujer por una cáncer; la de un hijo de 15 años por un accidente de moto y, más recientemente, la de su padre en un accidente, llamémosle respetuosamente, absurdo.

Todos los periodistas o personas que lo conocieron insisten en el contraste entre su carácter abierto, acogedor, vital… y la “tasa inusualmente alta de desgracias” en su vida.

Y buscando información sobre ello he dado con algunas supuestas manifestaciones que hizo al respecto. Digo supuestas porque las fuentes son indirectas y no puedo afirmar que las hicieras. Aún así me voy a referir a ellas:

La vida me ha tratado mal en algunos aspectos pero demasiado bien en otros“.

Sinceramente me encantaría averiguar si esta frase la dijo literalmente porque hay una palabra muy significativa en ella: “demasiado”. Porque quien considera que la vida te puede tratar “demasiado bien” es porque tiene claro que, en la vida, lo aparentemente bueno puede resultar malo y viceversa. Implica reconocer que algo “objetivamente bueno” puede acabar resultando malo. Significa ser consciente de que el premio gordo de la lotería puede arruinar tu vida; o que un trabajo de ejecutivo en una gran empresa puede resultar la puerta de entrada al alcoholismo. Por ejemplo.

Quien sabe que esto es así es porque también sabe que un aparente mal puede ser el inicio de otro camino positivo (aunque haya que recorrerlo con el dolor a cuestas).

No pretendo afirmar que Preciado quisiera decir todo esto. A lo mejor simplemente estaba expresando que tenía motivos para reprocharle a la vida pero que eso no le ocultaba que, en otros momentos, circunstancias o parcelas, la vida le había sonreído. En todo caso a eso se le llama gratitud y es una actitud muy importante para la resiliencia.

Hay que levantar la cabeza y pensar que siempre hay alguien alrededor que te va a necesitar

Otra frase significativa. Lo normal sería pensar que cuando te ocurre una gran desgracia habría que levantar la cabeza para que los demás te vean y te ayuden. ¡Estoy sufriendo, ayudadme!

Pero un recurso para la resiliencia es paradójicamente el altruismo. En vez de centrarme en mi sufrimiento me centro en el de otro. Y así, al centrarme en el dolor de otro, me “descentro” o me olvido del mío.

Preciado lo dice mucho mejor que yo: levantar la cabeza y buscar el dolor de otro que me necesita. Ayudándole e él o ella me ayudo a mi.

Y tres…

Cuando murieron mi mujer y mi hijo tenía dos opciones. Tirarme de un puente o seguir adelante. Decidí lo segundo

Efectivamente: dos opciones. Dos caminos. El de la “desgracia de la desgracia” y el de la “oportunidad de la desgracia” O parafraseando a Cyrulnik en esta segunda opción  (no soy yo el que se atreve a utilizar esta expresión casi blasfema) la  maravilla del dolor.

Pero lo que me sorprende de esta frase de Preciado no son las opciones. Es su rotundidad al afirmar que decidió él.

¿Es, por tanto, la resiliencia una decisión?

No es fácil contestar a esta pregunta. Ninguna de las dos posibles respuestas(Sí o No) me convence. Cada una me deja un sabor amargo.

Tendré que madurarlo. Volveré a ello más adelante.

Así que de momento me recrearé en la admiración a su persona  y me conformaré con pensar que, en todo caso,  es un…

Don, Manuel  Preciado.

Deseo de todo corazón, Manuel, que su hijo, el que lloraba desconsoladamente en su entierro, tenga el mismo don que usted. Porque siendo muy joven la vida le ha dado ya cuatro zarpazos terribles. Lo va a necesitar.

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