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Archive for 27 julio 2012

Esta mañana mientras calentaba motores (cosas de la edad) pensaba que nunca he conseguido adquirir el hábito saludable de hacer ejercicio sistemáticamente, aunque sólo fuera el de andar media horita al día.

Entonces mi orgullo ha salido en mi defensa con los argumentos habituales: “Y con el follón de familia que tienes ¿de donde sacas tú media horita?”Pero si no paras, si todos los días acabas reventado“¿Que es eso de que este tipo de actividad no sirve? ¡Que me lo expliquen!

Y en eso he recordado un experimento explicado en un libro (aunque me temo que no recuerdo en cual). El hecho es que se utilizó a un grupo de auxiliares de limpieza de un hotel. A la mitad de los o las mismas se les explicó los beneficios del ejercicio físico para la salud y para la pérdida de peso. También, creo recordar, se les habló de cómo podían hacer ejercicio al mismo tiempo que hacían su trabajo: hacer camas, recoger toallas del suelo… Con la otra mitad no se hizo nada, excepto pesarlos, para tener un grupo control.

Al cabo de un tiempo (no recuerdo cuánto) el grupo al que se le había dado la charla había perdido peso en relación al grupo control.

Al parecer la charla cambio el significado que las personas del grupo experimental daban a su actividad física. Pasaron de “¡Otra p…. cama que hacer!” a “¡Venga! ¡Una oportunidad para fortalecer los abdominales o las lumbares!”

Es un bonito ejemplo de cómo el significado (una atribución mental) puede tener efectos concretos o materiales. Evidentemente no es una cuestión mágica. La atribución “estoy haciendo ejercicio que es algo bueno y saludable para mí” probablemente incrementó la calidad y la cantidad del ejercicio, y de ahí la pérdida de peso.

No es más que lo de la historia archiconocida de los tres picapedreros en la que la satisfacción por la tarea dependía totalmente del significado que le atribuían (condena o maldición, trabajo al aire libre o construcción de una catedral).

Sólo que en forma de experimento y con datos cuantitativos. Así que valía la pena apuntarlo en el blog.

Y ahora me voy a poner a:

Opción A) “Redactar un p. informe”  B) “Contribuir al bienestar de unos menores explicando sus características y circunstancias y proponiendo la mejor opción para los mismos”.

NOTA: Si localizo el libro donde se explicaba el experimento lo señalaré aquí. Se cita en el libro de Shawn Achor “La felicidad como ventaja” RBA y el artículo de referencia es Crum, A.J. y Langer, E.J, “Mind-set matters: Exercise and the placebo effect”, en Pschological Sciencie, 18 (2), 2007, pág. 165-171

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Después de releer la entrada anterior he recordado una conferencia que vi en la plataforma TED de Noorena Hertz llamada algo así como “Cómo utilizar expertos y cuando no”. La he vuelto a ver (leer los subtítulos en castellano) y llego a la conclusión que expresa perfectamente lo que yo quería apuntar.

Por si a alguien le interesa dejó aquí el vídeo (hay que elegir el idioma de los subtítulos)

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Gracias a un comentario de Rosa Fernández (Blog “Intimidades de la postadopción”) a la anterior entrada (“Flan de Protección de Menores”) reviso la misma y, además de corregir bastantes errores de redacción, me doy cuenta de que quizá no quede clara mi referencia al libro de Daniel Kahneman

“Pensar rápido, pensar despacio”. Así que ésta es un apéndice de aquella.

Por explicarlo lo más directo que sé: No todas la opiniones o juicios que una persona experta hace en algo de su especialidad son opiniones expertas.

Un experto puede dar una respuesta intuitiva a un tema de su campo en la que cae en un error como cualquier otra persona que no tenga su experiencia. Y eso es debido simplemente a que la estructura y funcionamiento de la mente es igual en un experto que en un lego. El funcionamiento de la mente en todos nosotros hace que nuestras intuiciones más evidentes (esenciales para supervivencia y la vida cotidiana) puedan ser erróneas debido a una serie de sesgos o distorsiones mentales.

El lo explica muy bien con ejemplos. Le robaré dos.

Imagina que te presentan o describen a una persona y descubres que es  tímida, reservada, muy ordenada y metódica. Pero no sabes a qué se dedica ¿Qué es más probable que sea? ¿Bibliotecario/a o agricultor/a?

A esta pregunta la mayoría de las personas contestan que la primera opción… ¡incluso autores de libros de estadística! Sin embargo cuando pasamos del pensamiento rápido, intuitivo, al pensamiento lento, multitarea…. nos damos cuenta que si la proporción de agricultores y bibliotecarios es de 20 a 1 tenemos que concluir que es mucho más probable que se dedique a la agricultura. Simplemente porque hay muchos más personas que se dedican a la agricultura.

El otro ejemplo que utiliza magistralmente Daniel Kahneman es el de el caso de el director de una gran empresa norteamericana de inversiones que, a título personal, invirtió una gran cantidad de dinero en la Compañía Ford. Cuando le preguntó el porqué de esta inversión descubrió que simplemente le encantaban los coches de esa marca y que le ilusionaba formar parte de esa compañía. No había ni una sola razón basada en el análisis concienzudo del mercado y de la situación financiera de la compañía. El experto en inversiones invirtió su dinero en base a cuestiones sentimentales.

Además de ello las opiniones (expertas) de un o una experta no es que, según este autor, estén fundamentadas en un conocimiento lento y racional de hechos y datos. Sino que lo más probable es que se basan simplemente en tener a su disposición (en su memoria) una muestra muchísimo más grande de casos que le permiten detectar cosas que otras personas no podríamos. O por decirlo de otra manera: experto viene de experiencia. Experto no viene de racionalidad o análisis.

El técnico experto de la lavadora no arregla la tuya tras estudiarse los circuitos y las características del modelo. Detecta la avería en función de que tiene en la memoria al menos una lavadora a la que le pasaba lo mismo que a la tuya. Esto no es malo. Es muy útil y bueno en muchos casos.

El problema es cuando atribuimos a los expertos sabiduría y racionalidad en todos sus juicios en el campo de su saber.

Hoy en día muchos expertos nos explican la crisis económica que atravesamos pero ¿cuantos de ellos nos advirtieron cuando está aún no se había manifestado?

Y ¿qué tiene que ver todo esto con la toma de decisiones en protección de menores?

Pues que las decisiones se basan en criterios de distintas personas de supuestos expertos y expertas. No quiero enrollarme así que usaré el ejemplo de una Comisión Técnica y entonces debo señalar que:

  • No todos sus miembros son expertos. Alguno acaba de llegar al puesto o la jefatura. Alguno tiene la misma formación en protección de menores que yo en física cuántica.
  • No todos los miembros tienen el mismo nivel de conocimiento del caso y de sus detalles. La mayoría va a conocer el caso por la descripción que en unos minutos hace la persona que instruye el expediente. Y que puede estar más o menos inspirada.
  • Tengo un compañero capaz de acertar la decisión de una Comisión conociendo quienes la forman.

También puedo poner ejemplos personales:

  • Una vez en una comisión un compañero me dijo que no podía proyectar en el caso mi experiencia como familia acogedora. Me pregunto qué es lo que creía él que proyectaba él. Según Daniel Kahneman él debía creer que tras su juicio había una ingente cantidad de conocimientos fiables y de sesudos análisis de los mismos. Pero lo más probable es que simplemente (y ya es bastante) hubiera miles de casos entre los que él podría encontrar algunos parecidos o semejantes para contrastar con el que se discutía. Lo que quiero decir es que ambos no sentábamos a la mesa con una maleta de experiencias. En la suya quizá habría más experiencias como técnico que yo (lleva más tiempo en esto que yo) pero en mi maleta había experiencias que él no tenía (las de acoger). ¿En base a qué yo debía retirar una parte de mi experiencia y él no? (Como si eso fuera posible además). Podría entender que me invalidara como miembro de la Comisión o que me prohibieran trabajar en esto. Pero no el argumento de “no proyectar parte de mi experiencia”. Porque insisto, a parte de imposible, es injusto. Todos los técnicos proyectan sus propias historias personales en sus propuestas o criterios. (Que un niño en acogimiento permanente (y no en preadoptivo) no se relacione con su familia de origen ¿es sensato o simplemente es cómodo para acogedores y… técnicos?)
  • Últimamente tiendo a recomendar familias compuestas por un sólo adulto y sin hijos como más fiables para casos de acogimiento más complicados. ¿Puedo asegurar que es eso lo mejor? No. Entonces ¿qué me lleva a pensarlo? Simplemente que entre los casos de fracaso de acogimiento que conozco no recuerdo ninguno de monoparentalidad. (No van primero los argumentos: menos probabilidades de conflicto…. y luego los casos. Sino al revés… mi experiencia primero y luego la racionalización de la misma) Pero si me preguntan qué es lo mejor para el niño o niña no podría defenderlo. Mi único argumento es la reducción de riesgos en función de una experiencia estadística que además es mía y solo mía (ni siquiera puedo avalarla con datos generales).

Daniel Kahneman no dice que el pensamiento rápido, intuitivo (lo que el llama Sistema 1) sea poco fiable. Al contrario es magnifico para multitud de cosas: conducir un coche de forma casi automática; percibir potenciales peligros, mantener conversaciones superficiales, …. No podemos siempre funcionar con el pensamiento lento o Sistema 2 (muy eficaz pero que consume gran cantidad de energía psíquica lo que nos agota y además no podemos compatibilizar con otras cosas).

Está claro que el  hombre llegó a la luna gracias al Sistema 2 de muchos ingenieros de la NASA. Pero esos mismos ingenieros no llegaban a su trabajo gracias al Sistema 2 sino al Sistema 1. Y probablemente también eligieron su pareja en base al 1 y no al 2.

Lo que Kahneman quiere aportarnos es que a veces debemos hacer un esfuerzo por comprobar nuestras intuiciones sino queremos errar en nuestros juicios. Y para ello, y esto ya no lo dice él sino yo, además de vencer la pereza de poner a trabajar al pensamiento lento (Sistema 2) debemos ser conscientes de cuándo estamos trabajando solo con el pensamiento rápido (sistema 1).

Y eso traducido a la toma de decisiones y la intervención en protección de menores nos debería llevarnos, creo yo, a la humildad de reconocer que muchas veces actuamos con intuiciones (expertas probablemente, pero intuiciones) y que deberíamos tener cuidado a la hora de lanzar nuestras sentencias tanto en una Comisión como a una familia, etc. Yo el primero.

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No. No se trata de una errata. Esta entrada del blog se llama “Flan de Protección de Menores” y no “Plan de Protección de Menores”. Espero que al final se entienda el porqué pero empezaré, para no aburrir, con una anécdota. Real aunque enmascarada por respeto a las personas implicadas.

En una ocasión en el centro donde trabajo propusimos el acogimiento permanente de una niña de unos 9 años. Una vez aceptada la propuesta por la correspondiente Comisión Técnica se buscó y se le propuso a una familia que ya había sido valorada como apta para el acogimiento.

Se le explicaron las características de la niña y las del caso, entre las que destacaba una circunstancia poco frecuente: no iba a haber visitas con los padres puestos que estos se habían desatendido de su hija pero sí con unas tías que, en un momento dado, habían acogido a la niña, aunque luego renunciaron a su acogimiento. La niña, en ese momento, demostraba tener un claro apego hacia ellas.

La familia aceptó conocerla y en los primeros contactos surgió una química especial y se programaron los siguientes encuentros. A su vez, y aunque la niña seguía de alta en el centro, se le asignó el equipo técnico que, una vez resuelto el acogimiento, sería responsable de la intervención en el mismo.

A las pocas semanas de estancia de la menor con la familia (durante unas vacaciones escolares) hablamos con la misma. En la conversación nos dieron un dato que me llamó la atención. La persona del nuevo equipo técnico les aconsejaba que la niña tuviera el menor contacto posible con sus tías. Quedé desconcertado pero no hice ningún comentario. En realidad no sabía si realmente les habría dicho eso o si eso es lo que ellos creían o querían haber oído.

No voy a entrar en quien tiene razón: si el centro y la comisión que propuso mantener el contacto con sus tías o si quien, hipoteticamente, proponía lo contrario. No es lo que interesa dilucidar ahora.

Pero lo que parece claro es que este caso tenía un Plan que temblaba como un Flan. Ahora decidimos esto pero los siguientes piensan lo contrario y luego…

Así que me voy a permitir pequeñas entradas donde reflejar estos temblores que a veces percibo en el sistema de protección por mi tierra. Temblores para nosotros, movimientos sísmicos para los menores.

Pero una advertencia. Ninguno de estas posibles entradas se hará pensando que es el otro el que se equivoca.Tengo a mis espaldas una significativa lista de pifias, desaciertos y propuestas desafortunadas. Alguna de ellas todavía me duelen cuando las recuerdo.

No. No se trata de eso. Se trata de ir ejemplificando los problemas estructurales que tiene la toma de decisiones en protección de menores. Aunque se me ocurren muchas variables (personas distintas decidiendo en distintos momentos) ahora sólo quiero sugerir que quizá deberíamos aprender a distinguir entre “opinión experta” y “opinión de un experto”. Pero para poder hablar con más propiedad prefiero avanzar en la lectura del libro “Pensar rápido, pensar despacio” del psicólogo y premio Nobel de Economía Daniel Kahneman (Ed. Taurus).

Seguro que este libro me va a dar mucho que hablar.

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Unos días antes de irme de vacaciones (y llevarme de vacaciones al blog que también necesita descansar) al llegar a mi trabajo vi que en el campo que está justo enfrente (para bien y para mal el centro de menores está en mitad de la huerta) habían aparecido unas pequeñas plantas completamente alienadas y separadas bastante entre si. Por lo que se cultiva en la zona yo sabía que no eran ni patatas, ni cebollas, ni sandias o melones, ni calabazas ni chufas para hacer horchata. Tampoco alcachofas que además ya no es temporada. También imaginé que eran árboles puesto que en ese campo su dueño lo utiliza como vivero de distintas especies de arbustos o árboles que finalmente vende y trasplanta.

Así que al entrar le pregunté a un compañero si sabía que era lo que habían plantado. Me contestó rápidamente porque él también lo había preguntado al mismísimo dueño del campo.

– Son moreras – me contestó.

Las moreras son árboles pequeños o medianos procedentes de Asia y que, además de utilizarse en calles con finalidad ornamental, son conocidos porque sus hojas son el alimento básico de los gusanos de seda.

Hasta aquí un simple avance en mis humildes conocimientos agrícolas. Pero al día siguiente mientras aparcaba vi como dos operarios estaban clavando estacas de un metro y medio de alto y de un grosor significativo. Se ayudaban de un tubo metálico, cerrado por un lado, que lo introducían por la parte de arriba de la estaca, más delgada que él, y subiéndolo y bajándolo con fuerza conseguían percutir sobre la estaca y que ésta se clavara en la tierra.

No me fijé en que lugares decidían colocar las estacas pero era evidente que no había una a cada lado de cada morera. No eran un tutor para la planta.

Probablemente pasó un fin de semana y el lunes ya pude contemplar todo el trabajo terminado. Tras colocar un numero de estacas separadas y alienadas, las habían utilizado para tirar unos fuertes alambres o cables en horizontal y en su parte superior. Los alambres pasaban justo por encima de las distintas líneas de plantas. Pero tampoco eran tutores porque cuando las plantas llegaran a esa altura ya no serían necesarios.

Pero de los cables, bien tensos, se sujetaban regularmente unas cañas delgadas que curiosamente se enterraban en su parte inferior justo al lado de cada una de las moreras que ya se habían plantado días antes. Estas si iban a ser las tutoras de cada uno de los arbolitos.

Es decir, se colocan los arbolitos y luego se clavan estacas estratégicamente para luego tirar cables en varias filas a lo largo del campo. Cables que servirán de anclaje a los tutores de cada árbol.

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O lo que es lo mismo: se clavan tutores (estacas) para los tutores (cables) de los tutores (cañas) de las plantas.

Pensé que en realidad la resiliencia debe funcionar así. Gracias muchas veces a una disposición sistémica de tutores, tutores de tutores y tutores de tutores de tutores.

Pensé que cómo se parecía ese campo a las diapositivas que utilizo a veces para señalar la interacción de disposición de recursos externos, adquisición de recursos internos y adquisición de significado, sentido o perspectiva. Eso que un día también me atreví a llamar modelo sináptico de la resiliencia.

Y también pensé ¿que pasaría si el sistema de tutores se hubiera plantado sin saber donde iban a crecer exactamente las moreras?. ¿Serviría esa estructura si tras realizarla se sembrara el campo con las semillas de las moreras y éstas se dejaran caer aleatoriamente al terreno?

Lógicamente la eficacia de los tutores sería porcentualmente menor (ya no el 100%) pero debido a lo tupido de los tutores y a la frecuencia de las cañas un porcentaje significativo de moreras encontrarían en su crecimiento un tutor que a partir de entonces le sirviera de guía para su crecimiento.

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Quizá 2/3 de las plantas sembradas se malograrían pero quizá 1/3 saldrían adelante. Es evidente que he escogido estas fracciones porque son las que se apreciaron en el famoso estudio longitudinal de Werner y Smith que dio lugar al paso del término resiliencia a las ciencias sociales.

Y con todo esto me reafirmo que el proyecto “Estrategias para la resiliencia” (recién iniciado en este blog y ahora reajustándose por Rosa Herrera y por mí) tiene sentido y va mucho más allá de una serie de ideas puntuales o anecdóticas.

Claro que se necesitan grandes ejes epistemológicos que cambien la mirada en aquellas instituciones que quieren adoptar el modelo de la resiliencia. En ello la gente de ADDIMA ya son veteranos en proponernos como deben ser esos puntales o estacas

Pero también necesitamos ejes teóricos (cables) en los que se sujeten las  cañas donde una víctima de la adversidad pueda apoyarse y levantarse. Pero como, mientras no se demuestre lo contrario, “las personas tienen patas” y se desplazan… mejor plantar diferentes tipos de tutores (estrategias) y que sea el individuo el que se agarre al que mejor le venga.

Creo sinceramente que quizá este es el camino para convertir los centros, recursos y servicios no en guetos o viveros de víctimas sino en viveros para el resurgir de la vida.

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