Opiniones expertas versus opiniones de expertos

Gracias a un comentario de Rosa Fernández (Blog “Intimidades de la postadopción”) a la anterior entrada (“Flan de Protección de Menores”) reviso la misma y, además de corregir bastantes errores de redacción, me doy cuenta de que quizá no quede clara mi referencia al libro de Daniel Kahneman

“Pensar rápido, pensar despacio”. Así que ésta es un apéndice de aquella.

Por explicarlo lo más directo que sé: No todas la opiniones o juicios que una persona experta hace en algo de su especialidad son opiniones expertas.

Un experto puede dar una respuesta intuitiva a un tema de su campo en la que cae en un error como cualquier otra persona que no tenga su experiencia. Y eso es debido simplemente a que la estructura y funcionamiento de la mente es igual en un experto que en un lego. El funcionamiento de la mente en todos nosotros hace que nuestras intuiciones más evidentes (esenciales para supervivencia y la vida cotidiana) puedan ser erróneas debido a una serie de sesgos o distorsiones mentales.

El lo explica muy bien con ejemplos. Le robaré dos.

Imagina que te presentan o describen a una persona y descubres que es  tímida, reservada, muy ordenada y metódica. Pero no sabes a qué se dedica ¿Qué es más probable que sea? ¿Bibliotecario/a o agricultor/a?

A esta pregunta la mayoría de las personas contestan que la primera opción… ¡incluso autores de libros de estadística! Sin embargo cuando pasamos del pensamiento rápido, intuitivo, al pensamiento lento, multitarea…. nos damos cuenta que si la proporción de agricultores y bibliotecarios es de 20 a 1 tenemos que concluir que es mucho más probable que se dedique a la agricultura. Simplemente porque hay muchos más personas que se dedican a la agricultura.

El otro ejemplo que utiliza magistralmente Daniel Kahneman es el de el caso de el director de una gran empresa norteamericana de inversiones que, a título personal, invirtió una gran cantidad de dinero en la Compañía Ford. Cuando le preguntó el porqué de esta inversión descubrió que simplemente le encantaban los coches de esa marca y que le ilusionaba formar parte de esa compañía. No había ni una sola razón basada en el análisis concienzudo del mercado y de la situación financiera de la compañía. El experto en inversiones invirtió su dinero en base a cuestiones sentimentales.

Además de ello las opiniones (expertas) de un o una experta no es que, según este autor, estén fundamentadas en un conocimiento lento y racional de hechos y datos. Sino que lo más probable es que se basan simplemente en tener a su disposición (en su memoria) una muestra muchísimo más grande de casos que le permiten detectar cosas que otras personas no podríamos. O por decirlo de otra manera: experto viene de experiencia. Experto no viene de racionalidad o análisis.

El técnico experto de la lavadora no arregla la tuya tras estudiarse los circuitos y las características del modelo. Detecta la avería en función de que tiene en la memoria al menos una lavadora a la que le pasaba lo mismo que a la tuya. Esto no es malo. Es muy útil y bueno en muchos casos.

El problema es cuando atribuimos a los expertos sabiduría y racionalidad en todos sus juicios en el campo de su saber.

Hoy en día muchos expertos nos explican la crisis económica que atravesamos pero ¿cuantos de ellos nos advirtieron cuando está aún no se había manifestado?

Y ¿qué tiene que ver todo esto con la toma de decisiones en protección de menores?

Pues que las decisiones se basan en criterios de distintas personas de supuestos expertos y expertas. No quiero enrollarme así que usaré el ejemplo de una Comisión Técnica y entonces debo señalar que:

  • No todos sus miembros son expertos. Alguno acaba de llegar al puesto o la jefatura. Alguno tiene la misma formación en protección de menores que yo en física cuántica.
  • No todos los miembros tienen el mismo nivel de conocimiento del caso y de sus detalles. La mayoría va a conocer el caso por la descripción que en unos minutos hace la persona que instruye el expediente. Y que puede estar más o menos inspirada.
  • Tengo un compañero capaz de acertar la decisión de una Comisión conociendo quienes la forman.

También puedo poner ejemplos personales:

  • Una vez en una comisión un compañero me dijo que no podía proyectar en el caso mi experiencia como familia acogedora. Me pregunto qué es lo que creía él que proyectaba él. Según Daniel Kahneman él debía creer que tras su juicio había una ingente cantidad de conocimientos fiables y de sesudos análisis de los mismos. Pero lo más probable es que simplemente (y ya es bastante) hubiera miles de casos entre los que él podría encontrar algunos parecidos o semejantes para contrastar con el que se discutía. Lo que quiero decir es que ambos no sentábamos a la mesa con una maleta de experiencias. En la suya quizá habría más experiencias como técnico que yo (lleva más tiempo en esto que yo) pero en mi maleta había experiencias que él no tenía (las de acoger). ¿En base a qué yo debía retirar una parte de mi experiencia y él no? (Como si eso fuera posible además). Podría entender que me invalidara como miembro de la Comisión o que me prohibieran trabajar en esto. Pero no el argumento de “no proyectar parte de mi experiencia”. Porque insisto, a parte de imposible, es injusto. Todos los técnicos proyectan sus propias historias personales en sus propuestas o criterios. (Que un niño en acogimiento permanente (y no en preadoptivo) no se relacione con su familia de origen ¿es sensato o simplemente es cómodo para acogedores y… técnicos?)
  • Últimamente tiendo a recomendar familias compuestas por un sólo adulto y sin hijos como más fiables para casos de acogimiento más complicados. ¿Puedo asegurar que es eso lo mejor? No. Entonces ¿qué me lleva a pensarlo? Simplemente que entre los casos de fracaso de acogimiento que conozco no recuerdo ninguno de monoparentalidad. (No van primero los argumentos: menos probabilidades de conflicto…. y luego los casos. Sino al revés… mi experiencia primero y luego la racionalización de la misma) Pero si me preguntan qué es lo mejor para el niño o niña no podría defenderlo. Mi único argumento es la reducción de riesgos en función de una experiencia estadística que además es mía y solo mía (ni siquiera puedo avalarla con datos generales).

Daniel Kahneman no dice que el pensamiento rápido, intuitivo (lo que el llama Sistema 1) sea poco fiable. Al contrario es magnifico para multitud de cosas: conducir un coche de forma casi automática; percibir potenciales peligros, mantener conversaciones superficiales, …. No podemos siempre funcionar con el pensamiento lento o Sistema 2 (muy eficaz pero que consume gran cantidad de energía psíquica lo que nos agota y además no podemos compatibilizar con otras cosas).

Está claro que el  hombre llegó a la luna gracias al Sistema 2 de muchos ingenieros de la NASA. Pero esos mismos ingenieros no llegaban a su trabajo gracias al Sistema 2 sino al Sistema 1. Y probablemente también eligieron su pareja en base al 1 y no al 2.

Lo que Kahneman quiere aportarnos es que a veces debemos hacer un esfuerzo por comprobar nuestras intuiciones sino queremos errar en nuestros juicios. Y para ello, y esto ya no lo dice él sino yo, además de vencer la pereza de poner a trabajar al pensamiento lento (Sistema 2) debemos ser conscientes de cuándo estamos trabajando solo con el pensamiento rápido (sistema 1).

Y eso traducido a la toma de decisiones y la intervención en protección de menores nos debería llevarnos, creo yo, a la humildad de reconocer que muchas veces actuamos con intuiciones (expertas probablemente, pero intuiciones) y que deberíamos tener cuidado a la hora de lanzar nuestras sentencias tanto en una Comisión como a una familia, etc. Yo el primero.

2 Comments

  1. Hola Javier, una vez mas me alegras una mañana reflexiva con tu prosa clarividente.
    Claro que actuamos con intuiciones, que derivan de una maleta (a estas alturas demasiado pesada a veces) de experiencias. Y claro que es absolutamente imprescindible verificar con el Sist. 2 si el piloto automático del 1 funciona correctamente. Como tambien creo que es muy enriquecedor “comprender” los automatismos de los otros. Saber como funcionan los procesos mentales (que influye en las opiniones de los otros) esa perspectiva, a mi me ayuda mucho (en la Comisiones Técnicas) a racionalizar los debates y relativizar en ocasiones el funcionamiento de mis procesos reflexivos.

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