Resiliencia y juego (II) La vida como problema perverso.

En la anterior entrada (Resiliencia y… juego) jugué (como parecía pertinente) a plantear una adivinanza. La de qué era lo que tenían en común ciertas escenas.

Escenas reales como la de un oso polar inhibiendo su instinto de caza para jugar con los perros de un campamento o población cercana.

O la de unos jóvenes que constituyen una agrupación o asociación cuyo objeto es imposible que tenga sentido en si mismo – excepto locura de todos su miembros- . Objeto (la liberación de enanos de jardín) que sólo puede ser entendido como la excusa para una actividad lúdica y relacional de sus asociados.

O la del auge de videojuegos que simulan una cierta realidad dándose la paradoja que descansemos de nuestro trabajo… ¡jugando a otro!

Pero no pude dejar de incluir también escenas salidas de la imaginación de alguna intuición artística genial.

Escenas que reflejan el inmenso potencial del juego para afrontar la adversidad. En un caso disfrazándola para escapar de ella (Tom Sawyer convenciendo a su amigo de que su castigo – pintar una vaya – era una cosa muy divertida). En otro (La vida es bella) convirtiendo el sinsentido en un juego para poder resistirlo. O de otra forma: utilizando el juego para dar sentido a lo que no lo tiene.

Es cierto que mi interés en este blog por el juego ya viene de largo. Sea porque un íntimo amigo, Gabriel Songel, artista reconvertido tempranamente en diseñador, es un experto en el juego y los juguetes y ya nos hemos cruzado un par de entradas (la de este blog la puedes leer pinchando aquí).

Pero además porque hace unos meses un cuñado (cuyo nombre no cito hasta que él no me autorice / Pepe Murgadas, que ya lo ha hecho) comenzó a hablarme de algo nuevo en lo que estaba trabajando: el gaming (yo lo traduciría por ludificación). Un planteamiento que trata de llevar los mecanismos característicos y propios del juego y lo lúdico a distintas facetas de la realidad con la intención de optimizarla.

Precisamente ahora la empresa en la que trabaja mi cuñado (Canales. Soluciones Digitales), junto con otras (BrainSINS y Gamemarketing) , organizan un Congreso en Valencia para el próximo día 20 de septiembre (puedes acceder a la web del mismo en http://gamificationworldcongress.com/) cuyo programa me parece apasionante.

Debo recordar que en la entrada “Otra vez a vueltas con el tiempo… y el jugar” incluí un párrafo de Stuart Brown, un médico estadounidense que se interesó en el tema del juego al descubrir, como perito en asesinos en serie, que algunos de ellos habían manifestado una carencia significativa de actividad lúdica en su infancia. El párrafo era el siguiente:

“Lo opuesto al juego no es el trabajo, es la depresión. Y creo que si uno piensa en una vida sin juego: sin humor, sin coquetería, sin películas, sin partidos, sin fantasía y demás… (debemos concluir que ) estamos diseñados para jugar durante toda la vida”.

Si esto es así, plantearse el gaming, la gamificación o la ludificación de la realidad tiene mucho más sentido que la mera chifladura de unos cuantos gurús de lo virtual, de los juegos online o del marketing empresarial.

Si realmente el juego, lo lúdico, es contrario a la depresión, su relación con la resiliencia es evidente. Se puede resistir y rehacerse de la adversidad inoculando pequeñas o grandes dosis de juego en ella.

Cómo prosperar en la era digitalLa relación de juego y realidad es mucho más compleja y difusa de lo que a primera vista puede parecer. No voy a detenerme ahora en ello. Pero no puedo dejar de terminar esta entrada con una reflexión que Tom Chatfield(escritor, comentarista y teórico de temas relacionados con la tecnología) hace en su libro “Como prosperar en la era digital” (Ediciones B. Colección The School of Life).

En su capítulo “El juego y el placer” recoge la diferencia hecha por Horst Rittel y Melvin Webber (1973) entre “problemas dóciles” y “problemas perversos”.

Los problemas dóciles son problemas en los que la persona que intenta resolverlos dispone de todos los datos necesarios y sabe desde un principio que existe una solución definitiva o un resultado correcto. Juegos como el ajedrez, el parchís, un crucigrama, etc. son ejemplos de problemas dóciles. Tenemos los datos, las reglas y habrá un desenlace tarde o temprano si manejamos, sin trampas, unos y otras. De igual manera, digo yo, reparar un coche o una lavadora será casi seguro un problema dócil para un buen mecánico o técnico en electrodomésticos.

Pero añade Chatfield: “Por otro lado, están los problemas «perversos»: los que no pueden enunciarse de un modo inequívoco y que no tienen una solución única o definitiva. Cada problema perverso consta de un conjunto singular de circunstancias, entrelazadas a su vez con otros conjuntos de problemas. Un problema perverso típico es el de la salud económica de un país o una empresa, o el intento de una persona de decidir qué medidas debe tomar en su vida personal”

En los problemas perversos lo único que podemos hacer es encontrar, no una solución, sino una estrategia que permita descomponerlo en problemas más sencillos en la esperanza de poder enfocar mejor cada uno de ellos o incluso que alguno acabe siendo un problema dócil.

La conclusión está servida para Chatfield:

Tom Chatfield“Cuando jugamos, dejamos a un lado lo perverso para concentrarnos en lo dócil. Esto explica en gran parte por qué nos gusta tanto el juego y por qué, desde una óptica evolucionista, este tiene tanta importancia en el reino animal. El juego es una actividad segura que nos ayuda a ejercitar destrezas que van desde la coordinación y el combate hasta la velocidad y la habilidad para escondernos. El propósito del juego es practicar para la vida, pues la vida en sí misma nunca es una práctica. En el mundo real, los momentos y las oportunidades solo se nos presentan una vez; de ahí «la insoportable levedad del ser», en palabras del escritor checo Milan Kundera”

Quizá, como mantiene el filósofo Alexandre Jollien, la vida no tiene solución… porque no es un problema. Pero desde luego, si fuera un problema, está claro que es un problema perverso y no un problema dócil.

Para mí el argumento de Chatfield es, junto con el de Stuart Brown, suficientemente estimulante para interesarnos en este blog por lo lúdico.

Es curioso. Hace un tiempo cuando decidí estructurar todos los factores de resiliencia en externos, internos y de significado (basándome, claro está, en Boris Cyrulnik) entre los primeros incluí el sustento físico. Era algo evidente (no hay resiliencia sin resistencia).

Y para definir el sustento físico recogí lo que se señalaba en la conocida “Casita de la resiliencia”. El suelo lo formaba la satisfacción de las necesidades físicas básicas: refugio (vivienda, ropa) alimentación, salud y … juego. No sé si la necesidad de juego es una necesidad material pero desde luego, en todo caso, será la necesidad psíquica más cercana a las físicas.

Seguiré atento a ver, si como algunos mantienen, se puede llegar a ludificar la realidad incluso en cosas tan serias como el trabajo, el comercio, la solidaridad, la salud pública…

No sé que pensar. Aunque desde hace unos meses algunos de mis hijos juegan en un ipod o un smartphone a un juego en el que obtiene chucherías virtuales. ¡Angelitos! – pensaba yo – Hasta que descubrí que luego podían ir a una determinada franquicia y canjearlas (sin coste) por chucherías… ¡reales!

(Y puedo prometer que no es porque les haga publicidad con la foto de abajo)

 

4 Comments

  1. Hola

    Quiero darte las gracias por el blog, decirte que no he parado de leerlo desde que lo he descubierto y que voy a tener que dedicar varias vidas a leer todos los libros que recomiendas, ver todos los documentales y películas que aconsejas y digerir todas las reflexiones tan interesantes y profundas que nos lanzas en cada entrada.

    Me dedico a la enseñanza con adolescentes. Les doy lengua y literatura y estoy especializada en escritura terapéutica, por lo que en clase utilizo a menudo ejercicios para aumentar la autoestima, para el autoconocimiento, para que aprendan a desahogarse, para que rompan bloqueos y distorsiones cognitivas, para que descubran que tienen en ellos un amigo gracias a la escritura y que aprendan a mirar para fuera, a percibir la belleza del mundo en lo cotidiano. Solo quería decirte que puedo mandarte alguno de estos ejercicios que a veces he comprobado que les vienen muy bien a aquellos chicos con dificultades familiares y que normalmente piden este tipo de actividades, aunque en clase tengan una actitud negativa y se nieguen a estudiar. Si te interesan, dime tu correo y te los mando. Estaré encantada de contribuir en algo en esa labor maravillosa que estás haciendo.

    Igual que tú soy una enamorada de la terapia breve. Nardone vendrá a Madrid a dar un seminario de un fin de semana sobre obsesiones, compulsiones y manías, por si te interesa.

    Tu blog es inagotable! Muchas gracias por compartirlo y por todo lo que das.

    Reyes

    1. Hola, Reyes:
      ¡Quien me iba a decir a mí que hace 3 años decidí colgar en el ciberespacio “mis movidas” que alguien lo iba a considerar “un blog inagotable”! Alucino.
      ¡Claro que me interesa tu trabajo y más viendo lo que coincidimos en formas de entender la, llamésmosle, relación de ayuda! (terapia breve estratégica, narrativa…) Puedes mandarnos lo que quieras a resilienciavalencia@gmail.com o a javier.romeu@gmail.com. Pero si me lo mandas… o autorizame a nombrarlo o citarlo en el blog o mejor aún ¿porque no redactas el email de forma que lo pueda copiar y publicar? Como quieras.Ya me dices.
      Le sigo la pista a Nardone (tengo todos sus libros) y lo he podido escuchar en directo en 2 ó 3 ocasiones. Pero me temo que mis obligaciones familiares me lo van a poner un poco difícil.
      Espero/ esperamos tus noticias. Por cierto… ¿no seras la profesora de “Diarios de la Calle” … je, je…)

  2. Hola reyes, yo también estoy interesado en poder leer algo de la escritura terapéutica y de esos ejercicios de los que hablas. Además subscribo lo que has comentado del blog. Un saludo.

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