Apego seguro versus apegamento

Imagina, por favor, esta escena.

La familia de, llamémosle Eusebio, de 4 años, ha venido a visitarlo al centro de menores donde está ingresado desde hace 15 días. Su mamá, con una cierta limitación intelectual; su hermana de 14 años (ídem), unos tíos y una hija de éstos.

Imagina al grupo sentado en una bancada de obra, uno al lado de otro y, en el centro Eusebio, encima de su madre que le abraza, le besa continuamente y le susurra al oído.

Mientras tanto los otros niños del centro corren por el patio. Algunos en bicicleta. Los más pequeños en “correcalles”. Juegan, ríen.

También debes imaginar un par de grupos más de padres e hijos en un día habitual de visita.

No sé que te parece a ti pero a mi me parecería la mismísima imagen del amor materno.

El problema es que yo la vi (en mi imaginación, claro) y seguí viendo la misma escena a los 10 minutos (imaginados, claro). Y a los 30. Y a la hora. Eusebio sigue abrazado por su madre. A la hora y media los familiares se salen fuera. Un cigarrito y un “habráqueirse¿no?”. A las dos horas me imagino que le digo a la madre de Eusebio que es la hora de las duchas. El niño llora y la madre no encuentra el momento de soltar a su hijo. Incluso en la puerta un familiar le insta para que se separe de él.

Y en mi imaginación de que soy el psicólogo del centro imagino qué habrá pensado Eusebio mientras estaba encima de su madre. Me vienen a la cabeza varias posibilidades pero no puedo dejar de apostar por una:

“¡Jo! ¡Como me quiere mi mamá!… ¡Si me voy a jugar la mato!”

 

Y aceptando esta posibilidad recuerdo (en la imaginación) el día que Eusebio llegó al centro. Imagino que la persona encargada de atenderles no estaba y que les atendí yo.

Eusebio vino colgado de su madre como una cría de Koala a la suya. De tal modo que la entrevista de ingreso hubo que hacerla con él presente. Al acabar y con la intención de “despegarlo” les propuse imaginariamente enseñarles el centro.

Y sí. Hubo dos momentos en que Eusebio espontáneamente se despegó y se fue a jugar con dos niños de su edad que esa mañana estaban en el centro. Iba pero siempre acababa volviendo al regazo de su madre.

En aquel momento imaginado pensé que el niño se había despegado porque habíamos conseguido distraerle.

Pero después de imaginar la escena de las dos horas de visita empiezo a sospechar que ocurrió otra cosa. Que fue Eusebio quien aprovechó dos momentos en que su madre estaba distraída viendo el centro para irse a jugar.

¡Que cosas se me ocurren!¡Ni que una madre pudiera necesitar más a su hijo que lo que éste la necesita a ella!

4 Comments

  1. Javier, a pesar de ser la primera vez que escribo algo en tu blog, te sigo en todo lo que escribes, en tus recomendaciones de libros, que siempre son muy interesantes. La historia de Eusebio me ha hecho recordar muchas otras historias que hemos compartido como la que relatas de este niño.
    ¡Como echo de menos poder trabajar con esos niño/as!.

    1. Una de las alegrías mayores que me podría dar la vida es que tuviéramos la oportunidad de volver a compartir trabajo. Tengamos paciencia con la vida. Y un besazo.
      Mientras tanto este es tu blog para comentar o para… ¡publicar!

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