Fórmulas de resiliencia (I)

Me encantaría. Pero va a ser que no.

Pagaría por tener una fórmula para generar la resiliencia.

Llamaría corriendo a mis seres queridos que están sufriendo y les diría: No puedo quitarte el dolor ni volver el tiempo atrás. Pero si me haces caso te garantizo que aunque nada será igual, todo será estupendo.

Me temo (o quizá me alegro) que, en este sentido, no existe fórmula o fórmulas para la resiliencia.

Pero sí podemos desarrollar fórmulas (matemáticas) para transmitir de forma rápida, eficaz y quizá divertida las ideas esenciales sobre la resiliencia.

Desde que llevo con “esto de la resiliencia” he oído o leído que la mejor manera de traducirla al castellano ortodoxo (hoy por hoy la palabra resiliencia no está en el diccionario de la Real Academia de la Lengua Española – Ver comentario abajo) era como resistir y rehacerse. O lo que es lo mismo:

Resiliencia = Resistir + Rehacerse

Y con esta sencilla expresión se dejaba patente que la resiliencia es algo o mucho más que resistir o aguantar la adversidad. Además la idea de rehacerse lleva implícita la idea de volver a empezar.

También hace unos años buscaba un esquema para recoger todos los aspectos o variables facilitadores de resiliencia. Hasta que Boris Cyrulnik en una conferencia me lo regaló. Y su idea se podría resumir en la fórmula:

Posibilidad de resiliencia = Disposición de recursos externos + Adquisición de recursos internos + Significado

Es una expresión que, como tal, aporta un plus al contenido de sus partes y es la idea de que si falta uno de los términos la resiliencia deja de ser posible. Es cierto que esta idea es esencial para la forma “francófona” o europea de concebir la resiliencia y no para otros muchos autores. Pero es la manera que yo defiendo en este blog.

Así que, de una forma u otra, ya estábamos usando fórmulas matemáticas como estrategia didáctica.

Lo mismo le debió pasar a un tipo americano llamado Chip Conley.

Cuenta que, en unos momentos bien jo…robados de su vida, leyó el libro de Viktor Frankl “El hombre en busca de sentido” y que de alguno de sus párrafos destilo esta sencilla fórmula (por cierto muy relacionada con la resiliencia):

Desesperación = Sufrimiento – Sentido

Esta fórmula se instaló en su cabeza y que le ayudó a darse cuenta de que no podía reducir el sufrimiento pero sí podía buscarle sentido y con ello disminuir la desesperación. A partir de ahí comenzó a utilizar las fórmulas matemáticas para analizar el mundo de las emociones y los sentimientos y la relación entre ellos.

Acaba de publicarse en España su libro “Ecuaciones Emocionales” (Ediciones B) y que aun estoy pensando sí recomendar o no (muy buenas anécdotas, fórmulas sugerentes… pero mensaje “todo depende de ti” que no acaba de encajar en la 2 fórmula que he señalado)

Y entonces pensé: ¿puedo encontrar fórmulas sugerentes para la resiliencia?. Rápidamente (tan rápido como mi neurona puede trabajar multitarea) me vinieron algunas a la cabeza .

Es mi intención ir compartiéndolas y empezaré por la que más orgullo me provocó por un ligero toque de humor.

Apoyo emocional = Reconocimiento del dolor + Acompañamiento + ¡Nada más!

He pasado muchas horas (la dichosa neurona) reflexionando sobre lo que es eso del apoyo emocional y a una conclusión sí he llegado. ¡Qué difícil es callarse cuando una persona te expresa su sufrimiento!

Somos seres empáticos (menos el psicópata de turno) y, cuando alguien nos importa, escuchar su sufrimiento nos mata. Queremos salir corriendo pero se supone que debemos seguir con el ser querido. Y es muy posible que:

  • le demos un consejo (dirigir su conducta)
  • le digamos que no es para tanto (quitar importancia)
  • preguntarle detalles (morbo o sospecha)
  • le digamos que se le pasará (obvio)
  • intentemos distraerle (quizá la opción menos mala pero no siempre respetuosa)
  • etc..

Cuando tengo la fortuna de dar una clase, curso o charla siempre le pido a la gente que imagine una situación de intenso dolor y que valore el efecto que le produce cada una de estas reacciones de los demás. Es contundente y, la verdad, nos solemos “echar unas risas”. Nos imaginamos cagándonos (perdón por la expresión) en nuestra bientencionada persona benefactora.

La anterior fórmula pretende ser un mantra que al evidenciar el término “Nada más” nos frene a la hora de relacionarnos con la persona que sufre. Porque como a veces digo, en esos momentos, digas lo que digas tienes todos los puntos para meter la pata hasta el fondo. Y si no nos mandan a esparragar es porque el sufrimiento será mayor que la asertividad o la rabia.

¿No es bastante con escuchar y reconocer su dolor y con permanecer a su lado?

Y como soy el primero que no aprendo a quedarme calladito (ya habrá oportunidad de hablar) espero que esta fórmula me ayude en el futuro a recordar que no soy salvador de nadie. Por mucha resiliencia que estudie o por mucho blog que escriba.

Y cuando escribo esto el dolor de personas muy queridas me duele a mí.

(No me hago responsable de que te guste si te lo compras aunque, ya ves, yo le he sacado partido)

4 Comments

  1. Ma avisa Pilar Surjo que la RAE ya ha incorporado al diccionario. Efectivamente en la versión online ya aparece con dos acepciones:
    1. f. Psicol. Capacidad humana de asumir con flexibilidad situaciones límite y sobreponerse a ellas.
    2. f. Mec. Capacidad de un material elástico para absorber y almacenar energía de deformación.
    GRACIAS PILAR

  2. Quizás no venga a cuento contar mi experiencia, pero… cuando he pasado por muy malos momentos hay una consante en las personas que me rodean: se ponen a sufrir más que yo. Las veo tan mal que a mi dolor se suma el suyo y me hacen sentir tan culpable que acabo tragándome mi dolor y sintiéndome una egoista . Acabo cambiando de tema o haciendo que no pasa nada o consolando al otro. Las consecuencias de esto han sido … son destructivas para mi.
    Con mi hija trato de todas las formas posibles CALLAR y no arrebatarle su dolor… ¡hay que ver qué dificil es¡. Y por supuesto no hacer como hacen conmigo.
    Y con tu permiso me llevo tu maravillosa ecuación que copio en mi agenda y la enmarco en fosforito para no olvidarla
    Apoyo emocional = Reconocimiento del dolor + Acompañamiento + ¡Nada más!
    un saludo

    1. Hola de nuevo “Cuadernos”
      Si no recuerdo mal es la segunda vez que comentas una de mis “elucubraciones” con una experiencia personal o familiar. No sabes lo que te lo agradezco pues el peligro de este blog es que se quede solo en teoría. Evidentemente en mi vida y en mi entorno próximo hay sufrimiento, como en la de cualquier persona. Pero en mi caso tengo que ser muy prudente pues no quiero que nadie de mis seres queridos me recriminen algún día ninguna referencia. Por eso te agradezco muchísimo tus comentarios porque me dan esperanza de que algo de lo escrito aquí resuena no sólo en los cerebros sino también en los corazones. Me ha quedado un poquito cursi quizá pero expresa bien lo que pienso y siento.
      También aprovecho para añadir una idea que se puede ver en el vídeo de Jorge Font que ya colgué en el blog y que viene a cuento del efecto a veces paradójico de los consejos a quien sufre. Dice que cuando está en el más profundo del sufrimiento los consejos son como ponerle a un secuestrado una música de fondo con cánticos de libertad.

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