Memoria y resiliencia

(Esta entrada iba a ser una simple reseña bibliográfica pero se me ha ido de las manos. Lo siento)

Si cada vez que redacto un post me acordará de etiquetarlo, cosa que muchas veces no ocurre, la etiqueta Cyrulnik permitiría averiguar el numero de entradas en la que este autor ha sido citado por mil. Calculo, a ojo, que en cada tres post un contiene su nombre. Y eso por no decir una de cada dos.

En realidad este blog podría considerarse un eco continuo de su obra.

Sé que no todo a todo el mundo interesado en la resiliencia le gusta su obra como a mi. Y que hay quien no comparte ciertos planteamientos suyos. Pero bueno… Es lo que hay.

Así que yo de vez en cuando intento averiguar si está escribiendo algo. Y esta vez me he llevado la alegría de que en Francia se acaba de publicar una nueva obra suya.

Sauve-toi, la vie t'appelle

Según lo que el Sr. Traductor de Google me ha contado en su pésimo castellano se trata de unas memorias. A las que ha titulado algo así como “Sálvate, la vida te llama” (o “Sálvate, la vida te está esperando”) y lo ha publicado la editorial Odile Jacob.

Cuando se publicó su librito “Me acuerdo…” ya expresó que había pasado 60 años elaborando intelectualmente el tema de la resiliencia porque no podía expresar abiertamente su historia.

Aquel libro, de muy pocas páginas, estaba motivado por el impacto de haber vuelto a visitar los lugares donde ocurrieron los acontecimientos más importantes de su infancia durante la 2ª Guerra Mundial. Pero la ficha del libro recién publicado señala que tiene 300 páginas. Parece que estamos ante unas verdaderas memorias.

Pero ¿qué son unas memorias? En una reseña de su nuevo libro, también gracias a Google aunque creo haberla mejorado, se dije:

Para Boris Cyrulnik la palabra "Memorias" no es sólo un género literario. También se refiere a nuestra capacidad para recoger recuerdos. ¿Cómo funciona la memoria, cómo selecciona, cómo se equivoca, cómo reconstruye la historia? Porque ella es crucial para la construcción de nuestra personalidad, sobre todo cuando, al comienzo de la vida, una emoción violenta y fundamental grabó el trauma insoportable. Los falsos recuerdos no son mentiras.  Son las mejores opciones para lo mejor y no para lo peor. La verdad narrativa no es la verdad histórica, es la remodelación que hace la vida soportable."

Ya al final de “Me acuerdo…” relata su propia experiencia con un falso recuerdo.

Siempre había recordado escapar, en su infancia, del cautiverio nazi gracias a que, una enfermera francesa le hizo una señal y, se escondió bajo un colchón en una ambulancia en el que yacía una moribunda. Tras lo cual el oficial alemán dio la orden de arrancar.

Según ese recuerdo se salvó gracias a una enfermera y a un oficial nazi benévolo que se ocupó de que la ambulancia cumpliera rápidamente con su cometido.

Sin embargo hace unos años se reencontró con la enfermera y habló con la mujer herida. Y descubrió que no se trataba de una ambulancia sino de una camioneta y que el oficial no había dado ninguna orden. Y que la camioneta arrancó porque, a quien lo ordenó, le daba igual lo que pasara con la mujer herida. Lo que quería era salir rápido de allí. Por propio interés.

Y Boris concluye:

“(…) Al manipular mi historia, es probable que sintiera la necesidad de pensar que siempre hay hombres indulgentes, cualesquiera que sean las circunstancias. De hecho, es el falso recuerdo el que sostuvo la coherencia de mi historia, puesto que el auténtico era la locura. Tuve por tanto que encontrar una coherencia que se pudiera dividir en partes: puesto que era una enfermera, entonces el vehículo, naturalmente, era una ambulancia, y puesto que se había puesto en marcha, ese oficial no podía ser más que un alemán amable. Ahora bien, ¡nada de todo eso era cierto!”

Por eso cuando se le plantea qué es lo que quiere compartir con los lectores con este nuevo libro contesta: “Me gustaría compartir una duda: La memoria que nos constituye verdaderamente ¿es una representación del pasado o la verdad pasada?

Y también el tema del silencio.

“Como la mayoría de los deportados que regresan de los campamentos, Boris Cyrulnik se refugió en el silencio después de la guerra. Él tenía que sobrevivir, y se quedó en silencio para ganarse la vida”. De hecho según el propio Cyrulnik su nuevo libro “…trata sobre la dificultad de hablar con aquellos que no quieren oír nada” .

Uno de los temas claves de su obra. La idea otra vez de la doble herida. Si mi tragedia no quiere ser escuchada por la gente que me rodea el trauma está a las puertas. Él se libro dedicándose a la psiquiatría.

No puedo cerrar este post sin recoger su humor cargado de profundidad como cuando en una entrevista, colgada en internet y a la que ya me he referido en otra ocasión, decía acerca de su pronóstico sobre la evolución del cuidado a la infancia: “Soy optimista. porque vamos hacia el desastre”.

En esta ocasión esta ha sido la pregunta y la respuesta que ha hecho que mientras las comisuras de mis labios se levantaban yo siguiera rumiando el contenido de su respuesta:

¿Qué es usted?
Mi editor dice que soy un gran escritor. Mi esposa dice que soy un marido perfecto. Mis hijos dicen que soy un padre adorable.
Sólo aquellos que no me conocen pueden decir que soy.

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