Juego y Vida

Por varios motivos intento no referirme en el blog al Centro de Recepción de Menores en el que trabajo. En primer lugar, evidentemente, por salvaguardar la confidencialidad de las historias de los y las menores que residen en él. En segundo lugar por respeto al trabajo de mis compañeros y compañeras. Y por último porque la institución en la que trabajo no me paga por escribir un blog.

Pero cuando aprendo algo en él que no puedo dejar de compartirlo con la intención de añadir un granito de arena a la difusión de lo que es la infancia desprotegida.

Y si una cosa observamos en mi centro es que prácticamente todos los niños y niñas (hasta 12 años) que ingresan en él con una medida de protección experimentan una, a veces espectacular, mejora en las semanas y meses siguientes. También es cierto que si su estancia se prolonga más allá, por ejemplo, de seis meses esta mejoría se frena o incluso pueden involucionar.

¿Cómo es posible que un niño o niña pueda mejorar en una institución? ¿En un centro donde constantemente entran y salen menores y donde constantemente cambian las personas que los atienden (turnos de trabajo, sustituciones, etc.)?

Cuando tengo que dar una explicación a este fenómeno suelo bromear hablando de la “Teoría del Caos Relativo de Romeu” (¿a quien no le gustaría pasar a la posteridad?). Según esta teoría, por llamarle d e alguna manera, los y las niñas mejoran en el caos de un centro de recepción porque proceden de un caos mayor. Al ingresar, el caos y la incertidumbre asociada  se reduce y mejoran.

La institución puede ser impersonal (procuramos que sea lo menos posible) pero al menos es predecible. Muy predecible. Hay un horario. Siempre hay desayunos, almuerzos, comidas, meriendas y cenas. Nunca, nunca, nunca los niños están sin algún adulto responsable que los cuide o supervise. Todos los días de cole se les lleva al cole. Todos los días se duchan o bañan. Y todos los días tienen ocasión para jugar.

Y si algo rompe la rutina cotidiana suele ser para bien. Ir al cine, una tarta de cumpleaños, una excursión al parque o a la piscina…

Creo que nunca tendré pruebas experimentales para avalar “mi teoría” pero, sinceramente no me importa. Estoy tan acostumbradoa este fenómeno que me parece algo evidente. Más aún, apuesto a que, sin conocer a ninguno de los residentes, podría detectar, solo por sus reacciones y en pocos días, a aquel que por error garrafal del sistema de protección procediera de una familia “normalizada” (Tranquilos. Es solo una fantasía y una fantasmada, no una propuesta)

Otra cosa que he aprendido (soy lento y torpe y me ha costado un poco) es que para que el psicólogo del centro (un menda) conozca a los y las menores es más útil “estar con ellos” que “someterlos a pruebas”. Así que últimamente procuro estar más veces con ellos y ellas  y, además, hacer menos yo y dejarles a ellos hacer más.

Así que cada vez más los observo jugar. Vamos a una salita de juego de las varias que hay en el centro y, más allá de una pequeña prueba o algo que quiera hablar con ellos, ahí estamos. Y el otro día, mientras una niña de unos siete años jugaba a construir una especie de ciudad con piezas de plástico, pensé que quizá habría que refinar la Teoría del Caos Relativo.

Además de mejorar porque se reduce el estrés (probablemente sutil) de un contexto familiar, muy personal pero muy impredecible, empiezo a sospechar que el centro les devuelve la oportunidad de jugar mucho y bien.

Tienen muchos espacios para ello. Tienen a su disposición muchos juguetes. Sitios a los que trepar y gatos a los que perseguir. Y sobre todo muchos, muchos… compañeros y compañeras de juego.

Pero… se supone que estos niños y niñas, cuando estaban con sus padre,s debían jugar más ¿no?. Sus padres probablemente no les exigen hacer los deberes, incluso a lo peor muchos días no los llevan al cole, o les dejan bajar a la calle mucho más que a un niño de una familia “responsable”. Mucho tiempo y libertad para jugar.

Siempre he pensado que la desprotección infantil, al proceder de la falta de responsabilidad parental, afectaba a las cosas serias de la vida de los niños: su salud, el estímulo para el aprendizaje… Pero empiezo a sospechar que la negligencia también afecta a la parte lúdica de su vida.

Y para seguir esta sospecha debo plantearme qué significa en realidad el juego. Aunque no soy especialista en el tema (seguro que alguno o alguna nos ayuda con sus comentarios) pienso que el juego es, no solo en el ser humano sino en todas las especies, un simulación segura (y por tanto divertida) de la vida (real o imaginaria).

Con el juego se desarrollan destrezas, habilidades, actitudes… para la vida porque se pueden probar opciones sin miedo, reintentar cosas, corregir errores… y así modelar comportamientos y experimentar modelos.

Pero creo que esta experiencia requiere, para ser verdaderamente enriquecedora, un contexto de seguridad que permita olvidarse de la vida y sumergirse en el juego. Se puede jugar en la incertidumbre pero no será un juego de calidad.

Y aunque me apunto que en un futuro debería analizar como la desprotección infantil afecta al juego de los niños y niñas, de momento se me ocurre que:

No debe ser tan divertido jugar a cocinitas cuando luego hay que hacerse la cena suponiendo que haya algo en la nevera.

No debe ser tan divertido jugar a “policías y ladrones” cuando tu madre te utiliza para robar en el supermercado.

No debe ser divertido jugar a la consola si estás muerto de sueño pero tu padre necesita un contrincante.

No debe ser divertido jugar en la calle cuando perder te puede costar algo que quieres mucho (tu colección de cromos o tu honor)

No debe ser tan divertido jugar a las cartas sin cartas o al parchís sin parchís.

Y no es lo mismo jugar a “Papás y mamás” que a “Muchos, muchos papás y la mamá” o a “Mamá ¿y papá?”

Así que empiezo a sospechar que las niños en situación de riesgo o de desamparo juegan peor precisamente porque son sus padres los que se toman la paternidad o la maternidad como un juego.

No sé si los niños y niñas del centro donde trabajo juegan más que cuando estaban con su familia pero creo que sí juegan mejor. Y si juegan mejor… mejoran.

Por aquello del humor iba a titular este post como “La Teoría del Caos Relativo de Romeu revisada lúdicamente por… Romeu”. Por aquello del anhelo de posteridad. Pero esos anhelos a veces matan. Así que “me estoy quitando”.

5 Comments

  1. Me apunto a la teoría del caos relativo de Romeu. ;)) Me parece una interesante teoría….. y si te parece bien, la comparto.

    Yo sólo le añadiría algo, que al final has dejado entrever, y lo has mostrado tímidamente. El desamparo, y lo que ello provoca en el niño. Ansiedad, miedos, falta de cuidados.. todo ello impide ser niño. Impide relajarse y jugar!!. Afecta al sistema nervioso y por lo tanto, también al comportamiento.

    Perdona por haberme atrevido !!!!! a veces soy una inconsciente ;))

    1. De eso nada, Rosa. Gracias. Es la puntilla final que le faltaba. Y lo que ocurre es que al no tener formación “médica o biológica”, por decirlo de alguna manera, nunca me atrevo a hacer afirmaciones contundentes sobre como lo sociofamiliar afecta directamente en lo biológico. Ten en cuenta que no soy ni Cyrulnik ni Barudy ni…
      Pero sí, efectivamente, parece ser que, por ejemplo, el estrés produce cortisol y que esta sustancia tiene la puñetera habilidad de matar neuronas,
      Pero quien quiera saber más de esto no tiene mas que pasarse por tu blog (http://rarezasdelaadopcion.blogspot.com.es)
      Un saludo y gracias por el comentario.

  2. Es increíble como haces lo complicado sencillo.
    sin embargo, estaba esperando la segunda parte de por qué se estacan o no acaban de seguir su progresión pasados una temporada, porque es algo a lo que le he dado muchas vueltas. Puede ser que una vez dentro de la institución en la que se encuentran de una manera organizada, rutinaria, … se den cuenta que están una vez más en un subcaos de turnos, de estilos educativos muy diferentes, llevando en definitiva una vida semi-desestructurada.
    Esa vida es la que no permite dar significado a tu existencia, una de las cosas que tú siempre citas como elemento fundamental de la resiliencia. si yo me vinculo a un educador/a pero no me sé sus turnos, ni sus vacaciones, y mucho menos me va a llevar con ella ¿qué capacidad tengo de elaborar significados a corto y medio plazo? es decir, la o las personas que me reconocen en el día a día, las que me apoyan, me dan afecto y me facilitan forman parte de una manera artificial en mi historia y me he dado cuenta. No sé, ya te digo que le doy muchas vueltas.
    A lo mejor en la segunda parte encuentro la solución…..
    un abrazo
    Pd. yo tb a muerte con la la teoría del caos relativo de Romeu 😉

    1. Me temo Iñigo que la segunda parte se desarrolla por otros derroteros.
      Pero cojo el testigo y creo que tienes razón que se necesita completar la entrada con (¿una tercera?) entrada. En la que si me permites recogeré tus acertadas observaciones y si la neurona me da para más aportaré mi granito de arena.Pero creo que los tiros van porque en los centros se satisfacen unas necesidades más básicas pero no otras como las de identidad y pertenencia. Gracias por tu aguda observación. Un saludo.

    2. Hola Iñigo!! Atreviéndome a opinar sobre tu pregunta y aceptando como bueno lo que Javier dice de la no satisfacción en contexto de centro de los sentimientos de pertenencia e identidad (¿cómo hacer en ese lugar de paso lo que le lleva a cualquier persona un largo tiempo en su familia de origen?¿pertenencia a qué o a quienes?), añadiría la importancia del propio proceso de regulación del niño, que va siempre de fuera hacia dentro. El niño cuando llega encuentra lo que necesita:un contexto predecible, sistematizado, seguro… que le ayuda a regular la conducta “de fuera” con elementos externos por parte de referentes y que contribuye a la formación de hábitos, desarrollo de la autonomía, resolución de conflictos con los iguales…y todo ello gracias a la resiliencia secundaria que le da seguridad al niño.

      Pero …¿se trabaja en los centros de menores la regulación interna del niño a nivel emocional (de dentro) ayudándole a reelaborar su historia, trabajando su dolor y el impacto sobre él de lo que motivó su estancia en el centro?¿hay recursos humanos y económicos para apoyar al niño en su proceso de regulación interior ofreciéndole un espacio único y frecuente desde donde poder desbloquear aquello que le hace estancarse en el progreso inicial? ¿se realiza un trabajo reparador que proporcione al niño un modelo alternativo de ver el mundo cuando el mundo real del niño no es tan bonito ni brilla siempre el sol en su cielo? Los psicólogos de los centros no son magos (¿no Javier?) y la burocracia de informes, reuniones, llamadas, visitas, más reuniones, más informes…resta tiempo para un trabajo terapéutico que conseguiría poner en marchar al niño estancado y movilizarlo hacia una sana interiorización de su historia de vida. Elaborar significados, como otras muchas cosas, lleva su tiempo y requiere las tres P: permanencia, paciencia, y perseverancia. Saludos

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