Arcos y flechas narrativas. Altruismo y relatos.

El simposio “Duelo y Sentido” organizado por la Asociación Viktor Frankl de Valencia me ha dejado muchas de las que yo llamo “ideas sugerentes e indelebles”.

Son esas ideas que por si solas justifican tu asistencia a una charla, conferencia, jornada, curso… Son sugerentes porque no son un simple conocimiento (“Los antidepresivos del tipo tal o cual actúan de tal o cual manera y…”) sino que se quedan en tu cabeza y empiezan a generar nuevas ideas en la medida que se combinan con otras que ya estaban allí (“Si esto es así entonces eso explicaría porque aquello y además tiene que ver con lo otro…”). No son la pieza de puzle que simplemente rellena un hueco. Son más bien la pieza que al ponerla te conecta dos secciones que estabas construyendo por separado.

Y son indelebles porque te ha sido presentada de una manera (imagen, metáfora, esquema o relato) que intuyes que no tienes que hacer ningún esfuerzo para retenerla. Te acompañará siempre. Y cuando la necesites ahí estará.

Por ejemplo como cuando Javier Barbero, psicólogo ´clínico especialista en Cuidados Paliativos, comparaba el acompañamiento a una persona en duelo a cuando Paco de Lucía (o cualquier otro guitarrista) acompañaba a Camarón de la Isla (o a cualquier otro cantante de cante hondo). La guitarra debe estar afinada a la voz del cantante; el guitarrista deberá estar en sintonía con él; deberá adaptarse al ritmo del mismo (a veces siguiéndolo, a veces marcándolo) y sobre todo, permanecer en segundo plano.

Pero hoy prefiero centrarme en una idea descubierta en el taller de Robert A. Neimeyer, psicólogo de orientación constructivista. Fue realmente instructivo y muy, muy divertido (a pesar del tema). Y al final del mismo la sorpresa de una idea sugerente e indeleble. Pero en coherencia con ello yo también lo dejaré para el final.

Neimeyer trabaja en la Universidad de Memphis. Una ciudad donde según el mismo cuenta el índice de mortalidad violenta y especial entre la población negra es espectacularmente superior a los promedios nacionales e internacionales.

Llama también la atención que en un estudio que su equipo llevó con una muestra de familiares de muertos de forma violenta, un 30% no presentará un duelo complicado o patológico. Supongo a que a muchos nos llamó la atención que el porcentaje fuera similar al porcentaje observado en el famoso estudio de Werner & Simith que dio lugar a su artículo “Resilient Child” y al trasvase del concepto de resiliencia de la física a las Ciencias Sociales.

Hubo dos preguntas al respecto. Se le preguntó qué les pasó a ese tercio de personas para poder recuperar el sentido de sus vidas a diferencia del resto que aún estaban en ello en ese momento. La respuesta corrigió la pregunta: no necesitaron recuperar el sentido en sus vidas porque la muerte del ser querido no lo había derribado. Y quiero puntualizar la expresión “sentido en sus vidas” que me parece mucho más “frankliana” que “sentido de sus vidas”.

Otra participante me robó la pregunta y le planteó si habían investigado las condiciones que podían justificar esa resiliencia. Reconoció que no habían desarrollado esa posible línea de investigación pero que él creía que en esos casos existían una serie de recursos externos (relacionales, comunitarios…) e internos que les permitían mantener una vida con sentido que les ayudaba a superar la pérdida.

Esto podría significar que desde las gafas (supuestas) de un psicólogo constructivista de Menphis se ve la resiliencia de un modo muy similar a como la ve desde sus gafas (esta vez reales) el mismo Boris Cyrulnik.

Todo esto iba surgiendo mientras el terapeuta e investigador nos exponía su método para ayudar a personas con dificultades para desarrollar el duelo por la pérdida de un ser querido, y que se fundamenta en recorrer las siguientes fases:

1. Recomponer la historia.

En realidad la historia queda rota por la desgracia. La muerte del ser querido es como la pelota de beisbol o tenis que golpea el cristal y lo hace añicos. Esta fase es la de recoger los trozos para intentar recomponerlos, pegarlos…

2. Recontar la historia.

Muy interesante las distintas técnicas expuestas para ayudar a recontar minuciosamente la historia de lo ocurrido ayudando a la persona sufriente a entrelazar (en su acepción literal de hacer una trenza) lo ocurrido con lo sentido y con lo pensado en cada momento.

Se trata no de una simple repetición dela tragedia sino de una verdadera revisitación de la misma guiada por un testigo (el terapeuta) que vigilará y acompañará en la misma.

3. Reconstruir la historia.

En esta fase la tarea fundamental es la de construcción del sentido que según Neimeyer es el más potente mediador para el duelo complicado.

4. Integrar la historia.

Se detuvo especialmente en la técnica creada por él junto con Smith de los Virtual Dreams (Sueños Virtuales)

5. Extender la historia.

Se utiliza cualquier estrategia que ayude a transmitir o contar con pleno significado la vida del ser querido desaparecido.

Y es aquí donde salta la idea, para mí, sugerente e indeleble.

Para contar las distintas fases Neimeyer se apoyó en dos casos reales con permiso de sus protagonistas. Uno de ellos era la historia de una madre que pierde a uno de sus hijos, de unos 19 años, en un accidente de tráfico.

En el proceso de terapia la madre conecta con las inquietudes espirituales de su hijo fallecido y que ella conocía, fruto de lo cual decide crear una asociación filantrópica llamada “Team Max” (El equipo de Max). Neimeyer proyecta fotos de pancartas con el nombre de la asociación en la que se ve una foto de Max sonriendo. Después muestra fotos de distintos miembros de la asociación, todos ellos con una camiseta con la misma foto de Max, y entre los que se encuentra la novia del mismo quien conducía el coche al sufrir el accidente.

La Asociación también colabora para proyectos concretos con otras. Una foto muestra a un hijo de Neimeyer con una camiseta de una asociación junto a otro miembro de Team Max. Nos explica, yo juraría que con emoción, como Team Max había conseguido enviar 4 toneladas de material de primera necesidad a Haití tras el terremoto de hace pocos años.

Y al ver la imagen sonriente de este chaval fallecido trágicamente en el pecho de otros chicos y chicas realizando voluntariado social pude ver gráficamente la idea de “extender la historia”

Neimeyer utiliza el cuadro “Despedida” (1959) de la mejicana Remedios Varo para ejemplificar esta fase de la terapia.

Los amantes de separan pero sus sombras permaneces juntas.

La madre de Max tras recorrer todo un arco narrativo (recomponer, recontar, reconstruir e integrar la historia) estuvo en disposición de la extenderla al mundo.

En realidad yo veo más esta última fase no como parte del arco sino como una verdadera flecha narrativa.

En mi modelo personal de la resiliencia, que un día me atreví a llamar sináptico, los distintos recursos externos e internos se combinan de una manera específica o peculiar en cada caso para construir significado o sentido y rehacerse de la adversidad.

Narración y Altruismo son a mi entender dos sectores del puzle de los recursos internos para la resiliencia y Neimeyer me mostró una de las piezas que los conecta. De ahí que muchas personas que han sufrido situaciones límites necesiten extender su historia o la de sus seres perdidos a través del altruismo.

De todos modos no siempre es necesario crear una asociación de voluntariado para que la historia de un fallecido se extienda. Me viene a la cabeza la historia de Pablo Domínguez Prieto. Un mes antes de su muerte en un accidente haciendo montañismo este joven sacerdote dio una conferencia a la que acudió de mala gana un actor, guionista y productor de cine y televisión, Juan Manuel Cotelo.

Tras su fallecimiento, e interrogado por los testimonios de todos los que le conocieron, se propuso el proyecto que acabó con el estreno de la película “La última cima”. Documental que se proyectó en muchos cines comerciales de España por petición popular. También se han publicado dos libros recogiendo dos Ejercicios Espirituales que Pablo dirigió antes de su muerte. Uno de ellos fue la última tarea pastoral que realizó antes de morir. Que me perdonen sus familiares o sus seres queridos pero Pablo ha desarrollado su vocación más allá de su propia vida.

Va a tener razón Daniele Bruzzone, también presente en el Simposio, cuando en su libro “Pedagogía de las Alturas” titula un capítulo “Somos un relato. Autoanálisis y búsqueda de sentido a través de la escritura”.

Y si somos relatos podemos ser lanzados al mundo más allá de nuestra propia existencia.

7 Comments

  1. Me ha resultado curioso leer tu post porque me siento totalmente identificada. En mi caso después de sobrevivir a un grave accidente de coche con resultado de quemaduras en 50% del cuerpo. Tuve la suerte de que en ese momento por allí pasara un camionero muy valiente que arriesgando su vida se atreviera a romper el cristal para sacarnos al conductor y a mí del coche ardiendo. El agradecimiento que sentía de todo lo que me fué pasando después era tan grande que necesite practicar voluntariado. CAsualmente un día que estaba en una sesión con la psicóloga del hospital oi la existencia de una asociación de pacientes con daño cerebral sobrevenido y estuve algunos años yendo de voluntaria. Después he ido haciendo cosas que me resultan gratificantes de voluntariado que antes del accidente no tenía la necesidad de hacer. Actualmente es cómo devolver la suerte al mundo que me dió la oportunidad de volver a nacer.

    1. Rosa: Agradezco todos los comentarios en este blog de corazón. Pero siento una alegría especial cuando algunas personas sois capaces de compartir vuestras experiencias a través de este humilde rinconcito del ciberespacio. Muchas veces he pensado que podría abrir una especie de rincón de resiliencia donde la gente pudiera compartir sus historias pero no me atrevo porque desconfío de mi capacidad para gestionarlo adecuadamente. Así que espero que puedas imaginar el gozo que siento al publicar tu comentario y lo mucho que aprendo con tu experiencia y otras historias de personas que han experimentado la resiliencia en un momento dado de sus vidas.MUCHAS GRACIAS.

  2. Excelente intervención Javier. El recorrido entre la vida y su relato desde esta perspectiva mantiene una gran verosimilitud.

    Felicidades

    Bernardo Ortín Pérez

  3. Muchas gracias, Francisco Javier. Siempre aportándome nuevas ideas y lecturas con tus entradas. Voy a intentar conseguir el libro de Bruzzone y a investigar un poco sobre logoterapia. Te dejo un enlace que te puede interesar de un logoterapeuta uruguayo que ha escrito un artículo muy interesante sobre el uso de la escritura en la terapia.

    http://logoterapia.com.mx/publicaciones/revista-mexicana-logoterapia/oto%C3%B1o-2008/cura-palabra-escrita-%E2%80%9Ctalking-cure%E2%80%9D-a-%E2%80%9Cwriting-cure%E2%80%9D

    Un fuerte abrazo

    1. Gracias por tu comentario y el enlace. Me temo que el libro de Bruzzone sea difícil de comprar. Esta editado en México y en Amazon no lo he visto. Yo lo he comprado en la Asociación Viktor Frankl de Valencia. Si no tienes forma de conseguirlo dímelo y buscamos una solución. Ha publicado otro que se llama “Afinar la conciencia” y creo que también trata el tema de la escritura autobiográfica. Lo ha editado la editorial San Pablo de Argentina que si es posible que se distribuya a las librerias San Pablo que hay en distintas ciudades españolas. EN todo caso ya te mando algo cuando pueda para que veas si te vale la pena seguir a este autor.

  4. Rosa, me acabo de dar cuenta de que el libro de el enlace que me mandas es de la Sociedad Mexicana de Análisis Existencial y Logoterapia que es la que edita el libro de Bruzzone. Está en su catálogo. EN la web pone que lo envian a cualquier país. Pero espera a que te mande algo para ver si te interesa.

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