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Archive for 23 febrero 2013

No pensaba escribir un post porque otras obligaciones con el “Grupo de Trabajo de Resiliencia de Valencia” acaparan mi (poco) tiempo. Pero no puedo dejar de hacer esta pequeña reseña.

Ayer mi mujer y yo vimos la película “Las sesiones”. Llevábamos tiempo queriendo verla pero sin conocer que estaba inspirada en hechos reales.

Ya sé que la resiliencia no sólo es aplicable a grandes desgracias o adversidades pero es verdad que, en las situaciones límite, es donde brilla más.

En este blog nos hemos hecho eco de otras películas o libros que muestran como el ser humano puede encontrar caminos satisfactorios aún cuando la vida le haya privado de algo que parece esencial para la misma. Si no recuerdo mal la última referencia pudo ser la de “Intocable” también sobre una persona tetrapléjica.

Nadie puede negar que vivir en un cuerpo que no responde de cuello para abajo es una situación límite.

Así que creo que la historia de Mark O´Brien debe ocupar un lugar en este blog.

Cómo no dispongo de mucho tiempo, y para quien le interese, os dejo varios enlaces:

1.- La reseña de Wikipedia en español (es una pena que su autobiografía no esté, creo, que traducida al español)

2.- El tráiler de la película en español

3.- Un video con el comentario de la película del crítico de El País Carlos Boyero (la segunda parte se refiere a otra película que habrá que seguirle la pista)

2.- El principio del documental “Breathing Lessons” (Lecciones de respiración) de Jessica Yu sobre Mark O´Brien (no he encontrado el documental entero por desgracia) pero salen unas imágenes del protagonista real.

Espero poder detenerme en otro momento a a analizar las condiciones de resiliencia que se pueden contemplar en esta historia (la real y la película) pero vaya como adelanto: sustento físico y emocional, experiencias como tutor de resiliencia, retos, un gran sentido del  humor, introspección, creatividad, escritura, y mirada trascendente de la vida. Ahí es ná.

P.D. Me ha llamado la atención el título de la autobiografía de Mark O´Brien: How I Became a Human Being: A Disabled Man’s Quest for Independence (Cómo me convertí en un ser humano: aventuras de un discapacitado en busca de independencia") Me recuerda lo que Jorge Font explica del impacto emocional de la tragedia (en su caso también la parálisis): el sentimiento de no pertenencia. Y desde ese punto de vista la resiliencia humana sería un proceso de “vuelta a casa”. De volver a conectar a la víctima con el mundo, con la gente.

UN FAVOR: Si alguien conoce como acceder a material filmado o escrito sobre Mark O´Brien le ruego nos lo indique. GRACIAS.

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Como esto de “La red” tiene sus ventajas, gracias al blog he podido conocer la forma de entender la resiliencia de Gabriela Rodríguez (mediadora, resp. Área Resolución de Conflictos del OSPDH-UB, miembro del Colectivo Diàlegs A 3) y de Montserrat Fornós (psicóloga, psicoterapeuta, miembro de la EFPA y coordinadora del Grup Trobada).

Gabriela ha tenido la gentileza de mandarme algún material elaborado por ellas entre los que se encuentra el cartel de convocatoria de un próximo taller sobre resiliencia a desarrollar en Barcelona el próximo 9 de marzo.

Aquí podéis descargar el mismo.

PD: Particularmente me siento muy cercano a su manera de entender la resiliencia. (Lo siento, Gabriela y Montse. No creo que esto sea una buena presentación pero no he podido evitar escribirlo.)

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(Conchi Martínez Vázquez nos envia la segunda parte de su último post)

A propósito de relatos y narraciones que comentaba en una entrada anterior, y de cómo éstas servían a los niños –y no tan niños- a reelaborar su propia historia a través de la introspección y promover así la resiliencia, sirva lo que viene a continuación como apoyo científico de lo ya comentado.

En estos días sale a la venta una publicación de José Luís Gonzalo Marrodán, psicoterapeuta especializado en psicología del trauma y del apego. El libro tiene por título Construyendo puentes. La técnica de la caja de arena (sandtray)” de la editorial Desclee de Brouwer y trata, como su nombre indica, de la técnica de igual nombre que ya ha sido comentada anteriormente en este blog.

Una maravilla de técnica y un lujo de libro que espero con impaciencia tener entre las manos para disfrutar de todo lo que en él se recoge según apunta ya el índice que José Luis nos ha anticipado (disponible en el blog Buenostratos).

Pues la entrada que hoy José Luis ha compartido es el prólogo de su publicación, elaborado por el psiquiatra Rafael Benito Moraga, formado además de como médico psiquiatra, entre otras cosas, como psicoterapeuta en la formación impartida por Jorge Barudy y Maryorie Dantagnan (la cual recomiendo a cualquiera que quiera profundizar más en el conocimiento de sus tres grandes pilares: apego, trauma y resiliencia)  y por tanto conocedor de la técnica de la caja de arena.

Pues bien, sin desdeñar ni uno sólo de los párrafos del prólogo donde  recoge diferentes reflexiones/realidades acerca de la dualidad y distanciamiento existente entre psicólogos y psicoterapeutas (como que estos caminan a ambos lados del desfiladero sin mirarse, sin hablarse, sonriendo al pensar que “los otros” no van a ningún lado…), habla de la técnica de la caja de arena desde el punto de vista científico. Sobre la misma refiere:

Lo que hace el paciente cuando crea su caja es contar una historia y los estudios de imagen cerebral refuerzan la idea de que los relatos actúan como un entrenamiento para la vida real, ya que muestran que el visionado de individuos reales y de personajes animados provoca una actividad cerebral similar. Se ha hallado una gran actividad en el hemisferio derecho del cerebro cuando creamos o escuchamos un relato. Áreas del encéfalo implicadas en la identificación y procesamiento de los estados mentales, emociones y motivaciones de otras personas, se activan cuando nos cuentan o contamos historias.

Diapositiva2Uniendo todo ello cual amalgama resiliente y enlazándolo con la introspección que comentaba en la entrada anterior, a partir del arte de crear y re-crear historias (sus historias inconscientes), el niño puede representar incluso aquello que es difícil o imposible de traer a su mundo consciente, pero también de diseñar soluciones quizás antes no encontradas. Señala Rafael Benito “la realización de la caja de arena permite trabajar cuando resulta difícil la verbalización de los contenidos psíquicos; y esto es especialmente importante cuando el paciente tiene dificultades para ponerlos en palabras, como ocurre habitualmente con los niños”.

Según la Asociación Española de Terapia de Juego en su web (http://www.terapiadejuego.es/webs/metodos.htm)el uso del dibujo y otros medios plásticos como la pintura así como el uso de narraciones y metáforas terapéuticas ayudan al niño a expresar su experiencia, a exponer la historia fuera de sí mismo, y a construir nuevos significados donde puede reconocer los recursos y fuerzas internas que posee y que lo han ayudado a sobrevivir.” O lo que es lo mismo, a desarrollar su resiliencia ante la adversidad.

No es preciso ser psiquiatra ni psicólogo para poder promover la expresión del niño a través de la pintura, la plastilina, o cualquier otro medio que le permita sacar hacia fuera sus emociones y sentimientos. En el caso de los niños severamente dañados por prácticas parentales inadecuadas, bien antes de la adopción o en algunos de los casos de menores en acogimiento, es preciso un trabajo terapéutico que guíe un tratamiento específico (muchas veces alejado de las clásicas pautas de modificación de conducta, necesarias pero no únicamente válidas por sí solas en estos casos). Pero cualquier persona cercana al niño, a través del juego, de la observación de sus verbalizaciones (ojo, no todo lo que se plasma en el juego ha de tomarse como lo que le ocurre literalmente al niño ya que entra en juego también la fantasía), puede actuar como mediador entre su mundo interior y sus representaciones de sí mismo, de los demás y de la relación que se establece entre ambas partes.

Y de este modo contribuir en la identificación de preocupaciones, limitaciones, dificultades…pero también de proyectos, expectativas, ilusiones, metas, recursos personales y de su entorno. Con ello, dar sentido a lo que uno es y lo que quiere ser, a lo que ha sido su vida y lo que le gustaría que en un futuro fuera su vida, se convierte en un mágico proceso resiliente que le ayudará a situarse en primera fila del patio de butacas de la vida. Quizás desde ahí sea más fácil subir y bajar del escenario según los momentos….

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Conchi Martínez Vázquez

Psicóloga y Pedagoga

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Cuando oí la noticia de la muerte violenta de la novia del atleta olímpico y paralímpico Oscar Pistorius pensé que tenía que seguirle la pista en relación a la resiliencia. ¿Era Pistorius un ejemplo de resiliencia? Y si era así y había disparado a su novia al confundirla con un ladrón ¿no sería “un porcentaje de desgracias mayor de lo razonable” el que tenía este chico? Y si finalmente se trataba de un crimen pasional ¿dónde quedaba su resiliencia?

Pero antes de analizar estas cuestiones… unas disquisiciones previas.

Al principio de cometer la imprudencia de dar cursos o charlas sobre resiliencia, cuando el término no se había todavía popularizado, notaba que muchas personas se sentían incómodos porque quizá yo no les ofrecía claves suficientes para determinar cuando se trataba de un caso de resiliencia y cuando no.

En aquella época intentaba tranquilizarles diciendo que, a diferencia de en la física donde las fuerzas y resistencias se pueden medir, en lo psicosocial o en lo humano no teníamos instrumentos objetivos y que no se obsesionaran. Que ellos o ellas mismas decidieran sí querían ponerle o no la etiqueta de resiliencia  a la reacción de una persona frente a la adversidad.

En todo caso, si empecé a desarrollar un apartado en los cursos para aclarar LO QUE PARA MÍ NO ERA LA RESILIENCIA.

Luego el término resiliencia se popularizó, se puso de moda, las editoriales y el coaching se subieron a la misma y empecé una cruzada personal contra el adjetivo “resiliente”. Particularmente solo me interesa la resiliencia como un sustantivo aplicable a la vida.

Solo podría tolerar el adjetivo (no reconocido aun por la RAE) “resiliente” como “persona en la que se manifiesta, en un momento, dado la resiliencia”. Ya sé que es una simple cuestión de lenguaje y que personas personas cobardes pueden realizar un acto heroico y que un persona valiente puede salir huyendo en alguna ocasión. Pero la tendencia es a pensar que el adjetivo es una cualidad permanente del sustantivo. De esta manera decir que una persona es resiliente es decir que en ella siempre o casi siempre se da la resiliencia.

Y eso supondría reconocer que la resiliencia es una características solo interna. Y quien me ha aguantado más de un post o de una charla sabe que no me interesa esa forma de entender la resiliencia.

Así que he empezado a plantear en charlas o cursos la pregunta ¿qué pasaría si nos enteramos (Dios no lo quiera) que Tim Guenard, icono de la resiliencia, ha abandonado a su familia y vaga, como en su juventud, por las calles de París pero ahora como un sin techo alcoholizado? ¿Que pasaría si llega la noticia de que el propio Boris Cyrulnik ha decidido voluntariamente abandonar la vida? ¿Ya no podríamos hablar de resiliencia en sus vidas?

Por eso el caso de Pistorius me parece digno de ser reseñado en este blog.

En primer lugar no tengo claro si le pondría el adjetivo de resiliente. Algunas de las noticias que podemos leer, escuchar o ver estos días lo definen como “icono de la superación personal” (y por cierto…. utilizan esta expresión porque no existe el adjetivo “superante”) Pero no es exactamente lo mismo superación que resiliencia.

En la superación o en la curación la adversidad es vencida. Tengo una enfermedad limitante o grave y un tratamiento o una intervención quirúrgica hacen que la misma desaparezca. Nazco sordo pero un implante tecnológico me devuelve la audición y ya no soy sordo. Ciertos avances ortopédicos le permiten a una persona sin piernas de rodilla para abajo andar y un diseño biomecánico y un material específico, correr como cualquier otro.

De hecho si el Comité Olímpico o la Federación Internacional de Atletismo le han permitido competir contra atletas sin discapacidad es porque habrán considerado que las prótesis no le dan ventaja ni desventaja significativa respecto sus competidores.

Sin embargo Oscar Pistorius sí que protestó airadamente cuando un atleta brasileño le ganó en la final de las Paraolimpiadas alegando que usaba unas prótesis que le daban ventaja. El Comité Paraolímpico Internacional desestimó totalmente esta argumentación.

En todo caso lo que tengo claro es que la resiliencia implica resistir y rehacerse de la adversidad pero no que ésta desaparezca. Y también que la superación de Pistorius no sólo ha sido posible a características personales sino a circunstancias externas. Pertenece a una familia con dinero lo que le permitió acceder a unas prótesis de fibra de carbono a las que casi seguro no habría tenido acceso sin hubiera crecido en el barrio de Soweto de la ciudad de Johannesburgo de su Sudáfrica natal.

No quiero quitar valor a su proeza, puesto que su hazaña implica una determinación y un esfuerzo, que otros en sus mismas circunstancias no habrían desarrollado. Pero no podemos olvidar que la superación como la adversidad no es absoluta.

Pero si finalmente se confirmara que disparó a su novia intencionadamente tendríamos que aceptar que las características personales que le llevaron al éxito en el atletismo no se tienen que transferir a todos los aspectos de su vida.

Probablemente todos conozcamos a alguien con una inteligencia privilegiada pero con la misma inteligencia emocional que un protozoo. Quizá Pistorius tiene la constancia y la perseverancia de una hormiga para unas cosas y la poca tolerancia a la frustración de un niño mimado para otras.

Y esto me lleva a concluir que, aunque es verdad que aprendemos lo que es la resiliencia en la vida de muchas personas, esto no significa que ésta tenga que aparecer en todos los momentos de su vida como si fuera un título universitario que una vez que se obtiene ya no se pierde.

Por eso yo prefiero mirar en la vida de las personas y, como en el chiste del tonto al que le preguntan que compruebe si los intermitentes de coche funcionan, decir “Ahora la veo”…. “ahora no” … ”ahora sí”……

Y creo que precisamente ese contraste RESILIENCIA ON/OFF el que nos puede dar muchas pistas sobre las condiciones para que la resiliencia se dé y poder favorecer su aparición.

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En el post anterior Conchi Martínez nos muestra claramente el poder de las narraciones en general o de los cuentos en particular para ayudar a los niños en sus procesos de resiliencia.

Dada su formación  y experiencia como psicóloga su post nos explica, y nos ejemplifica, no sólo el cómo de la técnica sino el porqué y el para qué.

Se trata de un lujo de post donde una profesional que se enfrenta sistemáticamente, en un pequeño espacio terapéutico, al “dolor invisible de la infancia” que diría Jorge Barudy, comparte con nosotros su experiencia.

Pero no es mi caso, pues al trabajar en un centro de recepción de menores, mi trabajo se centra más en valorar ese dolor que en curarlo (es una forma de hablar).

Así que mi interés por las narraciones y los cuentos estriba no en mi profesión sino simplemente en calidad de observador curioso del “dolor inherente a la vida” y de las posibles tiritas para las heridas del alma (sea esta lo que sea).

Y por ello esta entrada es simplemente un contrapunto a la de Conchi. Ni le quita ni le añade un solo punto. Es simplemente otra mirada al mismo tema pero desde otro punto de vista.

Porque los cuentos o las narraciones predominantes de nuestra cultura no son sólo una herramienta para entender nuestra vida, sino que nuestra vida es en si misma una historia, una narración y, exagerando quizá, hasta un cuento (Todos deberíamos hacer el ejercicio de contar nuestra vida empezando por “Había una vez…”)

Los cuentos no sólo nos ofrecen soluciones a nuestros conflictos sino que nos ofrecen también conflictos (nudos) a nuestras vidas. O lo que es lo mismo nos ofrecen un contexto narrativo para la construcción de sentido en nuestras vidas.

Pondré un ejemplo personal y políticamente incorrecto.

A estas alturas de la movida no pretendo convencer a nadie de que exista un algo llamado Dios y menos de que existió un tipo llamado Jesús que va y resulta ser el mismo Dios encarnado. El mismo Dios (si existiera) me libre de intentar convencer a nadie.

Pero lo que no puedo negar es que la historia de un hipotético Dios hecho hombre y muriendo libremente por amor inmenso a su criatura (enemigos incluidos) es para mí probablemente “la historia más bella posible”. Y como historia, como narración, como… ¿cuento?… forma parte constitutiva de mi identidad personal.

Aceptando que quizá sólo sea eso, una historia, he decidido que sea una historia crucial en mi vida. O incluso, quizá no lo he decidido, sino simplemente que no lo puedo evitar. No puedo evitar que mi vida, sin esta historia, me parezca menos bella.

Pero dado ya el arriesgado y comprometido ejemplo no voy a seguir por derroteros metafísicos o trascendentes. Simplemente quiero recoger con mi experiencia personal lo que Cyrulnik explica en “El murmullo de los fantasmas” cuando compara la vida de Marilyn Monroe y la de Hans Cristian Andersen.

Marilyn cuando era niña, “…no conoció la ternura y comenzó a buscar a cualquier precio vivencias que le dieran un soplo de vida. No tuvo la suerte de encontrar a alguien que avivara en ella la chispa de la resiliencia y se convirtió en un fantasma. Por el contrario, Hans Christian Andersen encontró el cariño y pudo superar una infancia traumática, convirtiendo sus heridas en cuentos inmortales”.

Pero también señala que el ambiente cultural en el que creció Andersen estaba empapado de historias, de leyendas, de cuentos, de narraciones… que facilitaron un tejido de sentido para sus dificultades.

Quizá hoy en día los niños tienen que ir a terapia para que se les ofrezcan cuentos para entender la vida pero en otras épocas los cuentos estaban en el ambiente, en la cultura, entre la gente…

Es obvio, tras lo contado anteriormente, que yo he crecido en un ambiente cultural judeocristiano y quizá es interesante señalar que para el pueblo judío uno de sus principales elementos constitutivos fue la obligación de los padres de transmitir a sus hijos su propia historia (“Éramos esclavos en Egipto y el mismo Dios nos liberó”) Es decir, que hasta la identidad de todo un pueblo se puede basar en una historia, en un … ¿cuento?

Y justo en ese mismo pueblo y en sus textos sagrados existe una historia (un cuento) que explica precisamente el poder de los cuentos. De cómo un cuento puede servir para, como perfectamente explica Conchi, saltarse los mecanismos de defensa con los que todos nos protegemos.

Como es una historia que forma parte de mi infancia siempre he pensado que todo el mundo la conoce. Pero ya dice Cyrulnik que la cultura es aquello que cambia cada 10 kilómetros y cada 10 años. Y dado que tengo 52 tacos tendré que admitir que muchas, muchas personas, no conocen la historia del Rey David y el profeta Natán. Así que trataré de resumirla.

David era ya Rey de Israel, ungido por el mismo Dios de Israel (me cae simpático un Dios capaz de elegir no a un tipo perfecto sino a uno lleno de debilidades e imperfecciones).

Natán se entera de que David se ha liado con la mujer de un capitán de su ejercito y que para resolver su conflicto moral le ha mandado a éste a pelear en primera línea de combate en la esperanza de que su amante se quede viuda.

Natán, enviado por Dios, no recrimina directamente al Rey su conducta sino que le ofrece un cuento.

Un hombre rico tiene un rebaño enorme. Recibe una visita y debe matar a un cordero para agasajar a la misma y darle un banquete. Pero en su avaricia manda a sus siervos que se apoderen de la única oveja de un pobre vecino.

Cuando David escucha está historia salta completamente indignado por la conducta del hombre rico. Es entonces cuando Natán aprovecha para señalarle: “Ese hombre rico eres tu mismo. Que tienes todas las mujeres que puedas desear y has ido a encapricharte de la mujer de otro hombre…” David no tiene más remedio que reconocer la mezquindad de su conducta.

Si Natán hubiera recriminado directamente la misma a David este habría levantado un muro de autojustificación (e incluso habría conseguido una rápida condena de muerte).

Pero Natán no dispara directamente una denuncia al corazón de David. Natán le lanza un cuento a su inteligencia. Historia que, una vez entendida, provoca una emoción (indignación) en David que, a su vez hace que el propio David baje el puente de su fortaleza. Y a Natán sólo le queda que entrar paseando tranquilamente a la mismísima conciencia del Rey.

El poder de los cuentos, de las historias … para propiciar la resiliencia no sólo nos lo ha explicado magníficamente Conchi en su post. También Rosa Herrera, colaboradora de este blog y miembro del Grupo de Trabajo sobre Resiliencia de Valencia, lo expresa maravillosamente tras tener la gentileza de leer el borrador de esta entrada:

“En muchas ocasiones los seres humanos pasamos por la vida situándonos como víctimas de las circunstancias ante pequeños problemas que van surgiendo. Con esta actitud situamos a los demás como los verdugos que hacen nuestra vida ingobernable y esta actitud nos hace sentirnos impotentes, incapaces de modificar nada para mejorar las situaciones. Las metáforas, cuentos, narraciones nos permiten ver las situaciones como espectadores y a partir de ahí darnos cuenta de nuestras actitudes que favorecen que la cosa no vaya del todo bien.

El Rey David, incapaz de mirarse a sí mismo y por tanto de juzgarse, a través de la narración donde el protagonista es otro, es capaz de reconocer el crimen que ha cometido.

Siendo espectadores de la vida de los demás somos capaces de vislumbrar que actitudes están favoreciendo la situación. Cuando nosotros somos los protagonistas no tenemos la distancia suficiente para darnos cuenta de nuestras propias actitudes. Los cuentos, narraciones, fábulas…. nos denuncian y a la vez nos animan a continuar, a ver como nuestras propias actitudes están favoreciendo las circunstancias.”

Me encanta esta reflexión porque me apuntala la idea, cada vez más clara para mí, que la adquisición de sentido o significado, tan importante para la resiliencia, tiene que ver con cambios de perspectiva temporal pero también con cambios de perspectiva ¿por qué no?… espacial (o de marco referencial).

Y los cuentos, las narraciones permiten contemplar la vida no desde el escenario sino desde el patio de butacas.

Por terminar volviendo a mis raíces (a mis narraciones) judeocristianas no es de extrañar que otro ilustre judío, llamado Jesús y residente en Nazaret, aprendiera desde muy pequeño la utilidad de las parábolas.

Pero, en la hipótesis de que Jesús fuera Dios, tendríamos que concluir que las parábolas, los cuentos, las narraciones son una técnica… divina.

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Blog de notas

No puedo dejar de rebotar el enlace del video de la conferencia de Anna Forés en el evento TED Castellón y que ella misma ha colgado en su blog

http://tedxtalks.ted.com/list/search%3Atedxcastellon/video/Anna-Fores-at-TEDxCastellon

 

Ni tampoco el post de Sagrario e Iñigo en Dando Vueltas sobre Vueltas entrevistando a Mª José Rodrigo

http://www.dandovueltas.es/2013/02/ejes-para-dar-vueltas-maria-jose-rodrigo.html

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(ENTRADA REMITIDA POR CONCEPCIÓN MARTÍNEZ VÁZQUEZ)

El fabuloso poder de los cuentos para evocar imágenes, emociones y pensamientos como recurso educativo de padres y profesores es algo sin duda incuestionable. Pero ¿ayudan los cuentos a promover la resiliencia infantil? ¿Y si es así de qué manera?

Uno de los pilares de la resiliencia, la introspección (arte de preguntarse a sí mismo y darse una respuesta honesta) se pone en juego cuando introducimos como recurso terapéutico o sanador el empleo de narrativas. A través de los cuentos el niño puede llegar a descubrir partes de sí mismo que no conocía -como la valentía- y en muchas ocasiones lo que define la relación cuento/niño es una identificación con determinados elementos de la narración que le sitúan en un plano de confrontación con su propia historia.

Al escuchar en tercera persona lo que le sucede a otro, se ponen fuera de su propio rompecabezas cognitivo y emocional las piezas que le sumergen en una historia paralela pero con paralelismos, inventada pero con visos de realidad, difícil de crear pero creíble como la vida misma. Un niño herido puede resolver en la fantasía los conflictos de sus propias vivencias que no ha podido integrar, encontrando soluciones a partir de la búsqueda de recursos personales y de su entorno, así como contribuir a darle sentido a sí mismo y a su vida.

Los cuentos pueden convertirse en algo verdaderamente emotivo si consiguen conectar con los miedos y preocupaciones que acompañan al niño. Sus frustraciones pueden cobrar fuerza al igual que sus anhelos. Imaginemos que Juan, un pequeño de 6 años con grandes dificultades para autocontrolarse, escucha la siguiente historia (fuente Mª Guadalupe Morales*):

En un charco muy grande que se formó a las orillas de un lago, vivían un grupo de ranas verdes. Tenían una panza amarilla y cada vez que croaban parecían más gordas porque se hinchaban. Una de ellas se llamaba Chana y en otros lugares se la conocía como Chana la rana. A ella le gustaba que las cosas se hicieran como ella decía. Si jugaban tenía que ser a lo que ella quería, si comían tenían que ser los mosquitos de su preferencia y si alguno de sus amigos o familiares le contradecían ella croaba tan fuerte y se hinchaba tanto que parecía más grande, su panza se ponía de color amarillo brillante y sus mejores amigos se iban. Ni a sus amigos ni a sus hermanos les gustaba jugar con ella y cada vez que no la juntaban ella se ponía más enojada”.

Una manera alternativa de mostrar los indicadores de frustración de Juan de modo externalizante… La rana y él se parecen enormemente!!! ¿Cómo trabajar  con Juan esta historia para que pueda ser terapéutica? Podemos preguntarle cuestiones del tipo: “¿Cómo terminará esta historia de Chana si ella sigue igual?, ¿Cómo te gustaría que terminara para que Chana se sintiera mejor? ¿Qué ha de aprender Chana? ¿Alguna vez te has sentido igual que Chana?”.

De esta manera, la solución creativa de los problemas a través de narrativas se convierte en un instrumento útil que le da la posibilidad de ver reflejados sus conflictos y la solución en la fantasía del relato. En palabras de Mª Guadalupe Morales, “el niño proyecta en la historia sus conflictos, ve la solución que él mismo elabora y posteriormente recupera esta proyección trasladándola como recurso a su vida”. Sigue diciendo esta autora que la proyección es el mecanismo por el cual ponemos fuera lo que es nuestro, porque precisamente no lo reconocemos como propio porque nos molesta, nos duele o nos aparta de las creencias sobre nosotros mismos, los demás o las circunstancias. Al utilizar una historia para narrar el conflicto ésta sirve de proyección y le permite al niño elaborar soluciones.

¿Son los cuentos exclusivos de niños de menor edad o podemos utilizarlos como recurso para promover la resiliencia con niños más mayores? Evidentemente hay cuentos narrados de manera muy sencilla dirigidos a los más pequeños, pero una narrativa que recoja de forma genuina ingredientes que el niño ha podido vivir como propios tiene un innegable valor. Por ejemplo, Luis de 13 años es el mayor en una familia en la que se le han encomendado siempre responsabilidades con sus hermanos y podríamos contarle la siguiente historia:

Plop era el hijo mayor de una familia de pulpos que vivía en lo más profundo del océano. Todos salían en ocasiones a la superficie y viajaban largas distancias para pasear y obtener los alimentos. Los papás estaban muy ocupados trabajando y siempre le encomendaban que cuidara a sus hermanos. Él sabía que tenía que protegerlos de los tiburones y de otros peces grandes, así que utilizaba todas sus patas o tentáculos para cuidar a cada uno. Tenía tantos hermanos como tentáculos. Así que casi siempre tenía ocupadas todas sus patas para cuidarlos. Por más que les pedía que no se fueran lejos ellos se iban. Los pulpos se defienden arrojando una tinta tan negra que parece que se hace de noche, se oscurece el agua y no se ven. Un día que iba cuidando a sus hermanos apareció un tiburón y les avisó que todos arrojaran tinta. Y así lo hicieron. Como él estaba tan ocupado no pudo hacerlo y por poco le da una mordida en su cabeza. Uno de los hermanos se dio cuenta y le ayudó. El susto fue grande pero pudieron librarse de los dientes enormes que los perseguían. Llegaron a casa muy asustados y cansados y hablaron con su mamá. “. (He decidido no incluir qué preguntas podrían realizarse con esta narrativa sino invitar a que cada lector elija las que considere oportunas).

Si el niño dice que es ya mayor para trabajar estas historias se le puede pedir que conteste imaginando que responde “como si fuera más pequeño” o como si estuviera ayudando a otro niño más pequeño a resolver la situación, de manera que incluso pueda ayudarle a resolver asuntos inconclusos de etapas anteriores. También se le puede preguntar si le ha ayudado a pensar o resolver algo que continúe en su presente ahora que ya es mayor.

El cuento pues, favorece la introspección y por tanto la resiliencia infantil. En tanto que posibilita el tomar conciencia de emociones, sentimientos, acciones e incluso de procesos complejos como las interacciones con los otros a través de una mirada interior, se convierte en un instrumento de ayuda. A partir del binomio proyección-introspección el cuento posibilita la reelaboración y el dotar de sentido a su mundo interior, que es a su vez espejo de sus propias vivencias, principalmente cuando tras su lectura se produce una reflexión guiada que posibilite una búsqueda constructiva de soluciones a partir de la narrativa.

Dejaremos para otra entrada la relación entre el cuento y la creatividad y hasta entonces… colorín, colorado… que en este post hemos terminado.

Concepción Martínez Vázquez

Psicóloga y Pedagoga

* Morales Plesent, Mª Guadalupe. “Narración de historias en psicoterapia infantil : enfoque de psicoterapia Gestalt” Editorial Brujas. Córdoba, Argentina, 2005

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