Contrapost: Modernas técnicas milenarias

En el post anterior Conchi Martínez nos muestra claramente el poder de las narraciones en general o de los cuentos en particular para ayudar a los niños en sus procesos de resiliencia.

Dada su formación  y experiencia como psicóloga su post nos explica, y nos ejemplifica, no sólo el cómo de la técnica sino el porqué y el para qué.

Se trata de un lujo de post donde una profesional que se enfrenta sistemáticamente, en un pequeño espacio terapéutico, al “dolor invisible de la infancia” que diría Jorge Barudy, comparte con nosotros su experiencia.

Pero no es mi caso, pues al trabajar en un centro de recepción de menores, mi trabajo se centra más en valorar ese dolor que en curarlo (es una forma de hablar).

Así que mi interés por las narraciones y los cuentos estriba no en mi profesión sino simplemente en calidad de observador curioso del “dolor inherente a la vida” y de las posibles tiritas para las heridas del alma (sea esta lo que sea).

Y por ello esta entrada es simplemente un contrapunto a la de Conchi. Ni le quita ni le añade un solo punto. Es simplemente otra mirada al mismo tema pero desde otro punto de vista.

Porque los cuentos o las narraciones predominantes de nuestra cultura no son sólo una herramienta para entender nuestra vida, sino que nuestra vida es en si misma una historia, una narración y, exagerando quizá, hasta un cuento (Todos deberíamos hacer el ejercicio de contar nuestra vida empezando por “Había una vez…”)

Los cuentos no sólo nos ofrecen soluciones a nuestros conflictos sino que nos ofrecen también conflictos (nudos) a nuestras vidas. O lo que es lo mismo nos ofrecen un contexto narrativo para la construcción de sentido en nuestras vidas.

Pondré un ejemplo personal y políticamente incorrecto.

A estas alturas de la movida no pretendo convencer a nadie de que exista un algo llamado Dios y menos de que existió un tipo llamado Jesús que va y resulta ser el mismo Dios encarnado. El mismo Dios (si existiera) me libre de intentar convencer a nadie.

Pero lo que no puedo negar es que la historia de un hipotético Dios hecho hombre y muriendo libremente por amor inmenso a su criatura (enemigos incluidos) es para mí probablemente “la historia más bella posible”. Y como historia, como narración, como… ¿cuento?… forma parte constitutiva de mi identidad personal.

Aceptando que quizá sólo sea eso, una historia, he decidido que sea una historia crucial en mi vida. O incluso, quizá no lo he decidido, sino simplemente que no lo puedo evitar. No puedo evitar que mi vida, sin esta historia, me parezca menos bella.

Pero dado ya el arriesgado y comprometido ejemplo no voy a seguir por derroteros metafísicos o trascendentes. Simplemente quiero recoger con mi experiencia personal lo que Cyrulnik explica en “El murmullo de los fantasmas” cuando compara la vida de Marilyn Monroe y la de Hans Cristian Andersen.

Marilyn cuando era niña, “…no conoció la ternura y comenzó a buscar a cualquier precio vivencias que le dieran un soplo de vida. No tuvo la suerte de encontrar a alguien que avivara en ella la chispa de la resiliencia y se convirtió en un fantasma. Por el contrario, Hans Christian Andersen encontró el cariño y pudo superar una infancia traumática, convirtiendo sus heridas en cuentos inmortales”.

Pero también señala que el ambiente cultural en el que creció Andersen estaba empapado de historias, de leyendas, de cuentos, de narraciones… que facilitaron un tejido de sentido para sus dificultades.

Quizá hoy en día los niños tienen que ir a terapia para que se les ofrezcan cuentos para entender la vida pero en otras épocas los cuentos estaban en el ambiente, en la cultura, entre la gente…

Es obvio, tras lo contado anteriormente, que yo he crecido en un ambiente cultural judeocristiano y quizá es interesante señalar que para el pueblo judío uno de sus principales elementos constitutivos fue la obligación de los padres de transmitir a sus hijos su propia historia (“Éramos esclavos en Egipto y el mismo Dios nos liberó”) Es decir, que hasta la identidad de todo un pueblo se puede basar en una historia, en un … ¿cuento?

Y justo en ese mismo pueblo y en sus textos sagrados existe una historia (un cuento) que explica precisamente el poder de los cuentos. De cómo un cuento puede servir para, como perfectamente explica Conchi, saltarse los mecanismos de defensa con los que todos nos protegemos.

Como es una historia que forma parte de mi infancia siempre he pensado que todo el mundo la conoce. Pero ya dice Cyrulnik que la cultura es aquello que cambia cada 10 kilómetros y cada 10 años. Y dado que tengo 52 tacos tendré que admitir que muchas, muchas personas, no conocen la historia del Rey David y el profeta Natán. Así que trataré de resumirla.

David era ya Rey de Israel, ungido por el mismo Dios de Israel (me cae simpático un Dios capaz de elegir no a un tipo perfecto sino a uno lleno de debilidades e imperfecciones).

Natán se entera de que David se ha liado con la mujer de un capitán de su ejercito y que para resolver su conflicto moral le ha mandado a éste a pelear en primera línea de combate en la esperanza de que su amante se quede viuda.

Natán, enviado por Dios, no recrimina directamente al Rey su conducta sino que le ofrece un cuento.

Un hombre rico tiene un rebaño enorme. Recibe una visita y debe matar a un cordero para agasajar a la misma y darle un banquete. Pero en su avaricia manda a sus siervos que se apoderen de la única oveja de un pobre vecino.

Cuando David escucha está historia salta completamente indignado por la conducta del hombre rico. Es entonces cuando Natán aprovecha para señalarle: “Ese hombre rico eres tu mismo. Que tienes todas las mujeres que puedas desear y has ido a encapricharte de la mujer de otro hombre…” David no tiene más remedio que reconocer la mezquindad de su conducta.

Si Natán hubiera recriminado directamente la misma a David este habría levantado un muro de autojustificación (e incluso habría conseguido una rápida condena de muerte).

Pero Natán no dispara directamente una denuncia al corazón de David. Natán le lanza un cuento a su inteligencia. Historia que, una vez entendida, provoca una emoción (indignación) en David que, a su vez hace que el propio David baje el puente de su fortaleza. Y a Natán sólo le queda que entrar paseando tranquilamente a la mismísima conciencia del Rey.

El poder de los cuentos, de las historias … para propiciar la resiliencia no sólo nos lo ha explicado magníficamente Conchi en su post. También Rosa Herrera, colaboradora de este blog y miembro del Grupo de Trabajo sobre Resiliencia de Valencia, lo expresa maravillosamente tras tener la gentileza de leer el borrador de esta entrada:

“En muchas ocasiones los seres humanos pasamos por la vida situándonos como víctimas de las circunstancias ante pequeños problemas que van surgiendo. Con esta actitud situamos a los demás como los verdugos que hacen nuestra vida ingobernable y esta actitud nos hace sentirnos impotentes, incapaces de modificar nada para mejorar las situaciones. Las metáforas, cuentos, narraciones nos permiten ver las situaciones como espectadores y a partir de ahí darnos cuenta de nuestras actitudes que favorecen que la cosa no vaya del todo bien.

El Rey David, incapaz de mirarse a sí mismo y por tanto de juzgarse, a través de la narración donde el protagonista es otro, es capaz de reconocer el crimen que ha cometido.

Siendo espectadores de la vida de los demás somos capaces de vislumbrar que actitudes están favoreciendo la situación. Cuando nosotros somos los protagonistas no tenemos la distancia suficiente para darnos cuenta de nuestras propias actitudes. Los cuentos, narraciones, fábulas…. nos denuncian y a la vez nos animan a continuar, a ver como nuestras propias actitudes están favoreciendo las circunstancias.”

Me encanta esta reflexión porque me apuntala la idea, cada vez más clara para mí, que la adquisición de sentido o significado, tan importante para la resiliencia, tiene que ver con cambios de perspectiva temporal pero también con cambios de perspectiva ¿por qué no?… espacial (o de marco referencial).

Y los cuentos, las narraciones permiten contemplar la vida no desde el escenario sino desde el patio de butacas.

Por terminar volviendo a mis raíces (a mis narraciones) judeocristianas no es de extrañar que otro ilustre judío, llamado Jesús y residente en Nazaret, aprendiera desde muy pequeño la utilidad de las parábolas.

Pero, en la hipótesis de que Jesús fuera Dios, tendríamos que concluir que las parábolas, los cuentos, las narraciones son una técnica… divina.

5 Comments

  1. Gracias Javier por ampliar nuestra cultura “cuentista” con la historia del rey David y Natán. Yo no la conocía y ahora ya tengo un argumento divino para seguir argumentando divinamente el valor de las narraciones no sólo con los niños sino también de los que se suponen mayores.
    Fe, cultura e identidad seguramente son conceptos inseparables y todas ellas confieren sentido como tú dices.
    Se me ocurre que podemos concluir quizás diciendo “Había una vez un psicólogo llamado F.J. Romeu que desde el patio de butacas de la vida diseñaba pasados trayendo al presente milenarias leyendas actuales que le llevaban a recordar futuros repletos de significado (o sentido) mientras abanderaba valientemente el estandarte de la Fe cristiana. ….”

  2. Hola Javier. Gracias de nuevo por todas tus ideas. No dejo de leerte. Te envío un blog sobre resiliencia que te puede gustar. Con él, una entrada que habla de un libro que saldrá dentro de dos semanas y que puede interesarte. Es de la técnica de la caja de arena, y habla especialmente de su efectividad en niños adaptados. Espero que te sea útil. Un abrazo.

    http://www.buenostratos.com/2013/02/construyendo-puentes-la-tecnica-de-la.html?utm_source=feedburner&utm_medium=feed&utm_campaign=Feed%3A+BuenosTratos+%28Buenos+tratos%29

  3. Hola Reyes:
    Siempre es una alegría que un comentario tuyo llega al blog.
    Muchas gracias por la referencia del libro aunque ya lo conocía puesto que sigo de cerca a Jose Luis Gozalo. Además creo que en abril tendré ocasión de coincidir con él en unas jornadas en Zaragoza de ADDIMA.
    Un saludo y me encantaría que nos contaras cuando puedes como van tus experiencias con la escritura terapeutica o curativa. Un beso.

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