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Archive for 25 marzo 2013

Un pequeño, pero imprescindible post, para comunicaros que la colaboradora habitual de este blog, Conchi Martínez Vázquez ha creado su propia página en internet.

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Su blog se llama “Resiliencia infantil. Apego, parentalidad y buen trato”. Y esta es su dirección (http://resilienciainfantil.blogspot.com.es/).

Esperemos que de vez en cuando se pase a visitarnos pero eso es lo de menos. Lo importante es que ahora tiene su propio espacio y, conociéndola, puedo pronosticar que en pocos meses su blog habrá alcanzado a este en número de entradas (con esta … 155, Conchi).

En todo caso es un lujo que profesionales que están al pie del cañón en la relación de ayuda a familias y niños y niñas compartan sus experiencias, sus reflexiones y sus conocimientos. Gracias a ellos los “elucubradores pOfesionales” podemos alimentarnos para nuestras piruetas intelectuales.

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Nunca he tenido una experiencia “Eureka” porque nunca he generado una idea nueva o inventado algo (al menos algo que valga la pena). Pero leyendo muchas veces tengo experiencias “¡Ajá, está es la pieza que me faltaba!” De repente leo algo que no sólo me da información sino que me reconfigura otra información que ya tenía.

Podrías saber que estoy teniendo esta experiencia porque me verías sonreír ligeramente, cerrar el libro y ponerme a mirar al infinito en un estado absorto en mis pensamientos (al tener una sola neurona cuando ésta se pone a cambiar muebles de sitio la pobre no puede hacer nada más).

Esta tarde he tenido uno de esos momentos y me apetece compartir la pieza del puzle encontrada.

He cogido un libro que tengo hace mucho tiempo de recopilación de textos de Bill O´Hanlon, terapeuta norteamericano. Quería revisarlo para algo que estoy escribiendo sobre la importancia de las oportunidades para rehacerse de una desgracia. Y me he encontrado con estos cinco párrafos que intentaré acortar para que no se haga muy pesado. (Los subrayados son míos)

“Durante los últimos años he estado enseñando un método al que llamo terapia orientada a soluciones (…) y que está emparentado con el trabajo de De Shazer y el Brief Family Therapy Center, Los dos métodos comparten el interés por explorar y destacar las soluciones, las aptitudes, las capacidades y las excepciones. (…) Muchos asistentes suelen hacer un comentario que viene a decir más o menos lo siguiente: “Me gusta mucho el enfoque positivo que aplica usted. Lo encuentro muy alentador”. Aunque soy consciente de que me están haciendo un cumplido, cuando oigo este comentario, me echo a temblar”

(…) pero la verdad es que la palabra “positivo” me da escalofríos. Me recuerda esas frases exaltadas típicas de los cursos de ventas o de motivación (“si nos lo proponemos, podremos lograr cualquier cosa”) o algunas visiones de la vida más bien propias de “Disneylandia” (…)

No me gusta el pensamiento positivo porque creo que minimiza muchos aspectos negativos y muy reales (…) que ocurren en el mundo y en la vida de las personas que acuden a nuestra consulta. Y estoy hablando de cosas como las agresiones sexuales, la violencia, la pobreza, el hambre, la discriminación laboral, etc. El pensamiento positivo me parece una manera de dorar la píldora como otra cualquiera. Parece muy atractivo, pero si rascamos un poco, encontraremos que su brillo es muy superficial. (…)

Pero tampoco estoy a favor del pensamiento negativo según el cual todo es un desastre y no podemos hacer nada para que deje de serlo. Las personas nacen – o se hacen  “narcisistas”, “fronterizas” o “sociópatas” y nunca podrán cambiar. No creo que esta postura sea recomendable para nadie que desee provocar el cambio.

Así pues, por ahora me quedo con la etiqueta ·”terapia de posibilidades” para describir lo que hago porque no creo que todo sea (o vaya a ser maravilloso) ni que todo es (o será) un desastre imposible de arreglar.

Estos párrafos me han dado la clave para resolver un conflicto, una ambivalencia.

Cuando descubrí el concepto de resiliencia (¡Que casualidad que fuera con un libro llamado “La maravilla del dolor” de Cyrulnik) supuso para mí aire fresco. Un abrir una ventana en una habitación cargada de secuelas, pronósticos pesimistas, vulnerabilidad, traumas de por vida, terapias interminables…

Pero el mundo editorial (y sus repercusiones en televisión o eventos divulgativos) ha situado la resiliencia y la psicología positiva en la misma estantería de montones de libros (y conferencias) con palabras claves como “felicidad” “superación” “éxito” “fortaleza”…

Evidentemente si tengo que optar ubicaré la resiliencia en el campo de lo positivo (“Positive Park”) antes que en el de lo negativo (“La casa de los horrores”) pero no me sentiré cómodo. En “Positive Park” el reconocimiento del dolor y del sufrimiento no está bien visto (porque rompe el buen rollito).

Pero releer a O´Hanlon me ha recordado que existe “Posibility World”. Un mundo donde se acepta el dolor y el sufrimiento pero la tarea principal es la búsqueda o creación de posibilidades.

Porque al fin y al cabo la resiliencia ¿qué es?. Par mí no es más que una posibilidad de la vida. La resiliencia no es ni positiva ni negativa. Porque la vida no es positiva ni negativa.

En la vida simplemente se abren y se cierran puertas.

Una leona caza a una cebra. ¿Eso es positivo o negativo? Según a quien le preguntes.

¿Es mejor ir en un Mercedes último modelo que en una ambulancia? Dependerá si es antes o después del accidente.

Por tanto a partir de ahora lo tengo claro.

Trabajar desde la resiliencia seriamente no es trabajar simplemente desde lo positivo. Es trabajar desde las posibilidades lo que supone reconocer el sufrimiento pero no proyectarlo hacia el futuro. Nada más y nada menos.

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Recogiendo y ampliando una reflexión  del anterior post (la de la importancia de conocer el significado que los menores supuestamente desprotegidos dan a su propia situación y a las soluciones que la sociedad les puede ofrecer), Conchi Martínez nos aporta un comentario que nos puede ayudar a ello:

 

Todos los que estamos interesados por la resiliencia hemos leído, oído o comentado en algún foro la conocida metáfora de la Casita de la resiliencia de Stefan Vanistendael recogida en su libro “La felicidad es posible. Despertar en niños maltratados la confianza en sí mismos: construir la resiliencia ” (2002), escrito junto con el periodista J. Lecomte y editado por Gedisa.

Para los que no la conocen (si es que hay alguien aún) una breve introducción:

En la Casita cada habitación refiere un campo de intervención posible para la construcción o el mantenimiento de la resiliencia.

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a) El suelo sobre el que se construye son las necesidades materiales de base, como la comida, los cuidados de salud.

b) Los cimientos están constituidos por los vínculos, las redes de contactos, formales e informales. Se trata a menudo de un vínculo fuerte y constructivo con al menos una persona, que puede ser un pariente, los compañeros de clase, un conocido, uno de los abuelos, un vecino, un profesional. Es, en todos los casos, una persona que cree verdaderamente en el potencial real del niño y que lo acepta fundamentalmente como persona.

c) En la planta baja se encuentra la capacidad de descubrirle un sentido a la vida. Esto puede estar vinculado, por ejemplo, con una fe religiosa, con un compromiso político o humanitario.

d) En el primer piso, se encuentran tres habitaciones: la autoestima; las aptitudes y competencias personales y sociales; y el sentido del humor.

e) En el desván, una gran habitación es dejada abierta para las nuevas experiencias a descubrir. Esto es, una capacidad de creer que la vida no se detiene en el sufrimiento o en el traumatismo y que ella puede aún dar sorpresas.

Pero si la famosa casita ha sido a su vez inquilina de excepción en documentos en diferente formato, digital e impreso, traspasando continentes y océanos, lo que no se ha dado a conocer –o al menos no en las lecturas o cursos que yo he realizado- es una de las aportaciones de estos autores que aparecen en los anexos del libro y que vienen a ser un importante instrumento para aquellos interesados en la resiliencia infantil.

Y no me parece justo seguir dejándolo en el desván (nunca mejor dicho, metafóricamente hablando) pues sin restarle importancia a la casita como herramienta significativa para entender la resiliencia como un proceso en construcción, no menos importante es esta mirada específica que los autores realizan a la promoción de la resiliencia infantil a partir de un análisis de cómo el niño piensa, siente, se relaciona con su entorno, disfruta, espera, o…simplemente se convierte en protagonista y guionista indirecto de su proceso resiliente.

Tal como recogen Vanistendael y Lecomte, algunas de las preguntas que el profesional puede hacerse para encontrar las pistas conducentes a la resiliencia, agrupadas en diferentes áreas y que pueden servir de orientación general a la hora de planificar la intervención son las siguientes:

  1. EL PROBLEMA VISTO POR EL NIÑO

  • ¿El niño vive en un caos psicológico total o tiene una lógica que le es propia?
  • ¿Cuáles son sus referentes?
  • ¿Qué es lo que representa para él un problema?
  • ¿Es coherente con la percepción que de él tienen los adultos?
  • ¿Cómo maneja su problema?
  • ¿Qué enseñanza puedo extraer de eso?
  • ¿Tenemos una mejor solución para ofrecer que sea compatible con el punto de vista del niño?¿Cómo saberlo?
  • ¿Una intervención puede entorpecer las capacidades del niño para resolver el problema?
  1. LOS CENTROS DE INTERÉS DEL NIÑO

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  • ¿El niño tiene pasatiempos favoritos?
  • ¿Qué es bello para él?
  • ¿Practica una forma de expresión artística (dibujo, música u otra)?
  • ¿Practica un deporte?
  • ¿Qué tareas útiles puede realizar en su casa o en el seno de su entorno?
  • ¿Se ocupa de una planta, de un jardín o de un animal?
  • ¿Se puede interesar en otras cosas?
  • ¿Es creyente? Si lo es, ¿su fe puede constituir una ayuda para él o no? ¿por qué?
  1. LAS COMPETENCIAS Y LAS CUALIDADES DEL NIÑO

  • ¿Tiene el niño un don particular, una característica a valorizar?
  • ¿Es posible mejorar ese don?
  • ¿Quién puede ayudarle a eso?
  • ¿Cuáles son las competencias que debe adquirir y cómo?
  • ¿Qué cualidades podríamos descubrir en él?
  • ¿Es consciente de sus cualidades o es demasiado consciente de ellas?
  • ¿El niño tiene una idea realista y positiva de sí mismo?
  • ¿Cómo puede desarrollar sus cualidades?
  • ¿En qué pueden ellas ayudar a este niño?
  • ¿Tiene aptitudes que se traducen en un comportamiento indeseable pero que podrían ser utilizadas de manera más constructiva? Si es así ¿Cómo pueden ser reorientadas?
  1. EL HUMOR Y LAS ESTRATEGIAS DE ADAPTACIÓN DEL NIÑO

  • ¿Le divierten algunas cosas en particular?
  • ¿Ríe con sus amigos?
  • ¿Qué historias o imágenes graciosas aprecia?
  • ¿Su humor es respetuoso de los otros o revela más bien una ironía hiriente?
  • ¿Cómo juega?
  • ¿Cuáles son las pequeñas cosas que le complacen?

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  • ¿El niño hace uso de estrategias de adaptación (evitamiento de los problemas, negación de la realidad, relativización de las dificultades, control de sus emociones, ensoñación diurna, etc? Si la respuesta es sí, ¿estos comportamientos lo ayudan a soportar mejor su condición o presentan un riesgo de desconexión con la realidad? En caso de necesidad, ¿se le puede ayudar a reorientar útilmente esas reacciones?
  1. LOS PROYECTOS DEL NIÑO

  • ¿El niño tiene proyectos para el futuro inmediato o lejano? Y si los tiene ¿cómo ve el camino que lo conducirá a realizarlos?
  • ¿Es realista y capaz de reconocer los límites de sus aspiraciones?
  • ¿Cómo puede ser apoyado este niño?
  • ¿Está abierto a otros proyectos y quién puede eventualmente proponerle otros?

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  1. EL ENTORNO ADULTO DEL NIÑO

  • ¿El niño tiene vínculos estrechos con los miembros de su familia, con sus amigos, con otras personas? Si es así, ¿esas personas le aportan ya un apoyo y cómo? Si no, ¿pueden llegar a hacerlo? ¿Cómo?
  • Si el niño no tiene a nadie en su entorno que pueda aceptarlo y ayudarlo, darle estabilidad y calor humano ¿Qué otra persona puede asumir ese rol sin peligro?
  1. LOS OTROS NIÑOS

  • ¿Hay en su entorno niños que afronten las mismas dificultades, pero que parecen no sufrir demasiado?
  • ¿Qué podemos aprender de sus experiencias?

En definitiva, viene a ser como una radiografía psicosociofectiva del niño o niña. Todo un banco de interrogantes que, de poder ser respondidos, permitirían a su vez dar una respuesta profesional y acertada en el diseño de actuaciones para la promoción de la resiliencia… y quién sabe si no también para establecer pronósticos y decisiones en el sistema de protección de menores al permitir entender el sentido o significado que para el niño tiene la situación de desprotección.

Concepción Martínez Vázquez

Psicóloga y Pedagoga

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(Postecillo: 1. Poste pequeño 2. Dícese también del post de blog escrito como a traición, cuando se debería estar haciendo otra cosa pero no se puede dejar de escribirlo. Post utilizado para procrastinar)

En el grupo de facebook REDPROINFA se puede apreciar el tremendo esfuerzo que están realizando algunos compañeros de Andalucía por ofrecer al sistema de protección de menores criterios e instrumentos que permitan superar la toma de decisiones de forma intuitiva.

Si hay un tema donde el conocido “sesgo de confirmación” funciona es en el de la protección de menores. Siempre suelo bromear (por no llorar) de que los técnicos de menores establecemos el pronóstico en los primeros 5 minutos que conocemos el caso y que va a costarnos Dios y ayuda sacarnos de esa hipótesis.

Por lo tanto, soy el primero en valorar este objetivo de generar instrumentos “objetivos” pues mi memoria almacena cientos de casos donde se han tomado decisiones (y me incluyo en ellos) de forma subjetiva o arbitraria. Y lo que peor… decisiones sucesivas en direcciones opuestas o erráticas.

No voy a entrar a valorar lo que en la Comunidad Valenciana hemos conseguido o nos falta en este sentido puesto que esto es un postecillo. Ya habrá tiempo seguramente.

Pero cuando me entero de que en Andalucía van a empezar un proceso de adaptación del BALORA (instrumento implantado en el País Vasco) tres ideas pasan por mi cabeza, la bloquean y tengo que dejarlas salir.

1.- Me acuerdo como en Valencia Iñigo Martínez de Mandojana me contó que en su Centro de Preservación Familiar tenían que incorporar al BALORA un folio grapado para recoger los puntos fuertes del menor y de su realidad sociofamiliar.

No conozco el BALORA apenas pero el comentario de Iñigo me lleva a pensar que factores de riesgo y factores de protección quizá no estén equilibrados. Espero equivocarme y si es así pido disculpas.

2.- Por haber estado en una Dirección General con competencias en la materia me consta que estos instrumentos parten siempre de un trabajo iniciado en ámbitos universitarios, que en el tema de maltrato infantil se mueven en líneas de investigación muy alejadas de la protección de menores tal como la establece el actual Código Civil (en otra ocasión quizá pueda explicarlo).

A lo que se suma que parten del modelo de vulnerabilidad y déficit. Me consta que las figuras académicas relevantes en este campo (todos y todas los y las conocemos) están introduciendo el concepto de resiliencia pero hasta ahora sospecho (no afirmo) que se trata de un verdadero “pegote”. El modelo de fondo sigue siendo el de vulnerabilidad pero la resiliencia… ¡está de moda! (Sé que el comentario es exagerado y probablemente injusto) pero es lo que tienen las entraditas.

3.- Me inquieta mucho el que un instrumento de este tipo no sea sensible a algo tan esencial para todo ser humano: el significado o sentido. ¿Será capaz de recoger el significado que la posible situación de desprotección tiene para el o la menor? Y todavía más ¿Será capaz de recoger el significado o sentido que la posible decisión tenga para el o la menor?

¡Ojo con el “proteccionismo ilustrado”! (“Todo para el menor, pero sin el menor”)

¡Por fin! ¡Las solté!

NOTA: Los postecillos no llevan fotos-

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Una buena noticia.

Parafraseando la canción de Mecano puedo decir que “perdido en mi ordenador sin saber por qué” he encontrado un documento (en realidad tres) sobre como evaluar y promover la resiliencia en niños vulnerables (dividido en tres etapas: primera infancia, edad escolar y adolescencia).

Una mala noticia (para algunos)

Están en inglés.

Un misterio.

He entrado en internet y los documentos son de pago. Yo no he pagado. ¿Por qué están en mi ordenador?. ¿Lo bajaría de algún foro? No lo recuerdo. (Si alguien me los pasó ruego me lo indique para agradecérselo de nuevo)

Otro misterio.

No sé como se han subido a mi cuenta de Google Drive y no se exige clave para descargarlos.

Primera Infancia

Edad Escolar

Adolescencia

Un propósito.

Tengo que quitarlos de ahí no me vayan a denunciar. Espero vencer pronto mi tendencia a procrastinar (bella palabra)

Una petición.

Si alguien traduce parte o todo y quiere compartir….

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Conchi Martínez Vázquez nos envía la siguiente reseña bibliográfica.

imageY por fin llegó… Como todo en esta vida, era cuestión de esperar y que el tiempo y la reflexión de un excelente psicoterapeuta nos permitiera disponer “físicamente” de un manual para profesionales que recoge todos los aspectos importantes de la técnica de la caja de arena: “Construyendo puentes. La técnica de la caja de arena (sandtray)” de la Editorial Desclé de Brouwer que ya os comentaba en entradas anteriores.

Después de saber que José Luis Gonzalo Marrodán iba a escribir una publicación como esta pensé “Ya era hora que alguien se pusiera manos a la obra –nunca mejor dicha esta expresión por el componente manipulativo sobre la arena de la técnica-. Por fin en español tenemos una referencia válida”. Hoy puedo decir se han cubierto mis expectativas y que he disfrutado mucho con su lectura pues de forma sencilla y amena ha sido capaz de trasladar con rigor y cientificidad una visión holística de esta poderosa técnica. Poderosa no porque otorgue poderes especiales sino literalmente por la grandiosidad de sus efectos y el “poder” que transfiere a quien la realiza de sumergirse en su universo emocional, construyendo verdaderos puentes entre la realidad exterior y el mundo intrapsíquico.

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En mi paso por la formación en el Diplomado para Psicoterapeutas infantiles con Jorge Barudy y Maryorie Dantagan esta técnica me cautivó por su potencial para abrir de manera segura la ventana emocional y asomarse sigilosamente al inconsciente de los niños. Bueno, y de los que no somos tan niños. Tal como refiere José Luis en el libro yo también tuve un primer acercamiento un tanto incrédulo acerca de lo que se podría conseguir con la misma, opinión que cambió drásticamente cuando tuve la posibilidad de realizarla.

La obra que José Luis acaba de publicar recoge de manera certera la información necesaria para aquellos profesionales que quieran tener una primera toma de contacto con una herramienta terapéutica de gran utilidad. Tal como señala el autor, se trata de una técnica válida para casi todos los niños pero particularmente útil en los siguientes casos:

1.- Niños o adultos que han sufrido el impacto de los malos tratos, el abandono o cualquier otra situación traumática.

2.- Niños con retraso en el desarrollo con afectación al lenguaje.

3.- Niños con daño neurológico.

4.- Niños con trastorno del apego.

Como todo instrumento terapéutico que se precie, existen una serie de consideraciones a tener en cuenta, como son los elementos necesarios para su utilización: la arena, la bandeja o caja contenedora, las miniaturas. Estas son las palabras, símbolos y metáforas que representan las vivencias internas del niño, como recoge José Luis, “la bandeja de arena es el lugar donde el niño o adulto utiliza la gramática, una gramática de fantasía para construir mundos”. Para ello el terapeuta debe disponer en estanterías de miniaturas acerca de una buen número de categorías como personas, animales, vegetación, construcciones y viviendas, medios de transporte, rejas y signos, ítems naturales, fantasía, cómics y películas, místicos y espirituales, elementos domésticos, accesorios…en definitiva, todo aquello con lo que el niño o adulto pueda representar lo que su psique le dicta dejándose llevar por las figuras. Son ellas las que eligen a la persona, no al contario.

Otros aspectos importantes que recoge la publicación son los pasos a seguir siguiendo las orientaciones de Eliana Gil y Josefina Martínez (expertas en el tema), el papel del psicoterapeuta en cuanto a qué observar o los diferentes tipos de caja de arena. ¡Porque no todas las cajas son iguales ni mucho menos!Están las cajas estáticas que parecen una foto fija del mundo que se quiere representar; las cajas móviles y dramáticas en las que el niño mueve las miniaturas mientras cuenta lo que pasa en su mundo; las cajas silenciosas que suelen ser a su vez estáticas donde las miniaturas no hablan ni aparecen ruidos (e incluso puede darse el caso de que el niño no quiera hablar de su caja sin que ello invalide el valor terapéutico de la misma) y luego están las cajas con sonido en las que el niño emplea recursos como sonidos de animales, onomatopeyas, etc. ¿Diríais que estas imágenes corresponden a la misma caja de arena?

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Esta era una caja móvil y dramática además de con sonido. Muerte, destrucción, violencia… metáforas de las vivencias de un niño testigo de violencia de género que además ha vivido en sus propias carnes el maltrato y que proyecta todo tipo de emociones negativas con sus iguales en forma de insultos, amenazas, peleas. Una caja viva, con historia de lucha, que comienza con dos espacios diferenciados y acaba en un caos de desesperación. Sorprendente esto de la caja de arena ¿no?. Mirad la princesa (su madre) que intenta sobrevivir en esta batalla sin sentido.

De forma ilustrativa José Luis también nos regala historias reales de casos en los que ha utilizado la caja de arena, además de una gran cantidad de aspectos específicos y termina bordando el final del libro con una “guía para no perderse” que recoge un esquema general de la obra con los contenidos más importantes.

En definitiva… un libro que no se puede perder quien SÍ quiera perderse en este mágico mundo de la caja de arena.

Concepción Martínez Vázquez

Psicóloga y Pedagoga

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