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Archive for 27 abril 2013

ADVERTENCIA

Este post puede perjudicar seriamente a su estado de ánimo. Léase preferentemente tras haber recibido una buena noticia. Y acompáñese siempre del epílogo para prevenir dichos efectos secundarios.

TEXTO

Tras el Taller “Rompiendo el círculo. Ayudando a nuestros menores a no repetir la historia” mi mujer y yo pudimos disfrutar de la ciudad de Málaga. Pasear por sus calles más céntricas y su puerto, comer pescadito frito y, como no, visitar la Casa Natalicia de Pablo Ruíz Picasso y el museo dedicado a él en esta ciudad.

Es algo paradójico que lo que más me gustó de la colección permanente del pintor en el Museo fuera un video del mismo pintando tras un cristal y que yo conocía.

En el se aprecia como, con certeros trazos de pincel, dibuja en un instante distintas figuras. Los mismos trazos certeros con los que “el Maestro” “el Sol” dejó un rastro de cadáveres físicos y psíquicos en su paso por esta vida. Parece que en la transformación de Pablo Ruiz Picasso a Pablo Picasso perdió algo más que el apellido.

Al menos eso es lo que nos contó hace unos años una de sus nietas, Marina Picasso, en un libro titulado originalmente “Abuelo” y en la edición española “Picasso, mi abuelo” (Plaza & Janés Editores).

A continuación unos cuantos párrafos de su inicio y de su final.

“Ningún miembro de mi familia pudo sustraerse , en ningún momento, al suplicio de aquel genio que necesitaba sangre para firmar cada uno de sus silencios: la sangre de mi padre, la de mi hermano, la de mi madre, la de mi abuela, la mía y la de todos aquellos que, creyendo amar a un hombre, amaron a Picasso,

Bajo el yugo de su tiranía, mi padre nació y murió por él, engañado, decepcionado, envilecido, destruido. Inexorablemente.

Mi hermano Pablito, juguete de su sadismo y su indiferencia, se suicidó a los veinticuatro años ingiriendo lejía. Yo fui quien lo encontró bañado en su propia sangre, con el esófago y la laringe quemados, el estómago destrozado y el corazón a la deriva. Yo fui quien durante 90 días le cogió de la mano en el hospital de la Fontonne en Anibes, donde agonizó lentamente (…) éramos unos Picasso, muertos nada más nacer, atrapados en una espiral de esperanzas frustradas.

Mi abuela Olga humillada, mancillada, degradada por tantas traiciones, terminó su vida    paralítica, sin que mi abuelo fuera ni una sola vez a verla a su lecho de desamparo y desolación. Sin embargo ella lo había abandonado todo por él: su país, su carrera, sus sueños, su orgullo.

Mi madre, por su parte, llevaba el apellido Picasso como quien lleva una medalla, una medalla que la elevaba a los más altos niveles de la Paranoia. Casándose con mi padre se había casado con Picasso. En sus accesos de delirio, no admitía que no quisiera recivirla ni ofrecerle la gran vida que ella se merecía. Frágil, perdida y desequilibrada, tenía que contentarse con una parte de la exigua pensión semanal que mi abuelo pagaba para mantener a su hijo y a sus nietos bajo su dominio – y en la mayor indulgencia.

Me gustaría tanto poder vivir algún día sin este pasado, caminar sin estas muletas (…)

Pablito y yo no teníamos nada de eso. Desde el principio, nuestros biberones no contenían leche, sino un veneno que se destilaba cada día un poco más: el de Picasso, el del poder de Picasso, el de un superhombre que podía permitírselo todo y nos aplastaba a todos, el de un genio del que éramos rehenes”.

En las últimas páginas podemos leer también:

“Enclaustrado en Notre –Dame-de-Vie, murió solo tal como había vivido. Solo como había deseado.

Una vez pronunció una frase tan cruel: “Cuando me muera, será como un naufragio, y cuando un gran navío se va a pique, mucha gente a su alrededor es aspirada por el torbellino”. Es verdad, mucha gente fue aspirada por su torbellino (…)”

Tras citar de nuevo a su hermano y su padre continúa:

Marie Therese Walter, la musa inconsolable, que se ahorcó del techo de su garaje en Juan-les-Pins.

También se suicidó Jacqueline, la compañera de los últimos días, disparándose una bala en la sien.

Y, tiempo después, Dora Maar, que murió en la miseria en medio de las telas de Picasso que se negaba  a vender para conservar, solo para ella, la presencia del hombre que idolatraba.

Yo también debería haber sido una de esas víctimas. Si todavía estoy aquí, se lo debo a la rabia de vivir y de luchar por un abuelo con el que soñaba.

Y que ya no está.”

No hace falta leerse el libro (probablemente descatalogado ya) para conocer en más detalles de esta historia. Marina concedió distintas entrevistas tras su publicación que pueden encontrarse en internet (aquí tienes una y dos)

De la misma manera que podemos conocer personas que han “roto el círculo” de la negligencia y el maltrato no debemos olvidar que dicho círculo también tienen puntos de origen. Dice el Talmud que “Quien salva una vida, salva el mundo entero”. Pero podríamos añadir su contrario pues quien destruye una vida, destruye el mundo entero.

Como dice Jorge Font en su testimonio de reconstrucción tras quedarse paralítico: “Nos reconfiguramos en la mirada del otro”. Cuando descubrimos el valor que tenemos para los demás. Pero la mirada de un ego superlativo o de un genio encerrado en su genio no va más allá de si mismo por lo que mucha gente a su alrededor se marchito.

En la primera de las entrevistas Marina contesta:

“Aquella mirada… De niña, yo tenía miedo de sus ojos. La portada de mi libro lleva sus ojos y sé de gente que tiene que dar la vuelta al libro sobre la mesilla de noche para no ver esos ojos, porque esos ojos turban.”

Fue un acierto del fotógrafo fotografiar a Marina con la portada de su libro detrás.

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EPÍLOGO

Hay personajes, nunca mejor dicho, que se convierten en agujeros negros que absorben la vida de los que rodean. Pero, a veces, surgen héroes acompañados que en su dolor consiguen no solamente frenar el torbellino sino invertirlo y convertirse ellos mismos en faros para otra personas.

Y hablando de mirar, podemos mirar el texto de Marina Picasso como una vil venganza o como un valiente proceso de reconstrucción. Como una bella vidriera formada con los añicos de su infancia y juventud.

Probablemente la respuesta más justa sólo la tienen los hijos de Marina (dos biológicos y dos adoptados) y lo cientos de niños a los que ha ayudado con su Fundación.

Podemos quedarnos con el desastre tras Pablo Picasso o con el romper el círculo de Marina.

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Es tarde (23:07). Estoy haciendo mi paseo habitual y casi diario por mis páginas de internet habituales (el blog, los grupos de facebook, las de descarg… ¡Uy!¡No! ¡Esas no!) cuando me digo: “Bueno ya está… me vuelvo a la vida real,,, Bueno… va… un paseo por las editoriales”. Entro en Herder y tomo nota de reojo de alguna cosilla…. Ahora Gedisa… y ¡zas! ¡Me encuentro con esto!

Nada más y nada menos que un libro capitaneado por Stefan Vanistendael.

Mi bolsillo protesta y mis tarjetas bancarias salen disparadas y buscan refugio en el regazo de mi mujer. Intento calmarlas diciéndoles que en la ficha pone que solo vale 9´90 euros. Me preguntan – ¿cuántas páginas? – 96 les contesto- Se revuelcan de risa y tras decirme – Tiene que ser un error, idiota – se ocultan en el monedero de mi mujer que gracias a Dios está medio dormida.

Sé que el libro no está distribuido todavía por Valencia pero no creo que tarde en llegar porque la fecha de publicación es el 1/4/2013. Tengo unos días para recuperar las tarjetas.

Es una pena que Gedisa no se sume a la moda de colgar algunas páginas o incluso el primer capítulo en internet para descargarlo, así que me contento con leer el índice que os copio a continuación:

Prólogo por Stefan Vanistendael, El humor y la resiliencia en cooperación por Pierre Manil. Espacio para el humor por Michelle Rouyer. Yo clownpitán, educador y orgulloso de serlo por Philippe Gaberan. Resiliencia y espiritualidad por Stefan Vanistendael. Descubrir y crear sentido. Un componente esencial del proceso de resiliencia por Jacques Lecomte y Stefan Vanistendael y Función de los cuentos infantiles y resiliencia. Harry Potter y Blancanieves: cuentos posmodernos parea aprender a crecer sin hacer un drama por Bruno Humbeeck.

Más que suficientemente para comprarlo compulsivamente.

No os copio la reseña de la propia editorial para que entréis en su web y no me riñan.

Buenas noches. Bello paseo.

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Lo reconozco. Aunque me gusta vivir en “Posibility World” a veces visito “Positive Park”. Supongo que fue porque durante muchos años trabajé en protección de menores en “Traumatic King”.

Conocer el fenómeno de la resiliencia y los planteamientos de la psicología positiva (más ciertos planteamientos de terapia breve) me dirigió hacia “Posibility World”.

Hasta que un día me volví para atrás y descubrí que mi amada resiliencia y la psicología positiva habían sido seducidas por un gran parque de atracciones que estaban montando las editoriales y organizadores de eventos pidiéndole a empresarios, economistas, entrenadores personales (curioso concepto) y personas famosas que revelaran el secreto del éxito y de la felicidad.

Me acerco a Positive Park porque autores serios (terapeutas reconocidos, profesores de universidad o divulgadores sensatos) también tienen derecho a compartir su conocimiento con “el gran público”. Así que a veces en este parque puedes encontrar paseando por allí a Seligman, Bill O´Hanlon, Nardone, Tal Ben-Shahar, Nassim Taleb o Carl Honoré (cuyo libro, que aparece a la izquierda recomiendo encarecidamente a todos los padres. Por cierto que el subtitulo es de la editorial y en realidad debería ser “Como No educar….” puesto que no es un libro de autoayuda sino una crónica documentada de como nos estamos cargando la infancia como etapa de la vida)

 

¿Qué dónde está Positive Park?

No lo sé muy bien puesto que más que un lugar es un estado mental, una forma de ver la vida o una antropología, una visión del hombre.

Pero sé muy bien donde hay puertas de entrada al mismo. En la sección de autoayuda de cualquier tienda de libros (física o virtual).

Y al asomarme asiduamente a Positive Park he descubierto que en él hay olas. Como en está de moda en las piscinas artificiales.

No puedo, ni quiero hacer un recuento de las olas o modas que he visto pasar pero al menos sí me vienen unas cuantas a la cabeza.

Creo recordar que los primeros libros de ayuda venían muy directamente de la experiencia de, sobre todo, profesionales de la salud mental y que se dirigían a personas que tenían problemáticas personales concretas (dependencia emocional, baja autoestima, dificultades de relación…). Parecía un intento honrado de ayudar a la gente que pudiera estar sufriendo.

Pero la psicología positiva abrió un melón con una pepita de oro en su interior: felicidad. Y tras una primera embestida de autores procedentes de la universidad se abrió la espita para que cualquier persona con un cierto éxito o popularidad nos revele el gran secreto: cómo ser felices. Esta ola hoy mismo se ha echo gigantesca (al menos por aquí por España).

El domingo pasado estuve en una librería y en las novedades de la sección de autoayuda vi libros escritos por: corredores de maratón, economistas, empresarios (estos dos últimos llegaron para los tiempos de crisis pero no estuvieron ahí para predecirla) presentadoras y presentadores de televisión, … y personas que sufrieron una desgracia.

Un ejemplo muy significativo es lo que vi el otro día en televisión. Se daba la noticia de la presentación de un libro escrito por una famosa. Famosa por ser hija de un ganadero de reses bravas y, en su día, casada con un torero. En un primer corte, ella misma explicaba que cuando le propusieron escribirlo no estaba convencida. Ella no quiere ser ejemplo de nada. Planteamiento muy sensato y admirable. El problema es que hubo un segundo corte donde la famosa decía algo así como “yo soy una mujer muy valiente y muy fuerte… que es como deben ser todas las mujeres”. Vaya que casualidad.

Pero en todo caso no estoy criticando ni a la gente que escribe estos libros (ya me gustaría a mi poder y saber hacerlo y que alguien me lo quisiera publicar). Ni siquiera critico a las editoriales. Son un negocio y tienen que vender.

Lo que me preocupa es la filosofía que está en el interior de la ola. Y para explicarlo no tengo más que recurrir a Reyes y Roser que tuvieron la amabilidad de comentar otra entrada, tanto en el blog como por email:

Reyes escribía (la negrita es mía):

“Este tipo de reflexiones no son solo interesantes, sino totalmente necesarias en estos momentos, porque contribuyen por fin a desmontar toda esta dictadura del pensamiento positivo y porque cada vez más este supuesto poder omnipotente de la mente sobre todo lo que ocurre, está haciendo un daño impensable en aquellos que creen en él.(…)

Cuando lo que pedimos no sucede, ya no le echamos la culpa a nuestros dioses que no nos escuchan, ya no pensamos que es la voluntad divina, o como los ateos, no pensamos que es el azar el que ha tenido algo que ver con eso. No. El que cree en el pensamiento positivo, piensa que él es el responsable, el culpable, el torpe que no ha sabido o no ha podido realizar esa proeza. Entonces, no solo tiene que quitarse el problema que le preocupa, sino también la culpabilidad y la frustración de no haber podido conectar correctamente con el Universo. En el pensamiento religioso o ateo, al menos te libras de esa angustia, puesto que el responsable último de que las cosas no sucedan es dios o el azar. Tengo varias amigas psicólogas que dicen que cada vez más acuden a sus consultas personas traumatizadas por estas creencias, que tienen que sanar no solo sus problemas, sino el sentido de culpa originado por ellas. Y no solo eso. A veces vienen con un temor irracional a los pensamientos negativos, como si estos tuvieran la facultad de materializar lo que pasa por la cabeza. Demasiada responsabilidad, demasiada carga, para nuestra frágil, misteriosa y humilde, aunque maravillosa, existencia.”

Pocos días después encontré de casualidad (término ya sospechoso en Positive Park) una conferencia en TED de Alain de Botton, pensador autodefinido como ateo, que decía lo mismito que Reyes (he cambiado la secuencia de los párrafos para darle más coherencia a lo seleccionado):

“Nuestros héroes son héroes humanos. Eso es una situación muy nueva. La mayoría de sociedades tuvo en su centro la adoración de algo trascendente, un dios un espíritu, una fuerza natural, el universo. (…)

En la Edad Media, en Inglaterra cuando conocías una persona muy pobre esa persona sería descrita como un "desafortunado" literalmente, alguien que no ha sido bendecido por la fortuna, un desafortunado. Hoy, en particular en Estados Unidos si conoces a alguien del fondo de la sociedad él sería, cruelmente, descrito como un "perdedor". Hay una auténtica diferencia entre ser un desafortunado y ser un perdedor. Y eso muestra 400 años de evolución social y de la creencia de quién es responsable de nuestras vidas. Ya no son los dioses, somos nosotros. Nosotros estamos al mando. (…)

“Existe una auténtica correlación entre una sociedad que le dice a la gente que pueden hacer cualquier cosa y la existencia de la baja autoestima. Así que esa es otra forma en la que algo muy positivo puede tener un feo efecto. (…)

También Roser nos hizo unos excelentes aportes (videos y comentarios) y en especial me hizo mucha gracia que me confesó que conocía a una persona (española) que vive en estados unidos y ha sido abducida por el “Yes, we can” (el lema oficial de Positive Park).

Pero creo intuir que hemos llegado a la cresta de la ola y vamos a empezar a descender. Aunque sea porque las editoriales, necesitadas de seguir vendiendo van a pasarse del elogio de la fortaleza al elogio de la debilidad.

La propia Roser hizo en este blog  una referencia positiva al libro de Susana Méndez Gaos titulado “La bondad de los malos sentimientos” (Ediciones B). Este es el link de su página web.

Y a mi reseña del libro del interesante “Antifrágil” de Nassim Nicholas Taleb (lo fuerte no es lo opuesto a lo frágil sino que lo fuerte es lo no frágil, para lo opuesto no hay palabra y él lo llama lo antifrágil, es decir lo que mejora en circunstancias inciertas, impredecibles, difíciles) debo ahora añadir dos novedades de la editorial Urano.

“Frágil” de la trabajadora social e investigadora Brené Brown acerca de lo bueno de ser vulnerables. Puedes ver su conferencia “El poder de la vulnerabilidad” pinchando aquí (deberás elegir el idioma de los subtítulos).

“El antídoto". Felicidad para gente que no soporta el pensamiento positivo” de Oliver Burkeman (divulgador de temas relacionados con la psicología) y que plantea la siguiente pregunta: ¿Y si tanta búsqueda de la felicidad nos estuviera haciendo desgraciados?

Frágil

Puedes descargar el primer capítulo de estos dos libros en la página de la editorial.

Así que tras el subidón del “pensamiento positivo” auguro (de gurú o viceversa) la bajada al pensamiento negativo definido como “aquel que pasa por aceptar la inseguridad, la incertidumbre y ciertas dosis de pesimismo”.

Y si digo el descenso de la ola y no la desaparición del oleaje es porque las mismas editoriales van a encontrar, si no lo han hecho ya, el filón (¿que mejor ejemplo que el subtitulo de “Bajo presión”).

Mientras tanto intentaré refugiarme en “Posibility World” un mundo donde el dolor y el sufrimiento se miran a la cara, donde se sabe que nadie sale a solas de él (por mucho que se empeñen algunos), y donde se deja espacio a las oportunidades y ¿por qué no?… a los milagros (divinos o azarosos).

 

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Rosa Fernández, de la Universidad de A Coruña y madre adoptiva (y con un magnífico blog) me informa que un grupo de profesores e investigadores de la dicha universidad junto con el grupo de profesionales del centro ALEN, están iniciando una investigación sobre ALTERACIONES DEL APRENDIZAJE EN NIÑOS Y NIÑAS QUE HAN SIDO ADOPTADOS.

Pide colaboración para difundir la misma por lo que cuelgo en este post el link donde se explica la misma:

http://blog.adopcionyescuela.es/

Os agradecemos vuestra colaboración.

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Preparando el taller que celebramos (lo de celebrar lo digo más por mi que por los asistentes) en El Valle de Abdalajis (Málaga) empecé a darle vueltas que no sólo es importante dar el sustento físico (incluido juego) a nuestros menores (o cualquier otro usuario o usuaria de un centro) sino que también deberíamos cuidar la apariencia y la calidad de cómo lo hacemos.

Podemos encontrar cientos de ejemplos sobre cómo esto ocurre habitualmente en nuestra vida. Por mucho que nos apetezca… no vamos a una boda de un familiar o de una amistad en chándal. La mayoría nos preocupamos al menos un poquito porque nuestra casa sea un lugar agradable. Y cualquier cocinero de cierta categoría cuidará no solo los sabores de la comida sino también la presentación.

Durante el taller vimos un montaje de video en el que he fusionado fragmentos de la historia de Jorge Font, Alice Herz-Sommer y Bosco Gutierrez Cortina. En el relato de este último sobre su secuestro cuando era joven descubrimos que, cuando gracias a un movimiento de revolución interior por el que pasó de prisionero en un zulo a rey de su espacio, decide limpiar su celda hasta el último milímetro.

Es curioso que, este arquitecto, antes de ser secuestrado escribiera un artículo centrado no en las forma externa de los edificios sino en el cuidado del diseño del “espacio interior”.

En su secuestro una revolución en su interior (el acto heroico de renunciar a un deseo concedido por los secuestradores) provocó una transformación en su espacio exterior.

Pero ¿puede darse este movimiento al revés?

Todas las grandes religiones han entendido que sí y por ello han buscado la belleza y grandeza en sus templos. Hasta el punto que el filósofo o pensador ateo Alain de Botton propone, en su libro “Religión para ateos”, copiar a las mismas en lo que él considera positivo para la humanidad aunque Dios no exista. Llega así a proponer la construcción de templos laicos que busquen, a través de su belleza, elevarnos hacia valores que él considera esenciales para el ser humano (interesante buscar en internet sus “10 mandamientos para ateos”)

No voy a valorar los planteamientos de este autor (al menos hay que reconocerle el mérito de cabrear tanto a creyentes como ateos lo cual ya es difícil). Simplemente es un ejemplo traído al hecho de que parece más fácil rezar, meditar o simplemente reflexionar en un entorno bello (que no necesariamente costoso) que en un cuarto trastero.

También me atrevo a afirmar que, se sea creyente o no, la Sagrada Familia de Gaudí, tanto en su exterior como en su interior, provoca una emoción que podemos llamar algo así como “sobrecogimiento”. Es lo que Jonathan Haidt un confeso “científico judío ateo” denomina percepción de lo “sagrado”.

Pero quiero añadir otra experiencia del pasado viernes en este sentido. Las Madres de los Desamparados y San José de la Montaña gestionan en El Valle de Abdalajis una residencia para alrededor de cien ancianos y ancianas. Tuvimos, al acabar el taller, la oportunidad de visitarlo.

Mi sorpresa fue descubrir que cada uno de sus espacios estaba amueblado y decorado como si fuera cualquier habitación de nuestra casa. Podría gustarnos o no el estilo decorativo (algo clásico es cierto) pero lo que me llamó la atención es que se notaba que alguien se había preocupado por lo bello y no sólo por lo funcional.

Lo funcional en una salita donde personas ancianas van a ver la televisión no es que haya una mesa camilla (¿Para qué si lo importante es que vean la tele?). Ni que en la mesa camilla haya un jarrón con flores (¿para que lo rompan al tambalearse?). No es funcional una estantería llena de libros (acumulan polvo y además ya casi ninguno lee). Ni otra sala de reunión en una buhardilla con vistas estupendas (¡Qué despacho magnífico para la dirección se habría podido montar allí!). Ni son funcionales los manteles de tela (que hay que lavar) o los centros de mesa.

Supongo que además de lo bonito (o intencionalmente bonito) no estará reñido con lo funcional. Las sillas de ruedas pasan por la puertas y los pasillos. Y si hace falta oxígeno… pues oxígeno. Y si… pues lo que haga falta.

No sé si fue sugestión pero me quedé con la sensación de que dentro de lo duro que debe ser eso de la vejez (yo ya estoy en el sprint final suponiendo que no me estrelle por el camino) más vale vivirla en un entorno como éste que en otros muchos que también he conocido.

Y eso me refuerza en mi pensamiento de que la vida es más llevadera si se consume una dosis suficiente de belleza.

Nuestros menores pueden sobrevivir sin problemas con bocatas de chóped y mortadela. Pueden ser felices en chándal. Pueden dormir en cuartos con posters con chinchetas y con luces blancas de clínica.

Pero quizá sea mucho más útil, para ayudarles a rehacerse de una infancia difícil, inocularles el gusto por el jamón serrano y los ibéricos; la experiencia de ir alguna vez “bien guapos” y el placer de acurrucarse en su cama para leer o mirar un cuento con la luz cálida de un pequeño flexo.

Y si quizá la belleza no sea funcional para su recuperación al menos sí para reconocerles su dignidad.

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Mi breve pero intensa y gozosa estancia en tierras Malagueñas ha dejado en mi note-book un archivo de texto con tres futuras entradas en este blog (las recojo aquí puesto que los archivos informáticos se pierden igual o más fácilmente que los objetos reales):

  • En contraste con el título del taller “Rompiendo el círculo. Ayudando a nuestros menores a no repetir la historia” una reflexión (más) sobre aquellas personas que tuvieron gran éxito personal y social y que, sin embargo, iniciaron una espiral de tragedias humanas en las siguientes generaciones. Todo ello a propósito de mi visita a la Casa Natalicia y el Museo Pablo Picasso.
  • Un apunte sobre el dilema “Funcional” versus “Bello” en el diseño, decoración y otros aspectos de los “Centros residenciales” (de cualquier sector de la intervención social).
  • Un anticipo de una línea de trabajo que surge en mi interior en los últimos tiempos: el desarrollo de lo que podríamos llamar una LOGO-PROTECCIÓN DE MENORES. O, de otra forma, una “protección de los menores a través del o para el sentido” .

Pero como ya veo en mi horizonte otros molinos (uno en Zaragoza, otro en Guadalajara…) no sé cuando podré encontrar el tiempo para desarrollar estos temas.

Así que aprovecho este Note-post para recoger otra sorpresa agradable del viaje a Málaga.

Entro en una conocida librería de la ciudad a curiosear y me encuentro de bruces con el libro “Resiliencia. De vidrio roto a vitreaux” de Gloria Husmann y Graciela Chiale publicado en el Grupo Editorial argentino Del Nuevo Extremo.

Ya conocía la existencia de este libro, y otros dos de su colección sobre resiliencia a través del grupo “Resiliencia” en Facebook que coordina Pilar Surjo, y en el cual la propia editorial participa (el verano pasado nos hizo saber que pronto estarían en Amazon). También intuía que se estaban distribuyendo en España porque aparecía en la venta online de, por ejemplo, La Casa del Libro. Pero el sábado tuve la suerte de… ¡toparme con él! Un lujo.

Y como además es un libro de pocas páginas y ameno, el viaje de regreso en tren me permitió empezarlo… y acabarlo.

Y lo más importante que puedo decir de él es que se trata de un libro “honesto” (¿Hay libros deshonestos?)

Digo honesto porque se basa en la experiencia de las autoras con testimonios de personas concretas. Podrían haber cogido esa experiencia y (como hacemos algunos) empezar a darle vueltas y vomitar alguna idea supuestamente original, brillante…. (repito: supuestamente).

Sin embargo Gloria y Graciela han respetado exquisitamente el testimonio de las personas que compartieron con ellas sus historias. La voz del libro es, por tanto, la voz de las personas que se rehicieron de diversos golpes de la vida. Todo un mérito.

El libro tiene para mi otras virtudes que no puedo ahora desgranar pero además de éstas, y de lo anterior, es también obvio que la metáfora de la resiliencia como la construcción de una vidriera a partir de los fragmentos de un vidrio roto es muy sugerente.

Yo, desde luego, aunque no tenga un contenido digamos “denso”, no me arrepiento de haberlo comprado.

Os dejo el enlace de la editorial y el de un video de presentación de la colección en Argentina.

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El pasado viernes tuve el privilegio de compartir 6 horas de reflexión con un grupo de educadoras y educadores de los Hogares Infantiles, de toda España, de las Madres de los Desamparados y San José de la Montaña.

Además pude conocer, gracias a su amabilidad, la localidad de El Valle de Abdalajís, donde se celebraron las XVI jornadas formativas de esta institución, y la casa natalicia de Madre Petra fundadora de la congregación.

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Si a eso le añado poder pasar, junto con mi mujer, el sábado completo en la ciudad de Málaga es evidentemente que el que más ha ganado de la experiencia he sido yo.

Les (os) pido perdón a los y las asistentes por no haberos dado muchas oportunidades para expresar vuestras opiniones o ideas. Mi pasión por comunicar ciertas convicciones muchas veces me lleva esto. Espero que podáis perdonarme.

Pero, para compensaros, OS ABRO LAS PUERTAS DE ESTE BLOG PARA QUE PODAIS COMPARTIR TODO AQUELLO QUE OS HUBIERA GUSTADO DECIRME O COMPARTIR CON LOS Y LAS COMPAÑERAS. Tanto en este post como en cualquier otro podéis hacer el comentario que queráis. No se publicará en el momento que lo escribáis pero todos los días reviso el blog para ver si hay comentarios que aprobar.

De mi experiencia de este fin de semana si han surgido varios posibles comentarios y por ello en sucesivos días es probable que publique algunos post que podría titular con todo cariño “A propósito de Málaga…”.

Os dejo los enlaces para que podáis descargar:

Es evidente que este post y los enlaces no están limitados a los asistentes a las jornadas pero ¿qué más da si alguien que no participó accede a los materiales si eso sirve para que reflexiones sobre como ”Ayudar a los menores desprotegidos a no repetir la historia”?

Y además estoy pensando en vuestros compañeros y compañeras que se tuvieron que quedar “al pie del cañón”.

Frente los derechos de nuestros chavales y chavalas no hay derecho de autor que valga ¿no?.

Un beso o abrazo muy fuerte a todos y todas.

Seguimos en contacto (si queréis).

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