Olas en Positive Park

Lo reconozco. Aunque me gusta vivir en “Posibility World” a veces visito “Positive Park”. Supongo que fue porque durante muchos años trabajé en protección de menores en “Traumatic King”.

Conocer el fenómeno de la resiliencia y los planteamientos de la psicología positiva (más ciertos planteamientos de terapia breve) me dirigió hacia “Posibility World”.

Hasta que un día me volví para atrás y descubrí que mi amada resiliencia y la psicología positiva habían sido seducidas por un gran parque de atracciones que estaban montando las editoriales y organizadores de eventos pidiéndole a empresarios, economistas, entrenadores personales (curioso concepto) y personas famosas que revelaran el secreto del éxito y de la felicidad.

Me acerco a Positive Park porque autores serios (terapeutas reconocidos, profesores de universidad o divulgadores sensatos) también tienen derecho a compartir su conocimiento con “el gran público”. Así que a veces en este parque puedes encontrar paseando por allí a Seligman, Bill O´Hanlon, Nardone, Tal Ben-Shahar, Nassim Taleb o Carl Honoré (cuyo libro, que aparece a la izquierda recomiendo encarecidamente a todos los padres. Por cierto que el subtitulo es de la editorial y en realidad debería ser “Como No educar….” puesto que no es un libro de autoayuda sino una crónica documentada de como nos estamos cargando la infancia como etapa de la vida)

 

¿Qué dónde está Positive Park?

No lo sé muy bien puesto que más que un lugar es un estado mental, una forma de ver la vida o una antropología, una visión del hombre.

Pero sé muy bien donde hay puertas de entrada al mismo. En la sección de autoayuda de cualquier tienda de libros (física o virtual).

Y al asomarme asiduamente a Positive Park he descubierto que en él hay olas. Como en está de moda en las piscinas artificiales.

No puedo, ni quiero hacer un recuento de las olas o modas que he visto pasar pero al menos sí me vienen unas cuantas a la cabeza.

Creo recordar que los primeros libros de ayuda venían muy directamente de la experiencia de, sobre todo, profesionales de la salud mental y que se dirigían a personas que tenían problemáticas personales concretas (dependencia emocional, baja autoestima, dificultades de relación…). Parecía un intento honrado de ayudar a la gente que pudiera estar sufriendo.

Pero la psicología positiva abrió un melón con una pepita de oro en su interior: felicidad. Y tras una primera embestida de autores procedentes de la universidad se abrió la espita para que cualquier persona con un cierto éxito o popularidad nos revele el gran secreto: cómo ser felices. Esta ola hoy mismo se ha echo gigantesca (al menos por aquí por España).

El domingo pasado estuve en una librería y en las novedades de la sección de autoayuda vi libros escritos por: corredores de maratón, economistas, empresarios (estos dos últimos llegaron para los tiempos de crisis pero no estuvieron ahí para predecirla) presentadoras y presentadores de televisión, … y personas que sufrieron una desgracia.

Un ejemplo muy significativo es lo que vi el otro día en televisión. Se daba la noticia de la presentación de un libro escrito por una famosa. Famosa por ser hija de un ganadero de reses bravas y, en su día, casada con un torero. En un primer corte, ella misma explicaba que cuando le propusieron escribirlo no estaba convencida. Ella no quiere ser ejemplo de nada. Planteamiento muy sensato y admirable. El problema es que hubo un segundo corte donde la famosa decía algo así como “yo soy una mujer muy valiente y muy fuerte… que es como deben ser todas las mujeres”. Vaya que casualidad.

Pero en todo caso no estoy criticando ni a la gente que escribe estos libros (ya me gustaría a mi poder y saber hacerlo y que alguien me lo quisiera publicar). Ni siquiera critico a las editoriales. Son un negocio y tienen que vender.

Lo que me preocupa es la filosofía que está en el interior de la ola. Y para explicarlo no tengo más que recurrir a Reyes y Roser que tuvieron la amabilidad de comentar otra entrada, tanto en el blog como por email:

Reyes escribía (la negrita es mía):

“Este tipo de reflexiones no son solo interesantes, sino totalmente necesarias en estos momentos, porque contribuyen por fin a desmontar toda esta dictadura del pensamiento positivo y porque cada vez más este supuesto poder omnipotente de la mente sobre todo lo que ocurre, está haciendo un daño impensable en aquellos que creen en él.(…)

Cuando lo que pedimos no sucede, ya no le echamos la culpa a nuestros dioses que no nos escuchan, ya no pensamos que es la voluntad divina, o como los ateos, no pensamos que es el azar el que ha tenido algo que ver con eso. No. El que cree en el pensamiento positivo, piensa que él es el responsable, el culpable, el torpe que no ha sabido o no ha podido realizar esa proeza. Entonces, no solo tiene que quitarse el problema que le preocupa, sino también la culpabilidad y la frustración de no haber podido conectar correctamente con el Universo. En el pensamiento religioso o ateo, al menos te libras de esa angustia, puesto que el responsable último de que las cosas no sucedan es dios o el azar. Tengo varias amigas psicólogas que dicen que cada vez más acuden a sus consultas personas traumatizadas por estas creencias, que tienen que sanar no solo sus problemas, sino el sentido de culpa originado por ellas. Y no solo eso. A veces vienen con un temor irracional a los pensamientos negativos, como si estos tuvieran la facultad de materializar lo que pasa por la cabeza. Demasiada responsabilidad, demasiada carga, para nuestra frágil, misteriosa y humilde, aunque maravillosa, existencia.”

Pocos días después encontré de casualidad (término ya sospechoso en Positive Park) una conferencia en TED de Alain de Botton, pensador autodefinido como ateo, que decía lo mismito que Reyes (he cambiado la secuencia de los párrafos para darle más coherencia a lo seleccionado):

“Nuestros héroes son héroes humanos. Eso es una situación muy nueva. La mayoría de sociedades tuvo en su centro la adoración de algo trascendente, un dios un espíritu, una fuerza natural, el universo. (…)

En la Edad Media, en Inglaterra cuando conocías una persona muy pobre esa persona sería descrita como un "desafortunado" literalmente, alguien que no ha sido bendecido por la fortuna, un desafortunado. Hoy, en particular en Estados Unidos si conoces a alguien del fondo de la sociedad él sería, cruelmente, descrito como un "perdedor". Hay una auténtica diferencia entre ser un desafortunado y ser un perdedor. Y eso muestra 400 años de evolución social y de la creencia de quién es responsable de nuestras vidas. Ya no son los dioses, somos nosotros. Nosotros estamos al mando. (…)

“Existe una auténtica correlación entre una sociedad que le dice a la gente que pueden hacer cualquier cosa y la existencia de la baja autoestima. Así que esa es otra forma en la que algo muy positivo puede tener un feo efecto. (…)

También Roser nos hizo unos excelentes aportes (videos y comentarios) y en especial me hizo mucha gracia que me confesó que conocía a una persona (española) que vive en estados unidos y ha sido abducida por el “Yes, we can” (el lema oficial de Positive Park).

Pero creo intuir que hemos llegado a la cresta de la ola y vamos a empezar a descender. Aunque sea porque las editoriales, necesitadas de seguir vendiendo van a pasarse del elogio de la fortaleza al elogio de la debilidad.

La propia Roser hizo en este blog  una referencia positiva al libro de Susana Méndez Gaos titulado “La bondad de los malos sentimientos” (Ediciones B). Este es el link de su página web.

Y a mi reseña del libro del interesante “Antifrágil” de Nassim Nicholas Taleb (lo fuerte no es lo opuesto a lo frágil sino que lo fuerte es lo no frágil, para lo opuesto no hay palabra y él lo llama lo antifrágil, es decir lo que mejora en circunstancias inciertas, impredecibles, difíciles) debo ahora añadir dos novedades de la editorial Urano.

“Frágil” de la trabajadora social e investigadora Brené Brown acerca de lo bueno de ser vulnerables. Puedes ver su conferencia “El poder de la vulnerabilidad” pinchando aquí (deberás elegir el idioma de los subtítulos).

“El antídoto". Felicidad para gente que no soporta el pensamiento positivo” de Oliver Burkeman (divulgador de temas relacionados con la psicología) y que plantea la siguiente pregunta: ¿Y si tanta búsqueda de la felicidad nos estuviera haciendo desgraciados?

Frágil

Puedes descargar el primer capítulo de estos dos libros en la página de la editorial.

Así que tras el subidón del “pensamiento positivo” auguro (de gurú o viceversa) la bajada al pensamiento negativo definido como “aquel que pasa por aceptar la inseguridad, la incertidumbre y ciertas dosis de pesimismo”.

Y si digo el descenso de la ola y no la desaparición del oleaje es porque las mismas editoriales van a encontrar, si no lo han hecho ya, el filón (¿que mejor ejemplo que el subtitulo de “Bajo presión”).

Mientras tanto intentaré refugiarme en “Posibility World” un mundo donde el dolor y el sufrimiento se miran a la cara, donde se sabe que nadie sale a solas de él (por mucho que se empeñen algunos), y donde se deja espacio a las oportunidades y ¿por qué no?… a los milagros (divinos o azarosos).

 

2 Comments

  1. Hola Javier, gracias por esta entrada. Me leí el libro de Barbara Ehrenreich, Sonríe o muere. La trampa del pensamiento positivo. Muy bien escrito, documentado, lleno de datos y anécdotas. Escribo aqui el párrafo final, que no tiene desperdicio:
    “Desde luego la felicidad nunca está garantizada, aunque uno sea rico, le vaya bien en la vida y tenga amor. Pero que la felicidad no sea un resultado invariable de unas circunstancias felices no significa que vayamos a hallarla por medio de un viaje interior en el que revisemos lo que pensamos y lo que sentimos. Nos enfrentamos a problemas reales, y solo podemos afrontarlos si pensamos menos en nosotros mismos y nos ponemos manos a la obra en el mundo real. Habrá que construir diques, llevar comida a los hambrientos, encontrar remedios y dotar adecuadamente al personal de primeros auxilios. Quizás no todo nos salga bien, seguramente no todo salga bien a la primera, pero -si se me permite terminar confesando mi secreto personal de la felicidad- podemos pasarlo muy bien mientras lo intentamos”.

    Un abrazo

    1. Muchas gracias por tu aporte Reyes. Le seguiré la pista al libro que referencias. Por lo que dices (y el párrafo genial que copias) está claro que va en la misma línea que el de Olver Burkeman. En este denomina al movimiento que se opone al pensamiento positivo como “pensamiento negativo”. No me gusta la idea de etiquetar ahora también a esta postura. Creo que toda la vida a existido una cosa llamada “sentido común” o “cordura”… Por eso lo de “olas”…. Supongo que las cosas van así… a modas.
      Me alegro mucho de que sigas colaborando en este blog. ¿Cómo va lo del tuyo?

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