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Archive for 30 mayo 2013

¿Alguna vez…

… has sentido vergüenza por algo que no podías evitar?

… has evitado ir a un acto social porque no tenías ropa adecuada?

… has preferido no ir con alguien a tomar algo porque estabas sin dinero y no querías que te invitaran ni invitar? ¿O has dicho que no tomabas nada porque te molestaba el estómago sin ser cierto?

… te has sentido mal porque te parecía que un familiar o amigo estaba haciendo el ridículo?

 

Antonio, 10 años

!Lo peor era volver al colegio después de Navidades! Todos los niños y niñas contando lo que les habían traído Papá Noel o los Reyes Magos, y yo no podía decir ¡nada!. ¡No lo soporto! ¿Por qué me tenía que pasar eso a mí? El novio de mi madre si le compra cosas a ella ¿por qué no he tenido nunca un regalo de Reyes? Pero lo peor era el día siguiente….

Alegría, 9 años

– ¿Cómo explicas que tu tienes unos apellidos pero que vives con una familia que no es la tuya? –

  – ¡Ah! Yo digo que mi madre se ha muerto-

Esmeralda, 14 años

Me molesta que “papá” (acogedor) diga que soy acogida. Siempre que nos preguntan o nos presentan a alguien tiene que decir… Y Esmeralda y su hermana que viven con nosotros.

Pedro, 11 años.

Estoy bien con la familia los fines de semana pero ahora que me voy a vivir con ellos…. ¡no quiero cambiar de colegio! En el que estoy ya me conocen… Es un rollo conocer compañeros nuevos, tener que explicar…

Para pensar

Parece que la vergüenza es un sentimiento ajeno a los niños (excepto la vergüenza-timidez). La vergüenza “tierra trágame” parece que no les es propia.

Parece que los niños acogidos en centros o en familias tendrían que llevar con naturalidad el serlo. Pero no es así. No es fácil exponer públicamente las miserias de su familia igual que no nos gusta a nosotros exponer las pequeñas miserias cotidianas propias.

Nuestras mentirijillas, nuestras pequeñas deserciones están justificadas,… ¿y las de ellos o ellas?

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Por distintos motivos, unos como familia acogedora y otros como técnico de menores, en los últimos días no puedo dejar de pensar en lo crucial que es que tanto familias acogedoras como técnicos no perdamos de vista las experiencias por las que han pasado los niños acogidos en familias o en centros.

Es muy fácil perder la perspectiva histórica (“Todo eso ya pasó, ahora estás protegido, así que… mejor olvidar”). Pero es injusto. Porque tú y yo no hemos olvidado del todo experiencias que tuvimos. Al menos no con el cerebro emocional.

Quizá a ti te pase como a mí que me cuesta aceptar a los niños abusones porque en mi barrio había unos hermanos por los que me sentía intimidado (seguro que no llegó a bulling).

Y quizá por eso siempre he dicho que, puestos a elegir, no me gusta la experiencia fraterna de los gemelos. Hasta hace poco lo racionalizaba pero en realidad es que aquellos hermanos lo eran.

O quizá si eres el pequeño de varios hermanos (como yo) también tiendas a solucionar los problemas con la pasividad. Al final y al cabo siempre llegaba otro que te ayudaba.

O quizá te pase (¡Vaya que casualidad!) como a mí que en los primeros años de convivencia una discusión con tu pareja te parecía un drama porque nunca viste a tus padres discutir.

Y seguramente las primeras discusiones al inicio de una relación de pareja fueron en el hipermercado…  ¡Pues en mi casa se compraba para toda la semana… Pues mi madre…

Quizá te pasé que no soportas la mentira porque tus padres te llevaron engañado a ponerte una vacuna.

O quizá…

Si todos podemos ser, en un momento dado, conscientes del peso de nuestra historia (para mal o para bien) en nuestra manera actual de ser ¿Por qué, a veces, acogedores o técnicos parece que olvidemos el peso de la desprotección en las reacciones de nuestros niños y niñas acogidas o de nuestros centros?

Evidentemente porque las nuestras permanecen en eso que antes he llamado cerebro emocional (nunca me acuerdo en qué hemisferio vive el tipo este). Las nuestras sí. Pero evidentemente las de los demás no.

También porque la Administración no tiene una información con detalles concretos. Los informes tienden a generalizar con términos como negligencia, incapacidad parental,…

Además algunos técnicos (yo no lo comparto) consideran que es más importante la confidencialidad del expediente que el que la familia acogedora tenga muchos detalles.

Luego, con el niño o niña en nuestra casa, es posible que nos cueste hablar con él o ella de su pasado (incluso cuando ya tiene suficiente confianza) porque ¿para qué recordarle los malos momentos?

Por eso creo que es importante saber lo que les pasó a los Niños Perdidos, como yo los suelo llamar. Pero no solo conocerlo intelectualmente sino conectarlo con nuestro yo emocional.

Por eso propongo recopilar cosas que les pasaron a nuestros menores y que nos ayudan a entender como son y que hay detrás de sus comportamientos.

Porque mismos comportamientos pueden tener causas muy diferentes. Hay niños muy movidos por un trastorno de atención y hay otros igual de movidos por un trastorno de atención… familiar. Y no es lo mismo, la verdad.

Yo empiezo con el siguiente post.

¿Te apuntas?

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Vuelvo a los orígenes del blog que nació porque el menda descubrió que el ciberespacio era, paradójicamente, un buen sitio para no perder ciertos documentos o escritos propios, ya que los ordenadores y discos duros tienen la virtud de morirse. Y ¡qué más daba si alguien lo leía! (en el fondo la escritura es comunicación ¿no?)

Así que en vez de apuntarme libros que me llaman la atención para algún día comprarlos, leerlos (total o parcialmente) y, en su caso, escribir un post para recomendarlo, he pensado que porque no apuntármelos en un post del blog.

Así que quede claro. Los siguientes libro están en mi punto de mira pero no los tengo todavía. Al revés si alguien conociera alguno y quisiera dejar un comentario…

SAL DE TU MENTE, ENTRA EN TU VIDA. La nueva Terapia de Aceptación y Compromiso

Hace unos años me interese por la Terapia de Aceptación y Compromiso que siendo un desarrollo del enfoque cognitivo-conductual llegaba a planteamientos cercanos a la terapia narrativa y otros enfoques de epistemologías muy alejada al conductismo. Pero el material y algún libro que cayó en mis manos me resultaron de difícil comprensión o algo farragosos. Este parece mucho más sencillo de leer. No tengo referencias del autor.

Este libro tiene una pinta muy distinta. Se puede descargar un pdf con el índice y primeras páginas.

Los tres primeros párrafos de la introducción sirven para justificar mi interés por el libro dentro del marco de este blog (también me interesa que el Valencia se clasifique para la Champion League pero no por ello hago un post):

La gente sufre. No se trata solo de que sienta dolor físico; el sufrimiento es mucho más que eso. Los seres humanos tienen que habérselas también con el dolor psíquico que experimentan: con sus emociones y pensamientos negativos, con los recuerdos desagradables, los impulsos y sensaciones negativas. Tienen todo eso en la cabeza, se preocupan por todo eso, lo lamentan y lo temen.Al mismo tiempo, los seres humanos demuestran un enorme valor, una profunda compasión y una notable capacidad para salir adelante incluso con la más complicada de las historias personales. Aún a sabiendas de que pueden salir heridos, los seres humanos son capaces de amar a otras personas. Aun sabiendo que han de morirse, los seres humanos se preocupan por el presente y por el futuro. Aun enfrentándose al sinsentido, los seres humanos son capaces de abrazar ideales. A veces, da la sensación de que los humanos son capaces de estar totalmente vivos, presentes y comprometidos.

Este libro trata sobre cómo pasar del sufrimiento al compromiso con la vida. Más que esperar a salir triunfadores en la lucha interna con nosotros mismos para poder empezar de una vez nuestra vida, este libro trata sobre cómo vivir a partir de ahora y vivir totalmente con (no “a pesar de”) el pasado, con los recuerdos, con los miedos y con la tristeza.

Me interesó la historia personal de este autor (vivió durante diecisiete años en una institución especializada para personas con discapacidades físicas y quizá la filosofía fue su tutor de resiliencia) me pareció sugerente esta entrevista en la que afirmaba “La vida no tiene solución porque no es un problema”

Y esta es la sinopsis que ofrece la editorial en su página

Las veinte reflexiones que Jollien nos transmite en esta obra nos muestran el camino hacia una sabiduría que nos aporta la paz interior. Estas veinte meditaciones son, al propio tiempo, un remedio y una reflexión sobre los obstáculos que nos separan de la felicidad y los caminos que nos conducen a ella. El abandono, la amistad, la determinación, la fragilidad, la gratitud y la humildad son algunas de las vías que Alexandre Jollien practica cada día para afrontar los pequeños acontecimientos, felices o desgraciados, que aparecen en su vida (un encuentro, una conversación con sus hijos, una disputa, una impaciencia, una angustia…), empleando estos recursos para afrontarlos sin sufrimiento. De este modo, elabora “un arte de vivir que nos desprende de los obstáculos que nosotros mismos nos ponemos y nos ayuda a encontrar la audacia de afrontar felizmente nuestra existencia.”

El Pequeño tratado sobre el abandono intenta construir un camino hacia la libertad interior y  dibujar el arte de vivir que permite asumir los altibajos de la vida cotidiana. Ni instrucciones ni recetas, solo reflexiones encaminadas a  descubrir las herramientas y los ejercicios espirituales que nos permiten avanzar. A partir de la tradición filosófica y del zen, Alexandre Jollien nos invita a encaminarnos hacia una vida más simple, pues  la felicidad no procede de la acumulación, sino del desapego, y es la alegría la que nos lleva hacia ella. De ahí surge este itinerario hacia el abandono, nacido de sus  alegrías y sus heridas.

Cerebro y trascendencia

Descubierto y ojeado esta misma tarde.

Si mantengo que la trascendencia es uno de los recursos internos para la resiliencia un estudio de la misma como una característica propia del cerebro humano no parece un libro a no tener en cuenta.

Una buena reseña aquí y la página de la editorial aquí.

 

 

Este verano debería leer este libro de Stefano Cirilo para preparar el curso “Intervención con menores en riesgo. Más allá del control”

Malos padres proporciona pautas teóricas novedosas y un enfoque particular para afrontar la problemática de violencia, abuso y descuido de los niños por parte de sus propios padres. Stefano Cirillo nos traslada su experiencia de 30 años como terapeuta especializado en padres de familia que no solo no piden ayuda sino que niegan, además, la necesidad de tratamiento, al no considerarse "malos" en absoluto. El tratamiento de personas maltratadoras debe ser riguroso pues solamente una intervención y una cura eficaces pueden romper definitivamente la cadena de violencia que se trasmiten de generación en generación. Stefano Cirillo nos propone aquí los instrumentos operativos y modelos de intervención que deben guiar a los agentes participantes acudiendo a la ilustración de casos concretos y a un estilo suma-mente didáctico.

INDICE

I Parte: Las fases iniciales del proceso de interpretación: 1. El proceso de intervención / 2. Los primeros pasos del tribunal / II Parte: Quinta fase. La fase crucial de la intervención: 3. La evaluación de la recuperabilidad / 4. Técnicas de trabajo en el contexto aislado / III Parte: Las fases finales del proceso de intervención: Pronóstico y tratamiento: 5. Sexta fase. El proceso pronóstico / 6. Séptima fase. La terapia de la familia / 7. Conclusiones

Y me da mucha rabia porque sé que por tardar en apuntármelos se me olvida otro libro que sé que me interesó mucho pero no recuerdo ni el autor ni el título ni la editorial ¡Qué desastre!

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Siempre le he tenido cierta manía al concepto de autoestima. No sé muy bien porqué (podría bromear pero me voy a contener).

Supongo que porque siempre he pensado que ésta dependía de la “heteroestima” y que, por tanto, los programas para aumentar la autoestima (tipo “en realidad eres mejor de lo que te crees”) no tenían demasiado sentido.

Pero gracias a Maryorie Dartangnan, que junto con Jorge Barudy está impartiendo un curso en Valencia he conocido hoy mismo este video que transmite una metáfora sobre la autoestima muy sugerente (¡benditas metáforas! ¡Si no fuera por ellas estaría perdido!)

Así que creo que por aquello de “dar gratis aquello que has recibido gratis” es de justicia que lo cuelgue en el blog.

No creo que necesite más comentarios. Míos. Tuyos, todos los que quieras.

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BLOG DE NOTAS: Amistad

Esta vez Iñigo y Sagrario de Dando vueltas sobre vueltas han pinchado en la elección de entrevistado pero hay que felicitarlos por sus 6 meses de blog que sigue siendo ¡ABSOLUTAMENTE RECOMENDABLE!

Visitarlo todos los martes (como mínimo)

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No siempre se aprende leyendo libros de texto. No sólo se aprende experimentando. A veces se aprende simplemente charlando.

Charlando con gente interesante.

Y también se aprende dando charlas.

Para mí sigue siendo una sorpresa que confíen en mí para rellenar un espacio en unas jornadas, conmemoración, etc. Pero ¡allá ellos!

Lo que sí sé es que para mí, cada charla, conferencia, o curso, es un reto. Un temido pero apasionante reto. El de salir de mi punto de vista para intentar ponerme en el lugar de quien me va a escuchar (suponiendo que no se duerma). Hasta ahora nunca he repetido exactamente lo mismo en dos sitios (las ideas centrales pueden ser las mismas pero no la forma de exponerlas)

Así que tengo que agradecer a Jesús Peiró Viana, de Guadalajara, invitarme a rellenar, la semana pasada,  un acto de celebración de los 10 años de la creación de su Gabinete de Trabajo Social Empresarial.

Diapositiva2 Un agradecimiento que debo desglosar en varios matices:

Gracias por descubrirme un territorio desconocido para mí y para la inmensa mayoría de la gente que es el de la práctica privada del Trabajo Social y el del Trabajo Social Empresarial desde el prisma de la Responsabilidad Social Empresarial. Un territorio en el que percibo a Jesús como un Quijote enfrentado a los molinos de la rigidez y acomodación de las instituciones académicas y colegiales. Quizá el Quijote fuera un loco pero… ¡bendita locura!.

Gracias por permitirme rastrear en su historia personal y profesional, dándome la oportunidad de encontrar un ejemplo-perla de resiliencia. Porque como dice mi amigo Iñigo, los ejemplos de las grandes estrellas de la resiliencia (Guenard, Frankl; CyrulniK…) están muy bien… pero nos quedan muy alejados. Sin embargo Jesús es un tipo normalito (muy peculiar y entusiasta pero como tú y como yo) y sin embargo su experiencia me acompañará en las próximas charlas, conferencias, cursos…

Gracias por su calidad humana y por un sentido del humor que reconforta de muchos males.

Jesús me ayudó a elegir el título de la charla y nos pusimos divertidamente bordes:

“Cuando la vida se vuelve ingobernable, todavía nos queda la resiliencia. Algo, muy viejo y admirable, que se ha puesto de moda y que puede ser perverso”

Y siguiendo la máxima de Monterroso, “No sé que pienso hasta que no lo escribo” últimamente me gusta redactar previamente las charlas aunque luego la haga con PowerPoint o Prezi. Así que, con su permiso, la pongo a disposición de quien la quiera descargar (pinchando el título)Diapositiva1

Por otra parte está tarde tendré la oportunidad de aburrir (espero que no demasiado) a la gente que quiera acudir a un acto organizado por AFIVIC (Asociación Fibromialgia Villena y Comarca) con ocasión de Día Internacional de la Fibromialgia (12 de mayo).

El título que me propusieron tiene un matiz muy interesante. Solemos decir que la resiliencia consiste en resistir y rehacerse pero Alicia Payá y compañeras me propusieron:

“Resiliencia: resistir y redescubrirse en la  fibromialgia”

Un verdadero reto el de hablar sobre resiliencia y transmitir “buen rollo” (no se trata de que los deprima)  a quien padece esta enfermedad pero sin parecer superficial o caer en los consejitos de autoayuda.

No sé aún si lo conseguiré. Intentaré medirlo por el número de tomates que me lancen.

Las charlas, en definitiva, me obligan a descubrir matices. Me obligan a hacer un “movimiento del yo” (probable próximo post) que me hace ver las cosas desde otra perspectiva.

Algo que suele ocurrir a quien se rehace de la adversidad: tomar perspectiva respecto a lo ocurrido.

Lo único malo de todo esto: que quizá me esté convirtiendo (si no lo era ya) en un… “charlatán de la resiliencia”.

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Hace un tiempo me di cuenta (es que soy mentalmente lento) que de los cursos, talleres o conferencias a las que asisto al cabo de un tiempo sólo recuerdo alguna idea que él o la docente expresó y que a mi me pareció tan sugerente o interesante que se me fijó en la memoria y ya no la he olvidado.

idea

Estas ideas permanecen en mi memoria incluso cuando, en alguna ocasión, se me borra el nombre de quien me las transmitió. Muchas veces van envueltas en forma de metáfora; otras envueltas en una anécdota; a veces en una experiencia personal…

Incluso he llegado a evaluar un curso, taller, etc. o a un autor en función del número de ideas sugerentes que me aportan. Incluso puedo decir que si de un curso me llevo dos ya me parece fantástico. Y con una… me conformo.

No cabe duda que las ISI (ideas sugerentes e indelebles) son personales e intransferibles. La que lo es para mí puede no serlo para otra persona. Entonces, y si para mi son indelebles y no necesito apuntármelas, y pueden no ser sugerentes para otros ¿por qué recogerlas?

Por lo mismo que cuando a una persona le chifla una canción le encanta que gente cercana a ella la escuche… ¡con ella! (aunque al otro quizá no le acabe gustando). Y ¿no es acaso un blog una forma de conectarse compartiendo ideas, experiencias, noticias…?

Un ejemplo, para mí muy claro, de ISI es la de la comparación que Boris Cyrulnik hace en algún lugar (recuerdo la idea pero no la fuente) de la salud mental de los ex-combatientes norteamericanos de la Guerra del Vietnam con los ex-combatientes norteamericanos de la Segunda Guerra Mundial. Cuando intentas explicar su idea del doble golpe o la doble herida observas las caras de desconcierto o no entender del auditorio. Pero cuando lo explicas con el anterior ejemplo, ineludiblemente todas las caras al unísono se relajan y asienten.

Y hablando de doble herida quiero compartir otra ISI relacionada con ésta y que, ésta vez, no he escuchado sino leído en el libro de Bernard Rimé “La compartición social de las emociones” (DDB). En el capítulo 8 sobre respuestas bienvenidas y no bienvenidas al la expresión del sufrimiento se habla del fenómeno de la “muerte vudú”

hechicero

En las tribus o pueblos donde se practica el vudú en ocasiones el hechicero lanza alguna maldición sobre alguna persona y, en ocasiones, y al cabo de unos días esa persona llega a morir.

La explicación psicológica se basa en dos fenómenos. Un primer proceso de profecía auto-cumplida. La noticia de la maldición provoca síntomas ansiosos que son interpretados como las primeras manifestaciones del hechizo entrando en una espiral auto-mantenida. Pero esto se agrava con la reacción del entorno que sabedor de la maldición la evita, se aleja de ella y la aísla.

La persona se convierte así en un “muerto en vida” y esta brutal reacción del entorno lo empuja a la desesperación y el sinsentido.

No podemos olvidar que muchas personas víctimas de un acontecimiento trágico expresan que desde ese momento tienen un sentimiento de “no pertenencia” (ya no soy como los demás). Pero como bien señalan las investigaciones y trabajos que recoge Rimé también el que escucha a la víctima desarrolla un pensamiento de “no pertenencia” al mundo de la víctima (Lo que le ha pasado es horrible, a mi no me ha ocurrido y no puedo estar a su nivel. A él lo torturaron, a mi no; a ella se le ha muerto un hijo, a mí no….)

Por eso cuando en las Jornadas de ADDIMA se nos preguntaba cómo debemos reaccionar ante la expresión del dolor por parte del otro yo sólo me atreví a responder que: reconociendo su dolor + acompañándole+ ¡Nada más!

Pero debía haber añadido: desplegando un puente con él a efectos de prevenir la “muerte vudú”

 

Pero como una cosa es que una idea sea una ISI y otra bien distinta es que yo la explique bien voy a copiar las conclusiones del capítulo del mencionado libro, y que me parecen magistrales (las negritas son mías). Si te basta con mi torpeza expositiva puedes dejar de leer. Pero yo te recomiendo que sigas.

Todo ello esperando que la editorial no me riña sino que lo considere como propaganda del libro y homenaje a su publicación

“Conclusiones: la preservación del lazo social:

    Las situaciones desgraciadas les son extrañas a la gente sana. Por tanto, generan en ellos un buen número de actitudes inapropiadas: torpeza, ansiedad, evitación, minimización, denegación, reprobación o denigración. Un mismo motivo subtiende lo esencial de esas manifestaciones. Es el de la propia protección ante una amenaza simbólica difícilmente tolerable, que constituye para ellos la exposición a la desgracia humana.

Entre las respuestas inapropiadas de los sanos, aquellas de las que dicen sufrir más las víctimas son la falta de reconocimiento y de implicación. Podemos extraer indicaciones importantes sobre la demanda social implícita de aquellos que sufren. Éstos saben que su experiencia negativa forma a partir de ese momento un compuesto indisociable de su personalidad, pero al propio tiempo experimentan el carácter fundamentalmente alienante de esta nueva parte de sí mismos; los coloca al margen del mundo al que han pertenecido hasta entonces. Los sentimientos de soledad y de ansiedad que engendra esta alienación son difíciles de soportar. La demanda implícita que esas personas dirigen entonces a su entorno apunta a la invalidación radical de la alienación. Esta demanda se articula en dos tiempos. Primero, ellos quieren reconocimiento: que sus allegados e incluso la sociedad entera admitan y validen incondicionalmente esa parte nueva de su identidad. A continuación, quieren implicación: que sus allegados se comprometan en su caso, que le aporten amor, intimidad, adhesión, ayuda, apoyo y asistencia. Mediante tales actos, los allegados garantizarán el carácter inalterable del vínculo que los une a la víctima. Darán prueba de facto de que ese lazo transciende los riesgos del destino, y que aquel que sufre sigue siendo objeto de las mismas atenciones sociales que en el pasado.

rime ¿Por qué es tan importante preservar el lazo social para aquel que sufre? El análisis del fenómeno de la “muerte vudú” propuesto en otro tiempo por Walter Cannon permite responder a esta pregunta de manera ilustrativa. En la cultura vudú, se le reconoce al brujo el poder de echar una maldición a un miembro de la comunidad. Cuando quiere ejercer este poder, el brujo apunta con un instrumento simbólico hacia su víctima. Posteriormente, ésta se va deteriorando y muere en un plazo de tiempo relativamente corto. Las descripciones antropológicas de este fenómeno intrigaron al gran fisiólogo de la emoción. Su lúcido análisis puso en evidencia las condiciones para que sea posible esta condena a muerte (Cannon, 1942). La condición más fundamental es la creencia consensual en el poder del brujo: es el origen del impacto emocional de la condena en la víctima. Ella cree en esa condena. Los importantes cambios fisiológicos que resultan de ello alimentan a continuación en esta víctima un análisis confirmatorio: se toman los síntomas emocionales como las primeras manifestaciones de los efectos de la maldición. Pero lo esencial viene después, con las manifestaciones del entorno. En la comunidad que comparte esa creencia, la víctima del brujo es a partir de entonces tratada como alguien que ya no pertenece al mundo corriente, al mundo de los vivos. Desde ese momento, la situación evoluciona rápidamente: las emociones de la víctima se acentúan, los síntomas se agravan, deja de cuidarse a sí misma, su estado se degrada. Muere en algunos días. Dos procesos diferentes se han combinado así para desembocar en esta ejecución a muerte social: el primero se deduce del poder simbólico atribuido al brujo; el segundo es el efecto de la exclusión social consensual. El ejemplo muestra de manera caricaturesca las consecuencias confirmatorias dramáticas que pueden resultar de la exclusión social cuando ésta se manifiesta en dirección a una persona predispuesta ya a creer que su destino está sellado.

    A los ojos del que sufre, lo que acarrean las manifestaciones de su entorno de evitación, minimización, denegación, reprobación, denigración o ansiedad es claramente un sentido de aislamiento y de exclusión social. Y a la inversa, justamente sentirá su integración social salvaguardada mediante demostraciones de adhesión, escucha incondicional y comprensión empática con respecto a él. Toda manifestación del doble afán de reconocimiento-implicación será portadora de esta significación social. Cuando la víctima lo experimenta claramente, lo esencial está a salvo. No es entonces exagerado decir que el afán de reconocimiento-implicación representan el ABC de las respuestas que hay que dar ante la expresión de la desgracia.

    La doble tarea sobre la que acabamos de insistir está lejos no obstante de ser lo único que esperan las víctimas. Deben añadirse otras dimensiones importantes de apoyo social y, en particular, el enfoque cognitivo, con la información, el análisis y la ayuda para la comprensión de la experiencia emocional, así como las dimensiones de asistencia concreta e intervención pragmática. El desarrollo de los capítulos siguientes nos ayudarán a despejar lo que en profundidad está también en juego en esas dimensiones.”

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