¡Cambia de carril!

Vas conduciendo por una autovía o autopista en un tramo con tres carriles. Apenas hay tráfico. Circulas por el carril de la derecha. Mientras escuchas música ves que te vas acercando a otro coche y que pronto lo alcanzarás. No se ve a ninguno más. Pero el coche va por el carril de en medio. Te vas acercando y esperas que, al verte por el retrovisor, se sitúe a la derecha para que tú le rebases por el central.

Pero esto no ocurre. Te vas calentando y cuando ya lo estás alcanzando sigue en el mismo carril. Piensas que la persona que conduce estará distraída y decides ayudarle a que se dé cuenta. Aún arriesgándote a un accidente o una multa le adelantas por la derecha.

Después de tomar una distancia de seguridad miras por el retrovisor. ¡Sigue en el medio! E incluso ves como otros coches que le alcanzan, le adelantan. Casi todos por la izquierda o quizá algún descerebrado o descerebrada como tú, también por la derecha.

No hay forma. Sigue circulando por el centro a pesar de tener el carril derecho despejado.

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Y te empeñas y te empeñas en tu conducción pedagógica, incluso hasta el extremo de que, en alguna ocasión, al mismo tiempo que tú adelantas por la derecha otro coche le adelanta por la izquierda. Como tú si que miras el retrovisor lo has visto venir y te regocijas en la doble pasada.

Y si te indigna esta forma de entender el uso de los carriles y, te sigues empeñando en los “adelantamientos didácticos” te habrás dado cuenta de que no más de uno por cada diez corrige su posición.

Como eres una “cabeza pensante” que te gusta sacarle punta a todo piensas que quizá esa conducta sea un síntoma de rigidez mental. Debe ser que creen que los carriles de todo el mundo se regulan por la misma regla: hasta 80 km/h por el de la derecha; de 80 a 110 Km/h. por el central y más de 110 por el de la izquierda. No se te ocurre otra explicación.

Pero te das cuenta de que todo esto es una metáfora de la vida misma y de la resiliencia.

En la autovía de la vida algunos se ponen en un carril y de ahí no se mueven. Sea temerosamente o sea temerariamente pero siempre van por el mismo carril.

A veces la vida es una autovía despejada donde puedes conducir, cantar, hablar…. Otras veces es una autovía colapsada donde no tienes más remedio que esperar.

A veces en la vida te encuentras gente que te entorpece y tienes que cambiar de carril para dejarla atrás.

Otras veces tienes que seguir a alguien que te guía o tienes que moderar tu velocidad porque tú estás guiando a alguien.

A veces tienes que ser prudente y colocarte en el carril de la derecha porque si corres mucho puedes matarte.

A veces tienes que dar gracias porque un camión se empeña en adelantar a otro y bloquea la autovía. Quizá si no hubieras tenido que frenar te hubieras salido en la siguiente curva. Quizá eso que te molesta en la vida es lo que te salva.

Y a veces tendrás que parar en tus proyectos para ayudar a otra persona que está en la cuneta. Como cuando te quedaste tirado tú y alguien te recogió.

Desde este punto de vista el buen conductor no es el que más corre. Tampoco sería el que no ha tenido accidentes porque eso puede ser fortuna.

El buen conductor es el que adecúa su velocidad y su trayectoria a las circunstancias de la carretera. Y eso en la vida se llama flexibilidad. O resiliencia.

Y por cierto… Para la resiliencia como para la vida no es lo mismo el coche que tengas (recursos externos). Con un dos caballos de hace 40 años no se te ocurra salirte del carril derecho. Pero con un  Audi, Mercedes, etc. puedes elegir. Pero por mucho Ferrari que tengas si  eres mal conductor…

Intuyo que en la vida hay distintos carriles. A veces debemos estar en el carril del YO, pero de vez en cuando deberemos ser capaces de pasar al carril de TÚ y en otros momentos al del ÉL/ELLA (o a sus respectivos plurales).

Así que cuando vuelva adelantar a alguien que circula por el carril central, estando libre el de la derecha, intentaré no caer en la misma rigidez que él o ella  (¡te vas a enterar!) y lo pasaré por el carril de la izquierda. Porque sí. Porque es lo correcto.

No vaya a ser que se me atrofie el YO (esclerosis del ego) y me convierta en un viejo cascarrabias (debo vigilarme tengo indicadores de riesgo)

 

EPÍLOGO

(para desengrasar el post)

 

Una vez en mi trabajo se escuchó el siguiente diálogo:

– Fulanita, esta tarde, cuando venga la Jefa… dile que yo no vengo

– Menganito, la Jefa esta tarde no viene

– Tu dile que no vengo esta tarde

– Te estoy diciendo que la Jefa es la que no viene. Me lo ha dicho ella.

– ¡Es igual (Cabreado)! Tu dile que no vengo

 

Y redactando este post me acaban de contar esta llamada recién recibida:

– Por favor póngame con Fulanito

– Fulanito no trabaja aquí

– Sí, sí que trabaja ahí

– No, no trabaja aquí… Esta liberado sindicalmente

– Pues en el listado que tengo pone que trabaja ahí….

– Le digo que está liberado por el sindicato XZY

– Entonces … ¿no está ahí?

.- No, no está aquí

– ¡Pues deme el teléfono de XZY!

– Oiga, por favor, búsquelo usted…

– Entonces ¿no me lo va a dar?

….

¿Qué? Lo de la rigidez o la elasticidad del yo… ¿sólo es una entelequia?

3 Comments

  1. JAJAJAJJAJAJ, de entelequia nada….. verdad del tamaño de un puño. Es mas, creo que debería ser también, sino lo es, verdad de fe.

    Luego te extraña que no te “linkee” o como se diga.
    :)))))

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