El hijo de puta interior (perdón) Paciencia con la vida… ¿y con la mente?

No. Todavía no voy a abordar el tema del suicidio tal como dejé caer recientemente. Le he pedido ayuda a Rosa Herrera del Grupo Resiliencia Valencia y conociéndonos quizá (no, quizá no… seguro) aún tardemos un poquillo. Pero si voy a preparar el terreno para ello.

Hace no muchos años oí decir a un monje cartujo la siguiente frase pronunciada en francés (su idioma) y en tono de consejo: ¡Paciencia con la vida!. Consejo que no iba dirigido directamente a mí pero que, tras revolotear por toda la estancia, decidió anidar en una rama de mi cerebro.

¿Por qué me impactó aquella frase tan aparentemente estúpida o sin sentido?

Porque para mi la paciencia era una cualidad, virtud o actitud que se tiene con las personas: con tu hermano el descerebrado; con tu cuñada metepatas; con tu jefe inútil, con tu hijo adolescente… O, como mucho, con situaciones concretas: el autobús no llega; el coche te deja tirado; ahora tienes gripe, tu equipo ha vuelto a perder…  Pero la frase de marras me hizo darme cuenta de que la vida va mucho más allá de lo que me pasa a mí (yo, mi, me, conmigo)

De alguna manera me recordó que hay vida más allá de mi mismo y que, como de otra manera ya dijo Viktor Frankl, la vida no es el escenario sino que la vida es un personaje más que establece contigo un diálogo, una relación. Y a veces te parece descerebrada, metepatas, inútil o que no se aclara (me viene a la memoria que este blog empezó con unos post que se titulaban “La vida no es lógica, gracias a Dios”).

De alguna manera el monje me puso delante que, una cosa es la vida, y que otra lo que pasé dentro de mi mente. Y por eso hace unas semanas incluí  en un post (“Libros recomendados a mi mismo”) un libro de Steven C. Hayes entre unos cuantos que quería leer. El título explica por si solo la relación con lo anterior.

SAL DE TU MENTE, ENTRA EN TU VIDA. La nueva Terapia de Aceptación y Compromiso

“Sal de tu mente, entra en tu vida. La nueva Terapia de Aceptación y Compromiso” (Editorial Desclée de Brouwer)

En resumen que un monje me dice que hay vida más allá de mi mente y un psicólogo me aconseja incluso salirme de la segunda para entrar en la primera. (En realidad ya los “padres del desierto” cristianos y la propia Teresa de Jesús aconsejaban no hacer demasiado caso a lo que pasa dentro de “la loca de la casa”, la mente)

Pero entonces… ¿Es que el enemigo puede estar en la mente? Los enemigos ¿no son algo de la vida?

A veces se oye la expresión, y perdonad por ella “Hay mucho hijo de puta por ahí  suelto”. Pero entonces… ¿puede ser que uno de ellos se haya colado en mi mente? Es más… ¿puedes ser que en mi Yo haya agazapado un hijo de puta cuya misión sea amargarme la vida?

Pero como una entrada en un blog es eso, una entrada, y no una casa entera me limitaré por ahora a introducir algo sobre este libro y sobre lo que voy profundizando (toque de pedantería) en la Terapia de Aceptación y Compromiso que este señor se sacó de la chistera de… ¡su propia patología!

Oí hablar hace unos años de esta escuela de psicoterapia y me sorprendió mucho que siendo una escuela desarrollada a partir de la epistemología cognitivo-conductual se manejara con conceptos muy característicos de orientaciones psicológicas muy distintas (y que a mi me atraían), como por ejemplo:

– la importancia del lenguaje, de los relatos que nos contamos y de la potencia terapéutica de las metáforas (terapia narrativa)

– la relevancia de lo paradójico en el funcionamiento de la mente (terapia estratégica)

– la importancia del sentido o de los valores y propósito en la vida (logoterapia y análisis existencial)

Era algo así como lo de Cristobal Cólón, que queriendo llegar a las Indias se topó con un continente nuevo… ¡Pero al revés!. Conductistas (cognitivos) queriendo explorar territorios nuevos llegando a donde ya habían llegado otros.

Pero el caso es que topé con un buen libro (Terapia de aceptación y compromiso – ACT- de Kelly G. Wilson y la catedrática de la Universidad de Almería, Mª Jesús Luciano Soriano) pero con un pequeño problema: demasiado elevado para mis entendederas. Me encantaron las metáforas y técnicas concretas pero me costaba mucho seguir los razonamientos teóricos y me desenganché (yo soy asin)

Sin embargo con el libro de Hayes esto no ocurre porque se escribió al estilo de un libro de autoayuda aunque en realidad intenta ser una especie de trabajo terapéutico guiado. Pero al margen que te lo quieras aplicar o no (no es mi caso dada mi equilibrio psicológico contrastado…) la teoría que subyace está tan desmenuzada (a veces hasta demasiado) que es imposible no entenderlo a menos que te hayan hecho una lobotomía.

Así que voy a copiar a José Luis Gonzalo y Conchi Martínez que en un alarde de generosidad suelen hacernos en sus blogs síntesis de aquellos libros o materiales que están leyendo y releyendo. Síntesis que incluyen su propia elaboración del contenido lo que lo hace más digerible o más atractivo. Y así en próximos post compartiré todas aquellas ideas sugerentes que en relación a la relación de ayuda o la resiliencia puedan aportar éste y otros textos sobre ACT.

Pero no sin antes explicar lo de ”la chistera de la propia patología”

Según he podido averiguar en Internet Steven C. Hayes.  era, a finales de los años 70, y con 29 años profesor adjunto de psicología en la Universidad de Carolina del Norte. Y fue entonces cuando sufrió su primer ataque de pánico. Cómo suele pasar, los ataque de pánico se hicieron más frecuentes y poco a poco la ansiedad y los sentimientos de impotencia e inutilidad invadieron casi todos los aspectos de su vida. Apenas podía dar las clases.

La escuela cognitivo-conductual en ese momento en alza en aquellas tierras y tiempos (lo que se ha llamado “segunda ola” de la escuela conductual) se centraba en que el paciente, con ayuda del terapeuta,  atacara y desacreditara todos los pensamientos intrusos o ideas irracionales causantes del sufrimiento.

Pero Hayes (psicólogo y paciente) y otros autores (solo psicólogos) encontraron una estrategia diferente pues descubrieron que la mente no es lógica (¡Vaya por Dios!) O mejor dicho que la eficacia de la mente humana para desenvolverse fuera de ella se pierde cuando se aplica a sus propios contenidos.

Por eso,  Hayes y otros autores de la “tercera ola” mantienen que intentar corregir pensamientos negativos puede, paradójicamente, intensificarlos. (Me imagino Nardone y otros terapeutas estratégicos sonriendo delante de Hayes y diciendo: ¡Si eso es ya lo decimos nosotros!)

Más que evitar pensamientos, emociones y sentimientos negativos Hayes y compañía proponen que nos concentremos en identificar y comprometernos con nuestros valores o propósito en la vida (Me imagino a Viktor Frankl y otros logoterapeutas sonriendo delante de Hayes y diciendo: ¡Si eso ya lo dijimos nosotros!)

La Terapia de Aceptación y Compromiso propone aceptar que la vida implica un cierto sufrimiento y que nuestra mente (por su propia forma de funcionar) nos gasta a veces malas pasadas. Pasa constantemente de ser la mejor arma jamás creada para la supervivencia como individuos y como especie a ser nuestro peor enemigo en ocasiones. No cabe duda de que un ser humano tiene más potencial que cualquier otro animal para sobrevivir. Pero si tengo que apostar entre una persona y un animal por quien se quitará antes la vida voluntariamente…

Es decir que nuestra mente a veces nos cuenta cosas que no nos ayudan en nada (Me imagino a Michael White, David Epston y otros terapeutas narrativos sonriendo delante de Hayes y diciéndole: ¡Pero Steve! ¿Ahora te das cuenta de eso?)

Así que según esta forma de ver las cosas es posible que todos tengamos un enemigo interior. En el documento “Resiliencia y Alcoholismo” que Rosa Herrera y yo escribimos y colgamos en un post) decíamos:

Entendemos en este análisis que la adversidad de una persona alcohólica no es exactamente su dependencia del alcohol. Sino que su dependencia del alcohol (sea enfermedad o no) es la consecuencia de una estrategia (recurrir a una droga legal) utilizada en un momento concreto para afrontar una dificultad, suceso estresante o trauma de su vida en particular o las dificultades inherentes a la vida en general.

Pero también es posible que llegado un momento, y por la propia dependencia física al alcohol, lo que en principio era una solución se convierte en un problema (otra vez los estratégicos muertos de risa cariñosa). Y con ello la adversidad exterior se convierte en adversidad interior.

Los de ACT (Terapia de Aceptación y Compromiso) diferencian entre el “yo conceptualizado” (lo que nosotros mismos decimos que somos) llamado también el yo-contenido, y el “yo observador” (o el yo-como-contexto) que sería aquel que es capaz de elevarse a otro plano y desde él contemplar al propio yo como si fuera algo distinto a mi.

Me parece que, en el problema del alcoholismo, ya que estabamos con él, quien dice “Soy un alcohólico” no es precisamente el “Yo conceptualizado”. Porque la mayoría de las personas con este problema lo que dicen es justo lo contrario “Yo no soy un alcohólico” “Yo controlo la bebida” “Yo….”. Es precisamente el momento en el que esa persona consigue (con ayuda o sin ella) observarse así misma desde fuera,  sin el “engañabobos interior”,  cuando puede llegar a la conclusión “objetiva” (los hechos me lo demuestran) de “Yo soy un alcohólico” y empezar su trabajo de rehabilitación.

A un tipo como yo que últimamente sospecha que todos los recursos internos para la resiliencia consisten en “movimientos del yo para hacerlo flexible o elástico” (como la carne de pulpo antes de cicerla, vaya) ¿cómo no le va a interesar seguir avanzando en el libro de Hayes y otros sobre este enfoque terapéutico que hasta propone salirse de la propia mente?

6 Comments

  1. Como (casi) siempre, tus post llegan justo en el momento oportuno. Excelente, sobre todo por la comparación con las diferentes bases psicológicas, no siempre obvias, que hay detrás de ciertos planteamientos como el de este autor. “De yapa”, consigues que comience a pensar en agregar este libro a mi lista de “livres pour les conges 2013”. Merci, company!

    Gabriela

  2. Nos sueltan en este mundo y nos regalan unas herramientas fabulosas para sobrevivir pero… ¡Sin libros de instrucciones! Y entonces, como un niño pequeño con un martillo somos un verdadero peligro para nosotros mismos y para los demás. El pensamiento es fundamental para la raza humana, maravillosa adquisición de la evolución, pero nadie nos enseña a utilizarlo ¿No sería igual de útil -o incluso más- estudiar en el colegio la mecánica de la mente, cuándo hacerle caso y cuándo no, cuándo utilizarla y cuándo no, y cuáles son las trampas que suele tejernos y cómo esquivarlas, que aprender a sumar y a restar? Quizás así se podrían evitar los daños que se desprenden de ese “martillo” mal utilizado, para ir aprendiendo a darle el uso constructivo para el cual está realmente diseñado.

    Me ha encantado la entrada, como siempre. ¡Un abrazo!

    1. Sabía que te gustaría porque ya me contaste lo que estás rumiando, estudiando…
      Y sí… creo que tienes toda la razón. ¿Quién le enseña a los niños a entenderse como seres humanos? Luego nos escandalizamos de la violencia de género, de las corrupciones, de …
      Ya conoces que mis pies están apoyados en la cultura judeo-cristiana y en esa cultura había una palabra muy usada para esto, un verbo… discernir. ¿Quién no enseña a discernir lo que es importante y lo que no de nuestros propios pensamientos, nuestras emociones, nuestros sentimientos?
      Algo que se me olvidó poner en el post y que ahora lo puedo poner de forma más personal (doy por hecho que nadie lee los comentarios de otros… jajaja) es añadir una simple pregunta a muchas cosas que nos dicen y nos decimos: ¿Y?
      Se ve mejor con ejemplos:
      Alguna persona querida te dice:
      “No soporto a mi marido/”
      ¿Y? (cómo diciendo… ¿que más me quieres decir?… ¿qué estás runmiando?… ¿qué me quieres decir qué te vas a separar cada vez que no lo aguantes? ¿qué pesa más el sentimiento que vuestro proyecto de vida en común?….)
      O tu mismo te escandalizas de algo que se te ha pasado por la cabeza. Y tu pareja, cuando se lo cuentas, te dice:
      ¿Y?
      (Si fuéramos juzgados por lo que se nos pasa por la cabeza no nos librábamos ni uno?
      Es una pregunta mágica.
      Bueno no tanto… jajajaj … pero te obliga a… ¡discernir!
      ¿Qué es lo importante? ¿Que no tu jefe te pone de los nervios? ¿O que tienes que trabajar para ti y para los tuyos?
      ¿Qué es lo importante? ¿Qué te ha salido un post chulo? ¿O que estamos aquí para ayudarnos los unos a los otros?
      ¿Qué te ha salido un post chulo?
      ¿Y? Y que más da si luego no cuidas a los tuyos… jajaja
      ¿Qué te ha gustado el post?
      ¿Y?
      jajajaja… es broma
      Un abrazo muy fuerte.
      Ya sabes que te deseo lo mejor.

  3. Excelente. Lo único malo es que ni se puede conseguir facilmente esos libros, ni acudir a un terapeuta de ACT. No abundan como los otros, los de la segunda ola…

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