Comentarios para la acogida (I)

El pasado viernes, 21 de junio, se presentó en Valencia la Asociación “Familias para la Acogida”. Tras un breve presentación de la misma Gabriel Gerez Kramer dio la palabra a tres invitados: Blanca Ortega en representación de las familias para la acogida y al matrimonio compuesto por Martine y Tim Guénard.

Lo que sigue no es una crónica del acto (no me corresponde a mí hacerlo) sino una serie de comentarios sobre algunas cosas que se dijeron y que resuenan en mi experiencia tanto como acogedor como técnico de menores.

Red de familias

De la propia presentación de Familias para la Acogida me quedo con dos ideas.

La primera la de que la cultura o la filosofía de la acogida no se tiene porque circunscribir a niños o niñas, sino que otras personas pueden beneficiarse de ella. Minusválidos adultos, personas ancianas, jóvenes con dificultades socio familiares, etc.

Recuerdo algún intento de mi propia administración de articular el acogimiento familiar de ancianos pero sin mucho éxito, la verdad. Porque estas cosas fluyen de abajo a arriba y no al revés.

Y la segunda idea es que Familias para la Acogida se describen como una “red de familias”. Algo que puede parecer teórico o utópico pero que cuando tienes la suerte de verlo en acción es estupendo. A mi me pasó hace ya unos años cuando comprobé como las familias acogedoras de Petrel (Alicante) vibraban al unísono a la hora de dar respuesta a las necesidades concretas que se les planteaban.

No digo que las asociaciones de acogimiento no deban ejercer una labor reivindicativa ante la Administración (por desgracia todos sabemos que lo que no aparece en los medios de comunicación siempre queda “para cuando se pueda” o ni siquiera eso) pero me gustó volver a oír la expresión ·”red de familias” porque es más fácil proteger a un niño con una tribu que con una familia.

El acogimiento de un menor como encuentro

Blanca Ortega, su marido y sus tres hijos acogen, desde hace unos dos años, a una niña con grandes necesidades especiales.

El primer encuentro que les llevo a ello fue conocer a una familia que acogía a un niño o niña con Síndrome de Down. El segundo encuentro fue conocer la necesidad de ser acogida de una niña recién nacida en situación de desamparo y con fuertes problemas de salud.

Estos encuentros a veces son el diálogo por el cual la vida te interpela o te pregunta qué pasa contigo.

Al igual que Blanca, mi mujer y yo nos rebelamos (o nos partimos de risa) cuando se nos atribuyen cualidades como la valentía, la bondad o incluso la santidad.

Creo que Blanca explicó muy bien que lo que ocurre es que vives la vida centrada en lo tuyo y que, de repente, la necesidad de un menor se cruza en tu camino y no puedes dejar de plantearte qué quieres hacer con tu vida. Cualquier respuesta es respetable. Pero hay una pregunta.

Y además es una pregunta que no solo resuena en la familia acogedora sino que interpela también al entorno próximo. ¡Ah! ¿pero qué estos niños existen?

Y, tanto interpelan, que en el entorno. las familias acogedoras pasan de ser héroes a villanos en un plis-plas. Del “¡Qué buenos sois!” al “No sé yo si esto es bueno para los niños” se pasa en menos que canta un gallo.

Bondad o Maldad…. para nada…. Que me dices inconsciencia… te lo admito.

Niños y niñas deseadas

Decía Francoise Doltó que aunque parezca mentira los niños más deseados no son los planificados (matrimonio – estabilidad laboral – primer hijo – chalet – segundo hijo – cambio de coche….). Para ella sorprendentemente  los hijos deseados son los que surgen del deseo de (entre) sus padres.

Es decir surgen de una pareja (en su caso) que está tan bien juntos que no les importa compartir eso con uno más. Aunque suene cursi: del bienestar de la pareja surge el deseo de compartirlo con alguien más.

Pero lo mismo sirve para personas solas. No comparto la vida con nadie pero la vida me va bien. Soy una persona afortunada. ¿Por qué no repartir parte de esa fortuna con un menor desafortunado?. Muy distinto a:  Estoy muy aburrido o aburrida o me falta no se qué… qué mejor que un niño o niña para entretenerme o dar sentido a mi vida.

¿Cuantas familias se lanzan al acogimiento buscando bienestar en lugar de compartir el que ya tienen? No soy yo quien para juzgar absolutamente a nadie pero como técnico tengo que afirmar que no es el mejor principio para el acogimiento.

Indicadores y palabras

Me gustó mucho una anécdota que contó Blanca. Una vecina acababa de acoger a un niño y un día le preguntó si ella era capaz de comer del mismo cubierto que su niña acogida. Al decirle Blanca que sí la vecina le reconoció entristecida que ella todavía no era capaz. Pero el otro día se cruzó con ella y con una sonrisa le dijo: ¡Blanca, que ya chupo la cuchara…!

Quizá porque a mi me ha pasado me hizo gracia pero además hay muchos indicadores parecidos,

Llamémosle Pedro. Entró en mi casa con pocos meses y tenía todos los puntos para tener una discapacidad mental. A medida que está se evidenciaba más yo notaba una tensión cada vez que tenía que presentarlo y durante mucho tiempo utilicé la expresión “vive con nosotros”. Hoy en día (pero ha tenido que pasar mucho tiempo) si me preguntan si es mi hijo contesto que sí (aunque piensen “de tal palo tal astilla”)

Y aprovecho para decirle a mis compañeros técnicos una cosita con todo el cariño.

Si una familia acogedora utiliza en publico la expresión “hijo” o “hija” antes de meterle una bronca ponte en el pellejo del niño o la niña y piensa que es lo que querría él o ella. Porque yo me he tenido que oír de las otras dos niñas acogidas: Me da rabia cuando papá explica siempre que somos acogidas.

Así que ante una reprimenda de las niñas y una de los técnicos me quedo con la de las niñas.

Humildad

Soy de los que piensa que un recurso interno para la resiliencia es la humildad entendida como la posición equidistante entre dos posiciones de orgullo: “No necesito ayuda” y “Tu deber es ayudarme”. Es decir que la humildad consiste en pedir ayuda cuando se necesita pero sin exigirla.

Blanca comenta como el acogimiento no es un camino de rosas, requiere un esfuerzo y un sacrificio de muchas cosas, por lo que a veces hay que pedir ayuda en tu entorno. Y para eso hay que vencer el orgullo que te dice “Tú te lo has buscado, tú te lo comes con patatas”

Tiene toda la razón. No le echemos morro pero no privemos a nuestros seres queridos de la oportunidad de echar una mano.

También es cierto que algunas familias se sitúan en el extremo de que, como son niños de responsabilidad pública, todas las puertas deberían estar abiertas. No lo dudo. La lógica de este argumento es inapelable.

Pero, como en casi todo, hay un trecho entre lo que es y lo que debería ser, y por aquello de que la vida no es lógica, no recomiendo entrar en el acogimiento con este posicionamiento porque entonces vas a estar en el 80% del tiempo en el territorio del sinsentido.

4 Comments

  1. Hola Javier! gracias por tu blog, lo sigo cada semana y me ayuda mucho!!! Soy la mama de acogida de la anecdota de Blanca sobre la cuchara……y aun me quedan muchas cosas por aprender, por entender, por disfrutar!! de esta forma especial de complicarte la vida como es la de acoger. un saludo, Paloma.

    1. Hola, Paloma
      Un placer conocerte aunque sea online. Yo tardé bastante en chupar los cubiertos de Pablete y como decía en el post en poder pasar por su padre. Así que tu anécdota me ayudo a no sentirme marciano. Así que por favor sigue comentando o aportando tus experiencias siempre que quieras en este blog. Y si ves a Blanca dale las gracias de mi parte por la intervención del otro día. Un beso.

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