Anoche tuve un sueño que me ha hecho soñar

Soñé que era mi último día de trabajo. Me jubilaba.

En realidad ese día ya no trabajaba. Era el día de la despedida. Al estilo tradicional. Una comida con compañeros y compañeras de ahora y de antes.

Mientras me dirigía a mi Centro de Recepción de Menores pensé que me había equivocado. Siempre pensé que nunca vería una serie de cosas en el Sistema de Protección de Menores. Pero tenía que reconocer que una sí que se había producido antes de que me jubilara.

Finalmente las administraciones habían apostado decididamente por el acogimiento familiar. La presión de muchos colectivos a favor del mismo había conseguido derribar el inmovilismo de políticos y ciertos funcionarios. O quizá fue un tema de dinero puesto que todo el mundo sabe que el acogimiento residencial es diez veces más costoso que el familiar.

El caso es que, desde aproximadamente el año 2020, en Valencia, ya no existían Centros de Acogida de Menores. Sólo quedaban dos Centros de Recepción, en los cuales ingresaban menores necesitados de atención inmediata o para valorar detenidamente su situación de desprotección y derivarlos. O volvían con su familia o pasaban a vivir con otra familia. Ya no podíamos proponer traslado de centro porque prácticamente todos se habían cerrado.

A las familias de acogida se les apoyaba mucho más. Más apoyo técnico; más facilidades para trámites escolares y sanitarios; más apoyo económico. Había más familias disponibles, incluso para adolescentes, grupos de hermanos y niños y niñas con necesidades especiales o de otras razas. Había familias semi-profesionalizadas que asumían estos casos más difíciles.

Cuando llegué a mi centro me encontré con una sorpresa. Una compañera había tenido la paciencia y la constancia de localizar a algunos y algunas jóvenes que habían pasado por “la resi” como le solíamos llamar. Al invitarlos la idea era que estos representaran en mi despedida a todos los niños que habían pasado por allí.

Supuse que los que vinieron lo habían hecho no por cariño a mi sino simplemente porque les pareció interesante revisitar un lugar donde vivieron durante un periodo de su vida. Pero en todo caso fue para mí una alegría.

Tras la secuencia típica de las fiestas de jubilación: saludos, comida, palabritas y detalles para el recuerdo, llegó el momento de la sobremesa y las conversaciones con unos y las despedidas con otros.

Fue el momento donde pude ir hablando unos minutos con los chavales y chavalas a las que atendimos en su día. Lógicamente no pude dejar de preguntarles cómo les había ido la vida.

A Quique le había ido bastante bien. Salió del centro para ir a un acogimiento permanente con una chica sin hijos y no tenía queja. Se sentía bien con ella y después de todos estos años la sentía como a su propia madre. A su madre biológica y legal la veía hasta cumplir los 18 una vez al mes en un punto de encuentro. Ahora que era mayor de edad la veía frecuentemente y cuando me lo contaba noté cierto tono de decepción. Finalmente me dijo:

“Mira, Javier… hicisteis bien en mandarme a una familia de acogida porque mi madre, entre otras cosas, tenía problemas graves con el alcohol. Pero hoy en día no puedo entender como con todo el dinero que la administración se gasta ahora para que haya recursos para las familias acogedoras, no los hay para ayudar a mi madre. A los cinco años de estar acogido mi madre, casi milagrosamente, pudo rehabilitarse pero claro no tenía trabajo, ni apoyo familiar, ni… Así que con los mismos apoyos que recibía mi acogedora, y sé que no lo hacía por dinero, mi madre habría podido tirar adelante mucho mejor. Hoy me tiene a mi y a mi otra madre para ayudarla en lo que podemos pero no me parece justo. Se cerraron los centros y gran parte de ese dinero sirvió para que hubiera familias suficientes pero ¿por qué no también para evitar que muchos no tuviéramos que salir de nuestra casa? O al menos para que cuando fuéramos mayores nos encontráramos a unos padres en mejor situación que cuando los dejamos”

No supe que decirle. Me alegré de haber acertado en el recurso pero entendí su sentimiento.

A Casandra las cosas le habían ido bastante peor. Yo la recordaba como una niña muy difícil. No tenía ningún trastorno pero su estilo de apego era ambivalente. Sus padres igual pedían un centro para ella porque decían que era “imposible” pero luego presionaban y presionaban para recuperarla porque sin ella “no podían vivir”. Así que estuvo un tiempo, al salir del centro, en un acogimiento simple pero acabó fracasando. Tenía unos cambios emocionales y de conducta tremendos y aparatosos. Cuando se fueron cerrando los centros no hubo más remedio que intentar otro acogimiento. Hasta ahí era lo que yo recordaba.

Me contó que hasta hacerse mayor de edad había pasado por siete familias. Reconocía que ella no se lo puso nada fácil a las mismas y que era una chica complicada. Me reconoció que siempre estaba tensa. Que vivía tan pendiente de que le quisieran o no que quemaba las relaciones. Y cuando la familia ya no podía más, como ya no había casi plazas en centros… otra familia. Pero con una fama cada vez peor.

A los 18 años tuvo suerte. Encontró una Trabajadora Social, Rosa,  que la miró de otra manera y le ayudó a buscarse la vida. Le pagó de su bolsillo una psicoterapia que le ayudo a entenderse y entender a los demás. Hoy en día va tirando como puede pero no se queja. A veces se pasa por el Centro de Servicios Sociales pero no como usuaria sino para tomarse un café con la que ella llama “mi mami social”.

Saray tenía 20 años y estaba en un evidente avanzado estado de gestación. Recordaba con cariño su paso por el centro. Estuvo unos 9 meses y, con 10 años, salió de él para irse a vivir con una familia cogedora compuesta por un matrimonio y dos hijos, chica y chico, más mayores que ella. Hasta los 18 años había vivido con ellos pero al cumplirlos prefirió salir de esa casa. Le pregunté el motivo y me contestó:

“No lo sé muy bien… me han tratado bien. No me puedo quejar… pero es que es un rollo… las normas… que si en esta casa no se qué… que si en esta casa no se que más. Que si el chico con el que vas… Un agobio… No mola. Preferí irme a vivir con mi novio… ¿que si trabaja?… No que va… Vive… bueno…vivimos con sus padres y dos hermanos… No, apenas tengo contacto con mis acogedores… bueno algún “guassap” con mi hermana… bueno mi hermana de acogida. Al principio fui alguna vez a casa pero siempre acabamos discutiendo….”

La conversación con Saray me dejó un sabor amargo y solo pude decirle acariciándole su abultada barriga: “Por favor, intenta que con éste o ésta no se repita la historia” Me contestó: “Los padres de mi novio dicen que no pueden hacerse cargo de uno más en la casa. Tienen una pensión muy pequeña. Hemos hablado con los servicios sociales de la zona. Dicen que no tienen muchos recursos para ayudarnos. Me han dejado caer la posibilidad de que cuando nazca aceptemos un acogimiento familiar simple hasta que…” No lo pude evitar y le interrumpí; “¡Pero Saray… si tu has pasado por ahí y me estás diciendo que…” Su contestación me cayó como un cubo de agua helada “No es lo mismo… yo tenía 10 años… este… es un chico por cierto… no se enterará y además… ¡ahora a las familias les pagan por tener a los niños!”

En ese momento me he despertado.

Cuando me despedía para venir al trabajo mi mujer me ha notado serio, pensativo. Le he dicho que no me pasaba nada importante. Que había soñado algo extraño.

Cuando me ha preguntado:

– ¿Una pesadilla? –

No he sabido que contestarle.

Y me he acordado de varios expertos ingleses y americanos advirtiéndonos que no les copiáramos en fomentar el acogimiento familiar a costa del residencial. Que no les ha salido bien.

Y he empezado a soñar despierto en poder dejar de hablar de “acogimiento familiar versus residencial”. Y hasta mi nuevo sueño tiene ya nombre: Acogimiento resi.liar.

6 Comments

  1. Ay, Javier! No sabes las veces que he pensado lo que Quique recrimina…
    Desde que, hace 9 años Kevin y Samai (con sus respectivas familias) entraron en mi vida, no he dejado de reclamar “ayuda” para sus padres. Cuando me hablaban de la ayuda que yo podría necesitar para asimilar mi reciente status de “mamá”, siempre contestaba que la ayuda la necesitaban sus familias para superar la ruptura, conocer las causas, trabajarlas y prepararse para el reencuentro… Res de res.
    Pero la vida es más tozuda y se sale con la suya. Hoy Kevin ha vuelto con su padre y su nueva familia. Persisten los viejos fantasmas, pero me siento orgullosa de su actitud: acepta y perdona. Posiblemente nunca hablen de ello. Bueno, siempre habrá un terapeuta al que acudir cuando sea mayor…
    Mjo

    1. Hola, Mª José:
      Ahora que no nos lee nadie puedo confesarte que el caso de la acogedora de Quique está claramente inspirado en ti (no sólo en ti pero si fundamentalmente en ti). Y quería usarlo precisamente para eso. Para resaltar que no se nos puede olvidar que el acogimiento no es la solución al problema de estos niños y niñas. Sino un nuevo problema con el que tratamos de solucionar el otro problema. Pero el otro problema (su familia) sigue estando ahí. Está muy bien reivindicar el fomento y apoyo a las familias acogedoras pero sin olvidar el apoyo a los niños en sus familias o las familias de los niños acogidos.
      Siempre digo que colocar a un niño en un sitio u en otro se me queda corto si no se va más allá.
      El movimiento asociativo está reactivándose en el mundo del acogimiento y eso es buenísimo. Pero no a base de atacar otro recurso o de cuestionar a sus profesionales o… Quizá haya alguna alguna Entidad que pueda buscar el lucro (deben ser bastante tontos por elegir este sector)pero me juego el pellejo que son casos aislados… Y algún educador o técnico de menores que no debería trabajar en esto… Pero como también hay acogedores que han abusado o maltratado a un niño acogido y no por eso se cuestiona el acogimiento familiar en general.
      O de otro modo: yo pienso que cualquier anciano está mejor en su familia pero no reivindico que se cierren las residencias de ancianos. ¿Por qué no se juzga a los hijos que llevan a su padre o madre o a una residencia y se entienden sus razones y si, sin saber las circunstancias de cada caso, se dice que ningún niño debe estar en un centro?
      Bueno, Mª José, gracias por tu comentario que encarna parte de mi sueño y por darme la oportunidad de explicarlo un poco más. No creo ni que tu ni que yo seamos sospechosos de ser “anti-acogimiento familiar”.
      Espero que sepas que este blog está abierto para ti no solo para comentar sino también y si quieres para postear (hasta que te decidas a crear uno propio).

  2. Totalemente de acuerdo. Parece que en este pais pasamos en general con los temas de un extremo a otro, sin buscar el camino de en medio, que siempre existe, al igual que ocurrió por ejemplo en Navarra con el cierre del “manicomio”, demonizando los ingresos permanentes, pero sin ofrecer reales alternativas comunitarias, preventivas, asistenciales…. volviendo al tema decir que soy t social , que hace años me ha tocado en mas de una ocasion solicitar separaciones temporales de menores de sus padres y me acuerdo siempre de un caso, una madre y una menor, para las cuales se solicitó medida de protección para la menor en acogimiento temporal, que luego fué permanente y si bien sobre el papel el objetivo de la intervencion era el trabajo con la familia de origen para el retorno de la menor a su familia, hay que decir que a nivel institucional jamás se trabajó con la madre, que con la cesión voluntaria de la guardia tuvo un gesto de bondaz enorme hacia su hija…el caso es que siempre agradeceré a un compañero psicologo y a compañeros educadores , que fuera de todo protocolo, fuera de sus funciones horarios etc…. sostenieron a la mamá biológica, antes y después de cada visita, reforzaron apoyaron, y es una maravilla oirle hablar a la mamá de su hija y de su familia de acogida., a pesar del ” maltrato institiucional ” que sufrió esta madre .. bueno yo no consigo expresar tan maravillosamente como vosotros todo lo que me gustaria decir, pero es que habeis dado los dos en el clavo, gracias de nuevo.

    1. Muchas gracias por enriquecer este post y este blog con tu comentario y experiencia. El caso que cuentas me recuerda algunos otros donde realmente se ve la diferencia de trabajar el acogimiento bien o no trabajarlo. Y aunque soy muy pesado con ello, porque cuesta muchísimo cambiar los métodos de trabajo “al uso”, también demuestra que colocar a un niño en una familia acogedora y dejar de trabajar con su familia es, perdona la expresión, una putada para el niño o niña. Y cuando digo trabajar con la familia no quiere decir necesariamente para el retorno sino … ¡para el acogimiento mismo! Para que el o la menor no viva en un conflicto. Y no estoy hablando de que las dos familias se vayan juntas de picnic (que no siempre es posible ni conveniente). Deberíamos ser capaces de escribir una guía llamada: “Como ser magníficos padres aunque ustedes no puedan o sepan cuidar a sus hijos”.
      Hay una terapeuta alemana que dice que estos niños (de protección) “No quieren unos padres distintos, sino que lo que realmente desearían es que SUS padres fueran distintos”. El acogimiento, simple o permanente da igual, debería ser no sólo el darles una familia que si sepa atenderles correctamente sino una oportunidad para que sus padres sean distintos. Pero si les damos visita una vez al mes, por ejemplo, y no ayudamos a los padres a dejar de ser tóxicos con sus hijos, mentirles o crearles falsas expectativas, etc. estamos traicionando a sus hijos y a ellos mismos.Porque “se los quitamos porque ellos no lo gacían bien… pero… ¿y nosotros sí?
      Y si… me parece que el ejemplo de los intentos de desintitucionalización en salud mental también nos deberían enseñar a ser prudentes en el tema de menores.
      Puedo estar de acuerdo que el número de plazas en centros de menores se podría reducir a la mitad (al menos en la Comunidad Valenciana que es lo que conozco) pero de ahí a decir que todo menor protegido debería estar en una familia y que no es así por intereses extraños o porque alguien está haciendo negocio es pasarse tres pueblos.
      También hay veces que sobre alguna familia acogedora corre la sospecha de que lo hacen por dinero. Y me da la misma rabia que cuando se sospecha de las instituciones y profesionales de los centros. La misma. Ni menos ni mas.
      En fin, Irene, te digo lo mismo a Mª José. Gracias por tu experiencia y por darme la oportunidad de explicar mi sueño.

  3. Gracias Javier, muy interesante el post, y los comentarios. Me encanta el nombre, acogimiento resiliar. Y digo yo, ¿por qué no se apoya a las familias de los menores más de lo que se hace?

    1. Gracias por tu comentario. Te confieso Beatriz que estaba contestándote y cuando ya estaba a punto de concluir no sé que he hecho y lo he perdido todo. Así que si te parece lo voy a dejar de momento y intento contestar a tu pregunta en otro post (no te puedo prometer cuando pero no tardaré)Espero. Un saludo.

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