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Archive for 26 agosto 2013

En las últimas semanas varias veces me topé en librerías con el libro de Ferrán Ramón-Cortés “La química de las relaciones. El arte de construir vínculos personales” de la Editorial Planeta. A pesar de lo sugerente del título no me decidí a comprarlo (es lo que me sugirió la economía familiar al oído).

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Sin embargo el otro día paseando por las librerías virtuales de internet me volví a topar de él. Y como existe versión digital y Amazon tiene un maravilloso servicio  (en este caso Planeta también) por el que te puedes descargar las primeras páginas comencé a leerlo. Entonces si que no pude hacer otra cosa que comprarlo (convencí a la economía familiar con aquello de que el ebook es mucho más barato)

Y en solo día, y en mi móvil de pantalla de 4,7 pulgadas, leí el equivalente a sus 176 páginas en papel.

Y si digo en el título que me parece un libro distinto es porque:

1.- Es raro encontrarse un libro de no ficción sin bibliografía y que no la eches de menos. Ni citas de artículos, investigaciones, etc. Porque el autor no extrae el contenido de otros libros sino de la vida misma (de la suya y de otras personas de su entorno)

2.- No es habitual que cada capítulo comience con una historia, una anécdota (seguramente real pero cuanto menos realista) y que las reflexiones que se le siguen no suelan ocupar más espacio que la propia historia.

3.- Se agradece un libro sólidamente fundado en el sentido común y en la observación de reacciones humanas que todos podemos constatar en nuestra vida cotidiana.

4.- Utiliza una metáfora simple (la balanza) para entender algo muy complejo (las relaciones interpersonales) lo cual es una maravilla de eficacia ¿no? Y aunque capítulo a capítulo va matizándola o puliéndola, la misma metáfora se mantiene omnipresente a lo largo de todo el texto. Así que catalogaré este post también en la serie de Ideas Sugerente Indelebles.

En fin un libro, a mi entender, diferente y repletito de historias humanas, que tras un tiempo dándole vueltas a los recursos internos de la resiliencia y a las canalladas que nos gasta nuestro cerebro, me vuelve a recordar que no es probable la resiliencia sin vínculos.

Os dejo el enlace de la página web del autor.

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¿Alguna vez…

… has sufrido una flagrante injusticia y a nadie ha parecido importarle?

… un ser querido te ha hecho un gran daño y todavía no entiendes el porqué?

… has sufrido una violencia irracional y gratuita?

 

Daniel.

“En internet hay un video en el que salgo sonriendo y muy arreglado. Estoy en el colegio. A algunos niños no les gusta ir al colegio. Para ellos es un infierno. Pero para otros niños el inferno empieza cuando volvemos a casa”

“Tengo solo 4 años y por eso estas palabras no las he pronunciado. Las he dicho con mi vida. No cumplí los 5 años. Estoy muerto como resultado de los malos tratos continuos y brutales de mi madre y su pareja. Bueno… y también porque el Sistema de Protección de Menores, en mi caso, no funcionó”

“Si quieres saber algo más de mi entra en Internet y pon mi nombre y mi apellido”

 

Para pensar

Cuando en este blog se habla de los Niños Perdidos en realidad hablamos de los Niños Perdidos y Encontrados. Y como los hemos encontrado podemos aprender de ellos las Cosas que les pasaron.

Pero de vez en cuando una noticia de prensa nos recuerda que existen otros Niños Perdidos. Los que no hemos encontrado. Y nos hablan desde el más allá de esta vida cuando su muerte nos ha revelado su historia. Una historia de negligencia extrema o, simple y llanamente, de tortura continuada.

Es el caso de Daniel Pelka que hace poco conocimos en España a raíz de la noticia de la condena a cadena perpetua de su madre y su pareja y de las rasgaduras de vestiduras de políticos ingleses por el hecho de que los servicios sociales británicos no detectaran la situación de este niño.

Políticos que han sido contestados (“usted haga aspavientos que ya pongo yo el dinero”) por cerca de 600 ciudadanos británicos que, en memoria de Daniel han donado casi 11.000 libras a la NSPCC (National Society for Prevention of Cruelty to Children) una organización no gubernamental dedicada a la prevención del maltrato infantil.

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¿Alguna vez…

… has deseado que acabaran las vacaciones para volver a la rutina habitual?

… has descansado al despedir a unos familiares o amigos que han estado en tu casa durante varios días, aunque hayas estado muy a gusto haciendo el papel de anfitrión?

… has tenido que corregir tú a tu padre o a tu madre? (¿Cómo te has sentido? ¿Te parece lo natural?)

¿Eres…

… una persona que prefiere tenerlo todo previsto y que no se siente a gusto cuando a última hora le cambian los planes?

Marcos. 11 años.

– Marcos… quiero que te imagines de mayor, con unos 25, 30 ó 35 años… ¿cómo te ves? ¿cómo te gustaría estar?

– Lo normal… trabajando, con una mujer, con una casa (un piso)… Con eso me sobra.

Esta respuesta podría no ser muy significativa si no fuera porque sabemos que los padres de Marcos tienen fuertes patologías mentales. Nunca han trabajado. Siempre han dependido de los servicios sociales incluso para tener donde vivir. La conflictividad entre ellos y con familiares y vecinos es muy alta.

– Marcos… Veo que te gusta el ajedrez… A mi hija también. Va a clases a un Club de Ajedrez.

– ¿Y cuestan mucho esas clases?

La educadora le contesta y Marcos, entre sorprendido, admirado y con un poquito de envidia, pregunta:

– Y tú… ¿le pagas las clases a tu hija?

Parece ser que al cerebro de Marcos es la primera vez que llega el dato que una de las cosas que los padres hacen por los hijos es pagarle una actividad que les gusta.

Más tarde, cuando la educadora le dice que ha hablado con el resto del equipo y que ella se ofrece a llevarle también a esas clases, Marcos calla pero, cuando la educadora se está yendo, añade un sencillo y solitario: “Gracias” que a la educadora le eriza el vello de los brazos.

Para pensar

Se dice que siempre se desea lo que no se tiene. Por eso cuando se vive en la rutina, en lo normal (de norma, de regla) se puede desear un poco de aventura, algo extra-ordinario, algo de locura. Pero sí se ha crecido y vivido en el caos provocado por la locura (la de verdad, la de la mente) podemos llegar a desear sobre todo “lo normal”.

Cuando se tiene un padre psicótico, que no sigue ningún tratamiento, consume alcohol y otras sustancias, entre otras cosas… y una madre muy inestable emocionalmente, con amenazas de suicidio, manipuladora… No es de extrañar que te guste ir al colegio (aunque vayas sucio, sin almuerzo, sin libros…) y que recuerdes con cariño a prácticamente todos tus profesores y profesoras.

Y no es de extrañar que, con lo normal, lo de todo el mundo, te baste y te sobre. Es que a veces lo normal pasa desapercibido para “los normales” pero no para los que tuvieron una vida muy difícil.

Un ejemplo.

Es muy común, muy normal, que cuando los hijos o hijas emancipados visitan a sus padres, en un momento dado vayan a la nevera y miren lo que hay. Debe ser algo que nos conecta con nuestro pasado (“Mamá compraba cosas que me gustaban y que yo no compró… Vamos a ver… “) Pero con independencia de el motivo, el hecho es que… yo lo hago (ahora con mi suegra pues mis padres murieron)… mi hijo casado lo hace… y creo que lo hace casi todo el mundo. ¿Y qué significa?

Significa que nos parece totalmente natural abrir la nevera de nuestros padres. No abrimos la nevera cuando vamos a casa de unos amigos, excepto que nos lo digan ellos. No es nuestra casa. Abrir la nevera de una casa es como sentir que perteneces a ella.

Hasta aquí todo… normal.

Excepto para Tim Guenard que es quien nos hizo notar este detalle cuando dijo en Valencia: “Me encanta ver a mis hijos venir de visita, ir a la cocina, ver que hay por ahí y abrir la nevera… porque yo no tuve nunca una nevera que poder abrir sin pedir permiso”

Todos tenemos un criterio sobre lo que es normal o no (abrir nevera de los padres: normal; abrir nevera de unos conocidos: anormal; candado en la nevera de una familia con hijos: anormal…) pero algunos no pueden desarrollar este criterio porque no han vivido la normalidad.

Y cuando la descubren, puede hasta fascinarles.

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