Los Niños Perdidos. Cosas que les pasaron. El hijo del pirata quiere ser funcionario.

¿Alguna vez…

… has deseado que acabaran las vacaciones para volver a la rutina habitual?

… has descansado al despedir a unos familiares o amigos que han estado en tu casa durante varios días, aunque hayas estado muy a gusto haciendo el papel de anfitrión?

… has tenido que corregir tú a tu padre o a tu madre? (¿Cómo te has sentido? ¿Te parece lo natural?)

¿Eres…

… una persona que prefiere tenerlo todo previsto y que no se siente a gusto cuando a última hora le cambian los planes?

Marcos. 11 años.

– Marcos… quiero que te imagines de mayor, con unos 25, 30 ó 35 años… ¿cómo te ves? ¿cómo te gustaría estar?

– Lo normal… trabajando, con una mujer, con una casa (un piso)… Con eso me sobra.

Esta respuesta podría no ser muy significativa si no fuera porque sabemos que los padres de Marcos tienen fuertes patologías mentales. Nunca han trabajado. Siempre han dependido de los servicios sociales incluso para tener donde vivir. La conflictividad entre ellos y con familiares y vecinos es muy alta.

– Marcos… Veo que te gusta el ajedrez… A mi hija también. Va a clases a un Club de Ajedrez.

– ¿Y cuestan mucho esas clases?

La educadora le contesta y Marcos, entre sorprendido, admirado y con un poquito de envidia, pregunta:

– Y tú… ¿le pagas las clases a tu hija?

Parece ser que al cerebro de Marcos es la primera vez que llega el dato que una de las cosas que los padres hacen por los hijos es pagarle una actividad que les gusta.

Más tarde, cuando la educadora le dice que ha hablado con el resto del equipo y que ella se ofrece a llevarle también a esas clases, Marcos calla pero, cuando la educadora se está yendo, añade un sencillo y solitario: “Gracias” que a la educadora le eriza el vello de los brazos.

Para pensar

Se dice que siempre se desea lo que no se tiene. Por eso cuando se vive en la rutina, en lo normal (de norma, de regla) se puede desear un poco de aventura, algo extra-ordinario, algo de locura. Pero sí se ha crecido y vivido en el caos provocado por la locura (la de verdad, la de la mente) podemos llegar a desear sobre todo “lo normal”.

Cuando se tiene un padre psicótico, que no sigue ningún tratamiento, consume alcohol y otras sustancias, entre otras cosas… y una madre muy inestable emocionalmente, con amenazas de suicidio, manipuladora… No es de extrañar que te guste ir al colegio (aunque vayas sucio, sin almuerzo, sin libros…) y que recuerdes con cariño a prácticamente todos tus profesores y profesoras.

Y no es de extrañar que, con lo normal, lo de todo el mundo, te baste y te sobre. Es que a veces lo normal pasa desapercibido para “los normales” pero no para los que tuvieron una vida muy difícil.

Un ejemplo.

Es muy común, muy normal, que cuando los hijos o hijas emancipados visitan a sus padres, en un momento dado vayan a la nevera y miren lo que hay. Debe ser algo que nos conecta con nuestro pasado (“Mamá compraba cosas que me gustaban y que yo no compró… Vamos a ver… “) Pero con independencia de el motivo, el hecho es que… yo lo hago (ahora con mi suegra pues mis padres murieron)… mi hijo casado lo hace… y creo que lo hace casi todo el mundo. ¿Y qué significa?

Significa que nos parece totalmente natural abrir la nevera de nuestros padres. No abrimos la nevera cuando vamos a casa de unos amigos, excepto que nos lo digan ellos. No es nuestra casa. Abrir la nevera de una casa es como sentir que perteneces a ella.

Hasta aquí todo… normal.

Excepto para Tim Guenard que es quien nos hizo notar este detalle cuando dijo en Valencia: “Me encanta ver a mis hijos venir de visita, ir a la cocina, ver que hay por ahí y abrir la nevera… porque yo no tuve nunca una nevera que poder abrir sin pedir permiso”

Todos tenemos un criterio sobre lo que es normal o no (abrir nevera de los padres: normal; abrir nevera de unos conocidos: anormal; candado en la nevera de una familia con hijos: anormal…) pero algunos no pueden desarrollar este criterio porque no han vivido la normalidad.

Y cuando la descubren, puede hasta fascinarles.

7 Comments

  1. Bon dia. Hace ya dias que no te leiamos…las vacaciones verdad! De nuevo das en la diana. Aquellos niños que lo han pasado mal se aferran a lo más sencillo. Cuantas veces cuando mis hijos hacen algún comentario de alguna comida…que asco..no me gusta….mi respuesta siempre es….seguro que Santi (el nene que tenemos de acogida) , si pudiera hablar, te contestaria, que era peor no tener nada de comer. Yo, a tu comentario, añadiria, el tema de la educación de estos niños en los centros escolares. ¡Cuantas veces, los docentes pasamos por alto las historias personales de nuestros alumnos! Y nos empeñamos en enseñar contenidos curriculares….cuantos alumnos con “etiquetas” de TDAH principalmente, tienen detrás una mochila tremenda!  Y si hablamos de los peques con alguna discapacidad! Los diagnosticos…medicaciones…asustan….y se sigue olvidando esa “mochila”. Lo cierto que la vida no se lo ha puesto fácil a estos niños, pero, por qué, los adultos, los docentes, sanidad, educación, bienestar social….toda la administración…por qué no cuidamos más a estos niños institucionalizamos, a estos peques en grave situación de riesgo. Por qué no sale a la luz la realidad de estos peques. Por qué no se potencian los acogimientos….tengo tantos “por ques”….son niños les diria yo a estos que tienen el poder. Acoger a un niño es una gran aventura…verdad familias acogedoras? Pues acoger a un niño con una discapacidad es una gran satisfacción…es “llenar de vida sus dias”. Es un gran reto. Es plantearte tantos y tantos “por ques”.  Y por que no se lo quitaron antes a esa madre. Por que no lo dieron en acogida nada mas nacer. Por que sanidad permite administrar tanta quimica….etc. Qué hubiera sido de nuestro niño si no aparecemos en su vida….terrible.

    Marina Enviado de Samsung Mobile

  2. Muchas gracias Javier!!!
    Soy una pata de una familia acogedora. Nuestra primera aventura ya no está con nosotros, pero lo vemos con frecuencia porque viene a casa a pasar algún fin de semana y algunos días de vacaciones.
    No fue una experiencia fácil pero, cada vez que llega a casa, lo primero que hacer es: ¡abrir la nevera!

    1. jajaja…. Me encanta tu experiencia y no sabes como te la agradezco. Siempre he pensado que no podemos medir el éxito o fracaso de los acogimientos en función de la continuidad de la convivencia o no. Hay personas importantísimas en mi vida con las que ni puedo convivir ni quiero. Y tambien se puede convivir con una persona y que realmente no sea importante en tu vida. Y al revés, tambien hay niños acogidos que quieren a sus padres pero no quieren vivir con ellos.
      Así que gracias por ayudarnos a ver que lo importante es la relación y no la cohabitación. Un beso.

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