Somos LOS que pensamos, no LO que pensamos

Dicen que un joven fraile se acercó angustiado a Francisco de Asís y le dijo:

Francisco… ¡van diciendo por ahí que eres un mujeriego!

Para gran sorpresa del discípulo Francisco contestó:

– Es cierto –

¡Pero – replicó el fraile – … si tú no vas con mujeres!

– ¡Ah! ¡Eso es otra cosa! – concluyó el futuro santo.

En esta anécdota Francisco parece identificarse con su pensamiento (aunque no vaya con mujeres si pienso en ellas soy un mujeriego) pero por lo que sabemos del personaje no lo haría como un caso típico de “fusión cognitiva” que diría Steve C. Hayes lo que le llevaría a grandes problemas y sufrimientos psicológicos.

Sino como una manera de practicar la virtud cristiana de la humildad (un valor). Cuando Teresa de Avila escribe “La humildad es la Verdad” nos está diciendo que no se trata de hacerse el humilde (saberse mejor que el otro, pero decir que eres igual) sino de reconocer la verdad (no eres mejor que el otro… aquello de “el que esté libre de pecado que tire la primera piedra”).

Cuando Francisco define su identidad en función de sus pensamientos no es para autoflagelarse sino para reconocer “no soy mejor que el que se va con muchas mujeres”

Sin embargo en la misma tradición cristiana tenemos muchos ejemplos de la postura contraria (Yo no soy lo que pienso).

Ya muchos siglos antes que Francisco, los llamados “Santos Padres del Desierto” dejaron enseñanzas al respecto:

«No hay que hacer jamás ninguna concesión a los pensamientos»

«A todo pensamiento que te venga, dile: “¿Eres de los nuestros, o vienes del enemigo?”. Y ciertamente él lo confesará».

Estoy seguro de que esta última sentencia formulada hace muchos siglos podría ser recogida en el libro “Sal de tu mente, entre tu vida” de Steven C. Hayes que he venido reseñando en los últimos meses y que con este post finalizo.

SAL DE TU MENTE, ENTRA EN TU VIDA. La nueva Terapia de Aceptación y Compromiso

Porque el libro está lleno de ejercicios para enseñarnos a distanciarnos de nuestros pensamientos. A enseñarnos a, como él llama, realizar la de-fusión cognitiva (lo contrario de la fusión cognitiva, es decir, identificarnos con nuestros pensamientos), a mirar los pensamientos desde fuera, a colocar nuestro yo en observador de nuestros pensamientos.

Pero ¡ojo! ¡Sólo si el pensamiento es un enemigo, no si es un amigo! Y es importantísimo discernir el pensamiento amigo del enemigo (porque más de uno ha muerto por fuego amigo)

Pondré un ejemplo íntimo.

Si alguien me felicita por un post o por una charla o por un curso no negaré que mi ego se hincha cual globo y me elevo de “gustirrinin” (¡esta palabra creo que no existe!). Entonces mi cerebro comienza a generar pensamientos como “¡Eres grande, Romeu!”Sí, tu vales” o por el estilo. Hasta aquí todo perfecto.

¿Seguro que perfecto? Pues no. Porque cuando el globo del amor propio se ha deshinchado aparecen otras ideas en tu cerebro “Tienes que mantener el nivel” “Tienes que prepararte, estudiar, profundizar…” Y, no sé en los demás, pero a mi el “Tienes que…” me produce ansiedad, desasosiego, inquietud…

Por eso a veces un pensamiento como “Eres un psicólogo mediocre” que podría ser a primera vista un pensamiento enemigo, quizá es el más liberador que me puede pasar por la cabeza. Al menos en mi caso dicho pensamiento me lleva a otro “No tengo porque saberlo todo” (al menos para lo que yo deseo en la vida) y ese a su vez me lleva a que cuando me consultan algo una de las respuestas posibles es !Pues mira, la verdad… no tengo ni puta idea de porque esto o lo otro”  Y la verdad me quedo más ancho que largo

Esto que parece a priori opuesto a lo enseñado en el libro citado creo que no es así puesto que la Terapia de Aceptación y Compromiso tiene una segunda parte. Si la primera se resume en “acepta – no luches contra – tus pensamientos” la segunda es tan importante y se resumiría “para no desviarte del compromiso con tus valores”

Eres un psicólogo mediocre”

– ¡Jo! ¡Que rabia!…. Pero espera un momento que repase mis valores…. a sí …. más que ser un gran psicólogo o un psicólogo famoso resulta que lo que de verdad me importa es mi familia… y a mi familia le importa un pito si soy un psicólogo malísimo o buenísimo. Volvamos a empezar.

Eres un psicólogo mediocre”

– ¿Y?

Podemos afirmar que todos los pederastas tienen pensamientos de relaciones sexuales con niños o niñas. Pero no podemos afirmar que todos los que se les ha pasado un pensamiento de este tipo por la cabeza son pederasta.

Podemos afirmar que todas las personas infieles a su pareja han tenido fantasías con otras personas, pero no podemos afirmar que todos los que han tenido pensamientos sexuales con personas que no son sus parejas sean infieles.

Podemos afirmar que todo asesino tuvo la idea de matar antes de hacerlo (eso de la impulsividad habría que revisarlo) pero no podemos afirmar que todo el que ha pensado en matar a alguien o ha deseado su muerte es un asesino.

Porque en el ser humano los pensamientos son importantes pero los valores también (aunque en psicología hablemos poco de ellos) Pero precisamente son los valores los que nos pueden ayudar controlar a la “loca de la casa”.

Por eso la frase “sal de tu mente, entra en tu vida” me parece acertadísima y da la clave para discernir si un pensamiento viene del enemigo o de los nuestros. Cuando tengas un pensamiento que te desconcierte pregúntale: ¿me vas a ayudar a lo que yo quiero en la vida o me vas a fastidiar?. Si la respuestas es lo segundo no le hagas ni puto caso.

Todo esto puede parecer abstracto o irreal pero recientemente una persona contaba haberse liberado de varias manías obsesivas simplemente preguntándose ¿que aporta esto a mi vida? Cuando la respuesta fue “Nada” encontró el punto de apoyo para superarlas.

Cuentan, por acabar el recorrido por la tradición católica, que San Felipe Neri, muchas veces se dirigía a Dios diciéndole “No te fíes de mi, que te la juego”.

Creo que un cerebro sano y equilibrado sería aquel que nos dijera: “Propietario, no te fíes de mí, que te la juego”

Yo al menos cuando oigo que alguien dice “Yo soy incapaz de… “ (engañar a mi pareja,  robar, etc.) me pongo a temblar.

Porque somos LOS que pensamos (no somos ni plantas ni simples mamíferos,) Pero no somos LO que pensamos.

Y si hacemos caso a todo LO que pensamos quizá hagamos animaladas que no hacen ni los propios animales. Como el maltratador que piensa que es o tiene que ser superior a su mujer. Y se lo ha creido.

NOTA

Las otras dos referencias a este libro son:

El hijo de puta interior (perdón): paciencia con la vida… ¿o con la mente?

Hay alguien en mi cabeza, pero no soy yo

4 Comments

  1. Hola Javier. Esta entrada me ha recordado este cuento que leí una vez:
    “El discípulo dijo al maestro:
    —He pasado gran parte de mi vida viendo cosas que no debía ver, deseando cosas que no debía desear, haciendo planes que no debía hacer.
    El maestro invitó al discípulo a dar un paseo. Por el camino señaló una planta y preguntó al discípulo si sabía lo que era.
    -“Belladona”…puede matar a quien coma sus hojas.
    -Pero no puede matar a quien se limite a contemplarla. De la misma manera los deseos negativos no pueden causar ningún mal, si tú no te dejas seducir por ellos”.

    Ya decía krisnamurti que había que mirarse desde fuera, y desde allí observar y clasificar nuestros pensamientos y decirnos: “este pensamiento es útil”, “este es destructivo”, “este no me hace bien”, “este me incomoda…” Y así manejar el timón dentro de la marea mental. Los pensamientos no nos pueden hacer daño si no nos identificamos con ellos. Gracias por esta entrada que contribuye a educarnos en el autoconocimento y la autocomprensión.

    Un fuerte abrazo

    1. Te agradezco mucho tu comentario. No soy yo quuien para saber lo que pretendía San Francisco. Lo que sí sé es que cualquier juicio de valor sobre uno mismo que te coloque en posición de entender al otro y no juzgarlo te conecta con los demás. Que al fin y al cabo es probablemente lo más importante que se puede hacer en esta vida. ¿No? Espero más comentarios tuyos. Cuando quieras. Un sludo.

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