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Archive for 25 noviembre 2013

Hay libros que los esperas.

Hay libros que los necesitas.

Hay libros que te interesan.

Y hay libros que, más que encontrarlos, te encuentran a ti.

Estás paseando por los expositores de una librería y lees su título y quien lo ha escrito. Y aunque no encuentras ninguna palabra ni nombre significativo para ti (en mi caso: resiliencia, estratégica, narrativa, Cyrulnik, Nardone, Gladwell, etc) algo te mosquea (¿de qué va éste?) y decides sacarlo de la fila o la pila y ojearlo y hojearlo.

Y cuando lo haces te das cuenta de que no sólo es un libro que te apetece leer sino que es el libro que probablemente te hubiera gustado escribir.

Educar en el asombro

Es lo que me pasó la otra tarde con “Educar en el asombro. ¿Cómo educar en un mundo frenético e hiperexigente?” de Catherine L´Ecuyer publicado en Plataforma Editorial.

Supongo que al darle un vistazo el libro se posicionó, en mi mapa mental de libros interesantes, al ladito de uno de mis preferidos: el libro “Bajo presión” de Carl Honoré del que ya hice una pequeñísima mención en otro post. Pequeñísima e injusta mención pues es uno de mis libros de culto.

La relación entre sus autores no es geográfico-biográfica (Honoré es escocés transplantado a Canadá y L´Ecuyer canadiense transplantada a España) sino de mirada. Su forma de ver lo que estamos haciendo con esa cosa llamada infancia es muy similar.

Pero además la palabra “asombro” tiene para mí muchas connotaciones positivas.

Quizá porque me considero un tipo curioso. Pasivo, pero curioso. Contemplativo, por decirlo de alguna manera. Siempre he dicho que no me atraen los misterios del Universo cuando los de la Naturaleza Humana no hay quien los abarque.

Quizá también porque hace unos meses me quedé con la copla del librito de Rachel Carson (considerada la inspiradora del movimiento ecologista) titulado “El sentido del asombro” (Ediciones Encuentro)  en el que la autora (son palabras de una reseña en LLir) nos alienta a descubrir la grandeza de la naturaleza y, simultáneamente, a acompañar y a proteger a los niños en su capacidad para vivir asombrándose ante todo (la negrita sí es mía)

Quizá porque el asombro está muy conectado con la Belleza, la Verdad y la Bondad y siempre he pensado que los tutores de resiliencia inoculan belleza en el panorama sombrío de la víctima. O porque transmiten una buena noticia asombrosa “no todo es una mierda” (con perdón) “no todo está perdido”.

Quizá porque esto del asombro me recuerda el blog Intimidades de la post-adopción de Rosa Fernandez cuando cuenta maravillosas historias de sus hijos en las que ellos se asombran y sobre todo por el asombro con que ella los mira y nos lo cuenta.

Sea por lo que sea, el libro de Catherine me ha encontrado a mi. Yo soy uno de sus lectores predefinidos. No lo elegí yo a él. Me eligió el a mí.

Pero lo rechacé de momento (estábamos y estamos a final de mes). Pero siguió llamándome. Y esa noche lo hubiera comprado en edición digital si no hubiera sido porque he prometido no volver a comprar libros electrónicos con DRM de Adobe (Me apuesto que vas a tener problemas). Entro en Amazom porque estando igual de protegidos nunca hay problemas con la compra (tomen nota señores editores). Pero no está. Y me sigue llamando y dos días después vuelvo a la librería a comprarlo (Yo soy “asín”)

Y gracias al libro que me gritó desde la estantería de la librería he conocido el estupendo blog de su autora con un nombre también sorprendente: Apego & Asombro. ¡No puede ser! me decía a mi mismo… ¡pero si el apego es otro de mis temas de interés por excelencia! Y aunque al principio la mezcla de las dos palabras me sonó a “pegote” pronto me di cuenta de que tiene más miga de lo que parece.

¿A qué se dedican los niños con apego seguro cuando se encuentran al amparo de una de sus bases de seguridad? ¡A explorar! Y explorando a sorprenderse y asombrarse.

Creo que ha quedado claro que este libro y esta autora no los recomiendo sólo con el cerebro racional sino con mis dos hemisferios bien integraditos.

No vas a encontrar en él ni en ella muchos conocimientos científicos sino mucho sentido común. Pero del inoportuno, o mejor dicho del verdaderamente oportuno… como cuando nadie dice nada pero de repente alguien se atreve a gritar : ¿nos hemos vuelto locos o qué? y todos respiran con alivio porque alguien a dicho lo que muchos pensaban.

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Hace poco publiqué un post que parecía que iba a hablar de sexo pero no era así.

El título de este que estás leyendo te puede llevar a pensar que trata sobre el sistema educativo. Pero no. Va de sexo. Puro, o más bien, duro.

Permíteme recordar que el tema del blog, no es solamente la resiliencia sino algo más amplio:  la relación de ayuda entre los seres humanos. Pero, de una forma u otra, también va de la relación de “no ayuda”. Es decir, de cuando habría que hacer algo para ayudar a alguien y nadie lo hace, o unos por otros, se deja pasar el tema.

Por desgracia hace unos meses tuvimos un ejemplo dramático de los efectos de la “no ayuda” con la muerte de centenares de seres humanos en las costas de Lampedusa, Italia. En los últimos años han habido muchos naufragios de barcazas repletas de inmigrantes, pero en este caso horroriza más aún saber que varios pesqueros se inhibieron de ayudar pues podían ser multados o imputados si socorrían a los náufragos. Todas las muertes de este tipo son igual de terribles pero cuando piensas que una ley está luchando contra el más elemental gesto humanitario y que los capitanes tuvieron que elegir entre la vida de personas y no arriesgar su medio de subsistencia y de los suyos…

Pero también hay naufragios que no se ven. Por ejemplo cuando un o una adolescente se desliza poco a poco hacia una adicción y nadie hace nada por evitarlo. Y cuando digo nadie no me refiero a sus padres o familiares, que probablemente son los que están tan cerca del problema que ni lo ven. Me refiero a la sociedad o ¿por qué no? a la cultura dominante.

Todos sabemos que en España es legal comprar tabaco, alcohol, y las drogas que utilizan los médicos para ayudarnos (y en el caso del tabaco el primero que te lo vende es el mismo Estado). Pero al menos hay un mensaje claro en la sociedad de que el tabaco es perjudicial para la salud y que el alcohol y ciertas medicinas pueden crear adicción.

Todo o toda adolescente sabe esto, excepto que haya aterrizado de Marte, y por tanto se enfrenta a su libertad con la información sobre los efectos de estas sustancias.

Pero ¿podemos asegurar que los adolescentes actuales saben que la pornografía puede crear adicción?

¿Podemos asegurar que saben que si se guían por lo que han visto en Internet, como un mapa para la sexualidad en pareja, pueden tener serios problemas de relación?

¿Saben las adolescentes que no es cierto que una mujer tenga que hacer en la cama lo que no le apetece por mucho que sea de práctica habitual en el cine porno?

Yo creo particularmente que, en general, no lo saben. O al menos no se lo estamos diciendo con claridad.

Y por eso me es muy fácil creerme lo de aquella niña de 12 años que, hace un par de años, se acercó tras una charla sobre sexualidad a la profesional que la había dado, la misma que me lo contó, para confesarle algo. Mi conocida esperaba que le relatara un abuso sexual pero se encontró a una niña totalmente angustiada porque era la única de su clase que todavía no se había acostado con ningún chico.

Tampoco me cuesta entender que el número de embarazos adolescentes siga aumentando. Cuando este dato se hace público se sigue achacando a la falta de educación sexual. Algo no me cuadra. No sé cuánta educación sexual falta todavía pero seguro que hay mucha más que hace años.

Pues me imagino al buen o buena profesora abordando este tema en clase y la ola enorme del tsunami de la pornografía en internet pasando por encima de él, de ella y de sus alumnos o alumnas.

Creo sinceramente que somos los padres (y yo no soy precisamente un buen ejemplo de ello) los que tenemos la obligación de informar a nuestros hijos de los peligros del acceso sin más a contenidos pornográficos. No es fácil pero precisamente porque no hay una voz social potente en este tema.

(si en este momento me estás buscando un adjetivo para calificarme te ruego que me concedas dos o tres párrafos más).

Gracias.

Porque no querría que este post estuviera en el terreno de lo ideológico, lo moral o lo legal (nadie ha dicho nada de prohibir o limitar algo) sino en el territorio de lo psicológico y lo neurológico.

El periodista inglés Martin Daubney ha relatado como quedó estupefacto al ir descubriendo, durante la preparación de un documental, como el acceso directo y sin restricciones de púberes a contenido pornográfico estaba teniendo un efecto devastador en algunos de ellos. Quiso entonces consultar con el doctor Valerie Voon, neurocientífico de la Universidad de Cambridge, que había realizado un estudio con personas que veían pornografía de manera compulsiva.

Su conclusión fue que los cerebros de estas personas mostraban “un claro paralelismo con las personas  con adicciones a sustancias” como la droga o el alcohol.

Podríamos ahora matizar esa frase que se dice mucho, medio en broma, de que “los hombres solo tienen sexo en el cerebro”. Según este estudio es probablemente una generalización injusta pero parece ser que, en algunos casos es… literal.

En esta línea puedo entender mejor la preocupación de uno de mis héroes de la psicología, Philip Zimbardo, cuando tras estudiar temas como la maldad y la bondad humana (“El efecto Lucifer”) o la importancia de la orientación temporal de las personas, dedicó una de sus intervenciones en TED a analizar las cada vez mayores dificultades que están teniendo los adolescentes (hombres) frente a las chicas en muchos campos y en concreto para establecer relaciones personales e íntimas.

Como recordarán, Cindy Gallop dijo que los hombres no conocen la diferencia entre hacer el amor y hacer porno. El joven promedio ahora mira 50 videoclips porno por semana. (…) El efecto es un nuevo tipo de excitación. Los cerebros de los jóvenes se reestructuran digitalmente de maneras muy diferentes hacia el cambio, la novedad, la emoción y la excitación constante. Eso quiere decir que están (en el terreno del aprendizaje) completamente fuera de sincronía en las clases tradicionales, que son analógicas, estáticas, interactivamente pasivas. También están totalmente fuera de sincronía en las relaciones amorosas, que se construyen gradual y sutilmente”

La referencia de Zimbardo a Cindy Gallop es debida a que esta británica dedicada al mundo de la publicidad y la estrategia empresarial, aprovechando la plataforma TED, lanzó un mensaje al mundo (4 minutos y 17 segundos) de “HAZ EL AMOR; NO EL PORNO” (MakeLoveNotPorn) que pronto se convirtió una de las charlas más vistas en la misma y se recogió en una pequeña publicación.

Dice Boris Cyrulnik que “la cultura es aquello que cambia cada 10 kilómetros y cada 10 años”. No reclamo prohibir nada. Pero espero que la cultura respecto a la pornografía empiece a cambiar. Quizá algún día y, permitirme la broma, todos los videos porno comiencen con una advertencia: “Este video puede perjudicar seriamente a tu educación sexual y a tus relaciones. Además puede crear adicción”

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¿Alguna vez…

… has estado tan nervioso o nerviosa que no te has podido concentrar en una tarea intelectual (leer, calcular, escribir…)?

… has estado tan preocupado o preocupada, por algo que te ha ocurrido con alguien,  que todo lo demás ha pasado a segundo plano?

… has tenido tanta rabia que has dejado de hacer las cosas que tendrías que haber hecho?

Pepa

Tiene 11 años y le encantan los niños pequeños. Le encantaría ser educadora infantil en una guardería. Quizá sea porque lo hace muy bien.  Lleva muchos años cuidando de sus hermanos más pequeños (ahora tiene tres) y sabe que lo hace bien. Incluso mejor que su madre.

Su madre tiene problemas con el alcohol (y muchos conflictos con mucha gente) y Pepa sabe perfectamente que, cuando su madre beba, va a estar “fuera de juego”. Sabe que, cuando su madre pasa del primer tetrabrick de vino, ella va a ser la que tenga que hacer la cena de sus hermanos. Ese día, casi seguro, no podrá hacer los deberes.

– ¿Qué curso estudias, Pepa? Has repetido un curso ¿no?

Sí, estoy en 6º pero llevo libros de 3º. Me cuesta aprender… ¿esto se pasa?  (en tono de tristeza y cansancio)

Sí, Pepa. Se puede pasar si conseguimos que puedas vivir en un sitio seguro y estable. Como tu misma me has dicho ya has pasado por 7 u 8 colegios. No se puede aprender cuando se tiene una vida tan complicada como tú has tenido…  (a Pepa se le humedecen los ojos y se le escapa alguna lágrima)… tu cabeza no puede aprender fácilmente cuando estás pendiente de que tu madre beba o no o de si ahora decide cambiar de ciudad y de pareja. No se puede aprender cuando tienes que estar pendiente de tus hermanos. Y no eres tonta. Te acabo de pasar una prueba. Es cierto. Sale un poco bajita. Para que lo entiendas…. como si tuvieras 10 años en vez de 11 pero eso no es…

Para pensar.

El vino que la madre de Pepa bebe provoca, aunque parezca imposible, dos reacciones químicas distintas en dos cerebros distintos. En el de su madre el alcohol provoca los efectos que todos conocemos y que, en su caso, siempre llevan a inhibir su capacidad de dar respuesta sensible a las necesidades de sus hijos.

Pero también cuando Pepa ve a su madre con una caja o un vaso de vino esto provoca en ella un claro estrés (por mucho que queramos pensar que ya está acostumbrada) que hace que su glándula suprarrenal libere cortisol, una hormona necesaria en ese momento pero cuyos efectos más allá de la situación de estrés van siendo conocidos. Por decirlo a lo bruto, mata neuronas. Por decirlo más suave, lo que nos cuenta la señora Wikipedia, aunque no sea la mejor referencia posible, es:

El cortisol coopera con la epinefrina (adrenalina) para crear recuerdos a corto plazo de acontecimientos emocionales; este es el mecanismo propuesto de almacenamiento de recuerdos “flashbulb”, y pueden originarse como un medio para recordar qué evitar en el futuro. Sin embargo, la exposición al cortisol a largo plazo acarrea daños en células del hipocampo que provocan un aprendizaje dañado.

O lo que es más o menos lo mismo, que el cortisol viene a decirle a la niña: “Ojo, Pepa, fija este recuerdo (tu madre abriendo el tetra-brick) porque es importante para tu supervivencia” pero luego en clase, cuando el profesor explica como se hace, por ejemplo, una “regla de tres” y Pepa intenta entender, el corticol sobrante sigue el tío pesado repitiéndole sin parar “Acuérdate de tu madre bebiendo… Acuérdate de tu madre bebiendo… Acuérdate de tu madre bebiendo…” Muchas veces la voz del cortisol, dando sin parar gritos de alarma, tapa la voz de sus profesores y cuando cree que ha entendido algo va y resulta que no es así.

Por eso  a Pepa, con una inteligencia bajita pero dentro de los parámetros de la normalidad, le costará aprender la “regla de tres” “tres veces más que la regla general”.

Y puesto que alguien le dirá que es torpe o que no se esfuerza,  su autoestima será la misma que la mía en una pista de atletismo.

Ese es el precio que hay que pagar por los chupitos de cortisol que regalan con los bricks de vino de su madre.

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No. No me he olvidado de ponerle título al post.

Este post se llama como el blog. Y evidentemente no es el primero ni va a ser el último.

Es simplemente que quiero que sea así porque es un post muy especial y quiero que esté “a la altura de las circunstancias”.

Y la circunstancia es que una de las personas que frecuentemente comenta en este blog acaba de publicar un libro.

Reyes ADORNA

Se trata de Reyes Adorna, quien se estrenó en este blog compartiendo unos maravillosos ejercicios de escritura terapéutica.

Pero como sus intereses intelectuales, además de la escritura curativa o terapéutica, van muy parejos a los míos y de este blog (logoterapia, terapia estratégica, trampas mentales…) ha seguido regalándonos joyitas de comentarios que son pequeñas piezas de precisión expresiva (que envidio sin contemplaciones) y de agudeza intelectual.

Una vez me atreví a sugerirle que retomara un blog que en su día administraba o que creara uno nuevo pero la vida, de momento, la tiene ocupada en otras batallas.

Pero a cambio tenemos la suerte de que la editorial DDB acaba de publicar su libro “PRACTICANDO LA ESCRITURA TERÁPEÚTICA. 79 EJERCICIOS” .

PRACTICANDO LA ESCRITURA TERAPÉUTICA. 79 ejercicios

Pinchando aquí puedes acceder a la página correspondiente en la web de la editorial y descargar las primeras páginas del libro.

Hace muchos meses Reyes me confió que se había dado cuenta de que había un hueco en el mundo editorial en español sobre el uso, llamémosle no literario, de la escritura personal. Creo que ha acertado de pleno.

Porque aunque el libro se denomine “Practicando la escritura terapéutica” el libro de Reyes no se limita al uso de la escritura por la psicología o por la psicoterapia, sino que aborda también el uso en la tarea educativa, en su sentido más profundo, o también el uso para el propio desarrollo o crecimiento personal e, incluso, como recurso para afrontar la enfermedad (y por extensión para la resiliencia)

Hay otros libros que abordan el uso curativo de la escritura, como el reseñado en este blog de Manu Rodríguez; el de Duccio Demetrio sobre la autobiografía como curación de uno mismo; o uno más reciente de Adela Kohan. Pero ninguno, que yo conozca tiene el enfoque del libro de Reyes que se caracteriza por lo ambicioso, a la hora de proponer la escritura como herramienta para la vida, y por la generosidad, a la hora de ofrecernos ejercicios.

Y si quiero que este post se llame como el blog no es solo por admiración y cariño virtual hacia Reyes, sino porque puedo afirmar que la escritura es el instrumento perfecto para diseñar pasados y recordar futuros.

La escritura nos permite posicionarnos sin condicionantes en una perspectiva temporal determinada. Como en el caso, que nos ofreció Carmen Pellicer hace dos posts, del director de orquesta que tras ponerles el primer día de clase a sus alumnos una Matricula de Honor les pedía que escribieran lo que ellos habían hecho para merecerla (escribir en pasado algo futuro).

También  podemos escribir para situarnos en una perspectiva personal distinta. Como cuando Bosco Gutiérrez en su secuestro decide escribir una carta como si fuera él el que estuviera fuera y un hermano o hermana suya estuviera secuestrada y así descubre que su misión en la familia es la de aguantar el secuestro lo mejor posible.

Incluso escribir permite elegir el tono de nuestra historia. Como cuando Miguel Gallardo, dibujante de comics dice en relación a su libro “María y yo”:  "Tener un hijo autista no es nada fácil y hay momentos bien jodidos, pero quería que fuese un libro más de esperanza que de queja."

Y es que la escritura es la actividad mental que más fácilmente nos puede llevar a cambiar de perspectiva y, en mi opinión el cambio de perspectiva es esencial en la adquisición de sentido. No podemos rehacernos de la tragedia mirándola desde el mismo sitio donde nos ha lanzado a la lona. Necesitamos verla desde otro sitio (relacional o temporal). De otra forma.

Sé que no es fácil acompañar a otras personas a la escritura, especialmente a niños o a personas con deficiente lectoescritura. Sé que no es una actividad sencilla y que requiere un esfuerzo que no la hace atractiva a la mayoría de la gente.

Pero conocemos ejemplos suficientes para saber que es cuestión de ponerse. Como el del profesor Toshiro Kanamori en el documental Pensando en los demás que obliga a sus alumnos a escribir Cartas a sus compañeros para generar vínculos.

O como la profesora Erin Gruwell que regaló a sus alumnos un diario a cada uno a partir de donde surgieron los Diarios de la Calle o los Escritores de la Libertad y la Fundación con este mismo nombre

ErinGruwellByPhilKonstantin.jpg

Por eso estoy seguro que el libro de Reyes es una joya para aquellos que trabajamos en la relación de ayuda en cualquiera de sus formas.

Y por eso me atrevo a decirte, si tu también te dedicas a ello, de forma profesional o no, que este libro no debería faltar en tu estantería.

Y no cobro comisión.

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Hace una media hora he publicado el post 200 de este blog (¡quién me iba a decir a mi, en noviembre de 2009, que cuatro años más tarde aún seguiría con el blog!)

Y para celebrarlo… ¡voy a publicar el 201 antes de que acabe al día!

En realidad es un post que me apetece desde hace unos días en que mi mujer y yo vimos una peli que nos dejó muy buen sabor de boca y que, en mi opinión, ejemplifica perfectamente lo que es un tutor de resiliencia (humano).

Se trata de una película de ficción y no sé si pensar que los guionistas y directores (Nat Faxon y Jim Rash) han reflejado una situación que puede darse o han construido la historia después de haberse leído un tratado sobre resiliencia.El camino de vuelta

Se trata de “El camino de vuelta” (The way, way back, 2013)

No creo que se trate de una obra maestra y las críticas no son deslumbrantes ni mucho menos. Pero la recomendaría a cualquier persona que quiera entender que es un tutor de resiliencia.

La sinopsis de www.filmaffinitty.com dice así:

Duncan (Liam James) es un adolescente de 14 años que, en el transcurso de un verano, tratará de encontrar la fuerza que precisa para poder encontrarse a sí mismo, y de paso, enfrentarse a su padrastro (Steve Carell), que bebe, consume drogas y se va de juerga con otras mujeres, y para volver a relacionarse con su madre (Toni Collette).

No seré yo quien cuente más del argumento para no fastidiársela a nadie. Pero sí señalaré que frente al padrastro, que quiere establecer una relación de confianza con el hijo de su pareja, la película propone otro personaje (interpretado por Sam Rockwell) que sin pretenderlo ejerce una influencia totalmente inesperada sobre el adolescente protagonista.

Creo que la película tiene buenas interpretaciones; una banda sonora muy agradable y situaciones humanas reales. Y te hace pasar un rato agradable.

Pero lo que si sé es que si todavía existiera aquel famoso y añorado programa de TV llamado “La Clave” y se dedicara una semana a la resiliencia, esta película (con la que siempre se ejemplificaba el tema de debate) sería “que ni pintada”

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El pasado día 25 de octubre publiqué un post solicitando ayuda para preparar una pequeña intervención en una mesa redonda en unas Jornadas de Formación de la Inspección Educativa en la Comunidad Valenciana.

Pretendía trasladar la inquietud de aquellos que acogemos o trabajamos con niños, niñas y adolescentes con medidas de protección que implican la separación familiar, ante las dificultades habituales que estos tienen a nivel escolar.

Vuelvo a agradecer todos los comentarios que recibió (y sigue recibiendo) el post y es de justicia que comparta lo que en dicha jornada viví y pude comunicar.

Más abajo os dejo el enlace para descargar el pdf de mi pequeña intervención pero antes quisiera contaros que, al llegar al Salón de Grados del Complejo Educativo de Cheste (Valencia) pude disfrutar de gran parte de la intervención de Carmen Pellicer.

No conocía en persona a Carmen (podéis ver una síntesis de su curriculum aquí) y fue para mí un placer escucharla, pues entrelazó un conjunto de datos y planteamientos educativos interesantísimos con un buen puñado de ideas políticamente incorrectas, divertidas y cargadas en mi opinión de un sentido común pasmoso.

Sintetizo a continuación algunas de las ideas que me llamaron especialmente la atención y me hago responsable de la diferencia que seguro que existe entre lo que ella quiso decir y lo que yo os cuento.

Me encantó su claridad para hablar de “buenos y malos profesores o profesoras” y como la tendencia habitual en los colegios es que los malos profesores tengan menos trabajo, las mejores clases, los mejores grupos… (para que no protesten) mientras que los “buenos y buenas profesionales” acaban saturados al cargar a sus espaldas con lo que los primeros no quieren. No es un fenómeno exclusivo de los colegios sino de casi todas las organizaciones pero me encantó oír a una profesional de la educación reivindicar que en los colegios se debe hacer todo lo posible para que los malos profesores estén incómodos y se pidan una baja o se vayan.

Tampoco se cortó a la hora de afirmar que un profesor o profesora debe ser una persona mental o emocionalmente equilibrada. Tan obvio pero tan difícil de decir.

Carmen citó muchos estudios internacionales y entre ellos alguno que indica que la calidad de la relación padres-hijos (creo recordar que medida por el tiempo destinado a hablar, a comunicarse) es uno de los mayores predictores del éxito escolar.

Digo yo que entonces la calidad de la relación profesor/a – alumno/a también quizá sea también mejor predictor del éxito escolar que el uso de nuevas tecnologías, plataformas de comunicación con los padres, adaptaciones curriculares, etc.

Pero la idea más sugerente que me llevé de ella esa mañana fue cuando afirmó que un buen profesor debe ser capaz de “dibujar futuros posibles” para sus alumnos y alumnas.

¿No es eso lo que hacen los tutores de resiliencia? ¿Dibujar futuros posibles? ¿Dar la noticia de algo diferente?

Lo acompañó de una referencia a un director de orquesta (siento no haber pillado el nombre) que al empezar el curso les otorgaba a sus alumnos y alumnas una matrícula de honor. Luego les pedía que escribieran lo que habían hecho en ese curso para ganarse dicha nota.

Espero poder seguir en contacto con Carmen y entonces le pediré la referencia exacta de esta anécdota que me parece muy bien traída (y más a este blog que se llama Diseñando pasados, Recordando futuros)

Al menos es la forma en que a mi me gustaría que se posicionara un maestro o maestra con los niños que viven en centros de menores o con familias de acogida.

Finalmente deciros que compartí mesa redonda con Dolores Tortosa, Trabajadora Social en Servicios Sociales Generales pero desde donde propone y trabaja la parentalidad positiva y con dos directores de centro escolar (uno de ellos ahora inspector también) Los nervios por intervenir el último me impidieron apuntarme sus nombres (les pido disculpas) pero sus intervenciones me resultaron muy interesantes para ver como a veces los colegios y los profesionales de la educación deben trabajar por encima de sus recursos reales si quieren dar respuesta a problemáticas sociales muy complejas.

El texto que os dejo es básicamente el que llevaba redactado con anterioridad. He añadido en otro color algún comentario que pude añadir en la exposición (me apoyé en un powerpoint)

Algunas de las personas que comentasteis en el post anterior veréis reflejado alguna idea o planteamiento que, con vuestro permiso, me apropié para ese día.

Es cierto que aposté por el planteamiento positivo y no por la queja. Me pareció que no era congruente reclamar “una mirada positiva” para nuestros nanos y nanas en el cole y hacerlo con una “mirada fulminante” Hay motivos para la queja, no lo dudo, pero también para la admiración para algunos “buenos y buenas profesoras”.

He añadido en un anexo los comentarios que recibí en el blog (sin mis respuestas).

Podéis usar el documento para lo que estiméis oportuno.

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