Pornoeducación y cerebro

Hace poco publiqué un post que parecía que iba a hablar de sexo pero no era así.

El título de este que estás leyendo te puede llevar a pensar que trata sobre el sistema educativo. Pero no. Va de sexo. Puro, o más bien, duro.

Permíteme recordar que el tema del blog, no es solamente la resiliencia sino algo más amplio:  la relación de ayuda entre los seres humanos. Pero, de una forma u otra, también va de la relación de “no ayuda”. Es decir, de cuando habría que hacer algo para ayudar a alguien y nadie lo hace, o unos por otros, se deja pasar el tema.

Por desgracia hace unos meses tuvimos un ejemplo dramático de los efectos de la “no ayuda” con la muerte de centenares de seres humanos en las costas de Lampedusa, Italia. En los últimos años han habido muchos naufragios de barcazas repletas de inmigrantes, pero en este caso horroriza más aún saber que varios pesqueros se inhibieron de ayudar pues podían ser multados o imputados si socorrían a los náufragos. Todas las muertes de este tipo son igual de terribles pero cuando piensas que una ley está luchando contra el más elemental gesto humanitario y que los capitanes tuvieron que elegir entre la vida de personas y no arriesgar su medio de subsistencia y de los suyos…

Pero también hay naufragios que no se ven. Por ejemplo cuando un o una adolescente se desliza poco a poco hacia una adicción y nadie hace nada por evitarlo. Y cuando digo nadie no me refiero a sus padres o familiares, que probablemente son los que están tan cerca del problema que ni lo ven. Me refiero a la sociedad o ¿por qué no? a la cultura dominante.

Todos sabemos que en España es legal comprar tabaco, alcohol, y las drogas que utilizan los médicos para ayudarnos (y en el caso del tabaco el primero que te lo vende es el mismo Estado). Pero al menos hay un mensaje claro en la sociedad de que el tabaco es perjudicial para la salud y que el alcohol y ciertas medicinas pueden crear adicción.

Todo o toda adolescente sabe esto, excepto que haya aterrizado de Marte, y por tanto se enfrenta a su libertad con la información sobre los efectos de estas sustancias.

Pero ¿podemos asegurar que los adolescentes actuales saben que la pornografía puede crear adicción?

¿Podemos asegurar que saben que si se guían por lo que han visto en Internet, como un mapa para la sexualidad en pareja, pueden tener serios problemas de relación?

¿Saben las adolescentes que no es cierto que una mujer tenga que hacer en la cama lo que no le apetece por mucho que sea de práctica habitual en el cine porno?

Yo creo particularmente que, en general, no lo saben. O al menos no se lo estamos diciendo con claridad.

Y por eso me es muy fácil creerme lo de aquella niña de 12 años que, hace un par de años, se acercó tras una charla sobre sexualidad a la profesional que la había dado, la misma que me lo contó, para confesarle algo. Mi conocida esperaba que le relatara un abuso sexual pero se encontró a una niña totalmente angustiada porque era la única de su clase que todavía no se había acostado con ningún chico.

Tampoco me cuesta entender que el número de embarazos adolescentes siga aumentando. Cuando este dato se hace público se sigue achacando a la falta de educación sexual. Algo no me cuadra. No sé cuánta educación sexual falta todavía pero seguro que hay mucha más que hace años.

Pues me imagino al buen o buena profesora abordando este tema en clase y la ola enorme del tsunami de la pornografía en internet pasando por encima de él, de ella y de sus alumnos o alumnas.

Creo sinceramente que somos los padres (y yo no soy precisamente un buen ejemplo de ello) los que tenemos la obligación de informar a nuestros hijos de los peligros del acceso sin más a contenidos pornográficos. No es fácil pero precisamente porque no hay una voz social potente en este tema.

(si en este momento me estás buscando un adjetivo para calificarme te ruego que me concedas dos o tres párrafos más).

Gracias.

Porque no querría que este post estuviera en el terreno de lo ideológico, lo moral o lo legal (nadie ha dicho nada de prohibir o limitar algo) sino en el territorio de lo psicológico y lo neurológico.

El periodista inglés Martin Daubney ha relatado como quedó estupefacto al ir descubriendo, durante la preparación de un documental, como el acceso directo y sin restricciones de púberes a contenido pornográfico estaba teniendo un efecto devastador en algunos de ellos. Quiso entonces consultar con el doctor Valerie Voon, neurocientífico de la Universidad de Cambridge, que había realizado un estudio con personas que veían pornografía de manera compulsiva.

Su conclusión fue que los cerebros de estas personas mostraban “un claro paralelismo con las personas  con adicciones a sustancias” como la droga o el alcohol.

Podríamos ahora matizar esa frase que se dice mucho, medio en broma, de que “los hombres solo tienen sexo en el cerebro”. Según este estudio es probablemente una generalización injusta pero parece ser que, en algunos casos es… literal.

En esta línea puedo entender mejor la preocupación de uno de mis héroes de la psicología, Philip Zimbardo, cuando tras estudiar temas como la maldad y la bondad humana (“El efecto Lucifer”) o la importancia de la orientación temporal de las personas, dedicó una de sus intervenciones en TED a analizar las cada vez mayores dificultades que están teniendo los adolescentes (hombres) frente a las chicas en muchos campos y en concreto para establecer relaciones personales e íntimas.

Como recordarán, Cindy Gallop dijo que los hombres no conocen la diferencia entre hacer el amor y hacer porno. El joven promedio ahora mira 50 videoclips porno por semana. (…) El efecto es un nuevo tipo de excitación. Los cerebros de los jóvenes se reestructuran digitalmente de maneras muy diferentes hacia el cambio, la novedad, la emoción y la excitación constante. Eso quiere decir que están (en el terreno del aprendizaje) completamente fuera de sincronía en las clases tradicionales, que son analógicas, estáticas, interactivamente pasivas. También están totalmente fuera de sincronía en las relaciones amorosas, que se construyen gradual y sutilmente”

La referencia de Zimbardo a Cindy Gallop es debida a que esta británica dedicada al mundo de la publicidad y la estrategia empresarial, aprovechando la plataforma TED, lanzó un mensaje al mundo (4 minutos y 17 segundos) de “HAZ EL AMOR; NO EL PORNO” (MakeLoveNotPorn) que pronto se convirtió una de las charlas más vistas en la misma y se recogió en una pequeña publicación.

Dice Boris Cyrulnik que “la cultura es aquello que cambia cada 10 kilómetros y cada 10 años”. No reclamo prohibir nada. Pero espero que la cultura respecto a la pornografía empiece a cambiar. Quizá algún día y, permitirme la broma, todos los videos porno comiencen con una advertencia: “Este video puede perjudicar seriamente a tu educación sexual y a tus relaciones. Además puede crear adicción”

10 Comments

    1. Es cierto, Paco… ¿Y? Pero ningún fumador piensa que fumar es bueno para la salud. Pero me temo que muchos adolescntes sí piensan que si no hacen todas y cada una de las prácticas sexuales que ven en Internet entonces es frustrante. Mientras los chavales sepan que el 99% de los videos pornos está hecho por hombres para excitar a hombres pero que no reflejan ni las diferencias en la sexualidad femenina y masculina, ni la complejidad de las relaciones íntimas… Un abrazo

  1. Has conseguido cautivarme, voy a leerlo. Te contare. En este caso no me elige el a mi, sino yo a el. Quizá cuando lo termine invierta los términos.

    Un abrazo y gracias!

    José Luis

    1. Pensaba que estaba comentando el último libro que nos recomiendas, pero caigo en la cuenta de que no es la entrada que se refiere al libro “Educar en el asombro”, que es lo que yo quería comentar en el comentario anterior. Bueno, para que no parezca un comentario incoherente escribo estas palabras de aclaración.

      1. Bueno… he hecho un apaño- Lo he editado desde el propio blog copiandolo de tu comentario y pegándolo. Aunque sale tu nombre con mi AVATAR.
        Un abrazo (Tengo tus últimos post pendientes de leer. Espero poder hacerlo pronto).

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