BLOG DE NOTAS: La mirada de Malcolm

El destino y el motivo del viaje valía la pena. Aún así, levantarse un poco más tarde de las 5 de la mañana para acostarse otra vez a las 4 de la madrugada siguiente y, en esas casi 23 horas, haber pasado 14 en un autobús, no parece la experiencia más gratificante posible.

¿O sí?

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Malcolm nació en una localidad del sur de Inglaterra. Su padre matemático. Su madre, de origen jamaicano, psicoterapeuta.

Cuando Malcolm todavía tiene pocos años la familia se traslada a vivir a Canadá. Malcolm crece estudiando y llega a ser un muy buen corredor de medio fondo. Pero no tanto para dedicarse al atletismo. Tampoco es un estudiante ni un universitario brillante.

Entonces nada permitía pronosticar que, a sus 50 años habría escrito ya cuatro libros de ensayo o investigación sociológica de éxito internacional, más un libro de artículos periodísticos en la misma línea.

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Un viaje en autobús de muchas horas tiene muchas desventajas. Se suele tardar más que en coche; no decides las paradas; no hay mucho espacio para las piernas; puedes pillar compañías no deseadas…

Pero también tiene algunas ventajas. Puedes ver el paisaje tranquilamente y si no te apetece puedes escuchar música, dormir o leer un libro.

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Malcolm estudio Historia y algo de Periodismo. Al acabar sus estudios, y dado que no obtuvo notas suficientes para hacer el post-grado, intentó trabajar en publicidad pero no lo consiguió. Así que empezó a colaborar o trabajar para algunos periódicos o revistas de poca monta, ya en EEUU. De ahí pasó a una corresponsalía especializada para The Washington Post.

Cuando en 1996 comenzó a colaborar con la revista The New Yorker le encomendaron un artículo sobre moda. En lugar de escribirlo sobre alguien que hacía vestidos de 100.000 dólares prefirió hacerlo sobre un tipo que había conseguido ganar dinero fabricando camisetas que se vendían a 8 dólares. Simplemente le pareció más interesante y más meritorio.

Porque Malcolm mira la realidad de una manera muy especial. Como un buen fotógrafo que sabe ver la buena foto donde los demás no la vemos. Probablemente esta habilidad puede tener una explicación (¡Qué fácil es encontrar explicaciones sobre el pasado!).

En su cerebro se han juntado la mente matemática racional de su padre con el trato de la naturaleza humana de su madre. Así que Malcolm empezó a repasar estudios e investigaciones sociológicas, psicológicas para contrastarlas con la realidad o con las creencias habituales y así encontrar material interesante para sus artículos.

Y así contarnos cosas cómo que no siempre una clase con 10 alumnos es mejor que una clase con 20; que más veces de las que pensamos el pez chico se come al grande;  o que los jugadores de élite, al menos en los deportes colectivos, suelen haber nacido en el primer semestre del año y sobre todo en el primer trimestre (cosa que yo he podido comprobar con uno de mis hijos) por un fenómeno que podríamos llamar “ventaja acumulativa”.

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Un libro. Se puede leer un libro en un autobús pero puede resultar incómodo. Cerrar, abrir, la luz varía, ¿por dónde me he quedado?… Pero leerlo en un móvil o una tablet es mucho más sencillo.

Si además es el último libro de Malcolm Gladwell, al que ya me referí en un post anterior y que ya se ha publicado en España. Y si además, ya has leído hasta el segundo capítulo y te ha atrapado por completo, un viaje muy largo en autobús puede ser una bendición.

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Gladwell no cita ni una sola vez en este libro, David y Goliath: desvalidos, inadaptados y el arte de luchar contra gigantes (Editorial Taurus)  la palabra resiliencia pero pienso incluirlo en mi lista de bibliografía básica sobre el tema. Es justo. Hay muchos libros publicados que utilizan el concepto o el término y yo no los recomiendo. Sin embargo, éste que no lo usa ocupará un lugar de honor.

Portada de David y Goliat

Y lo justificaré o lo demostraré en sucesivos post sobre este, a mi entender, magnífico y entretenido libro. Con ideas sugerente como la diferencia entre “salvados por poco” o “salvados por mucho”. O como la idea de “dificultad deseable”

Y en homenaje a su autor he pretendido redactar este post “al estilo Gladwell”.

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