El post más inoportuno… o no

Pensé en escribir este post el mismísimo día 1 de enero. Y mi primer pensamiento fue: ¡Te la vas a ganar! Se supone que en los primeros días del año lo que toca son los propósitos, los deseos, lo positivo. Pensé que iba a ser una aguafiestas.

Pero poco a poco me di cuenta de que no. Pensé que en pocos días, aquí en España, la Dirección General de Tráfico iba a empezar a dar las cifras de fallecidos en accidente en las carreteras españolas. Me equivoqué: ayer, día 2, los medios de comunicación empezaron a dar los datos. Que todo hay que decir son mejores que los del 2013. Estupendo.

Pero me pregunto: ¿cuánto tardaremos en tener los datos de cuántas personas, más o menos que en el 2012, se han quitado la vida en España en el año que acaba de terminar? (Porque me apuesto que son más que los muertos en accidente de tráfico, según la tendencia de los últimos años)

¿O cuántos intentos de suicidio se han registrado en el 2013? Y es más… ¿cuál es el organismo competente en el tema del suicidio? ¿Sanidad? ¿Interior?… (¿Has visto alguna vez alguna campaña institucional para prevenir el suicidio?)

También nos costará tener datos de cuántos casos conocidos ha habido este año de depresión. En circulación vial hemos mejorado ¿y en salud mental?

Por eso, sí, me parece oportuno recoger en el primer post del año el video de el joven Kevin Breel en su intervención en TED llamada “Confesiones de un cómico deprimido”. Y en la que confiesa que estuvo a punto de suicidarse y que la idea de hacerlo le acompaña frecuentemente. Creo que si después de oírla (y leerla en castellano) no la replicara en este blog estaría cayendo en lo que él critica: el silencio.

Permitidme copiar algunos párrafos y comentarlos brevemente:

La verdadera depresión no es simplemente estar triste cuando algo va mal. La verdadera depresión es estar triste cuando en tu vida todo va bien. Esa es la depresión de verdad y es lo que yo sufro.

Esta idea me recuerda mi descabellada idea personal e intransferible de que lo contrario de la resiliencia (la antiresiliencia, por llamarlo de alguna manera) consiste, no en no rehacerse de circunstancias adversas (eso sería simplemente la no resiliencia y es lo normal) sino en hundirse a pesar de circunstancias favorables.

Y para ser totalmente sincero, para mí es duro estar aquí diciéndolo. Es difícil para mí hablar de ello, y parece ser que es difícil para todos. Tanto, que nadie lo hace. Nadie habla de depresión, pero deberíamos hacerlo, porque en la actualidad es un problema a nivel mundial.

¡De nuevo la idea Cyrulkniana de la doble herida! La reacción del entorno a nuestra desgracia es más la causante del trauma que la desgracia en si misma. En palabras del propio Kevin (la negrita es mía):

…y la depresión no es la varicela. No te curas y se acabó para siempre. Es algo con lo que vives.(…) Lo más terrorífico es que, después de un tiempo, te haces insensible a ella. Se convierte en algo normal, y lo que más temes no es tu sufrimiento interior. Es el estigma en los otros, la lástima, la vergüenza, la cara de desaprobación de un amigo, los susurros en el pasillo de que eres débil, los comentarios de que estás loco. Eso es lo que impide que pidas ayuda. Eso es lo que hace que lo escondas. Es el estigma, así que lo contienes y lo escondes, lo contienes y lo escondes, y aunque te hace estar en cama todos los días y hace que tu vida se sienta vacía por más que intentes llenarla, lo escondes porque el estigma en nuestra sociedad en torno a la depresión es muy real. Es muy real, y si piensas lo contrario, pregúntate: ¿Preferirías escribir en tu estado de Facebook que te cuesta levantarte de la cama porque te dañaste la espalda o que te cuesta levantarte cada mañana porque estás deprimido? Ese es el estigma, porque desafortunadamente, vivimos en un mundo en el que si te rompes el brazo, todos corren a firmarte la escayola, pero si les dices que estás deprimido, todos corren en dirección opuesta. Ese es el estigma. Aceptamos tan fácilmente el daño de cualquier parte de nuestro cuerpo, salvo el de nuestro cerebro. Y eso es ignorancia.

Esta charla me ha recordado otra de tan solo 6 minutos que vi ya hace un tiempo, también en TED, de JD Schramm.

JD-Schramm-at-TEDActive

Rosa Herrera y yo llevamos mucho tiempo queriendo darle voz en este blog al tema del suicidio. Pero nuestras ajetreadas vidas todavía no nos lo han permitido. Así que desde aquí, Rosa te invito a sacar eso que tenías precocinado.

Porque como dice también y tan bien Kevin (la negrita vuelve a ser mía):

..creo en un mundo en el que aceptar nuestra luz no signifique ignorar nuestra oscuridad. El mundo en el que creo es uno en el que nos medimos por nuestra habilidad para superar las adversidades, no para evitarlas. El mundo en el que creo es uno en el que pueda mirar a alguien a los ojos y decir: “Mi vida es un infierno”, y esa persona pueda mirarme y decirme: “La mía también”, y no pasa nada, porque la depresión no es algo malo. Somos personas. Somos personas, y luchamos y sufrimos, y sangramos y lloramos, y si piensan que la verdadera fuerza significa no mostrar nunca debilidad, entonces estoy aquí para decirles que se equivocan. Se equivocan porque es justo lo contrario. Somos personas y tenemos problemas. No somos perfectos, y no pasa nada.

2 Comments

  1. Qué buen post, Javier. Es triste, pero es cierto, que a los seres humanos nos da miedo mostrar nuestras debilidades. Pienso que lo llevamos en los genes. Si en las cavernas hubiéramos mostrado debilidad ante nuestro enemigo, esto le habría dado más fuerzas para atacar. Y encima, hubiéramos temido no ser útiles a los de nuestro grupo. No hemos cambiado mucho desde entonces, al menos, no nuestro cerebro. Ahora, en la inmensa mayoría de situaciones, no hay tales enemigos -igual que no hay leones en la oscuridad de nuestra habitación, y continuamos teniéndole miedo a la oscuridad-, pero seguimos teniendo precuación en mostrar nuestras debilidades, porque pensamos que los demás van a pensar mal de nosotros, que vamos a ser rechazados por no ser válidos, y hasta nos parece escuchar voces susurrando a nuestro alrededor que confirman la creencia. Y lo más triste es que a veces es cierto que la sociedad rechaza a los más débiles, guiados por ese instinto ancestral. Hace falta un cambio en la actualidad, que nos haga conocernos y comprendernos los unos a los otros, porque seguramente que si nos abriéramos a los demás, manifestando nuestras multiples y diversas debilidades humanas, estaríamos abriendo la puerta a que los demás también lo hagan, y quizás nos diéramos cuenta de que los que de verdad nos quieren, -metan o no la pata-, nos van a seguir queriendo igual.

    Gracias por hacernos abrir los ojos, como siempre.

    1. Creo, Reyes, que tienes razón en muchas cosas de lo que comentas pero en especial es eso último de que los qu de verdad nos quieren nos van a querer igual aunque nos mostremos débiles. Es más, yo creo que a los más cercanos cuanto más imperfectos más se les quiere y viceversa.
      Gracias, como siempre.

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